miércoles, 3 de febrero de 2010

Asueto


Viene a resultar, estimados fisgoneadores (a una amiga canaria pero residente en La France le suena raro. Piensen que fisgar es indagar, curiosear o investigar disimuladamente. Tómenlo, pues, como meros curiosos de lo que este atrevido escribe cada día), que la estadía jubilar me concede unas prerrogativas increíbles. Tanto que ayer me levanté sin enterarme que era día festivo. Es más, el día 1, lunes, fui a las doce, como siempre, a buscar a mi nieta. Cuando la recogí, la responsable de la guardería me dijo ‘hasta el miércoles’. Y yo pensé, simplemente, que se había equivocado. Porque errar es de humanos, ¿no? (y herrar también, ¿o has visto alguna vez cómo un caballo se colocaba las suelas de sus zapatos?).
Si te digo la verdad, a estas alturas de la vida, y en la situación de privilegio en la que me encuentro, estos deslices bien poco significan, porque si de algo  no puedo quejarme es de la cantidad de días de fiesta que tengo en mi apretada agenda. Y no te miento. En lo de la agenda, por supuesto. Eso sí, con un horario mucho más flexible.
Leí cierta vez las declaraciones de no me acuerdo qué importante escritor (qué fundamento), y manifestaba que se había autoimpuesto la norma de escribir cierta cantidad de horas y cumpliendo un estricto horario. Hace unos días lo recordé. Y ahora que me hallo frente al ordenador redactando esta nueva entrada, me planteo si no me estaré volviendo asimismo escritor. ¡Qué ilusión! Porque necesidad, obligación, imposición, tarea… pues no. Podría descansar los fines de semana, o al menos los domingos y festivos. Pero no, aquí sigo, plasmando boberías una jornada sí y la otra también.
Perdón, ya que antes menté lo de deslices, con esto de la reciente tormenta el que un periódico de aquí titule que la misma ha colapsado la isla me parece tremendamente exagerado. O estamos todos locos o bien poco nos falta. Ya se está hablando de tormenta tropical (deberá ser épsilon), otros culpan al inoperativo radar, pero muy pocos inciden en que no todo es poner piche sin pensar que a veces llueve. Y unos medios de comunicación de allende los mares dijeron que los ríos habían aumentado considerablemente su caudal y que había un fallecido por culpa del temporal (el del naufragio en Gran Canaria). Así nos va.
Hoy (para ustedes, ayer) he estado todo el día en casa porque me pareció oportuno hacerle caso a José Miguel Ruano. Tranquilito, viendo la tele (la nuestra, por supuesto) y leyendo la prensa. De vez en cuando me asomaba al balcón, pero apenas cayeron cuatro gotas. A este paso, con estos tiempos virados, dentro de bien poco tendremos de nuevo al turismo en Puerto de la Cruz, porque todos los del Sur saldrán ‘escafidiendo p´arriba’ ante tanta lluvia, niebla y viento. Aunque donde realmente lo pasan mal es la capital santacrucera. Yo tengo una teoría: creo que el tiempo quiere borrar de la faz política a Miguel Zerolo, Hilario Rodríguez, la de la ONG, y otros ejemplares, y envía aguaceros importantes para que haga ‘machuca y limpia’. De ahí mi consejo a los chicharreros: vayan todos a votar en 2011, porque, de lo contrario, los temporales los van a seguir azotando hasta que no quede basura esparcida.
Acabo. Los que están enfadados son los docentes tinerfeños, que han visto al resto de compañeros sumarse al día de asueto. La Consejería está planificando que la siguiente borrasca importante coincida con la Virgen del Pino. Que todo es posible. Cierta vez nevó en agosto (en El Teide). Y si no me crees, te lo demuestro científicamente. À demain.