viernes, 8 de febrero de 2013

No aprendemos

El espinoso asunto de la "libreta contable" del tal Bárcenas, ex senador y ex tesorero del Partido Popular, ha puesto de manifiesto que la llamada clase política española y, por extensión la canaria, está toda pringada hasta el cuello. Así mismito lo leí ayer en un artículo publicado en un periódico de estas Islas Canarias. Y no, alegrías así, no. Por muy exacerbado que sea nuestro sentimiento ante la situación vergonzante que atravesamos, no ha lugar a la generalización sin fundamento. No aprendemos y lo fácil es meter a todos en el mismo saco. Sean políticos, médicos o maestros de escuela. No “todos” están pringados hasta el cuello como sostiene el comentarista. Ni mucho menos. Y ojalá salgan a la luz todos los casos que puedan haber pendientes. Sería una excelente noticia. Para que la regeneración sea completa y efectiva. Pero no vale, insisto, lo del todos iguales, aunque el corazón nos lo dicte en reiteradas ocasiones.
El que en San Juan de la Rambla se vaya a producir el próximo lunes un acontecimiento que dejará para siempre marcado a un concejal del Partido Popular, no es motivo suficiente para propagar que todos los militantes de ese partido sean de igual calaña. Incluso puede que estén tan compungidos como nosotros, pero que su obediencia y disciplina –como en la mayoría de formaciones políticas– los coloca en una difícil tesitura. Espero y deseo que el nuevo alcalde (cuán largo me lo fiais) sepa valorar la donación de la ciudadana Isabel de Luis, a la que le honra la entrega de un inmueble para la ubicación de un centro de mayores. Y no se les ocurra, mero ejemplo, a estos lumbreras –perdón, quise escribir nuevos inquilinos consistoriales con poderes decisorios– destinarlo a una carnicería. Insisto, verbigracia.
Manuel Fernández, un herreño –también popular él– que lleva en política tanto tiempo (parecido al de Rosa Díez, treinta años dando brincos y ahora pretende ser adalid de la regeneración; guárdame un cachorro y arráyate dos millos) que ya ha sido capaz de ir ubicando adecuadamente a la descendencia, tampoco aprende. Es más, se jacta de pasarse por el forro las normas que su propio partido nos exige al resto de mortales. A él no le es necesario el certificado de residencia porque su inmortalidad lo equipara al rey Armiche, con residencia en Los Roques de Salmor.
No aprende, tampoco, el primer teniente de alcalde lagunero (nunca se había visto en otra), el socialista Javier Abreu. Tanto se disparató con el chorro de agua en el pozo de Las Mercedes, que trastocó todas las medidas de capacidad (léase pipas) y al final de su intervención nos quedamos en treinta y dos y medio. No me aclaré si los 480 litros (algo menos de medio metro cúbico) era un lindo chorro o un chijito apenas. Espero, no obstante, que su valoración acerca de la posibilidad de abastecer a unos veinte mil habitantes sea completamente certera. Y que no se seque el susodicho para que los laguneros puedan ver, en un futuro próximo, disminuida la factura.
Aunque en este fin de semana lo que me apetecía es dedicar unas líneas a la gala de elección de la reina del carnaval santacrucero. En la que se estuvo a punto de reproducir el lamentable accidente acaecido no ha tanto en Valsequillo, Gran Canaria Cuando la celebración del perro maldito concluyó en tragedia. De ahí el titular: no aprendemos. Jugamos con fuego, y nunca más adecuada y pertinente la expresión. Reunimos a millares de personas y no somos capaces de prever que cualquier chispa puede llevarnos a una catástrofe de inimaginables consecuencias. Aparte de la animalada que significa el tirar de tales carretas (y mis respetos a las novillas; a los arrastres me remito), a nadie se le pasó por la cabeza que los fuegos de artificio (por muy fríos que los quieran mentar) eran, potencialmente, un cóctel explosivo. Sí, ya sé que me van a contestar que hay hechos imprevisibles. Pero son tantos los que cobran por eventos (ya salió la palabreja) de este tipo, o similares, que te apena el que tan dispuestos estén a la hora de cobrar y no muestren tanta diligencia al momento de planificar.
Me entristece mucho más el comprobar que el día siguiente (ayer) primaba el comentario  acerca de la agilidad, o no, de la gala, de lo acertado, o no, de la dirección de  la misma, del sistema de votación, de los trajes (es un decir) de las candidatas y otras nimiedades de mayor o menor porte. Mientras, una joven continuaba hospitalizada y afectada por graves quemaduras en diversas partes de su cuerpo. Las llamas alcanzaron los diez metros, titular para vender exclusivas y surgido de los propios actores del hecho reseñado. Que no dudan en acudir a las ‘telecinco’ de turno para disparar mierda con la que untarse bien. Luego, cuando se comprobó la verdadera dimensión del trance y hubo de ser trasladada a Sevilla, todo se tornó adhesiones y las frases hechas proliferaron en las redes sociales. En unos días, sea cual sea el desenlace, volveremos a correr tupido velo y la falsedad seguirá haciendo acto de presencia.
En fin, no aprendemos. Y las colas para adquirir las entradas de las galas (creo que bate récords la Drag Queen de Las Palmas) son de tal calibre que hay elementos (qué fauna) que son capaces de estar en ella dos noches (qué zoológicos más monos). En fin, otra vez, no aprendemos. Viva la crisis.