Rescato tres pinceladas del artículo de marras:
“Antes que nada, Miguel Ángel Rodríguez es un gran
periodista. La dilatada experiencia de Miguel Ángel Rodríguez es como el lecho
de un río por el que han discurrido todas las aguas, los lodos todos. Es hombre
moderado, prudente, anticipador, perspicaz. Político de impecable honradez…”.
Con el símil de los lodos no se ha consagrado don Luis
María. Se lo pudo haber ahorrado. Y que el interfecto es hombre moderado, prudente
y honrado, me remito solamente a la defensa numantina de la pareja del ático y
al nebuloso pasaje en el que se vio implicado el ya exFiscal General del
Estado. Todo un ejemplo del buen hacer periodístico. Vamos, una mosquita
muerta. Y de cómo los chanchullos políticos y sus prácticas barriobajeras
marcan el paso de la mismísima justicia. El que pueda hacer…
“Los trituradores de oficio, los tertulianos que todo lo
saben, los políticos embalsamados por la torpeza y la insidia, los moscardones
cojoneros de la palabra disgregada que solo conocen la agresión, tienen en
Miguel Ángel Rodríguez a un peso pesado de la vida política española al que
casi siempre acompaña el éxito”.
Exacto, así se las ponían a Felipe II. ¿Cómo no va a tener
éxito? Asegurado al cien por cien. ¿Fue, asimismo, el artífice de que las
elecciones se pueden trucar con la IA permitiendo adulterar el proceso para que
con un mismo DNI se puedan introducir infinitas papeletas en las urnas? ¿Valen
esos generosos calificativos para los adictos a la Cope o Intereconomía, por
ejemplo? ¿Y no podría ser usted (o el glosado), verbigracia, otro moscardón
cojonero de la palabra disgregada? Cuídese, no caiga en tales incongruencias.
Mire que el querer morir con las botas puestas le puede acarrear serios
disgustos.
“La contribución de Miguel Ángel Rodríguez al triunfo de la
presidenta madrileña puede calificarse de considerable. Por eso el sanchismo [sic]
le persigue con saña, porque sabe que el gran nombre del Partido Popular es
Díaz Ayuso y pretenden dañarla atacando sus flancos. Hay que colocarse, en fin,
por encima de la gran felonía, de esos acosos cadaverizados [sic] que en estas
últimas semanas agreden e insultan al sólido colaborador de la presidenta”.
¿Lo habrá leído Alberto? Por cierto, señor Anson, ¿a qué se
refiere usted con los flancos de doña Isabel? ¿Qué confianzas son esas? El ‘sanchismo’
persigue con saña. ¿Tanta como la suya en sentido inverso? ¿No es usted el
presidente de El Imparcial? ¿Dónde aparcó, entonces, la ecuanimidad, el ser equitativo,
desapasionado, equilibrado, justo? ¿No indica la RAE –institución que debe
conocer bien– que ser imparcial significa no adherirse a ningún partido? Pues me
da que mea usted hacia arriba y se está chingando el cuerpo entero. Porque todito
lo plasmado se le vuelve en su contra. Creo que ya no voy a perder mi preciado
tiempo en leerlo. La crítica es sana, por supuesto. Pero lo suyo es obsesión.
Algo que no dice nada bien de un tan buen periodista. ¿Son los inconvenientes
de haber sido encumbrado? Tenga cuidado no sea que se vaya a caer del pedestal
y cuando uno es mayor… Por experiencia lo digo, que ya medí una pared sin cinta
métrica. Cuánta decepción.
Para mis detractores va la conclusión. Claro que hago
crítica en mis artículos de opinión. Faltaría más. Y añado: estoy afiliado al
PSOE desde la década de los setenta del pasado siglo. Lo que no me ha impedido
expresarme sin cortapisas desde que me alongué a esta manía de expresar por
escrito mis pareceres (llevo más de cuarenta años en este ¿arte? de garabatear
letras). Porque amor no quita conocimiento. Ya lo comprobarás el día que tenga
perras y edite una compilación.
Hasta el lunes, que es día de vuelta al trabajo.



