Estemos, pues, tranquilos. Una muestra aislada no supone
mayor peligro. Una simple bacteria solo afectaría al bañista poco precavido que
se manda un buche (un quince, decíamos en mis tiempos mozos) mientras nada a
modo perrito. Y eso se evita, simple y llanamente, haciendo el muerto, o séase,
flotando boca arriba. Procurando tener cerrado el orificio donde comienza el
aparato digestivo. Que el del final del recorrido entraña mucho menos peligro.
Pienso, aunque vaya usted a saber.
La calidad del agua es excelente, han sentenciado Leopoldo,
David y Alonso. Con papeles en la mano, faltaría más. Lo confirman las
analíticas. Pero como el movimiento se demuestra andando, me extrañó que una vez
finalizada la comparecencia no hubiesen imitado al Fraga de Palomares. Si el
fundador del PP fue capaz de bañarse en aquellas aguas supuestamente radiactivas
de Almería, ¿qué daño podría causarle al triunvirato el remojón en paños
menores? Les habría supuesto un magnífico extra para sus redes sociales. Lo que
obligaría a los socialistas a tragarse sus palabras y, si me apuran, el
abecedario completo con tildes, virgulillas, apóstrofos y cedillas.
Seguro que todo acabará como un rifirrafe más y no será
menester acudir a la Justicia. Dado que el patio ahí está medio revuelto, nunca
se sabe cuál podría ser el desenlace. Y ya que a ella menciono, me llamó la
atención que el Tribunal Supremo haya anulado una sentencia del Tribunal
Superior de Justicia de Canarias por un vulgar copia y pega. Y es que en
determinado caso, al juez no se le ocurrió idea más brillante que para condenar
a una de las partes, calcar en su sentencia el escrito de defensa íntegro de la
otra, porque, eso arguyó, era tan brillante que no admitía discusión. Lo mismo
pensó que no valía la pena molestarse en argumentar el fallo teniendo a mano
una chuleta de tal enjundia. Espero que el nuevo presidente del TSJC, Juan
Avello Formoso, haya tomado debida nota. Hace unos días, en su toma de
posesión, manifestó que “a costa muchas veces de su salud, los jueces trabajan
en beneficio de los ciudadanos”. Efectivamente, como los médicos, los maestros
y hasta me atrevería a decir que los políticos. Lo que hay que extirpar son las
excepciones, pocas pero muy ruidosas. Porque de los más de cinco mil jueces que
hay en España, la inmensa mayoría están ‘despeinados’. Con lo que se demuestra
bien a las claras que llevan a cabo su trabajo con enorme dedicación. Pero a
los ‘peinados’ y a los del ‘copia y pega’, algún toque habrá que darles. No
tanto por el ánimo de empurarlos, como porque el prestigio del colectivo no
siga siendo empañado con procederes de tal guisa.
Restan diez meses para la siguiente cita electoral: las municipales. Que en Canarias, al coincidir con las de los cabildos y autonómicas, nos darán la opción de barajar muchas papeletas. Lícito es que cada cual vaya fijando posiciones. Hasta en Facebook, esa red social obsoleta que ya solo usamos muy pocos, se nota el incremento de publicaciones. Y como una imagen vale más que mil palabras, no se hacen esperar las consabidas fotos de los aspirantes con todas las poses inimaginables. A todos un consejo: cojan fundamento, déjense de machangadas y vamos a planificar los pueblos del mañana. Que ya está bien de vivir a salto de mata. O de fiestas.



