miércoles, febrero 25, 2026

¡Cómo anda el patio!

De verdad de la buena –palabrita del Niño Jesús–: de fútbol no entiendo nada. Y cuando digo nada es… nada. Pero como uno lee, qué manía, se entera de cosas. Como la de aquellos forofos perdidos que cuando gana su equipo y pierde el rival siempre expresan qué tranquila se quedó la noche, o cosas así. Lo malo es que cuando se vira la tortilla, se quedan callados como tusos. Una nimiedad.

Me preocupa, sin embargo, los cada vez más frecuentes sesgos racistas que se propagan por esos terrenos de juego. Y se me importa un pimiento que se dirijan a un jugador de tal o cual equipo. El meollo es de lo que se trata, independientemente del club agraviado. Y significativos son los que recibe Vinícius José Paixão de Oliveira, Júnior.

Puede que sea un energúmeno que celebra los goles con una ostentación que raya la provocación. Aunque, y que no valga como disculpa, ocurre con otros tantos que bien merece el capítulo un estudio pormenorizado. Pero supongo que los entrenadores estarán para mucho más que tácticas y técnicas. Puede que sea un niño malcriado, mimoso y, sobre todo rico. Que, quizás, piensa que con dinero se puede permitir determinadas excentricidades. Incluso que vaya por la vida de sobrado.

Puede que sea un cuentista que exagera caídas y pone a prueba en cada partido al árbitro en la toma de decisiones. Que simula y dramatiza demasiado. Que, en suma, no se hace querer con sus aspavientos y triquiñuelas. Cuánta diferencia con el fútbol femenino.

De acuerdo, te concedo el beneficio de la duda y hasta te doy toda la razón en los posibles argumentos esgrimidos. Pero nada –has leído bien, nada– justifica comentarios, insultos, vejaciones y demás de índole racista o xenófoba. El pago de una entrada no da derecho a desahogos de tal porte. Y si proviniesen de otro jugador, mucho menos. En el episodio último de Lisboa, suponer que el futbolista del Benfica se tapó la boca con la camiseta para felicitarlo por el gol y manifestarle su admiración… sería mucho suponer, ¿no?

¿Y qué hace Sánchez en la ilustración? ¡Ah!, ese es otro cantar algo borrascoso. Como lo fue el anterior. Llegó la decimosexta de la temporada, la borrasca Pedro, que ha sido nombrada por Meteofrance. ¿Y por qué no la han llamado Pierre? ¿No tenía ya bastante nuestro presidente como para que le cayeran más chuzos de punta?

Efectivamente, las redes se llenaron. Y me quedo con esta: "Todos sabemos que esta borrasca traerá un frente de memes, con abundantes precipitaciones de risas y alertas nivel rojo de inundaciones oculares".

No es porque sea de mi cuerda y entienda que está haciendo una buena labor, que ha mejorado muchos aspectos conducentes a una mejor calidad de vida en la ciudadanía y que posee una capacidad de aguante que ya bien quisiera para mí. Es que me pregunto qué más le puede pasar sin que el cuerpo se resienta más allá de su desmejoramiento físico. Ya le dijo una señora hace unas semanas que comiera un fisco más.

Los ataques se suceden sin pausa alguna. Las sesiones del Congreso se han convertido en una competición de dardos, pero envenenados. Recibe cachetones de sus contrincantes políticos, pero no está exento de que también le den tortas los de su propia onda. O es realmente muy bueno o el pecado más típico del españolito, la envidia, ha rebrotado como la covid o cualquier otra pandemia al uso.

En uno y otro caso, pienso que la libertad de opinión no es patente de corso. Pero como, de otra parte, la justicia no es igual para todos, nos está entrando cierta desazón a la hora de las denuncias. Cuando crees que la razón te asiste, el temor a que un togado desbarate tus aspiraciones, te hace recular (el retrodezcan, de Manolo Vieira).

Pero soy –quiero serlo– optimista. Se trata de una moda pasajera. Volverán las aguas a su cauce. Se impondrá la ecuanimidad.

lunes, febrero 23, 2026

¿Demasiados polvos?

Algo –o mucho– está fallando. Multitud de contradicciones en estos días de carnestolendas. Lo único que tengo claro es que de los cincuenta millones (casi) de habitantes que poblamos este país llamado España, más de una quinta parte no ha nacido en el solar patrio. Que son aquellos que nos están sacando las castañas del fuego, sobre todo a los pensionistas. A pesar de los disparates que se escuchan al respecto por parte del derechío, mediático o no. Aquellos que bogan por una nación pura e inmaculada, sin mezclas ni tachas, los de la una, grande y libre (pero que no los pongan a jalar por la guataca)… Y cuando eso ocurra, ¿quiénes cotizarían?

El pasado domingo (15 de los corrientes) hubo en Los Llanos de Aridane una Gran Polvacera. Enorme, grandiosa. Se echaron polvos por cantidades industriales. Toneladas de polvos. Hasta con artilugios que los disparan. Y al día siguiente continuó la fiesta en Santa Cruz con los archiconocidos Indianos. Evento al que llegan barcos cargados con especímenes dispuestos a empolvarse hasta las cejas. Listos para tragar lo que le echen. ¡Cuánto polvo desperdiciado, señor! El talco inundó plazas y calles. Tanto que las cubas debieron emplearse a fondo con centenares de metros cúbicos de agua para despejar la enorme costra. ¿Terminará por desentonar la negra Tomasa? Vaya usted a saber con la deriva. Lo mismo nos llega uno montado en caballo blanco y manda a parar porque eso ni es feminismo ni es nada.

Pero, al tiempo, y como ocurre con harta frecuencia en estas fechas, el giro contrario a las agujas del reloj de nuestro asiduo visitante, el anticiclón (sí, ese de las Azores que baila por el Atlántico a naciente o poniente según le plazca) provocó otra avalancha, pero en sentido contrario: el polvo en suspensión. Y quedó entablada la pertinente lucha o porfía. A saber, cada uno hizo lo que le salió del pito. Y entre tanto saca y mete, que si empuja o que si cede, que molesta o agradece, que si el blanco o el canelo, falla estrepitosamente el entendimiento. Con lo que el índice de natalidad autóctono, por los suelos.

El lema carnavalero, tan repetido en estos días por diversas razones (para gustos, ya se sabe), podría también servirnos para describir la situación que se vive en el PSOE (mi partido) con viejos dirigentes. Cuya nostalgia les puede sin que haya decaído sus ínfulas de grandeza que tuvieron tiempo atrás. Tanto que muchos de los votantes actuales se cuestionan estupefactos muchos principios. Y entiendo que procede la aplicación urgente de lo estipulado en los estatutos: cortar por lo sano. Porque si yo fuera (o fuese) un declarado forofo culé, ¿cómo podría manifestar alegría incontenida ante los triunfos merengues? De cajón, ¿no crees? O estás o no estás. Pero las dos situaciones al mismo tiempo va a ser imposible. En misa y repicando, largo me lo fiais.

Felipe suelta exabruptos. Page lo secunda. Ibarra se suma a la fiesta. Tardando está Guerra. ¿Qué ocurriría si yo declaro que en las próximas elecciones pienso votar al PP porque en mi pueblo tienen mayoría absoluta y hacen tres fiestas todos los días? No se quedaría la situación en el clásico rapapolvo, sino que las medidas disciplinarias implicarían el borrado inmediato. Que sería lo lógico.

Como manifestaba el presidente asturiano, Adrián Barbón, “jamás he insultado a un adversario político menos aún a un compañero de partido. No me gusta esa forma de hacer política que buscar alcanzar o retener el poder a base de atacar en lo personal, calumniar, insultar, agredir ya sea a un adversario o a la familia de un adversario”. “Yo creo que el respeto, la educación, el buen trato, no está reñido con la defensa, con todas tus fuerzas, de las convicciones y valores”. Un ejemplo de saber estar y al que el cargo no se le ha subido a la cabeza. El que disponiendo de vivienda oficial en Oviedo, vuelve siempre a su Laviana natal porque allí están sus raíces.

En resumen, añade un servidor: un respetito es muy bonito. Discrepar todo lo que se quiera. Que el pensamiento único no vuelva jamás a marcar el derrotero político. Así que Felipe y compañía: presten un último servicio al partido que les dio todo, que les brindó la oportunidad de alcanzar altas cotas y llegar a la cima, guardando las formas y acatando los procedimientos orgánicos; Pedro no está ahí porque se arrogó un derecho divino. No levanten más polvacera (en oficial peninsular, polvareda). Hagan como yo, escriban y desahóguense, pero, reitero, guardando las formas.

De nada y hasta el miércoles, que solo son 48 horas y el tiempo (con o sin polvos) pasa volando.

sábado, febrero 21, 2026

¿Utopía?

Imagínate tú que haya mañana mismo una erupción volcánica en cualquier isla canaria. Y que se produzca en una zona costera (pongamos que a unos cientos de metros del mar), a distancia prudencial, asimismo, de cualquier población y que las posibles coladas pudieran ser contempladas sin peligro alguno. Y que funcionara como el Kilauea hawaiano, es decir, activo en diversos episodios anuales. Un culo inquieto, vamos.

Puede que esté exigiendo demasiado ante tal hipótesis. Pero, de cumplirse, no solo estaría consolidado el espectáculo sino que daríamos un giro radical en la concepción del turismo. Con otro éxito asegurado: el incremento de superficie de la isla en cuestión, amén de no tener que invertir capital alguno en reparar lo destruido, como ha ocurrido con el Tajogaite palmero. Porque todo aquel que asocia una erupción con plagas celestiales, ignora los avances de la ciencia y los beneficios que una aparente catástrofe natural puede brindarnos. No hay mal que por bien no venga, se dice.

Manifiesto lo anterior a raíz de los tan cacareados enjambres sísmicos que se vienen produciendo en Tenerife en estos últimos tiempos. Y que los medios de comunicación no están “vendiendo” adecuadamente. Porque para ellos prima el morbo y diera la impresión de que les satisface el que solo se destaquen las posibles afecciones y desgracias. Cuando debería ser todo lo contrario, pues se olvida con pasmosa facilidad cuáles son las características del territorio que habitamos. Y lo que debiera ser una posibilidad más de aumentar nuestros encantos naturales (uso y explotación racional), se torna en crónica negra. Informar, sí; asustar y preocupar, no.

Claro, uno, que fue testigo de las crónicas audiovisuales del precitado Tajogaite y contempla ahora cómo toda la zona ganada al mar se ha poblado en un santiamén (unos años en el contexto de tiempos geológicos es nada), piensa si la inmediatez del directo (directo, directo, que gritara la reportera) no echa por tierra visiones de futuro, de ampliación de horizontes. Es lo que yo denomino cuestión de oportunidad, de olvidar el pan para hoy y hambre para mañana y ser capaces de planificar, de programar un poco más allá de un par de metros delante de nuestras narices.

Este planteamiento choca, obviamente, entre el quehacer científico y el devenir político. Porque los inmersos en la primera faceta  van siempre con la luz larga, mientras que los ejecutores de sus proyectos, los cargos públicos, lo hacen con luz de cruce. Todo lo que les suponga superar su periodo de mandato es pura entelequia y aquellos, lo que ven más lejos que el presente inmediato, son dignos representantes de situaciones utópicas que no entran, ni por asomo, en sus cálculos electorales. Sería, salvando las distancias, la transición ecológica de nuestro gobierno canario con el mamotreto que han ubicado en el Polígono Industrial de La Gañanía.

Me resulta imposible volver a la política activa. Y no solamente por razones de edad, que también. Porque tendría que utilizar los cuatro años reglamentarios para planificar los siguientes cincuenta o cien. Y las fiestas y polvaceras, con sus pertinentes sesiones fotográficas, con poses y vídeos donde se margina el sentido del ridículo, no dejarían espacio ni tiempo para el consabido y necesario sosiego. Puede que sea también un iluso. Que no es un valor en la actualidad, precisamente. No sirvo, siquiera, para asesor. Me quedaría hablando con las paredes y aconsejando a gentes de tímpanos en huelga. Y en un mundo de locos, ¿por qué habría de ser yo el único cuerdo? Imposible, me volvería loco.

Disfruten del fin de semana y nos vemos el lunes.

jueves, febrero 19, 2026

Lectura periodística diaria

Vaya manía la mía. No aprendo. Unas ingestas de prensa en las mañanas (después de ir a caminar un buen rato) que poco me solucionan. Porque los periódicos se escoran peligrosamente hacia los derroteros que marcan las nuevas improntas de las redes sociales y el sagrado deber de informar queda, muchas veces, al margen. En fin, estaba en ello cuando vislumbro la composición fotográfica que adjunto. Y como no creo que al buen amigo Agustín (o Miki) se le vaya el baifo tan fácilmente, me da que se confió en las respuestas que le enviaron desde el ayuntamiento (probablemente redactadas por el propio Linares, quien desertó de las aulas de Los Salesianos desde ha la tira de años) y no se percató del gol que le metieron con un verbo transitivo. Porque el entrecomillado me hace sospechar que así fue.

“La vía de circunvalación —explicó Linares— es una obra extensa en el tiempo y supondrá una gran inversión por lo que se necesitaría financiación del Estado, para lo cual se debería cambiar su catalogación viaria de carretera insular a carretera de interés regional, ya que sería uno de los principales accesos al Parque Nacional de Teide. Los demás grandes proyectos de futuro para La Orotava están todos en marcha, encausados y la mayoría tienen financiación”.

Ese participio, que un servidor ha transcrito en negrita, me dio tan fuerte estampido en los bezos (labios, en canario) que debí recurrir, como casi siempre, al diccionario. Y he aquí el resultado de la consulta:

Encausar: tr. Formar causa judicial contra alguien. Sin.: enjuiciar, procesar, acusar, inculpar, empapelar.

Encauzar: 1. tr. Abrir cauce. 2. tr. Encerrar en un cauce una corriente o darle dirección por él. Sin.: canalizar. 3. tr. Encaminar, dirigir por buen camino un asunto, una discusión, etc. Sin.: guiar, dirigir, encaminar, orientar, enfocar, encarrilar, enderezar, educar.

Por lo tanto, estimado Paco (Linares), si los grandes proyectos (salvo la circunvalación) están encausados, es probable que no salgan en muchísimos años. Ya sabes que la justicia es muy lenta y sujeta a tantos vaivenes que lo mismo no te da tiempo de verlos culminados. Y si los encauzados están así, ni contarte quiero lo que deberás esperar para que la circunvalación sea una realidad. Máxime cuando alguno de los enjambres sísmicos podría fastidiar ese futuro trazado con una erupción a la altura de la charca de los Ascanios.

Bueno, y cambiando de tema, puede que recurra a un crowdfunding de esos (financiación colectiva) para que me demuestren hasta qué punto alcanza la generosidad de mis inestimables lectores, a fin de llevar a cabo ese viaje soñado que nunca he podido realizar. Cuyo destino y/o itinerario solo desvelaría a quienes se sumen a la iniciativa. Hombre (o mujer), si la Conferencia Episcopal está pidiendo donativos para financiar el viaje del Papa León XIV a Canarias, ¿por qué he de ser yo menos? Ya que el ayuntamiento no me pagó la correspondiente liquidación en junio de 1987, merezco una gratificación por mis desvelos en pro de la comunidad. Otros con muchos menos méritos figuran en destacados pedestales.

Y acabo con un tercer apunte. También de la prensa, por supuesto. “250 asistencias sanitarias durante el primer fin de semana carnavalero en Santa Cruz”. El 46% de las mismas (115, si mis cálculos no fallan) debidas al consumo excesivo de alcohol. Y lo verdaderamente preocupante, 50 menores de edad. Casi la mitad. Pero no me extraña porque cada cual se sintió legitimado para hacer lo que le saliera del pito. Menos mal que Feijóo y Abascal pondrán freno a tales desmanes en cuanto lleguen a La Moncloa. Se los imaginan cabalgando entre los mogollones con sendos caballos blancos inmaculados…

Hasta el sábado, porque habíamos quedado en cada dos días, ¿no? 

martes, febrero 17, 2026

Deriva ultramontana

Año 1917. Woodrow Wilson, presidente estadounidense, al solicitar permiso al Congreso para entrar en guerra contra Alemania, critica duramente el imperialismo europeo y promete que los pueblos sometidos, pequeños o grandes, podrán elegir libremente su destino. Abunda que ninguna potencia debe proponer la tutela de otras naciones, siguiendo el ejemplo de Estados Unidos que “no aspira a conquistar ni a dominar a nadie”. Porque, recalca, su participación en el conflicto mundial es en pro de la democracia, de los derechos y libertades de los más débiles. [Mesopotamia, págs. 129, 130: Olivier Guez]

No hizo falta esperar a que llegara Donald Trump para que cambiara por completo el guion. Si echas mano de Wikipedia, por ejemplo, y repasas la biografía de Wilson observarás que del dicho al hecho no hubo demasiado trecho. Las repúblicas americanas saben mucho de su particular viraje. Así que cuando iniciamos cualquier conversa acerca de no entender las posturas yanquis en sus reiterados tejemanejes supremacistas, no encontramos elementos de juicio que nos conduzcan a un planteamiento racional de las derivas y afanes de grandeza. Lo más, para situarnos, es propagar aquello de que está loco y de que sus ínfulas son emuladas por advenedizos del tres al cuarto. Pero el que no seamos capaces de encontrar una explicación lógica, como sería fácil deducir, no significa que el hecho tienda a ser mera anécdota que se disipa con el tiempo. Todo lo contrario, los peligros son cada vez más latentes y no circunscritas al ámbito meramente americano.

¿Somos ajenos en España a esta deriva ultramontana? A la vista está que no. Me da, como ya manifesté hace unos días, y que se comenta en todos los círculos políticos, que solo nos va a quedar Portugal como reducto europeo (reserva espiritual de Europa) ante el avance de las hordas reaccionarias. Cuando, al menos en teoría, el pueblo tiene cada vez mayor y más factible acceso al campo del conocimiento, diera la impresión que puede más la tripa que el cacumen, el pronto que el sosiego, la mala bilis que la recapitulación.

A veces, cuando debatimos en amena charla con amigos, conocidos o familiares, cruzamos apuestas para intentar descubrir los derroteros de un mundo a la deriva. Y aportamos mil posibles soluciones. Todas encaminadas al más estrepitoso fracaso. Vamos, como la primitiva, no acertamos ni el reintegro. Porque cuando dirigimos la mirada a lo que ahora mismo está ocurriendo en Estados Unidos con su política (es un decir) en contra de lo que no suponga, a su nauseabundo entender, la pureza de una raza blanca, rubia y bien oronda (por las hamburguesas). Y lo largan a los cuatro vientos aquellos que forman parte de un país, que nació el otro día y como producto de la confluencia de razas y etnias de múltiples procedencias. Cuando por sus genes circulan mestizajes a porrillo, viene a resultar que procede expulsar al que, a buen seguro, no supera los índices diferenciales del que porta la pistola cual miembro del ICE en los nefastos episodios de Mineápolis.

Y aquí, en el país que contribuyó a la expulsión del pueblo judío, porque era más listo y mejor comerciante, hoy le doramos la píldora porque aprendió a machacar a sus vecinos por dictados celestiales del ojo por ojo y en plan venganza por haberse atrevido a sembrar nuestro sagrado territorio con infraestructuras que supusieron avances incontestables. Como siempre la religión se ha encargado de soliviantar los ánimos, solo falta que Irán coordine otro episodio tipo Torres Gemelas, para que, en nombre de Dios (cada uno el suyo, o los suyos), arme tan fuerte terremoto que ni la erupción del Tajogaite o los enjambres sísmicos de las Cañadas.

En el maremágnum estábamos cuando surge la castiza con otra de sus ocurrencias. No bastándole con el coro parlamentario (repitan conmigo…) madrileño, amplía horizontes de nuevo (ya lo hizo con Milei, el loco argentino de la motosierra) y le va a conceder la medalla de su comunidad autónoma al amigo Donald, paradigma protector de la hispanidad…

¿Cómo es posible que el pueblo norteamericano vote masivamente a este sujeto? De la misma que el madrileño lo hace con esta sujeta. Y los ejemplos se multiplican. ¿Hasta cuándo? Me da que no voy a llegar.