02/09/2026

Idiotas

Aquellos que me conocen –los más cercanos, que se dice– saben de los años que estuve negado a entrar por el aro de la telefonía móvil. Veía al aparatito indispensable para determinados trabajos, pero no para la novelería, con su correspondiente pérdida de tiempo, que uno observaba en los portadores del artilugio. Mas pasaron los años y, al entrar en el feliz estado de la jubilación (edad provecta), se incrementaron las preocupaciones familiares por aquello del “y si te pasa algo”. En fin, que me vi obligado a la compra pertinente. Que me acompaña cuando salgo a caminar. Sobre todo para comprobar los pasos en el marcador y no excederme en el kilometraje.

No obstante, la capacidad de observación continúa intacta. Y comprobar cómo el uso –¿o abuso?– se ha convertido en otra droga moderna, me hace recapacitar acerca de si actué correctamente. Porque no me resulta muy agradable pasar por una parada de guaguas, por ejemplo, y atisbar a decenas de personas (ahora sale gratis), congregadas en reducido espacio, enganchadas en sus redes sociales sin ser capaces de hablar un fisco con el que tienen al lado. Ensimismados, no: embobados.

Umberto Eco definió el estado actual como la invasión de los idiotas. Y redundó, con respecto a Internet, que ha sido capaz de promocionar al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad. Equiparable a cualquier Premio Nobel. Antes –no ha tanto– eran las conversas, en la tasca con un vaso de vino en la mano, la maneras en que se arreglaban los problemas mundiales. Ahora, obviamente, hemos permutado costumbres, aunque la dinámica es muy semejante. Cambiando, quizás, los efluvios etílicos por otros vapores igual de nocivos y con luces de colores que te convierten en consumado especialista en cualquier disciplina.

Como no he recurrido aún a ese portento de la Inteligencia Artificial (IA) –con la natural voy escapando– no sé si los tejidos neuronales van en franco retroceso o es que funciono con obsolescencia programada. Me sigo perdiendo en los avances tecnológicos. Sigo recurriendo al lápiz y papel. El que nace lechón… muere cochino.

Me preocupa, sin embargo, que tanto adelanto no haya sido capaz de eliminar la burocracia. O que esa pléyade de cargos públicos demuestre algo más de seso. Porque aprovecharse para lucimientos personales es, cuando menos, poco ético. ¿Pero entra la ética en esta ecuación? Si cualquier culichiche es capaz de opinar del sexo de los ángeles, ¿por qué no debo presuponer que un concejal está ahí para resolver problemas y facilitar la vida y convivencia ciudadanas? Optimista que es uno.

Rosa Dávila dijo en marzo de 2025 que la rehabilitación del emisario en Punta Brava era algo urgente. Ha transcurrido año y medio y la mierda sigue apareciendo. Si ella no da más de sí porque otras ocupaciones (pasarelas, guaguas de dos pisos, el piche de San Benito, romerías y fiestas varias…) desvían su atención, que eche mano de la IA. Para no quedarse corta en sus apreciaciones y que la urgencia sea eso: urgencia. Claro, prensa y protocolo solo se desviven por la imagen. Como en cualquier ayuntamiento que se precie. Se restaura una talla, a lucir palmito. Se tiran caramelos desde una torre, a lucir palmito. Se presenta un libro, a lucir palmito. Se procesiona a San Sigfrido, a lucir palmito. Se instala un manolito –perdón, un monolito, en qué estaría yo pensando–, a lucir palmito. Se arregla un cuarto de baño, a lucir palmito. Y así hasta el infinito. O más allá.

Tendré que subirme al carro. Cambiar de táctica. Lo de navegar solo por Facebook no me renta. Ni tampoco al blog. Que necesita promocionarse o se anquilosa. Como el dueño. Estuve una temporada en Twitter, luego X. Pero como las RR.SS. avanzan a velocidad de vértigo, deberé comprar un nuevo ordenador con una memoria RAM que me haga batir récords mundiales de velocidad. Con el de ahora, ni el carro de La Gorvorana que tiraba aquel enorme toro que trajeron de la finca santacrucera de Ballester y que conducía –es un decir– Domingo el canario, casi tan terco como el de cuatro patas. Haré frecuentes incursiones por los Instagram, Tik-Tok, YouTube, WhatsApp, Mesenger, Pinterest, Vimeo, Linkedln, Spotify, Reddit, Wechat, Snapchat, Flickr, Douyin, Threads, Blusky, Fanny or Die…

Cómo no voy a entender el que se deba recurrir a la IA. Es de cajón. Hemos sublimado el verbo idiotizar y una vez subidos al pedestal… Lo malo no es tanto que las redes sociales se hayan convertido en el trampolín de los imbéciles, sino que les renta con el aplauso incondicional (iconos a mansalva) de los que se creen cuerdos en un mundo de locos. En vez de tanto enjambre sísmico de poca monta, lo que se impone es un buen meneo. Lo mismo las dendritas se reconectan con fundamento porque los espacios sinápticos necesitan un cambio de pilas urgente.

Hasta dentro de dos días, si los axones no me juegan una mala pasada.

31/08/2026

Dióscoro Galindo (y 4)

Y concluimos este humilde recordatorio –uno no es historiador ni su cometido es el de investigar; solo pretendo aportar granitos para trabajos de mayor enjundia, que dejo para mentes mejor amuebladas– con otra reseña incluida en el Capítulo X: Tercer soporte del edificio: los escolares.

“La vil explotación de que son objeto los niños por los autores de sus días, dedicándolos a trabajos prematuros en vez de mandarlos a las escuelas, lo que deforma y debilita su tierno organismo y sume su inteligencia en la más negra tiniebla de la barbarie, es la causa del tremendo analfabetismo”, según leemos en la contundente respuesta de un maestro nacional, Dióscoro Galindo González, en artículo ya reseñado en anterior capítulo, a un artículo publicado en La Prensa, y que éste publica en El Norte de Tenerife ( La Orotava, 5-noviembre-1919, Época II, número 66, páginas 1 y 2) bajo el título de Impugnando una calumnia”.

Analfabetismo que también en La Orotava, al igual que hizo en sus otros destinos, Dióscoro Galindo González quiso combatir con las clases nocturnas para adultos. Hecho que no solo chocaba con  las mentes cerradas y embrutecidas de los hipotéticos alumnos, sometidos a los dictados caciquiles de los terratenientes para los que trabajaban, sino con la escasa, por no decir nula, colaboración de las autoridades, en las más de las ocasiones auténticos peleles en manos de los que manejaban los hilos.

De las conclusiones, un botón:

“La instrucción para un modesto labrador debía conducir a lograr un hombre religioso, buen ciudadano, buen vecino y cuidadoso padre de familia. La necesidad imperiosa del alimento diario, del apego a una tierra que daba poco y rendía menos, desembocaba en razonamientos de lógica aplastante para quienes su horizonte no distaba sino el medio metro escaso entre su espalda curvada y el suelo que le brindaba su fruto: Lo que ha de gastar en libros, que es alimento para el espíritu, lo emplea en pan, que es sustento para el cuerpo. Y cuántas veces hubo de pasar el propio maestro por tal tesitura. Porque a su tremenda vocación le podían las punzadas de un estómago vacío”.

Independientemente de la tarea investigadora que reflejas en el trabajo, y cuyo anexo de fichas periodísticas y diversa documentación así lo atestiguan, me señaló quien lo dirigió: Lo has redactado de manera tan amena que diera la impresión de que su elaboración está encauzada a una publicación en formato libro. No sé hacerlo de otra manera, le respondí, y si los cánones universitarios entienden que estas tareas solo van encaminadas a ilustres de título y pedestal, conmigo que no cuenten. Mis destinatarios, si los hubiere, son aquellos que conforman pueblo, mucho más sabios, dentro de sus notorias carencias, que los encumbrados que tuvieron la suerte a su lado. Su defensa (contando con la ventaja de unos cuantos años a la espalda) tuvo un altísimo porcentaje de espontaneidad y un mínimo del rigor académico que había observado en situaciones similares. Jesús, el que tuvo la oportunidad de compartir unas horas con don Antonio González (el motivo fue una entrevista para una asignatura denominada Periodismo científico) hizo, desde aquel entonces, una promesa: la de seguir siendo un mago de Los Realejos, como él proclamó a los cuatro vientos cuando le hicieron entrega del premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 1986. Aquellos doctos examinadores, una vez calificada la faena, me brindaron la oportunidad de cambiar de aires e irme como profesor a la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México). Invitación que, obviamente, rechacé. Porque la etiqueta de maestro de escuela estaba tan adherida que, aun hoy, con diecisiete cursos jubilado, no he podido despegarla. Afortunadamente. El que nace barrigón…, que decía mi padre.

A perdonar la extensión, que obligó al fraccionamiento, pero, así lo entiendo, la ingesta en pequeñas dosis hará valorar en mayor profundidad la figura de un docente ejemplar: Dióscoro Galindo. Se perdió un veterinario, pero se ganó un excelente maestro. Que debió lidiar con muchos animales, incluyendo sus asesinos. Paradojas de la vida; y de la muerte. Aquellos avances en el campo educativo de la II República fueron cercenados. Y de qué manera. Pero la sangre derramada hizo germinar semillas. Aunque la cosecha tardase décadas en irse recogiendo. Honor y gloria a quienes lo hicieron posible. Y a los más jóvenes, un consejo: lean e instrúyanse. No caiga sobre ustedes esa pesada losa en la que se acumulan los errores de un pasado no tan lejano. Los de mi quinta nos vamos, pero ustedes están a tiempo de hacer posible que se vayan disipando negros nubarrones.

29/08/2026

Dióscoro Galindo (3)

En el Capítulo IV: Disposiciones oficiales. Legislación educativa, un requerimiento del Gobierno Civil al Inspector, hecho muy frecuente, pero que no se correspondía con idéntico celo de la autoridad provincial para que los ayuntamientos abonasen el ridículo sueldo a los sufridos maestros, quienes debieron, en muchas ocasiones, abandonar su puesto de trabajo ante la imperiosa necesidad de ‘buscarse los garbanzos’ en otro lugar. Ejemplos sangrantes hallamos en las propias reseñas periodísticas en multitud de ocasiones.

“Que se proceda por la Inspección contra los maestros que no estén al frente de sus destinos ni residan en la localidad donde presten servicios sin causa justificada”.

Esta era una demanda de los inspectores a los alcaldes que se repetía con cierta asiduidad. (La Prensa, Santa Cruz de Tenerife, 30-noviembre-1913, número 1045, página 1). Incluso el Gobierno Civil debe intervenir en estos requerimientos. Verbigracia, Circular de 11 de octubre de 1919 (Boletín Oficial del 17), conminando al ayuntamiento de La Orotava que envíe relación de maestros que residen en La Villa y se hallen al frente de sus escuelas. Este organismo remite la certificación el 3 de noviembre de dicho año, señalando que Dª. María de los Remedios Melián Santana regía la escuela de niñas de la Concepción; Dª. Florentina Borges Pérez, la de niñas de San Juan; D. Dióscoro Galindo González, niños de La Concepción; D. Amaro Álvarez González, niños de San Juan y D. Agustín C. Herrera Pérez, incompleta de La Perdoma. (A.M.O., Instrucción Pública, Comunicaciones y otros documentos referentes a dicho ramo, 1920-1926 [“Acerca de la residencia de los maestros”]) [Hacer notar la no correspondencia de este expediente en el legajo].

Pasamos ahora al Capítulo VI: La figura del maestro: labor educativa y dignificación social, donde ‘el maestro cojo’ vuelve a arremeter contra La Prensa. Transcribimos:

“No se distinguió La Prensa por su defensa del magisterio. Más bien todo lo contrario. Uno de estos artículos, provoca la reacción del maestro nacional Dióscoro Galindo González, que en El Norte de Tenerife (La Orotava, 5-noviembre-1919, Época II, número 66, páginas 1 y 2), en el día que renacía a la luz pública en su segunda época, escribe Impugnando una calumnia". Del que ya antes se hizo alusión.

El propio periódico (El Norte de Tenerife, La Orotava, 24-noviembre-1919, Época II, número 73, página 3) lo reconoce como distinguido colaborador y en el número indicado le desea una rápida y total mejoría, pues se hallaba enfermo desde hacía algunos días. Maestro que prepara a las señoritas María de la Luz Regalado, María Luisa Rivero Hernández y Rosario González Barreda, para las oposiciones a telefonistas, que aprueban brillantemente. Por lo que Heraldo de Orotava (12-febrero-1921, año I, número 2, página 2), amén de consignarlo con sumo gusto, felicita al Sr. Galindo, que con su inteligencia y esfuerzo, logró que las tres únicas alumnas que preparaba, obtuvieran plaza.

Le recomienda a La Prensa se dé una vuelta por esos pueblos dejados de la mano de Dios para que comprenda quiénes son los verdaderos culpables del atraso educativo, de la falta de instrucción.

Sí, ha transcurrido más de un siglo. Y cuando uno observa en la actualidad los andares de ciertos dirigentes (¿?) políticos, siente verdaderos escalofríos. Porque está más que demostrado que las verdades siguen doliendo. Y cantarlas públicamente, como hizo Dióscoro, puede causar terribles escozores.

Vamos con el penúltimo apunte inserto en el Capítulo VII: Un pilar fundamental en una maraña de papeles:

Por la Sección Administrativa de Primera Enseñanza de esta Provincia ha sido nombrado Maestro de la Escuela Nacional de Santa Bárbara, en esta Villa, nuestro estimado amigo y paisano, D. Antonio Rodríguez Guanche. Maestro que lo había sido de La Concepción, en La Orotava, y que ahora había sido nombrado para el popular barrio icodense. Y del que informó el mismo semanario (La Comarca, Icod de los Vinos, 23-noviembre-1919, año I, número 35, página 3), en la sección “De sociedad”, que iba a contraer matrimonio con la distinguida Señorita Plácida Fajardo Aguiar. Y El Norte de Tenerife (La Orotava, 17-diciembre-1919, Época II, número 78, página 2) informa, en su sección de “Noticias”,  que se ha celebrado el enlace matrimonial en Icod de los Vinos. Había sido maestro interino de la escuela de niños de La Concepción, nombrado el 20 de marzo de 1918, con un sueldo anual de 500 pesetas y otras 500 en concepto de residencia, tomando posesión el 22 de ese mes ante la Junta Local de La Orotava. (A.M.O.; Instrucción Pública, Nombramientos...; 1918). Cesa el 31 de agosto de 1919, al haber sido nombrado maestro en propiedad de dicha escuela D. Dióscoro Galindo, quien toma posesión el 1 de septiembre. (A.M.O.; Instrucción Pública; Nombramientos, permutas...; 1919).

(continuará)

27/08/2026

Dióscoro Galindo (2)

De su estancia en La Orotava, y de su compromiso social –al igual que le ocurriera a nuestro José Galán, del que, asimismo, algo hemos escrito–, tropezamos en Prensa y educación en el Norte de Tenerife entre la I y la II Repúblicas (1873-1931), un extenso trabajo de análisis de contenidos que, a través de consultas hemerográficas y archivísticas, trata de poner de manifiesto el tratamiento que la prensa brindó al hecho de la instrucción primaria en el periodo que se deja mencionado, con unas pinceladas en las que Dióscoro pone sobre el tapete una defensa a ultranza del sufrido, y peor pagado, Magisterio.

La primera de ellas se incluye en el Capítulo III: Importancia y significación del periódico. Prensa especializada. Del tenor literal siguiente:

“Impugnando una calumnia” es el título de un artículo que firma el maestro nacional Dióscoro Galindo González, que publicó El Norte de Tenerife [La Orotava, 5-noviembre-1919, Época II, número 66, páginas 1 y 2], y que rebate los conceptos injuriosos para el Magisterio de Canarias que insertó La Prensa en su número 3.088, del 30 de octubre de 1919, y que mereció el título de Desorganización de la enseñanza.

Siente el molesto maestro un impulso de justa indignación al ver como se trata públicamente a un Cuerpo que siempre dio pruebas del más puro patriotismo, desarrollando una titánica labor de regeneración nacional, llevada a cabo en medio de la indiferencia de los unos y de la hostilidad de los más, siempre sin esperanza de gloria ni recompensa.

Durísimos términos utiliza el articulista en contra del innominado escritor que afirma gratuitamente que la mitad de los maestros detesta el trabajo y sólo ansía cobrar:

Por ser la calumnia de suyo cobarde y cruel, y porque la asquerosa baba que destila mancha mucho más al infame que la vierte que a la persona calumniada, la única contestación que merecía el autor era el más despreciativo de los silencios.

Recrimina al diario capitalino por no ser capaz de culpar a otros estamentos de manera tan gratuita. Y le cita al clero, al ejército y a los propios periodistas. El incriminar al cincuenta por ciento del Magisterio porque algunos maestros hayan abandonado las funciones de su sagrado ministerio, lleva a manifestar:

¿Ignora acaso La Prensa que la mayor parte de esos ‘pocos maestros’ que pasean por las calles de esa ciudad lo hacen porque no tienen casa donde vivir, local en que instalar la escuela, material con que dar las enseñanzas? No, no lo ignora, porque yo sé de algunos maestros que han recurrido a sus columnas en demanda de auxilio contra ciertos atropellos e irregularidades, y sus escritos, lejos de ser publicados, fueron a parar al cesto de los papeles.

El párrafo que a continuación se transcribe es el que da término al artículo. Su lectura nos traslada a tiempos más recientes y a hechos distintos. Pero que nos conduce a conclusiones similares:

Siempre que La Prensa pueda probar que los niños que asisten con regularidad y el tiempo reglamentario a las escuelas nacionales de Canarias, salen de ellas analfabetos, el firmante de este artículo (quien manifiesta: me dejo cortar la única pierna que me queda, si se es capaz de culpar a los maestros de la incultura de los que nunca han pasado por la escuela), y con él todo el Magisterio canario, reconoceremos ser muy justas las recriminaciones que se nos dirijen (sic), pero si no lo puede probar, lo menos que se puede pedir, en pro de nuestra dignidad ultrajada, es que el autor de “Desorganización de la enseñanza”, haga pública retractación de la larga serie de gratuitas y mentirosas ofensas con que ultraja a una colectividad siempre celosa en el cumplimiento de sus sagrados deberes.

(continuará)

25/08/2026

Dióscoro Galindo (1)

Al cumplirse, días atrás, el 90º aniversario del fusilamiento del poeta universal Federico García Lorca, acaecido el 18 de agosto de 1936, se ha puesto de manifiesto –y abundante información, afortunadamente, podemos encontrar en los vastos dominios de la Internet– el triste acompañamiento que llevó hasta el lugar del macabro asesinato el autor del Romancero gitano. Con él iba a compartir trágico destino el maestro Dióscoro Galindo. Del que un servidor también tenía referencia por un trabajo que luego te reseñaré.

En El Independiente de Granada, 22 de junio de 2019, Paco Vigueras, periodista y portavoz de la Asociación Granadina Verdad, Justicia y Reparación, escribía:

“El magisterio fue uno de los colectivos más perseguidos por el franquismo, ya que el gobierno de la República le había confiado la difícil tarea de reformar el sistema educativo. Su proyecto político más ambicioso incluía las llamadas misiones pedagógicas, destinadas a erradicar el analfabetismo, muy extendido entre la población rural. Y aquí se toparon con los intereses de la Iglesia, que utilizaba la escuela para adoctrinar a las jóvenes generaciones en el dogma católico y garantizarse así el monopolio religioso del país. Por eso, la jerarquía católica apoyó el golpe militar y lo bendijo con el nombre de cruzada. Alguien dijo, y con razón, que la guerra la ganaron los curas y la perdieron los maestros”.

“Dióscoro Galindo tenía 58 años cuando fue llevado al Gobierno Civil y trasladado junto a Federico García Lorca a La Colonia de Víznar, convertida en prisión por los golpistas. Sobre las cinco de la madrugada del 18 de agosto, fue paseado por el barranco de Víznar y Alfacar, junto al poeta García Lorca y los banderilleros Galadí y Cabezas, donde acabaron con sus vidas”.

De otro artículo de Juan Luis Valenzuela, periodista, historiador y analista político, publicado en El Plural el 18 de agosto de 2021, titulado Dióscoro Galindo, el maestro republicano fusilado con Lorca y esposado al poeta, entresacamos:

“Este maestro de la República nació en Ciguñuela (1877), pequeña localidad vallisoletana a 12 km de la capital y con una población actual de 384 habitantes. Formaba parte de una generación de maestros republicanos y progresistas a los que le arrebataron su vida por su noble compromiso con los renovadores principios pedagógicos”.

“Dióscoro era hijo de Clemente Galindo y Marcelina González, que cuando su hijo cumplió cuatro años se fueron a vivir a Madrid. Sufría una cojera en la pierna fruto de un percance fortuito de adolescencia cuando su capa se quedó enganchada en un tranvía madrileño justo cuando se apeaba. El joven Dióscoro cayó al suelo con la pierna destrozada por la máquina. Los médicos ante el miedo a que la pierna se le gangrenase y falleciera, decidieron cortar por lo sano y se la amputaron. Esta circunstancia hizo que abandonara su vocación inicial por la carrera de Veterinaria y optar por el Magisterio”.

“Tras acabar sus estudios de Magisterio en Valladolid, debuta como docente en una escuela de niños en la población guipuzcoana de Aya. De ahí un largo periplo de escuela en escuela aplicando su vocación de maestro de niños incluso llegando a ser director de algún centro: Algete (Madrid), Caravaca (Murcia), Zuheros (Córdoba), La Orotava (Santa Cruz de Tenerife), Vich (Barcelona), Cazalla de la Sierra y Santiponce (Sevilla), Tíjola (Almería) y Daimiel (Ciudad Real), entre otros. En septiembre de 1934 es destinado de Santiponce a Pulianas en Granada. Este sería su destino definitivo a la vez que su trágico destino”.

“Esta actitud, la humanitaria y su formación laica crearon recelos entre los ambientes conservadores y tradicionales que lo acusaban de ateo y de perjudicial para la educación de los alumnos. Un ejemplo de su bonhomía era el hecho de que cada vez que percibía que algún niño se hallaba triste, lo acompañaba a su casa con el objetivo de intentar solucionar el problema familiar. También cabe recordar que creó clases nocturnas para los hijos cuyos padres trabajaban en el campo cuyos horarios por las labores tareas agrícolas les impedían que sus hijos asistieran a clase”.

(continuará)