jueves, 25 de marzo de 2010

Estado de la Nacionalidad


Hoy se inicia una nueva versión del Estado de la Nacionalidad. A él, Paulino acudirá con al menos dos maletas bien cargadas de proyectos, ideas, ilusiones, en suma, más de lo mismo. Por la segunda, obviamente, los canarios no pagaremos nada, pero por la primera lo mismo nos aplican el IGIC. Nos dirá que todo va muy bien. El PP ratificará, por la cuenta que le tiene, lo que tenga a bien manifestar el presidente de estos peñascos. Y el PSOE alegará que ‘nanai del peluquín’, que todo se está haciendo rematadamente mal, que hay que cambiar la ley electoral y… Ya se sabe, la inmensa mayoría de estos debates (aquí en Canarias, con lo de una hora menos, lo de si hay debate no lo tengo tan claro) dejan un raro sabor de boca. Salvo a los incondicionales de cada cual, al resto, me temo que ni blanco ni negro.
Me quiero imaginar que el ‘contrato canario’, aunque vulgar copia, será uno de los temas estrellas. Siempre hay previsiones (más de veinte mil puestos de trabajo), pero casi nunca se cumplen. No alcanzaremos los trescientos mil parados ni ‘jartos de grifa’ (a nivel estatal, déjalo estar). Pues a estas alturas de la película estamos todos ‘esnifados’ perdidos.
Un asunto que no se tratará es el del ímprobo trabajo en la consejería de Turismo. A la que Melchior dispensa una camaradería especial y profesa un cariño a prueba de rifles (los que se cargaron los tigres en Agüimes). Mucho ‘tranquilizante’ deberá estar consumiendo doña Rita en estos momentos álgidos de su gestión, pues Ricardo la amenaza con tomar medidas. Y ante el desaguisado, no se antoja fácil el uso de la cinta métrica. El contorno bajo, la sisa y la caída de espaldas, entre otras, no es moco de pavo.
Tampoco se dirá nada de la reducción de altos cargos, asunto que, fíjense ustedes, Soria apoyaría, si otro lo plantease –a él, por lo visto, le da vergüenza–. Me temo que Paulino no esté por la labor. Pues quizás no se entendería la ‘liberación’ de Manuel Fernández (hijo) en el ayuntamiento santacrucero (ahora de Tavío en lugar de Llanos), quien dijo que no iba a cobrar sueldo (ayer), pero que ya reconoce (hoy) que sí percibirá dietas. ¿Cuántas? ¡Curioso! Como difícil de explicar sería lo de Guillermo Núñez, fichaje por el que invertiremos cincuenta mil euros para que “recaude dinero europeo”. O Cristina se explicó mal o no alcanzan mis entendederas a captar cómo el susodicho paseará por Bruselas, mero ejemplo, mirando al suelo por si hay monedas entre los adoquines. Sí, son los coordinadores. O lo que es lo mismo que en otros ayuntamientos: ponemos al frente de un área a un inepto elevado a la enésima potencia y a su lado una cohorte de admiradores para escribirle las notas de rigor y reírle las gracias cada dos por tres (seis otra vez).
Este fin de semana comprobaremos cómo la autonómica (¿La Nuestra?) habrá incrementado de manera sorprendente y asombrosa su share (en peninsular, cuota de pantalla; en autóctono, ¡chacho, más gente!) y puede que este acontecimiento eclipse algunos otros de mayor enjundia. Porque si sus informativos se basan, fundamentalmente, en cuanto accidente pueda justificar la presencia de la ‘guanchancha’, qué mayor suceso el que nuestra máxima autoridad (incluso con los parabienes de don José) hable de todo. De lo humano y de lo divino. De lo terrestre y de lo acuático. ¿De lo aéreo? Las aspas del rotor de cola giraban rítmicamente, mientras el piloto procedía a las maniobras de aproximación… Jo, ya estoy volando otra vez.
Amigos, este debate valdrá menos (¡todavía!) que los anteriores. Pues en el PSOE hay un vacío raro. Que se subsanará, imagino, en 2011, pero, mientras tanto, la situación es bastante atípica. Resultados, pues, los previsibles. Y resoluciones pactadas antes de subir a la tribuna de oradores. Más de lo mismo. Aguantémonos. Es lo que hay.
Ahora que proliferan los debates y tertulias, mi más enérgico rechazo y mi más categórica repulsa a los que no son capaces de mantener las más mínimas normas que a cualquier ciudadano educado se le presupone. Son los que escupen. Puede que no sepan hacer otra cosa diferente. Ojalá que nunca les caiga arriba su propio esputo. Morirían salvajemente envenenados. Son los que jamás osarían dar un paso al frente y ‘luchar’ en primera línea para defender las ‘ideas’ que lanzan amparados en una cámara, un micrófono o un teclado. Estos últimos, los menos. Los más, ni siquiera saben escribir. Sólo expectorar. Y casi siempre baboseando. Feliz debate.