lunes, 4 de febrero de 2013

Tomás

El jueves 24 del pasado mes me ausenté de la isla. Estuve hasta ayer fuera en un programa del Imserso. O de Mundo Senior, que tanto monta. Hasta Roquetas de Mar (Almería) me llegaban las noticias de San Juan. De La Rambla, como la mentamos por aquí, aunque las gentes del barrio de El Rosario me dirán que eso es cosa de ellos. Y junto con el espectáculo circense en el que se halla inmerso el Partido Popular, el cóctel me provocaba náuseas. Como todos los que hemos podido disfrutar de alguno de los viajes precitados sabemos que la comida es capítulo fundamental (lo de la pensión completa es practicado hasta las últimas consecuencias: incremento notable de la prominencia abdominal), las arcadas eran, asimismo, manifiestamente notorias. Que sí, Tomás, me causas vómitos. Y tú, alcalde de mi pueblo, no te ampares en lo de dejarlo en manos del comité local, porque serías el primero en poner el grito en el cielo si un caso similar se hubiese podido producir en Los Realejos de haber obtenido tu partido, por ejemplo, diez concejales.
Para comenzar esta primera semana de febrero existían temas suficientes. Porque las declaraciones sabatinas de Rajoy (no me pregunten que me trabuco) o las conclusiones de la investigación interna popular podrían acaparar los comentarios hasta el próximo viernes (o más). Por cierto, la auditoría no ha detectado anomalías, la situación financiera está saneada, no se han realizado pagos fuera de las cuentas oficiales… ¿Hasta cuándo nos van a seguir tomando por gilipollas?
Pero, por inmediatez y cercanía, se impone escribir del ínclito Tomás. Ese portento de militante del equipo de Manolo Domínguez que alcanzó la friolera de 200 votos en las pasadas elecciones municipales y se convirtió en la ‘llave’, en la pieza clave de la política del pequeño pueblo norteño. Dado que se había encargado de propagar a los cuatro vientos que jamás pactaría con los malvados de la AIS (versión sanjuanera de las huestes de Paulino), no hubo mayores problemas en conformar un equipo de gobierno con los seis concejales del Partido Socialista. Aunque, y el tiempo da y quita razones, el puñal estaba a buen recaudo.
Tras algo más de año y medio (plazo de cobro del paro y que bien definiera la hasta ahora alcaldesa), las tornas se han virado y Tomás ha visto la luz; mejor, se ha iluminado. Bastante. Los comentarios así lo atestiguan. Algún vecino lo corrobora con su ayuda humanitaria. Como somos generosos lo dejamos en conductas irregulares. Es, y a perdonar el símil (análogo, semejante, metafórico), como la versión light de alcohólico anónimo por borracho conocido.
Y cree (el señor Mesa) a pie juntillas que erró (casi lo pongo con hache) al aceptar solamente la primera tenencia de alcaldía, admite que se equivocó igualmente al criticar la gestión del equipo de Manolo Reyes (ahora retirado a sus cuarteles de invierno), y reconoce que hay que darle otro aire al municipio. Para ello se fue a echar un arroz caldoso a Las Aguas, se mandó sus buenos y generosos tragos (de brisa marina), hizo acopio de grandes dosis de ética, moral y buenas costumbres (las mismas que predica Manolo en El Realejo pero cierra los ojos al pasar Barranco Ruiz), y díjose para sus interiores íntimos de adentro: yo me merezco más, mucho más. O alcalde o nada. Subió a toda pastilla silbando el estribillo, se sentó en uno de los bancos por fuera de la iglesia y esperó a Marco Antonio. Fueron apenas quince segundos, porque Abreu, la nueva cerradura (y sin dobles), no supondría obstáculo –al contrario– para acometer las dos cosas nuevas que requiere el municipio. Que no son los que se vienen comentando en los diferentes medios de comunicación, sino que son dos grandes proyectos relacionados con la industria de alimentos y bebidas que le darán un vuelco de 180 grados a los casi 21 kilómetros cuadrados de su territorio. Ya te contaré –no me adelanto porque lo mismo el presidente insular piensa un fisco con la cabeza y cambia de opinión antes del día 11 (festividad de Nuestra Señora de Lourdes: 7 mil curaciones y 66 milagros)–, y podrán comprobar que será “todo un descándalo”, como bien definiera cierto ilustre personaje en una intervención televisiva.
Lo mismo estás a estas alturas en condiciones de insinuarme que he podido ser irónico, quizás con ciertos tintes de broma. Nada más lejos de la realidad. Lo manifiesto con una total y profunda convicción. Mucha más que la que pueden esgrimir estos politiquillos de tres al cuarto que ni siquiera tienen la dignidad de presentar la renuncia al cargo ostentado de manera simultánea a la presentación de la moción de censura. Porque si ya con tan escasa cifra de votos es harto difícil justificar un hecho tan vergonzoso, legal pero ilegítimo, el pretender seguir cobrando a toda costa un sueldo inmerecido solo demuestra la catadura moral de quien se presta  a cambalaches y chanchullos.
Espero y deseo que el noble pueblo de San Juan de la Rambla no caiga en la tentación generalizada del “yo no voy a votar más”, porque aun comprendiendo el inmenso cabreo que pueda rondar por sus cabezas y el estado de abatimiento en el que puedan encontrarse, tal actitud solo vendría a favorecer las ansias desmedidas de estos impresentables que creen que la política es un mero juego con el que defender intereses espurios. Tomen debida nota y comiencen la tan necesaria y demandada regeneración. Ojalá desde los pueblos pequeños se pueda dar comienzo a la urgente reconquista de los valores democráticos. Y condenar al ostracismo a esta serie de sujetos depredadores.
No debe estar de luto La Rambla después del 11 de febrero. La legalidad juega estos envites. Pero refuerza convicciones. El país está atravesando una etapa de hondo descrédito. Afortunadamente la situación tiene solución. Y se halla en nuestras manos. La desazón solo conduce a que la herida se enquiste. Recapacitemos y acabemos con tanta golfería. Y un consejo a los concejales que son apeados: sean comedidos en las redes sociales, no jueguen con las mismas armas que utilizan los censurantes.
Dedicado a tu proceder, solitario concejal del PP y futuro alcalde, sin acritud pero con total abominación, este humilde acróstico de un realejero entroncado con ese maravilloso pueblo al que has engañado desde mayo de 2011 y al que ahora, paradojas de la vida, vas a defender: Tu Obscenidad Merece Amplias Sátiras.
En 1985 estuve en la toma de posesión de Conchita. Intentaré repetir el próximo lunes. Sí, el haz y el envés.