Cuando todo el operativo estaba organizado y el barco en
cuestión se encontraba a pocas millas de su destino, se le ocurrió a nuestro
presidente autonómico –cuánta vergüenza siento de que me lo recuerden y me lo
restrieguen en la cara– encerrarse en su despacho, asesorado en todo momento
por el licenciado en Wyoming (quien ha permanecido escondido, en un prudente
segundo plano, para que no le recuerden su procedencia), para estudiar cómo
nada el oligoryzomys longicaudatus.
Recurrieron a la IA, ese recurso todopoderoso en el que se apoyan los cortos de
espíritu, y enviaron, vía certificada y urgente, a Madrid el detallado informe.
Que, afortunadamente para los que sentimos la canariedad muy por arriba de
prontos y desmanes, fue rechazado por Sanidad, lo que dio lugar a que la
Dirección General de la Marina Mercante ordenara al Presidente de la Autoridad
Portuaria que todo lo previsto seguía adelante sin cortapisa alguna.
¿Debo avergonzarme en estos momentos de ser canario? Nunca.
Jamás. De lo que siento pena y lástima profunda es de estar regido por
políticos del tres al cuarto. Porque este comportamiento barriobajero (arrabalero,
ordinario, soez) de las altas instancias –cuánta incongruencia– no se
corresponde con lo que yo entiendo por política. No son estos los mimbres que
se necesitan. No hay que buscar tan lejos a los malditos roedores. Los tenemos
nadando bien cerca. Y conveniente sería no dejarnos contagiar. Los virus que
transmiten son hondamente nocivos.
La deriva (¿o escora?) del PP es peligrosa. Y CC también se
contagia. Se hallan a un paso de imitar a la catedrática de Historia de
América, con cinco másteres sobre la figura de Hernán Cortés, que no contenta
con su periplo mexicano (¿cuánto dinero le ha supuesto a los madrileños las giras internacionales –creo que unas cuatro decenas– de Isabel?) también se
opone –¡qué raro!– a que la cuarentena de los 14 españoles del crucero se lleva
a cabo en Madrid, aunque se haya elegido el hospital militar Gómez Ulla porque
su flamante Zendal, el de los 200 millones de euros, haya resultado un fiasco
en toda regla. Menos mal que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha
sido capaz de poner los puntos sobre las íes y definido a la inefable Ayuso con
una fina ironía que ya quisieran para sí algunos descerebrados de estos lares.
Espero que en la próxima ocasión, que la habrá, la pléyade
de asesores del tándem Clavijo-Domínguez sea capaz de cumplir con su misión,
con aquella que tienen encomendada y por la que se les paga generosamente. Al
menos para que entre todos –que son unos buenos cuantos– compongan una melodía
que no desafine tanto. Mi pueblo presume de excelentes músicos. Cualquiera de ellos
desempeñaría mejor papel que los que ahora figuran en nómina. Y, si me apuran,
hasta sostendría que podrían dirigir el concierto político con batuta mucho
mejor conjuntada. Porque los chirridos actuales son de órdago.
No desentonen más, marditoh
roedoreh, salvo que deseen seguir siendo el hazmerreír social.




