Díjeme que si pueden los jueces –no todos, pero se van
subiendo al carro– por qué no yo. Y les expongo mi teoría. Tan cimentada como
sus sentencias, que más parecen los comentarios de texto de un alumno de
Bachillerato que de exposiciones razonadas conforme al fundamento jurídico. No
sé si lo soñé, mas cuando me desayunaba, dábale vueltas al magín con la
siguiente hipótesis:
Que existe corporativismo (en un grupo o sector profesional,
actitud de defensa a ultranza de la solidaridad interna y los intereses de sus
miembros) en la judicatura (conjunto de los jueces y magistrados de un sistema
judicial) no creo admita la más mínima controversia: perro no come perro. Como
Peinado es consciente de que sus estrafalarias decisiones pasarían,
inexorablemente, por el filtro de la Audiencia Provincial de Madrid, ¿quién es
capaz de demostrarme que no se confabuló con aquellos que vayan a dictaminar
los recursos? Puestos a suponer. Y las instrucciones pasaron por el aumento de
los supuestos delitos, con cimientos endebles y elucubraciones de andar por
casa. Porque así se da pie a tumbar un par de ellos con ligerísimos tirones de
oreja –que no suponen menoscabo ni aperturas de expedientes disciplinarios– sin
que el meollo de la cuestión (juicio con jurado popular) sufra alteración
alguna y seguirá pa´lante. Lema, junto al que pueda hacer, que marca el devenir
de todos los procesos encaminados a que este gobierno social-comunista sea, más
pronto que tarde, mera anécdota en el devenir histórico de este país.
Un testigo tiene la obligación de decir verdad. ¿Qué condujo
a un tribunal a no dar credibilidad a varios de ellos en el juicio contra García
Ortiz? Vaya usted a saber. ¿Por mis sostenes testiculares? Sí, señor Marchena,
¿por qué no puedo ser yo uno de los que, según usted, formamos parte de esos
dos de cada tres que no confiamos en la justicia y seguimos ganando adeptos sin
apenas mover un dedo sino esperando pacientemente a que nos sorprendan con
sonadas paridas?
¿Estarían corriendo ríos de tinta si Begoña y David no
fueran familiares directos del malvado a derrocar? ¿Cómo un acto administrativo
–concurso para provisión de una plaza– que cumplió todos los estándares
exigidos y contra el que no se presentó reclamación alguna, puede devenir en un
delito de prevaricación contra un ciudadano particular, que no funcionario
público (pero sí hermano de Pedro Sánchez)? ¿Para qué se inventó la vía contencioso-administrativa
en el supuesto de que uno de los diez aspirantes restantes entendiese que hubo
algún tipo de componenda? Que no fue el particular, por lo que este ignorante
redomado persiste en la pregunta de por qué se ha celebrado un juicio cuando ni
siquiera existe caso que lo sustente.
Otra conjetura. ¿Puedo? ¿Se hallan gripados los motores en
los juzgados que llevan los casos del ciudadano particular, pero novio, pareja
o lo que sea, de la presidenta de la Comunidad de Madrid, y el de Cristóbal Montoro,
quien fuera superpoderoso ministro con Rajoy? ¿No les cambian el aceite al
mismo tiempo que los que dirimen aquellos otros más inclinados hacia la
siniestra? Si en España se circula por la derecha, ¿cómo es posible que se
adquieran mayores velocidades por el carril de la dirección contraria? ¿Será
por eso que hay tanto accidente con esas conducciones temerarias?
Cambiemos aquella maldición gomera de en ‘obras te veas’ por
la de ‘es preferible un mal acuerdo que un buen juicio’. Y como el descrédito
va in crescendo, dado que hoy es
lunes y comenzamos una nueva semana de este julio festivo, unas citas para
reflexionar:
-Cuatro características corresponden al juez: Escuchar
cortésmente, responder sabiamente, ponderar prudentemente y decidir
imparcialmente. (Sócrates)
-Donde hay poca justicia es un peligro tener razón.
(Francisco de Quevedo)
-Pues mi noción de la justicia es ésta: los hombres no son
iguales. (Friedrich Nietzsche)
-Qué tiempos serán los que vivimos, que es necesario
defender lo obvio. (Bertolt Brecht)
-Desgraciada la generación cuyos jueces merecen ser
juzgados. (El Talmud)
-No hay mayor tiranía que la que se ejerce al amparo de la
ley y en nombre de la justicia. (Montesquieu)
-La justicia no consiste en dar a todos por igual, sino en
dar a cada uno lo que le corresponde. (Aristóteles)
Hasta el miércoles, si la justicia no me lo impide. Como no
llegan a diez los lectores, keine problem.



