lunes, 3 de octubre de 2011

Hautacuperche

Allá por los inicios del siglo XV La Gomera tenía un solo jefe aborigen: Amalahuige. A su muerte la isla se divide en cuatro cantones: Mulagua, Agana, Ipalán y Orone. Es hacia mitad del siglo mentado cuando la isla (de Señorío) pasa a las manos de los Peraza-Herrera. Y en ese contexto, siendo Fernán Peraza (el Joven) Conde de La Gomera, es cuando surge la figura del joven pastor Hautacuperche, paradigma del hombre rebelde e indomable y amante de la libertad de su tierra y de los suyos. Ahí tenemos la novela histórica de Manuel Mora Morales, y la más idealizada de Juan del Río Ayala, en las que se narran los trágicos acontecimientos, amén de los supuestos amoríos de Peraza con la joven y bella Iballa…
En esa manía de ‘juntar palabras que peguen’ surgen décimas, como estas dos que inserto a continuación y que formarán parte de esa publicación que está a punto de ver la luz (próximo día 28 en la Casa de la Cultura de Los Realejos):
Fernán Peraza de Ayala
fue el Señor de La Gomera,
que siembra en tierra señera
una semilla tan mala,
que por doquier ya se instala
la rencilla y el rencor;
vuelve a correr el dolor
por barrancos y quebradas,
se silba por las lomadas
en defensa del honor.
Se trama contra el malvado
y se conspira en secreto;
Hautacuperche, el escueto,
como siempre, ensimismado,
deja el discurso de lado
y acomete en solitario
finiquitar el calvario:
en Guajedum ejecuta
al que causó la disputa
con un pueblo hospitalario.
Pero no es intención de este breve post ahondar en los hechos históricos de tan lejanas centurias, sino dedicar unas líneas a la visita del Grupo Folclórico Hautacuperche a las tierras perdomeras en la Villa de La Orotava. Respondiendo a la invitación de la Agrupación Folclórica de Higa, que en enero pasado se había trasladado a la Villa para participar en las Fiestas en honor de San Sebastián, Hautacuperche actuó en la sala Francisco Álvarez Abrante el viernes por la noche en un festival organizado con motivo de las fiestas patronales (San Jerónimo y la Virgen del Rosario), en el que asimismo intervino la parranda realejera Chiguet.
Lo más ‘importante’, sin embargo, vino el sábado (1 de octubre), porque en el local social de la A.F. de Higa, sito en La Marzagana, tuvo lugar una comida de confraternidad, de esas que el grupo de Benito sabe preparar con buen vino de Higa (del Ratiño en la presente ocasión, y que bien se encargó de repartir el compadre) y la parrillada de rigor. Y como uno también estuvo por allí de confianzudo, puede dar fe de que la tripa salió contenta, amén de la amena charla hasta, como siempre, las tantas. Hizo acto de presencia, asimismo, el alcalde villero, Isaac Valencia, quien dio buena cuenta de unos buenos cachos de carne, bien regados con el tinto antes aludido. Aunque, obviamente, el principal catador del ‘zumo de la uva’ fue, como siempre, el entrañable amigo Antonillo, con el que repasamos varias anécdotas de esos viajes con Higa en los que hemos coincidido.
Creo que todos quedamos contentos, y un servidor es probable que más, porque de los lectores es bien sabido la debilidad que siento por esa isla. Unas letras impresas se fueron para allá, y como siempre manifiesto, ojalá pueda escuchar algún día varios renglones musicados. Espero que la alegría que se vivió en el remozado secadero no haya sido flor de un día. A Ernestina, la presi, se la veía feliz y contenta, tanto que alabó la espontaneidad y campechanería del alcalde villero, algo que echaba en falta en otros lugares.
Ayer domingo, con algo de resaca por llevar alejado una buena temporada de tenderetes tales, me puse a recapacitar, y, amén de rescatar estas otras dos décimas dedicadas a esa tierra que tuve la dicha de visitar por vez primera en el verano de 1962, recordé otra copla que, casualidades o no, volví a escuchar esa noche del sábado, en la voz de Idaira Trujillo (Jóvenes Cantadores) y en una de las tantas repeticiones de La Bodega de Julián: Al Cielo sube el cantar / del canario esperanzado /en ver su sueño alcanzado: / las islas unió la mar, / las distancias se han borrado.
Eso, como se han borrado las distancias, si les place, démonos otro salto:
Que me puede La Gomera
es de todos bien sabido;
por ella va mi silbido,
y a toda la isla entera
–desde El Cabrito a Alojera,
de La Rajita a Las Rosas–,
cual vuelo de mariposas,
mis versos a ella brindo
por ser panorama lindo
como fragancia de rosas.
Por El Cedro sumergirte
es algo sin parangón,
pues tienes la sensación
de en la selva introducirte.
Te invito a la isla irte
a recorrer sus caminos;
de paso escuchar los trinos
de pajarillos cantores,
cuyos silbos son primores,
igual que los buenos vinos.
Bueno, hasta mañana. Sean felices.