13 de febrero de 2026

A río revuelto...

Manifiesta, sin disimular su manía persecutoria, el señor Felipe González Márquez, quien fuera presidente del Gobierno de España entre 1982 y 1996, que no votará al PSOE, sino en blanco, si Pedro Sánchez vuelve a figurar como candidato. Me da que lo suyo va algo más allá del clásico chocheo provocado por su provecta edad. Puede que el humo de tanto habano le haya dejado secuelas irreversibles. O que el mucho agacharse para atender sus bonsáis le haya cortocircuitado algún nervio.

Mira, Felipe –lo de estimado ya no me sale, el teclado se ha negado–, si la ley electoral no ha cambiado en estos últimos días, o no me he enterado por estar atendiendo otros menesteres más acuciantes, viene a resultar que yo tampoco lo votaré. Porque en mi circunscripción electoral (provincia de Santa Cruz de Tenerife) la candidatura socialista contendrá una lista con otros nombres. Y como tú debes poseer diversas propiedades merced a esos cargos a los que accediste cuando abandonaste La Moncloa, como otros tantos, por aquello de las puertas giratorias (contrarias a tu parecer cuando vestías con la chaqueta de pana), ignoro dónde estás censado. Pues si continúas en tu Sevilla natal, a buen seguro que Sánchez no va a encabezar la plancha andaluza. Y de estarlo en la República Dominicana o Marruecos, ya me dirás. Si es en Madrid, tienes otras opciones más en consonancia con tus delirios.

Tú eres muy libre de hacer lo que te venga en gana. Y de opinar como mejor creas oportuno. Pero hace bastante tiempo que debías de haber abandonado el barco del PSOE. Con valentía, lanzándote por la borda y no estar de manera permanente (machacona) jodiendo la pavana. Porque tú no eres socialista ni nada parecido. Eres un burgués adinerado que flaco servicio prestas al partido. O mejor, pareces un infiltrado. Lo tuyo es bailar el chotis con Ayuso si el reuma te lo permite. Hasta puede que podamos equipararte con el de las dos tallas menos (al parecer de un tal Federico) en tus nuevas visiones del país. De aquellos avatares, proclamas y decires de tus inicios no queda ni la más mínima sombra. Tu metamorfosis sobrepasa con creces la de cualquier insecto, anfibio, molusco, crustáceo o equinodermo. Adelantaste a Kafka por la derecha y superado, con creces, los mitos de Ovidio.

Puedes llevarte contigo a García Page. Que más que mosca cojonera emula al Guadiana. Lo mismo se pasa una temporada (corta, eso sí) desaparecido y luego le vienen los arrebatos. Se cree superior y tengo unas ganas locas de que se presente sin el respaldo de las siglas del partido detrás. Como ha habido ya muchos ejemplos en la historia de la formación con éxitos tan notables que se esfumaron (disolvieron) cual terrones de azúcar. Da la impresión de que aprovechan que la cosa está fastidiada a cualquier nivel para echar más leña al fuego. De salvadores estamos hasta las narices, por no decir, o escribir, otra parte del organismo humano.

Menos mal que hay un electorado que es menos veleta que algunos, o bastantes, dirigentes. Y se queda en casa, como mal menor. Que no le dora la píldora a la derecha extrema y a la extrema derecha. Que tanto monta. Y que solo está necesitada de que los comportamientos y actitudes retomen el cauce para volver a las urnas sin tanto desencanto. Que vuelva a ver ejemplaridad y no luchas intestinas. Que ya tenemos los parlamentos para tales circos.

Miren, uno podrá ser muy crítico. Pero el corazoncito siempre esté ahí debajo latiendo. Y no escribo alma porque no tengo el cacumen para disquisiciones religiosas. Y sintió –como con cualquier otro enfermo terminal– que Lambán acabara su existencia terrenal de manera tan cruel. Pero no fue su conducta, con respecto al PSOE, en los últimos años la más agradecida. También por su animadversión a Sánchez. Y, hasta donde yo sé, las puertas de la militancia siempre están abiertas. Para entrar, pero, asimismo, para salir. Y aquel que no se encuentra a gusto, o cómodo, libre es para coger el camino contrario. Pero quedarse para hacer daño a conciencia es, como poco, reprobable.

La discrepancia –también la mía– no constituye una falta de respeto. Es una buena manera de enriquecimiento, siempre que los cauces sean los adecuados y pertinentes. Pero cuando el peligro de un asalto (¿con bomba atómica?) a las instituciones por parte de unos posibles dirigentes, que no se cortan un pelo en proclamar a los cuatro vientos cuál va a ser su programa de gobierno, aquellos que nacimos cuando el ferrolano aún no había estirado la pata observamos cómo la piel se nos eriza.

Temblando estoy. Hasta la próxima, si me dejan. Que sí, gilipollas, que no es una figura retórica. Tú no sabes nada de lo que significaba la llegada del dueño de la finca. Imagínate a una escala superior. ¿Y crees que contándote esa (mi) historia no vas a estar condenado a repetirla? No seas pollaboba. Con todos mis respetos.

9 de febrero de 2026

Nos queda Portugal

¿Consuelo de tontos? Lo más seguro. Pero mientras las dieciocho mil izquierdas que pululan por todos los vericuetos de este país no dejen de mirarse el ombligo y recapaciten con la muy deteriorada neurona que les queda, estaremos abocados a que la extrema derecha continúe su ascenso imparable. Porque, para más inri, aquellos que se dicen moderados han contribuido a que tal hecho sea ya irreversible. Y es que el electorado se pregunta para qué demonios quiere una copia si el original les sirve mucho más. Aquí no hay genérico que valga. En las farmacias puede que escapemos con el sucedáneo, pero en política, y más con los mimbres de los dirigentes actuales, va a ser que no.

No, no corren buenos tiempos. Pintan bastos en esta época convulsa. Ya ni son consistentes los innegables avances sociales para poner freno a una deriva. Nos tiramos de los cuatro pelos ante las tropelías del magnate estadounidense o las boutades de Isabelita, la castiza. Pero, en el fondo, nos encanta dirigir nuestros pasos hacia ese modelo. Y como no existen, por ahora, visos de solución alguna, tendremos que probar de esas otras medicinas. Que no se nos atraganten.

Estamos necesitados de buen correctivo. Que nos vuelvan a implantar el copago farmacéutico, que la escuela pública se convierta en la hermana pobre del sistema educativo, que nuestras pensiones vuelvan a ser de prestaciones de miseria y no se revaloricen cada año porque debemos rescatar entidades bancarias, que nuestros campos se tornen terrenos yermos ante la escasez de mano de obra (indeseables inmigrantes) y la cesta de la compra solo esté al alcance de los privilegiados que ostentan un cargo o nacieron en el seno de familias con apellidos de noble alcurnia. Cuando el señorito dicte las normas de lo tomas o lo dejas, donde vuelva a implantarse hasta el derecho de pernada (que no, no lo fue, aunque te lo cuenten los libros de historia, un hecho, triste y lamentable, de la Edad Media), donde no puedas siquiera caerte muerto porque hollas el coto particular del dueño del cotarro (ese al que debes hacer reverencia cada vez que pase y quitarte el sombrero en señal de agradecimiento por dejarte malvivir)…

Cuando esos puntos suspensivos, que engloban un amplísimo capítulo de restricciones que entendíamos superadas, te den tortas hasta en el carné de identidad, puede que la bombilla se te vuelva a encender. Lo malo será que la intensidad de la corriente ya no te haga cosquillas. Y el crujir de dientes no valdrá ni de epílogo o desenlace. El cainismo nos ha traído hasta este oscuro destino. Pero es que no se atisba luz de esperanza aunque Canarias parece resistir. Debe ser que la cultura democrática nos llega con el alisio. Que el cambio climático no nos los haga desaparecer. Aunque las aritméticas nos jueguen, a posteriori, malas pasadas.

Extremadura y Aragón serán lo que Vox quiera. Buscar excusas vanas, ahora cuando las urnas han dictado sentencia, se antoja ejercicio carente de fundamento. Pero —ay, el dichoso pero— se reproducen de manera machacona. El PSOE culpa a Feijóo y el PP a Pedro Sánchez. Echo en falta debates en los que primen fundamentos políticos de calado. Ya está bien del laissez faire, laissez passer. El pasotismo y el ande yo caliente deben ser desterrados de manera radical. Las implicaciones brillan por su ausencia. El compromiso ha pasado a mejor vida.

Sigan pensando que los viejos, aquellos que nos retiramos por mil causas que no vienen al caso, son —somos— los que dieron origen a estos lodos. Aquellos que hoy mismo miramos a Portugal como asidero. Porque a algo debemos agarrarnos. La esperanza me mantiene. Y como los comités —insulares, regionales y federal— se conforman con miembros selectos, la crème de la crème, aquellos cargos públicos que deben decidir y valorar la gestión de “ellos mismos” (a ver quién demonios se va a mirar su propia joroba), nos hemos ido olvidando de la confrontación de ideas, programas y, en fin, puntos de vista acerca de una realidad que se nos va de las manos a pasos agigantados.

Como la autocrítica está muy mal vista, si por un casual estas reflexiones llegan a tan altas seseras, al contenedor de los arritrancos (o arretrancos, que tanto monta): trasto viejo e inútil que estorba (también, persona despreciable). Si lo que está a la vista no requiere espejuelos, ¿no será posible que una de estas borrascas nos traiga unas buenas dosis de sensatez? Cállate, Jesús, que ya estás obsoleto. 

29 de enero de 2026

Peligrosa deriva

El amigo Salvador García –a quien yo llamo maestro porque en esto del periodismo me gana como el Benfica al Madrid– aludía en su último artículo (pincha en el siguiente enlace por si es de tu interés: https://garciaenblog.blogspot.com/2026/01/impacto-de-la-desinformacion.html) a que la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) ha hecho público un comunicado en el que señala que la difusión de informaciones falsas a través de redes sociales no constituye un fenómeno aislado, sino un problema estructural que contamina el ecosistema informativo y erosiona la credibilidad de los medios y de los profesionales. Y, además, pone el acento en la alfabetización mediática como herramienta para combatir la desinformación. Recordando, asimismo, que el Parlamento Europeo ha instado a integrar esta formación en todos los niveles educativos y reclama al Gobierno la incorporación de una asignatura específica en la Educación Secundaria Obligatoria.

Ello me dio pie a comentar una anécdota. Sí, dejémoslo de tal guisa. Para lo que debo retroceder unas dos décadas, aproximadamente. A los últimos cursos de mi etapa docente en el IES Mencey Bencomo. Donde, como responsable de la publicación de un periódico trimestral (La Pizarra), elevé al entonces director del centro la posibilidad de ofertar una asignatura optativa para el segundo ciclo de la ESO (tercero y cuarto) que pudiera denominarse Periodismo Escolar. El pertinente proyecto debe encontrarse aún en cualquier gaveta o pasó a ocupar lugar preferente en el contenedor azul. Me inclino por la segunda opción.

Uno, maestro de escuela (y a mucha honra), figuraba en el catálogo (más en fino, RPT: relación de puestos de trabajo) como adscrito al primer ciclo (primero y segundo), por lo que la propuesta ni siquiera fue elevada a la consideración de Claustro y Consejo Escolar, porque, a buen seguro (eso me dijeron) algunos licenciados protestarían por tamaña osadía. No estaba capacitado.

Como los años cotizados me brindaban pintiparada ocasión para jubilarme a los sesenta –aunque, a decir verdad, uno creía que podía seguir dando el callo unos cursos más– creí conveniente no mover más el asunto y se corrió un tupido velo sobre el particular. No recurrí a mostrar el título que la Universidad de La Laguna me expidió el 30 de agosto de 1996 en el que se hacía constar la superación de los estudios conducentes a la licenciatura en Ciencias de la Información. Como tampoco aquel otro de 20 de septiembre de 2024 que daba cuenta de la suficiencia en esa Universidad, con la calificación de Sobresaliente Cum Laude (3 de septiembre de 2003), expidiendo el título de Doctor en la disciplina antes mencionada (rama de Periodismo). ¿Para qué?

Cuando echo la vista atrás, cada vez que leo cómo se entienden por novedades aquellas facetas que fueron obviadas en el pasado cada vez más lejano, siento, junto a la rabia contenida, profundos y vehementes deseos de… mandar a tomar por saco a todos los cargos públicos con amplísimas responsabilidades en procurar avances sociales en un mundo cada vez más a la deriva. Ignoro qué se pudo haber conseguido con el proyecto en cuestión, pero, y me apuesto nuevamente los consabidos cincuenta céntimos, que mayor daño no hubiese causado a los alumnos que esta avalancha de bulos y noticias falsas que pululan por Internet y que engendran daños cerebrales irreparables.

Si añadimos al citado cúmulo los postureos permanentes de quienes bien perciben dineros públicos para que la información veraz no sea mera entelequia plasmada en un manifiesto llamado Constitución, uno se convence de que la política –y quienes la ejercen en representación nuestra– no está a la altura que se le debe presuponer. Muy al contrario, las carencias son cada vez más notorias en una pléyade de arribistas y cantamañanas.

El tiempo me ha hecho algo escéptico. Ojalá aquellos que transitan por aulas y pasillos sean capaces de inculcar el pensamiento crítico en sus pupilos. Que serán los cargos públicos de un mañana a la vuelta de la esquina. Para que no sigan cometiendo los errores de los que ahora mismo nos avergüenzan en las instituciones.

Aquella propuesta iba mucho más lejos que la mera edición de un periódico cada tres meses. Pero los lamentos a posteriori solo sirven de desahogo ante la evidente frustración. Si me lees y tienes enlace directo con Poli, coméntaselo. Él conoce mucho más que este pobre ignorante y redomado platanero (gorvoranero). Puede que haya estudiado en Wyoming y la gente salida de esa universidad de allende los mares… sabe que te cagas. Con perdón. Los realejeros no abducidos –pocos pero selectos– un fisquito sabemos de qué hablamos. O escribimos.

A perdonar el rollo. ¡Ah!, ya cobré la pensión de enero. Con incremento. En febrero ya veremos. Aunque los concejales de mi grupo municipal de gobierno ya hablaron con Manolo, que es el único que puede convencer al gallego de… ja, ja, ja y ja.

20 de enero de 2026

Tres apuntes

Empeñada en solucionar las colas y atascos de la autopista en 90 días, la presidenta del Cabildo tinerfeño –a la que ya algunos llaman MentiRosa Dávila– optó por probar con los denominados semáforos inteligentes. Y le salió el tiro por la culata. Ignoro si la iniciativa corrió de su parte o, quizás, el señor Arteaga (que pasó de fiestas a carreteras como si esto de la cosa pública fuese regalo de tómbola) le  sorbió el seso (comió el coco, en lenguaje autóctono) al respecto. Lo cierto es que los artefactos no se ponían en verde ni de coña para permitir que se incorporaran a la TF-5 a la altura de Guamasa. Ni se alivió la avalancha procedente del Norte ni los que pretendían el acceso vieron colmadas sus aspiraciones. El éxito obtenido me recordó la cantinela de los edificios inteligentes, que suelen ser los que albergan las instituciones. Y que se mueren de asco porque el personal que los habitan no dan más de sí. Como los programas electorales se confeccionan con el único objetivo de engañar a la gente, echo en falta planificaciones a corto, medio y largo plazo. Prima la improvisación y los políticos son auténticos saltimbanquis. Dicen las malas lenguas que los circos están en crisis. Y un churro. Dado que las comparaciones son odiosas, ojalá aquellos payasos circenses se pusieran al mando de cabildos y ayuntamientos. Al menos nos reiríamos con fundamento.

ANPE (Asociación Nacional de Profesionales de la Enseñanza) es aquí en Canarias un sindicato hereditario. Como cualquier monarquía al uso. Guarda cierto parecido con el Cabildo de La Gomera. ¿Te lo imaginas sin Casimiro? Aquellos que recorrimos kilómetros por pasillos y aulas de cualquier centro docente sabemos de qué hablamos. Y aun desde el feliz estado jubiloso, nos causa cierta grima el comprobar cómo en los informativos televisivos se nos cuentan historias de pizarras y libros de texto con singular maestría y verborrea constante. Hazañas inversamente proporcionales a las horas de curro directo con alumnos. Con una sapiencia y un saber estar que… pa´ ministro, tú. Yo me crespo todo. Que dice el diccionario que tal verbo (crespar), aunque en desuso, significa lo mismo que encrespar o rizar el cabello. Y dado que presumo de una mata que causa envidia, me erizo sobremanera. Son –es– como los ampelídeos o vitáceos, plantas angiospermas trepadoras. Ya está, quédate con lo de las lianas: se enrollan que da (dis)gusto. Que continúe la saga (estirpe familiar).

Ya que en el párrafo anterior nombré al señor Curbelo Curbelo, hace unos meses le escuché que La Gomera iba a disponer de tanta energía eléctrica que hasta Tenerife se iba a aprovechar de los excedentes. Y limpita que da gusto. Una vez tendido el cable de conexión entre ambas islas, se vuelve a producir otra cero energético que retrotrajo a la Colombina a los tiempos de la cruel y despiadada Beatriz de Bobadilla. Pero una vez se superen las pruebas de enganche, en uno y otro sentido, despreocupémonos del todo. No habrá más apagones generalizados. Si en la estación de El Palmar se parase algún generador por cualquier causa, aquí estaremos al tanto enviando desde Chío electrones a mansalva. Lejos quedan los tiempos en que aquellas torretas de Vilaflor dieron pie a la mayor manifestación jamás habida en la isla picuda porque no teníamos voltios y amperios para tanta gente. Ya nos sobran por arte de magia. O por payasadas. Qué guapos estarían todos con la boca cerrada. Pero hablan y se desgañitan para que suban el pan y los huevos. Por la boca muere el pez, reza nuestro refranero. Mentira cochina porque no quedaría un político en pie, estarían más tiesos que garrotes.

A perdonar este alto en el descanso para hacerles partícipes de este trío de apuntes a vuelapluma. Hay más, como las deserciones en la tele canaria. La más vista en Canarias, según ellos mismos mismamente. No, la van a sintonizar en Groenlandia… Pero dejemos algo por si se tercia en otro día. Hasta más ver.

2 de enero de 2026

Desinformación

Leo en la Wikipedia que desinformación es una campaña en la que múltiples tipos de información y conocimiento (incluyendo juicios de valor, verdades, mentiras, verdades a medias, exageración y descontextualización) se usan como arma para manipular, explotar, o intensificar controversias con fines políticos, militares, o comerciales.

El diccionario de la lengua española nos explicita dos acepciones: 1. f. Acción y efecto de desinformar, y 2. f. Falta de información, ignorancia.

Creo, sinceramente, como bien expresaba Cantinflas en sus películas, que se ha propagado, como el virus de cualquier enfermedad contagiosa, una inconmensurable “falta de ignorancia”. Porque es tal la avalancha de medios que cualquier ciudadano halla en su diario quehacer, que los cacaos mentales son dignos de enmarcar. Y como las líneas editoriales se deben y se pasan sagrados principios periodísticos por el forro de cualquier prenda interior, lo de la información veraz ha pasado a ser parte de la historia. Ni te cuento lo de la neutralidad, imparcialidad y amplio etcétera.

Me encontré, en las postrimerías del pasado año, con un viejo conocido, quien, a las puertas de cierto establecimiento comercial en el realejero polígono de La Gañanía, me espetó, sin anestesia de ningún tipo, que le comunicara a Pedro Sánchez que debía convocar elecciones ya. Cuánto honor, pensé para mis interiores íntimos de adentro; ni que yo tuviera hilo directo con La Moncloa o La Mareta.

¿Y eso?, acerté a responder. Es un corrupto, dijo, aclarando luego: bueno, él no, pero los otros, aquellos que estaban a su alrededor, sí. ¿Y tú tienes constancia fehaciente de que eso es así?, ¿la justicia ha emitido veredicto al respecto? No, claro que no, me contestó algo alterado, pero está más claro que el agua; y lo veo en la tele todos los días. ¿Palabra de Dios?, interpelé. Coño, ya estás dándole vuelta a la tortilla. ¡Ah!, ¿yo o los que te sermonean un día sí y el otro también? Además, ¿ha dejado de tener valor la presunción de inocencia? ¿Somos nosotros los que debemos dictar veredictos de culpabilidad? ¿Nos erigimos en jueces y condenamos sin ni siquiera dar la opción de un juicio en el que canten las pruebas y se pongan en la balanza todos los pros y contras? ¿Te gustaría que te acusaran de cualquier delito y no te diesen la opción de defenderte? Porque cualquiera de nosotros estamos expuestos a…

El hombre se me fue achicando. Y poco a poco entrando en razón. Le expliqué lo que significa beber en todas las fuentes y lo invité a no quedarse encasillado en aquel canal que él entendía como luz divina. Detrás de cada tele, cada radio, cada periódico y no digamos nada de lo que inunda internet, siendo el móvil instrumento de fácil manipulación, se halla el poderoso caballero don dinero; son vigorosos los tentáculos económicos que se mueven en las trastiendas, que maniobran a su antojo y compran voluntades con pasmosa facilidad.

Pero te digo más, rematé, el que haya metido la pata, o la mano en la lata del gofio, y se rubrique con una sentencia firme al respecto, que todo el peso de la ley caiga sobre él, sin contemplaciones ni medias tintas, sea quien sea y caiga quien caiga, se apellide Sánchez, Feijóo, Abascal o Domínguez.

Él entró antes que yo al supermercado. Dentro no le vi el pelo. No creo que se estuviese escondiendo detrás de cualquier estantería. O compró un solo artículo y salió disparado. Mientras recorría pasillos en busca de la leche semidesnatada, la sacarina, yogures, pan integral, jamón y queso, frutas y el papel higiénico, me preguntaba el porqué esta sociedad avanza en loca y apresurada carrera sin reflexión alguna, del porqué ya no se medita sino que nos lanzamos a yugulares con ánimos destructivos. Marginamos lo importante y nos decantamos por lo superfluo. Ignoramos avances sociales y mejoras económicas indudables para detenernos en disquisiciones de porte nimio.

¿Coadyuvan los políticos a incrementar este ambiente enrarecido? Sin duda alguna. Fijó su residencia en cada dependencia de los hogares el y tú más, de tal manera que la obcecación raya el despropósito. La capacidad de raciocinio que se nos presupone brilla por su ausencia. Y aquellos que están llamados a ser modelos sociales caen cual castillos de naipes. Y el común de los mortales se deja arrastrar por la vorágine.

Sí, remato, estoy preocupado. Y mucho.