sábado, 1 de octubre de 2011

Varios espectáculos

Como Paulino Rivero se halla algo más liberado de sus quehaceres –sentencias incluidas–, le voy a proponer que convoque una reunión urgente (al estilo de la que hizo en La Ermita sauzalera cuando el Tenerife se iba a pique) para que le pegue unos buenos envidos a los prestigiosos volcanólogos (está en el DRAE) que se enzarzan en discusiones estériles, pretendiendo –esa impresión da– acaparar las atenciones que los movimientos telúricos herreños tienen en estos momentos de inquietud. Se erige Juan Carlos Carracedo, a quien no soy nadie para restarle los muchísimos méritos que atesora, en el Pepito Grillo permanente. Y no le gusta cómo se está llevando a cabo el protocolo seguido en la Isla del Meridiano. Por ahí afuera se están estallando de risa por el despliegue habido ante una nimiedad. ¿Y no puede pensar usted que con esas declaraciones solo está añadiendo elementos significativos para que continúe la fiesta? En este país en el que los periodistas parecen moverse por simpatías personales, somos muy dados a generalizar opiniones individuales. Ya ocurrió cuando los gases de Benijos (La Orotava) y los odios, celos o antipatías –que lo aclaren ellos– entre los sectores Carracedo y Nemesio nos recuerda al cuento de nunca acabar.
Ya que el presidente autonómico se atrevió a sentenciar que la erupción, en caso de haberla, sería como la del Teneguía (y en caso de no suceder así, decreto-ley al canto), ignoro a qué bando se arrimó o si se basó en estudios propios, no estaría de más el que se los llevara a todos a La Restinga para que mandándose un buen pescadito, o a los postres, intentara ponerlos de acuerdo, a fin de que el circo no siga creciendo, y las habladurías, cual lava al uso, no lleguen a oídos de los hawaianos, protagonistas de danzas más moviditas que las hasta ahora sentidas en La Frontera y El Pinar. Para completar la luchada, lo mismo se ponen la ropa de brega Eligio Hernández y Manuel Fernández, con Alpidio de árbitro. Luego nos quejamos de Mourihno.
Y vamos con la segunda, que nos atañe de manera más directa a los habitantes de este Valle norteño. La fotografía de hoy (habrás comprobado que no se trata de Nemesio, ni Carracedo, ni Paulino, pero sí de un volcán) pertenece a Nalaya Brown, tinerfeña por los cuatro costados (como su propio nombre indica), “única artista española elegida para actuar en el escenario electrónico de Rock in Rio 2011 en Brasil, patrocinada por Burn, de la marca Coca-Cola. Allí actuará este domingo, 2 de Octubre. Nalaya afronta su actuación en el festival con nervios y muchísima ilusión. El mercado sudamericano se abre para ella gracias a esta importante cita, en la que se codeará con grandes como Shakira, Rihanna o Kate Perry”. Tal cual.
Pero lo mejor viene ahora. Porque, eso también leí, “la artista irá vestida por el famoso diseñador brasileño Fabio Dultra”. Observando la ilustración con mucho detenimiento tengo mis serias dudas de que esto último sea cierto. Estarás conmigo, y los videoclips musicales lo ratifican plenamente, que cualquier lanzamiento discográfico no debe, necesariamente, demostrar las cualidades de la cantante, sino más bien los atributos, que, aunque parecidos, son conceptos completamente diferentes.
La noticia nos señala, además, que “Nalaya creció entre Puerto de la Cruz y La Orotava, exactamente en la Candelaria del Lomo, de donde es toda su familia paterna y donde guarda gran parte de sus recuerdos de infancia”. El informador no debe estar muy ducho en la geografía cercana, en la de andar por casa –no sé que pensará Isaac lo del ranillerismo del barrio cercano a La Piedad–, pero sí demuestra su altísima preparación de altos vuelos en los elogios a la que denomina “Reina de Ibiza” (¿no era canaria, y villera, por más señas?), pues “con la marca ha dado la vuelta al mundo y codeado con celebridades importantes como Bob Sinclarir, David Guetta, Paris Hilton, Nacho Cano, el diseñador Cavalli (que la invitó a una fiesta privada en Dubai) o el jugador de baloncesto Denis Rodman”. Ignoro si la marca aludida tiene algo que ver con alguna de las aparentes pintadas que se vislumbran en el imaginario traje de ese diseñador que menté un fisco más arriba. Puede que este sea el modelo que lució  en la fiesta privada ante un montón de acaudalados árabes. Ellos, como siempre, muy tapados, para cubrir sus vergüenzas y las posibles erupciones por tanto calor, y ellas… bailando como las hawaianas de Carracedo.
Disfruten del veranillo de San Miguel.