viernes, junio 26, 2026

Superávits y trampantojos (y 2)

Cuando uno echa una visual a los programas electorales de las primeras elecciones democráticas (1979, 1983, 1987, por ejemplo) comprueba cómo ya se dibujaba el perfil de cada candidato en el supuesto de que alcanzase tareas de gobierno. Ahora prima la ambigüedad y una especie de aura divina parece iluminar a los ediles. Pero, y a la vista está, los efectos de la hipotética droga no han sido los deseados.

La incorporación de tales remanentes a los ejercicios posteriores no asegura que las tareas vayan a realizarse con mayor diligencia. Más bien entiendo que la desidia no se cura con ampliaciones en el tiempo. Y el recurrir al cacareado Plan de Barrios como la panacea, urbi et orbi, es solo un mero parche. Porque priman las ocurrencias sin que exista una planificación seria de lo que se quiere para el municipio. La prueba fehaciente son las múltiples promesas electorales del PP que ponen sobre el tapete una total falta de programación. Constan unos buenos, y significativos, ejemplos. Y si por un casual se logra desatascar alguno, estaremos mareando la perdiz durante meses, cuando no años, con presentaciones y discursos más vacuos que mi cuenta corriente. ¿Te vale lo de la nueva piscina? Lo del hipódromo pasó a la historia porque una vez muertos (de viejos) los caballos, toca aplicar lo de a conejo ido…

Otra indecencia la constituye el aprovecharse de los éxitos ajenos. Los meritorios conquistas de cualquier particular o colectivo es acontecer muy apetecible para subirse al carro del marketing descarado. Un colegio, verbigracia, presenta un proyecto que viene a ser reconocido en el ámbito educativo, y ahí va el alcalde, el concejal delegado, el del barrio, el representante municipal en el consejo escolar, el chófer, el de prensa, el fotógrafo… a lucir palmito y colgarse medallas como si algo hubiese tenido que ver el ¿gobernante? de turno en el esfuerzo de la comunidad respectiva.

Como nunca he entendido esta forma de hacer política que se basa en el postureo como única razón de ser, en la que se vende como logro incluso el no hacer nada –así sobran las perras– creo, sinceramente, que la desvergüenza alcanza cotas alarmantes. Se vive para y por la publicidad. Convierten lo más nimio en acontecimiento mundial. Y luego no son capaces de cumplir ni siquiera con lo que se aprueba en las sesiones plenarias. Los presupuestos, por ejemplo. Porque si preveo gastar equis millones de euros en las diferentes partidas de los respectivos capítulos y compruebo al final que me han sobrado un buen puñado de billetes, lógico será el pensar que más de una inversión ha resultado fallida. No, es que los ingresos fueron superiores a los previstos, se erige en excusa preferida. ¿Y no están las modificaciones de crédito que tanto proliferan en el BOP?

Pero gozan con la ventaja de que al pueblo solo parece interesarle, asimismo, el día a día, siendo las fiestas la única y exclusiva preocupación. Es una pena, pero la realidad es muy tozuda. Se ha impuesto lo superfluo. Todo aquello que vaya encaminado al lucimiento personal del concejal de turno. Donde se reconoce cualquier labor que se desarrolle en el pueblo, pero con la condición de que el protagonista se subordine a la ostentación del que entrega la metopa o galardón.

¿Hay alternativa? Ños, no me hagas preguntas difíciles que también tengo mis pasajes turbios. Debí llegar a este mundo con obsolescencia programada y me hallo en un momento crítico. El ser de  la vieja escuela, aquella que potenciaba la inteligencia natural, la memoria, la reflexión, los buenos modales, la educación cívica, y ahora se imponen las nuevas tecnologías, encuéntrome asaz confuso. El pesimismo quiere abrirse camino, pero le planto cara. Me cuesta sobremanera e intento que no me venza, porque me iría en cuatro días para las chacaritas. El encono, la polarización, el quítate tú… me traen a mal vivir. No deseo participar en esta carrera de despropósitos. Pero somos animales sociales y nos contaminamos. Menos mal que de vez en cuando ‒me siguen pagando la pensión‒ nos vamos, mi mujer y yo, a darnos un garbeo por esos mundos de dios. Hasta nos atrevimos a hacer la Ruta de la Nacional 2 portuguesa hace unos días. En coche, que ya no estamos para motos. Vale, te lo cuento en la próxima. Si la justicia no dicta a contrario sensu.

miércoles, junio 24, 2026

Superávits y trampantojos (1)

Permítanme un inciso previo de rigor. Como el artículo anterior versó de las derivas judiciales y hemos conocido la sentencia del caso Mascarillas, no cuestiono las condenas a Koldo y Ábalos, pues si ha quedado demostrado que metieron la pata, perdón, la mano, las golferías se pagan. Y más si existe prevalencia de un cargo público para la comisión de fechorías. Pero sí me preocupa el cómo se argumenta. Y las redacciones en determinados pasajes solo acrecientan dudas de lo que debería entenderse por repartir justicia de manera imparcial. Porque los fundamentos jurídicos no pueden quedar al albur de interpretaciones que parecen depender del estado de ánimo del magistrado de turno y, lo que es mucho peor, de sus filias –o fobias– políticas. Si al descrédito actual se suman decisiones harto dudosas, diera la impresión de que de leguleyos va la cosa. Lo de Aldama, para varias tesis doctorales.

Cambiemos de tercio y sujetémonos al asunto de hoy. Seré pesado –qué le voy a hacer– pero como fui cocinero antes que fraile, creo tener razones para discrepar cuando lo entienda necesario. Y por ello no me alegra lo más mínimo el que mi ayuntamiento presuma de tener muchos millones en los bancos. El dinero de los impuestos (no olvidemos de que todo sale de ahí) no puede servir para engordar capitales, sino para atender necesidades perentorias de la ciudadanía. Así que recurro al trampantojo (trompe-l´oeil: engañar al ojo); según la RAE: trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es.

El grupo de gobierno en el ayuntamiento realejero nos sorprende cada año con unos superávits millonarios. Presumen de aprobar los presupuestos municipales en tiempo y forma. Algo de lo que me alegro y los felicito por tal diligente gestión. Pero no todo consiste en plasmar en un papel unos números que ponen de manifiesto el equilibrio entre los capítulos de ingresos y gastos. Porque si las cuentas ascienden, por ejemplo, a cuarenta millones de euros, no es de recibo (es su expresión favorita, ¿no?) que se liquide el ejercicio económico y venga a resultar que nos queda en la hucha (el cochinito de oro, que bautizara Manolo con su visión de empresa privada) una importante cantidad sin ejecutar. Porque la buena gestión no consiste en eso, sino en todo lo contrario. Le viene ocurriendo al Gobierno de Canarias, eterno llorón ante las arcas nacionales, y que devuelve cada año ingentes sumas de millones ante la incapacidad material de poder gastar todo lo recibido. Dicho en román paladino: si sobra es que hay.

En el ayuntamiento de la Villa de Viera ocurren hechos de muy difícil comprensión para el ciudadano de a pie. No es normal que un perfil de concejal nos valga para un roto y para un descosido. Ser especialista en todo se ha convertido en ejercicio frecuente. Deben ser cosas de la inteligencia artificial, porque la natural brilla por su ausencia. Vistas las mayorías absolutas del Partido Popular, y con los ánimos predispuestos para contentar a elegidos, y nutrido grupo de allegados, se crean chiringuitos por doquier. Y así, de tal guisa, da lo mismo que tu formación profesional (en el supuesto e hipotético caso de poseerla) señale que tus aptitudes te encaminen hacia lo que se espera en tal o cual concejalía. En un mandato puedo ser concejal de Hacienda y en el siguiente de Urbanismo. El otro lo ha sido de Fiestas y luego se reconvierte para llevar Cultura. Lo malo es que esos portentos no están demostrando en la práctica que se cumple con aquello que se espera en dicha área.

Convocar una rueda de prensa o elaborar una nota informativa para comunicar la buena nueva de existir un desfase millonario entre lo recaudado y ejecutado, solo viene a indicar una ineptitud galopante. Que una institución pública se jacte por disponer de una caja repleta de billetes, mientras el pueblo adolece de problemas de infraestructuras más que patentes, es buena muestra de esa visión mercantilista del que entiende un ayuntamiento como una empresa ávida de beneficios. Y utilizar la web municipal para la promoción de esta y otras hazañas de los respectivos equipos de gobierno, una inmoralidad, cuando no un gravísimo pecado mortal que no sé si León XIV podrá perdonar por mucho que se acuda ante él a darse golpes en el pecho. Pues lo que debería ser el altavoz corporativo no es un medio más, y gratuito, para que el partido en el machito alardee.

(continuará)

lunes, junio 22, 2026

El que pueda hacer

No fue una simple ocurrencia en contexto distendido. Era toda una carga de profundidad. Una orden que se ha venido ejecutando por diferentes actores conforme a un guion perfectamente trazado. Protagonistas, sin duda, en esa labor de acoso y derribo, algunos culichiches con túnica. Sí, me arrogo esa libertad de expresión. Y al que se pueda sentir identificado, escondido no estoy. Ni tampoco fugado, porque mis escoltas no se prestan a componendas.

La separación de poderes se halla bien definida en la Constitución, pero es mera entelequia en la práctica cotidiana. Y todo porque uno de ellos, el Judicial, se cree intocable. Quienes lo conforman se han erigido en seres superiores no sujetos a críticas ni reproches. Su labor, eso entienden, no está sujeta a control alguno. Pueden hacer y deshacer a su antojo. Las normas son para el resto de mortales. Lo de aplicar las leyes se les ha quedado muy corto. Quieren ir mucho más allá y actúan torticeramente en los procedimientos. No cuidan siquiera las apariencias. Da lo mismo. Yo soy yo, sin circunstancias. Principios jurisdiccionales se ha tirado al cubo de la basura sin el menor recato. La toga me protege. Y el órgano encargado de corregir desviaciones parece más preocupado en que nadie ose alzar la voz, que en reconducir una situación que desbarra en abundancia. Nosotros, los mortales, debemos conformarnos con el fútbol (por eso el Mundial amplió el abanico) o ir a las verbenas de los festejos populares (gracias PP realejero). Los temas de enjundia no se hallan sino al alcance de mentes privilegiadas.

Cuando uno, ignorante redomado, observa estos andares se pregunta por qué un elegido en proceso democrático transparente está sujeto a todo tipo de disparos mientras otros afortunados, ascendidos por méritos, puede que hasta dudosos, se ofenden sobremanera –incluso reclaman una no disimulada impunidad– cuando se le cuestionan resoluciones que chocan con algo tan elemental como es el sentido común. No creo que el legislador obviara el denominado derecho consuetudinario. Y es que a los usos y costumbres se recurre desde que el hombre inventó lo de un “mal arreglo antes que un buen pleito”. Porque el evitar un proceso judicial será tónica dominante ante el temor, nada injustificado, de que se cuele un Peinado, verbigracia, en tu camino.

Interpretar la ley a través de los más intrincados subterfugios, vericuetos inverosímiles y artificiosos considerandos, donde prima la objetividad más obscena, no es –no debe ser– el paradigma de un estado de derecho que se precie. Se empeñan algunos en poner la justicia a los pies de los caballos. ¿Les guía solo el protagonismo o existen espurios intereses detrás de las decisiones? ¿Hacen honor ciertos fallos a su definición más etimológica: acción y efecto de fracasar?

Sabemos cómo se mueve el periodismo actual. Arrimado a dornajos empresariales y pasándose por el arco del triunfo todos los principios deontológicos que deben ser norte en tan noble profesión. Que pone mil reparos a reconocer lo que son patentes casos de lawfare: instrumentalización de la justicia para lograr objetivos políticos o estratégicos, en lugar de aplicarla de manera imparcial y equitativa. ¿Qué delito cometo si sostengo que –y este último paso del titular del juzgado de instrucción número 41 de Madrid ya es el colmo de los despropósitos– se ha valido de procedimientos judiciales con fines políticos, para desacreditar, inhabilitar o perseguir a un adversario, manteniendo una apariencia de legalidad? Pues que me encierren para siempre jamás, porque escrito queda. La inquina, animadversión, obsesión, afán de protagonismo con sus minutos de gloria, cuando no el odio más visceral (y no sigo porque se me acaba el folio) es, presuntamente, la prueba inequívoca de… la nota de corte exigida para estudiar el grado de Derecho.

Ya no bastan toques de atención a instrucciones descarriadas. El Consejo General del Poder Judicial se va a quedar con menos crédito que mi tarjeta bancaria. Si ante estas flagrantes muestras se muestra tan dubitativo, ¿qué más burradas debe acometer el susodicho para que la podredumbre no siga extendiéndose? Es tan grave la putrefacción existente en la plaza de Castilla (patente hasta en la composición escrita de los autos) que o se elimina este garbanzo negro –ante el temor evidente de pandemia– o no habrá mascarilla, homologada o sin etiqueta, que sea capaz de eliminar el tufo y la pestilencia.

Qué triste imagen. Cuánta vergüenza. ¿Hasta cuándo o dónde soportar la pesada losa del estigma? No persistan en seguir compartiendo aquel adagio periodístico de “perro no come perro”, porque el lodazal acabará ahogándolos a todos. Pisen el freno o el peligroso descenso acarreará fatales consecuencias, ya que no habrá zona con grava que pueda detener el desbocado convoy.

Los magistrados conservadores del CGPJ necesitan más tiempo para reflexionar. ¿Hasta que se jubilen todos y se marchen de rositas con encomiendas, medallas y condecoraciones varias?

Y el que pudo hacer, hizo. ¿Suma y sigue?

sábado, mayo 30, 2026

Hasta después

Muy mala imagen la contemplada en Toscal-Longuera. Nada justifica la violencia. Y en el deporte, menos. Cierto es que siempre existen desalmados. Y en el fútbol, desgraciadamente, estos hechos de fanáticos intolerantes se suceden con notoria frecuencia. Que un equipo, categoría juvenil, deba salir escoltado por la policía y, aun así, acaba apedreada la guagua que los devolvía a su lugar de origen, flaco favor al deporte. Me da que las medidas adoptadas por hechos similares no están surtiendo los efectos deseados. Espero y deseo que se actúe con mayor contundencia para que estos impresentables no vuelvan a empañar la labor de formación que en estas categorías debe imperar. Aunque me temo que los espectáculos políticos del momento actual no contribuyen a secundar la labor que desde las familias y los centros educativos, a buen seguro, se viene llevando a cabo. Esos otros deportes parlamentarios vienen calando, y a los hechos me remito, bien profundo en la sociedad, que se deja llevar por los prontos en lugar de la pertinente reflexión. Ingente tarea nos queda por delante.

Cuando la natalidad se halla bajo mínimos (en Canarias es un hecho más que evidente por tanto polvo en suspensión), debemos alegrarnos porque la pareja de guirres de Timanfaya siga cumpliendo el sagrado cometido de ampliación de la especie. Lo malo, visto desde la distancia, es que tanta visita en vehículos motorizados al parque nacional conejero no creo sea el camino más correcto para que los animales puedan persistir en el loable empeño con el debido sosiego. Y como al poner en los platillos de la balanza ambas disyuntivas, me temo que para aquel que va a la caza de unos miserables votos prime el cúmulo de visitantes. La visión de futuro a través de la adecuada planificación sigue siendo una entelequia. Pobre guirres.

Hoy es Día de Canarias. Y como en días pasados se tomó la iniciativa de cambiar siete por ocho el número de peñascos atlánticos (ocho sobre el mismo mar), hasta que los miles de turistas que invaden Lobos reclamen su cuota, entiendo, con mi total ignorancia y modestia, que piensen seriamente si el actual himno es el tema más adecuado para que nos represente en las celebraciones institucionales (y en el festival de elección de la Romera en las Fiestas de Mayo de mi pueblo; algo que no capté bien, pues a santo de qué), porque –sé sincero en tu respuesta– ¿quién demonios es capaz de cantarlo, quién ha memorizado su letra, es el arrorró (Teobaldo Power) la pieza musical más adecuada? Puesto que me acuerdo de la pastillita de azúcar de Valentina y me dan unas tremendas ganas de dormir. ¿No lo relacionas con esa función vital? Y es que existió otro, encargado por Jerónimo Saavedra, que de música sabía más que yo, con letra de un tinerfeño, Fernando García-Ramos y Fernández del Castillo, y música del compositor grancanario Juan José Falcón Sanabria. Del que, al menos, conozco la versión sinfónica (Coral Polifónica de Las Palmas) y otra folclórica (Los Majuelos). Debo tener aún esta última versión guardada por ahí. Y no solo me encanta más sino que, humildemente, nos representa mejor. Pero para gustos, ya se sabe, colores.

Mañana se acaba el mes y he decidido tomarme un descanso. Esperan unos asuntillos pendientes que requieren una atención personalizada. Seguro que ustedes me lo agradecerán porque los libero de tostones (tabarras, latas, aburrimientos, fastidios, rollos), aunque no tantos como los de cierto tertuliano ‘coalicionero’ (tres décadas largas mamando de la teta pública el mamporrero en cuestión y guía espiritual de la crispación) que arremetió contra los godos que gestionaron la crisis del Hondius, olvidándose de que en el esperpento, o grillo, también se halla presente en los ¿debates? alguien con raíces en Godilandia. En fin, no le pidamos peras al olmo. ¿Y tú no dices nada, moderado Linares? ¿O es que Clavijo ya se había encargado del calentamiento previo?

Feria de ganado (de dos patas, sobre todo), Festival de las Islas, Romería, Lunes de Remedios, Festival Infantil… Aprovecha, que nuestro ayuntamiento se preocupa porque nuestra diversión esté asegurada.

Lo dicho, hasta dentro de un ratito.

jueves, mayo 28, 2026

Ningunear

De adivino, rien de rien. De tener algún leve síntoma, seguro que la Primitiva hubiese caído. Pero te cuento, y que nos sirva de exordio, que en la noche del pasado día 17, tras conocerse el resultado electoral, le dije a mi mujer que el PSOE intentaría justificar el descalabro argumentando la pérdida de la mayoría absoluta por parte del PP y su posible dependencia de VOX. Pues tanto en Andalucía como en Madrid pudieron haberse ahorrado las reuniones de ambas ejecutivas porque poco tardaron en darme la razón. Qué torpeza más grande. ¿Esa es toda la explicación que se puede brindar a un ciudadano algo más que desencantado? ¿Para cuándo un verdadero examen de conciencia? Estamos bonitos.

Y abordemos el tema de hoy. Que debo iniciar por el vacile del acreditado diario The New York Times, con mucho más prestigio y renombre que el blog de Jesús, y que también se ha sumado a rebatirle a Clavijo que no se le vuelva a ocurrir la disculpa de las ratas nadadoras. Y de mi parte, como canario de a pie, agradecerle al ayuntamiento de Rotterdam (Holanda) el que se haya encargado del atraque, desembarco, cuarentena de los viajeros, desinfección del buque… y no esperar de brazos cruzados a que vengan representantes del gobierno nacional a resolver la papeleta. Vamos, igual que ocurrió aquí en Granadilla. O antes en Arguineguín, donde a la alcaldesa de Mogán le nombras un negro y se pone ídem de la rabia.

El Estado nos ningunea, alega un Tellado enardecido ante sus correligionarios canarios. Lema que Domínguez ratifica y demanda que canten a coro José Manuel Soria, Australia Navarro, Asier Antona y varias decenas de avatares (por lo del azul). No interesa recordar las veces que el Partido Popular ha votado en contra en el Congreso de los Diputados a medidas propuestas por el actual gobierno y encaminadas a mejorar varios aspectos en estas islas. Como el decreto para el traslado obligatorio de menores migrantes no acompañados, cuando se negó hasta en dos ocasiones porque varias Comunidades Autónomas, encabezadas por la madrileña de Ayuso, entendieron que Canarias debía correr con el atendimiento. Con un vicepresidente regional –lo defenderé me cueste lo que me cueste– que fue marginado incluso por los representantes populares canarios en la Carrera de San Jerónimo. Ahí los tienen en la foto (Canarias Ahora), donde se puede observar que hasta una realejera se sumó al despropósito: sí a los dictados de Feijóo y no a lo que sostiene el que pinta menos que una brocha seca.

Sí, es el malvado de Pedro Sánchez quien nos ningunea por mucho que veranee en La Mareta. Como cuando hubo otra negativa a incluir en una Conferencia de presidentes la propia propuesta del Gobierno de Canarias sobre la posibilidad de limitar la compra de viviendas por parte de extranjeros. Lo que viene a demostrar bien a las claras el peso específico de quien forma parte del pacto CC-PP. Ni aquellos que él propuso en su día para formar parte de la candidatura en las elecciones generales le prestan el más mínimo caso. Como, y lo reitero, no pinta absolutamente nada, bien haría Adolfo y tomarlo como modelo para un mural en el pueblo: el tonto útil.

¿Se acuerdan del decreto de revalorización de las pensiones o ya corrieron un tupido velo? ¿O era estúpido? Pues también se incluía la garantía de la gratuidad del transporte público, salario mínimo interprofesional y establecer una tabla del IRPF diferenciada para los palmeros por los daños ocasionados en la erupción del Tajogaite. Sí, que luego salió adelante. Pero que de entrada obtuvo el rechazo más cerril de la derecha montaraz. Aunque el objetivo a alcanzar sea idéntico, si no vas por el camino que yo te señalo, ni juego contigo y arriba me llevo el balón. Dejad que los niños se acerquen a mí, que como yo tranque a uno…

Mas el pueblo es soberano. En eso consiste la democracia y vale lo mismo el voto de quien medita concienzudamente y sopesa todas las alternativas, que el de aquel que alegremente agarra una papeleta sin pensar en las posibles consecuencias que ese acto puede conllevar, incluso el que se cercenen derechos adquiridos y que costaron muchas lágrimas para poder alcanzarlos. Las actitudes borreguiles no son tenidas en cuenta. Algo tan simple como que la educación y la sanidad para quien pueda pagarla –¿y el que no?: a llorar a la plaza– también se juega en ese partido, no preocupa. Cuando alcancemos el momento culminante del llanto y crujir de dientes y “vosotros estéis excluidos”, que no cunda la ira y la desaprobación porque será demasiado tarde.

Uno ya está de vuelta, en la curva descendente. Pero quedan hijos y nietos. Y por ellos me revuelvo y me rebelo. Porque de pasotismos ya vamos bastante sobrados. Aun así, sean felices.