Puede que esté exigiendo demasiado ante tal hipótesis. Pero,
de cumplirse, no solo estaría consolidado el espectáculo sino que daríamos un
giro radical en la concepción del turismo. Con otro éxito asegurado: el
incremento de superficie de la isla en cuestión, amén de no tener que invertir
capital alguno en reparar lo destruido, como ha ocurrido con el Tajogaite
palmero. Porque todo aquel que asocia una erupción con plagas celestiales,
ignora los avances de la ciencia y los beneficios que una aparente catástrofe
natural puede brindarnos. No hay mal que por bien no venga, se dice.
Manifiesto lo anterior a raíz de los tan cacareados
enjambres sísmicos que se vienen produciendo en Tenerife en estos últimos
tiempos. Y que los medios de comunicación no están “vendiendo” adecuadamente.
Porque para ellos prima el morbo y diera la impresión de que les satisface el
que solo se destaquen las posibles afecciones y desgracias. Cuando debería ser
todo lo contrario, pues se olvida con pasmosa facilidad cuáles son las
características del territorio que habitamos. Y lo que debiera ser una
posibilidad más de aumentar nuestros encantos naturales (uso y explotación
racional), se torna en crónica negra. Informar, sí; asustar y preocupar, no.
Claro, uno, que fue testigo de las crónicas audiovisuales
del precitado Tajogaite y contempla ahora cómo toda la zona ganada al mar se ha
poblado en un santiamén (unos años en el contexto de tiempos geológicos es
nada), piensa si la inmediatez del directo (directo, directo, que gritara la
reportera) no echa por tierra visiones de futuro, de ampliación de horizontes.
Es lo que yo denomino cuestión de oportunidad, de olvidar el pan para hoy y
hambre para mañana y ser capaces de planificar, de programar un poco más allá
de un par de metros delante de nuestras narices.
Este planteamiento choca, obviamente, entre el quehacer
científico y el devenir político. Porque los inmersos en la primera faceta van siempre con la luz larga, mientras que
los ejecutores de sus proyectos, los cargos públicos, lo hacen con luz de
cruce. Todo lo que les suponga superar su periodo de mandato es pura entelequia
y aquellos, lo que ven más lejos que el presente inmediato, son dignos
representantes de situaciones utópicas que no entran, ni por asomo, en sus
cálculos electorales. Sería, salvando las distancias, la transición ecológica
de nuestro gobierno canario con el mamotreto que han ubicado en el Polígono
Industrial de La Gañanía.
Me resulta imposible volver a la política activa. Y no
solamente por razones de edad, que también. Porque tendría que utilizar los
cuatro años reglamentarios para planificar los siguientes cincuenta o cien. Y
las fiestas y polvaceras, con sus pertinentes sesiones fotográficas, con poses
y vídeos donde se margina el sentido del ridículo, no dejarían espacio ni
tiempo para el consabido y necesario sosiego. Puede que sea también un iluso. Que
no es un valor en la actualidad, precisamente. No sirvo, siquiera, para asesor.
Me quedaría hablando con las paredes y aconsejando a gentes de tímpanos en
huelga. Y en un mundo de locos, ¿por qué habría de ser yo el único cuerdo?
Imposible, me volvería loco.
Disfruten del fin de semana y nos vemos el lunes.




