Anda suelto por ahí un tal Aldama, que debe ya ser personal
laboral fijo de la Fiscalía Anticorrupción (si me tropezara con Luzón se lo
preguntaría directamente), al que sacaron de la cárcel (como te lo cuento) para
colaborar con la justicia. Y dicho apoyo ha consistido en que el impresentable
va soltando de juzgado en juzgado cuanto se le pasa por al magín sin que haya
aportado la más mínima prueba de lo que proclama. Se pasea, igualmente, por los
medios de comunicación (es un decir) que han declarado abiertamente la guerra a
este gobierno socialcomunista, sin que nadie, absolutamente nadie, sea capaz de
pedirle que demuestre, al menos por una vez, algo –siquiera una semejanza, que
decía mi suegra– que pueda sustentar sus diatribas. Vamos, que hubiésemos sido
tú o yo y ya estaríamos encerrados de nuevo y castigados en el rincón de pensar.
Pues nuestro protagonista (¿o antagonista?) le tiene declarada
la guerra a quien fuera presidente de nuestra comunidad autónoma, y actualmente
ministro de Política Territorial y Memoria Histórica, Ángel Víctor Torres
(AVT). Con la inestimable ayuda de los dirigentes de CC y PP en las islas, que
temen que les vuelva a ganar en las próximas elecciones de 2027, se han volcado
en esparcir mierda que ni las letrinas de aquellos campamentos y cuarteles de
antaño.
Primero comenzaron con las mascarillas. Luego con un piso en
Madrid para citas indebidas con mujeres livianas y casquivanas o de dudoso
proceder (que si no fuera el presente un artículo apto para todos los públicos,
me atrevería a calificarlo de picadero: casa o apartamento que alguien dedica a
sus encuentros eróticos de carácter reservado, según el DLE). Continuaron con
las ayudas al régimen (narco) venezolano. Que se cayó de maduro. Lo manifiesto
en plural porque a cada andanada del excarcelado, tanto Clavijo como Domínguez,
a toque de trompeta, ordenaban la propagación, pasándose aquello de la presunción
de inocencia por el forro de sus prendas íntimas de adentro. A pesar de los MBA
de la Universidad de Wyoming.
Ahora van con una cena a la que supuestamente acudió cierto
empresario implicado en la reforma de un antiguo cine en Gran Canaria para establecer
la sede de la Agencia Tributaria. Y la cascada de solicitudes de dimisión no se
hicieron esperar. Hasta el mismo Aldama ya pregona a los cuatro vientos que lo
haga. ¿En nombre del PP? Quizás llegue a verlo paseando por los dragos gemelos
del Realejo Bajo en los previos a una conferencia en la Casa de la Parra.
Yo te acuso y tú a defenderte. El imputado debe presentar las
pruebas de su inocencia. El mundo judicial al revés. La derecha regional se
lanza a degüello. Táctica similar a la de todos contra Sánchez. Tardando está
Peinado para escribir un nuevo sainete. Porque sabe que la Audiencia solo se
dedica a meras correcciones (aunque le espete que no sabe argumentar), pero le
deja que prosiga con una instrucción sumarial que raya el esperpento. Muestra
inequívoca de que cuanta más basura, mayor el éxito obtenido. Como los carnavales,
donde las toneladas acumuladas en las calles suponen un parangón sin igual.
Menos mal que vivimos en una dictadura y las libertades
brillan por su ausencia, al decir de insignes lumbreras del solar patrio.
Cuando el retroceso, que podría estar a la vuelta de la esquina, sea palpable y
volvamos a encontrar en los bares un cartel que prohíba hablar de política, las
pensiones se incrementen un 0,25% (que con las modificaciones de los tramos del
IRPF te dejaría cobrando menos que el año anterior), se implante nuevamente el
copago sanitario y la educación para el que pueda pagarla (entre una amplia
casuística), haríamos bueno aquel refrán de más vale ruin conocido que bueno
por conocer. Amén.





