Hay un chiquito lagunero ‒de La Verdellada, creo‒
llamado Jonathan Domínguez, en la actualidad viceconsejero de Comunicación del
Gobierno de Canarias (serán sus méritos la verborrea que se gasta), al que
vengo oyendo mentar desde hace más de dos décadas porque solo ha vivido de la
teta pública, siendo sus mentores Ana Oramas y Fernando Clavijo, que se nos fue
a una emisora de radio de Gran Canaria y se puso a despotricar de los
sindicatos. A los liberados sindicales los puso de vuelta y media. El
calificativo más generoso fue el de gandules. Y me acordé de aquella sentencia
de la sartén a la olla: quita p´allá que me tiznas. Es que verse las propias
jorobas entraña el peligro evidente de que se tuerza el cogote. Chiquita falta
de ignorancia el del aprendiz de periodista. Claro, valen para un roto y para
un descosido y así anda el patio político plagadito de ineptos.
El parlamento de Canarias ha aprobado una resolución para
demandar al Estado que se haga cargo de los gastos de traslados de personas
fallecidas fuera de su isla. Y yo me pregunto si en todo caso esa no sería una
competencia autonómica. O de los Cabildos. ¿No le consultaron a Casimiro? Y si
me apuran, de los propios ayuntamientos que a través de sus servicios sociales
bien podrían echar una mano a las familias que no dispusieran de una póliza de
decesos (Santa Lucía, por ejemplo) o su economía no le posibilitara afrontar la
factura. Porque Madrid (siempre Madrid) a buen seguro que alegará su negativa
por odiosas comparaciones con el resto de los territorios, tanto insulares como
peninsulares. Es otra consecuencia de la eterna llorona y la táctica pedigüeña
de los dirigentes de estas tierras volcánicas desde tiempos inmemoriales.
Me han preguntado qué opino de la moción de censura en San
Juan de la Rambla. No lo tengo claro. Es como si ahora en el Puerto –los otros
vecinos, los del naciente– David alegara que con Leopoldo y Alonso todo está
paralizado (Playa Jardín, verbigracia) y se adhiriera a otra moción de censura
para devolver a Marco la alcaldía. Que en el pueblo con el que limitamos por el
poniente había un equipo de desgobierno más que evidente, no se requieren
espejuelos. Que la parálisis es harto notoria, ponle el cuño. Y hasta aquí
puedo escribir. Ojalá, por el bien de sus habitantes, el remedio funcione. Y en
mayo de 2027, a la vuelta de la esquina, háganme el favor de darle unos cuantos
votos más al PSOE para que alcance los seis concejales ansiados y pasados
cuatro años…
El todavía portavoz del ejecutivo canario, y aspirante a
diputado nacional, está de un protagonismo subido. Y como la tele canaria se
presta a dorar la píldora, no hay informativo en el que no haga acto de
presencia. Y no para anunciarnos acuerdos y propuestas aprobadas por Clavijo y
Domínguez, sino para lanzar chinitas a diestro y siniestro. Ahora se halla el
hombre preocupado por el avance de la ultraderecha en Canarias. ¿Se referirá a
VOX –socio en varios ayuntamientos– o al PP de un Feijóo lanzado al monte, con
el que mantiene muchos pactos en las ínsulas? ¿O piensa, acaso, que Manolo es
diferente en sus postulados? Aclárese, señor Cabello, porque el manual de
instrucciones es único.
Curbelo cambia de cara y postula a Yaiza Castilla como
candidata al Senado. La mejor, ha sentenciado. Y cuando se percató de la
metedura de pata, dijo a renglón seguido que Fabián Chinea lo había hecho muy
bien en estos últimos años. Ha obedecido fielmente y ha preguntando todo
aquello que el propio Casimiro no hizo durante el largo periodo que transitó la
capital del reino. De donde no salió muy bien parado y sentó el precedente que
ahora le ha servido a Solveida para pactar con la fiscalía y así dar a entender
que sus actuaciones (raras) no merecían reproche penal alguno. Nos toman por
imbéciles. Mira, presidente, si el que vive en Tenerife lo ha venido haciendo
muy bien, ¿por qué lo quitas? Ah, si es para que no se anquilosen y por ello es
conveniente un recambio, ¿por qué no te aplicas el cuento?
Y concluyo: Cómo nos utilizan –a los viejos– y nos engatusan
con fiestas, viajes y cuchipandas varias. Y con homenajes en los que diera la
impresión de que los protagonistas son los cargos públicos. Cuando me presente
en las próximas elecciones, ganemos y gobernemos, quiero ser el concejal de
mayores. O no, el bobo.


