La primera de ellas se incluye en el Capítulo III: Importancia y significación del periódico. Prensa
especializada. Del tenor literal siguiente:
“Impugnando una calumnia” es el título de un artículo que
firma el maestro nacional Dióscoro Galindo González, que publicó El Norte de Tenerife [La Orotava,
5-noviembre-1919, Época II, número 66, páginas 1 y 2], y que rebate los
conceptos injuriosos para el Magisterio de Canarias que insertó La Prensa en su número 3.088, del 30 de
octubre de 1919, y que mereció el título de Desorganización de la enseñanza.
Siente el molesto maestro un impulso de justa indignación al
ver como se trata públicamente a un Cuerpo que siempre dio pruebas del más puro
patriotismo, desarrollando una titánica labor de regeneración nacional, llevada
a cabo en medio de la indiferencia de los unos y de la hostilidad de los más,
siempre sin esperanza de gloria ni recompensa.
Durísimos términos utiliza el articulista en contra del
innominado escritor que afirma gratuitamente que la mitad de los maestros
detesta el trabajo y sólo ansía cobrar:
Por ser la calumnia de
suyo cobarde y cruel, y porque la asquerosa baba que destila mancha mucho más
al infame que la vierte que a la persona calumniada, la única contestación
que merecía el autor era el más despreciativo de los silencios.
Recrimina al diario capitalino por no ser capaz de culpar a
otros estamentos de manera tan gratuita. Y le cita al clero, al ejército y a
los propios periodistas. El incriminar al cincuenta por ciento del Magisterio
porque algunos maestros hayan abandonado las funciones de su sagrado
ministerio, lleva a manifestar:
¿Ignora acaso La
Prensa que la mayor parte de esos ‘pocos maestros’ que pasean por las calles de
esa ciudad lo hacen porque no tienen casa donde vivir, local en que instalar la
escuela, material con que dar las enseñanzas? No, no lo ignora, porque yo sé de
algunos maestros que han recurrido a sus columnas en demanda de auxilio contra
ciertos atropellos e irregularidades, y sus escritos, lejos de ser publicados,
fueron a parar al cesto de los papeles.
El párrafo que a continuación se transcribe es el que da
término al artículo. Su lectura nos traslada a tiempos más recientes y a hechos
distintos. Pero que nos conduce a conclusiones similares:
Siempre que La Prensa pueda probar que los niños
que asisten con regularidad y el tiempo reglamentario a las escuelas nacionales
de Canarias, salen de ellas analfabetos, el firmante de este artículo (quien
manifiesta: me dejo cortar la única
pierna que me queda, si se es capaz de culpar a los maestros de la incultura de
los que nunca han pasado por la escuela), y con él todo el Magisterio canario,
reconoceremos ser muy justas las recriminaciones que se nos dirijen (sic), pero si no lo puede probar, lo menos que se
puede pedir, en pro de nuestra dignidad ultrajada, es que el autor de
“Desorganización de la enseñanza”, haga pública retractación de la larga serie
de gratuitas y mentirosas ofensas con que ultraja a una colectividad siempre
celosa en el cumplimiento de sus sagrados deberes.
(continuará)




