Cambiemos de tercio y sujetémonos al asunto de hoy. Seré
pesado –qué le voy a hacer– pero como fui cocinero antes que fraile, creo tener
razones para discrepar cuando lo entienda necesario. Y por ello no me alegra lo
más mínimo el que mi ayuntamiento presuma de tener muchos millones en los
bancos. El dinero de los impuestos (no olvidemos de que todo sale de ahí) no
puede servir para engordar capitales, sino para atender necesidades perentorias
de la ciudadanía. Así que recurro al trampantojo (trompe-l´oeil: engañar al ojo); según la RAE: trampa o ilusión con
que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es.
El grupo de gobierno en el ayuntamiento realejero nos
sorprende cada año con unos superávits millonarios. Presumen de aprobar los
presupuestos municipales en tiempo y forma. Algo de lo que me alegro y los
felicito por tal diligente gestión. Pero no todo consiste en plasmar en un
papel unos números que ponen de manifiesto el equilibrio entre los capítulos de
ingresos y gastos. Porque si las cuentas ascienden, por ejemplo, a cuarenta
millones de euros, no es de recibo (es su expresión favorita, ¿no?) que se
liquide el ejercicio económico y venga a resultar que nos queda en la hucha
(el cochinito de oro, que bautizara Manolo con su visión de empresa privada)
una importante cantidad sin ejecutar. Porque la buena gestión no consiste en
eso, sino en todo lo contrario. Le viene ocurriendo al Gobierno de Canarias,
eterno llorón ante las arcas nacionales, y que devuelve cada año ingentes sumas
de millones ante la incapacidad material de poder gastar todo lo recibido.
Dicho en román paladino: si sobra es que hay.
En el ayuntamiento de la Villa de Viera ocurren hechos de
muy difícil comprensión para el ciudadano de a pie. No es normal que un perfil
de concejal nos valga para un roto y para un descosido. Ser especialista en
todo se ha convertido en ejercicio frecuente. Deben ser cosas de la inteligencia
artificial, porque la natural brilla por su ausencia. Vistas las mayorías
absolutas del Partido Popular, y con los ánimos predispuestos para contentar a
elegidos, y nutrido grupo de allegados, se crean chiringuitos por doquier. Y
así, de tal guisa, da lo mismo que tu formación profesional (en el supuesto e
hipotético caso de poseerla) señale que tus aptitudes te encaminen hacia lo que
se espera en tal o cual concejalía. En un mandato puedo ser concejal de
Hacienda y en el siguiente de Urbanismo. El otro lo ha sido de Fiestas y luego se
reconvierte para llevar Cultura. Lo malo es que esos portentos no están
demostrando en la práctica que se cumple con aquello que se espera en dicha
área.
Convocar una rueda de prensa o elaborar una nota informativa
para comunicar la buena nueva de existir un desfase millonario entre lo
recaudado y ejecutado, solo viene a indicar una ineptitud galopante. Que una
institución pública se jacte por disponer de una caja repleta de billetes,
mientras el pueblo adolece de problemas de infraestructuras más que patentes,
es buena muestra de esa visión mercantilista del que entiende un ayuntamiento
como una empresa ávida de beneficios. Y utilizar la web municipal para la
promoción de esta y otras hazañas de los respectivos equipos de gobierno, una
inmoralidad, cuando no un gravísimo pecado mortal que no sé si León XIV podrá
perdonar por mucho que se acuda ante él a darse golpes en el pecho. Pues lo que
debería ser el altavoz corporativo no es un medio más, y gratuito, para que el
partido en el machito alardee.
(continuará)




