Me preocupa, sin embargo, los cada vez más frecuentes sesgos
racistas que se propagan por esos terrenos de juego. Y se me importa un
pimiento que se dirijan a un jugador de tal o cual equipo. El meollo es de lo
que se trata, independientemente del club agraviado. Y significativos son los
que recibe Vinícius José Paixão
de Oliveira, Júnior.
Puede que sea un energúmeno que celebra los goles con una
ostentación que raya la provocación. Aunque, y que no valga como disculpa,
ocurre con otros tantos que bien merece el capítulo un estudio pormenorizado. Pero
supongo que los entrenadores estarán para mucho más que tácticas y técnicas. Puede
que sea un niño malcriado, mimoso y, sobre todo rico. Que, quizás, piensa que
con dinero se puede permitir determinadas excentricidades. Incluso que vaya por
la vida de sobrado.
Puede que sea un cuentista que exagera caídas y pone a
prueba en cada partido al árbitro en la toma de decisiones. Que simula y
dramatiza demasiado. Que, en suma, no se hace querer con sus aspavientos y
triquiñuelas. Cuánta diferencia con el fútbol femenino.
De acuerdo, te concedo el beneficio de la duda y hasta te
doy toda la razón en los posibles argumentos esgrimidos. Pero nada –has leído
bien, nada– justifica comentarios, insultos, vejaciones y demás de índole
racista o xenófoba. El pago de una entrada no da derecho a desahogos de tal
porte. Y si proviniesen de otro jugador, mucho menos. En el episodio último de
Lisboa, suponer que el futbolista del Benfica se tapó la boca con la camiseta
para felicitarlo por el gol y manifestarle su admiración… sería mucho suponer,
¿no?
¿Y qué hace Sánchez en la ilustración? ¡Ah!, ese es otro
cantar algo borrascoso. Como lo fue el anterior. Llegó la decimosexta de la
temporada, la borrasca Pedro, que ha sido nombrada por Meteofrance. ¿Y por qué
no la han llamado Pierre? ¿No tenía ya bastante nuestro presidente como para
que le cayeran más chuzos de punta?
Efectivamente, las redes se llenaron. Y me quedo con esta: "Todos
sabemos que esta borrasca traerá un frente de memes, con abundantes
precipitaciones de risas y alertas nivel rojo de inundaciones oculares".
No es porque sea de mi cuerda y entienda que está haciendo
una buena labor, que ha mejorado muchos aspectos conducentes a una mejor
calidad de vida en la ciudadanía y que posee una capacidad de aguante que ya
bien quisiera para mí. Es que me pregunto qué más le puede pasar sin que el
cuerpo se resienta más allá de su desmejoramiento físico. Ya le dijo una señora
hace unas semanas que comiera un fisco más.
Los ataques se suceden sin pausa alguna. Las sesiones del
Congreso se han convertido en una competición de dardos, pero envenenados.
Recibe cachetones de sus contrincantes políticos, pero no está exento de que
también le den tortas los de su propia onda. O es realmente muy bueno o el
pecado más típico del españolito, la envidia, ha rebrotado como la covid o
cualquier otra pandemia al uso.
En uno y otro caso, pienso que la libertad de opinión no es
patente de corso. Pero como, de otra parte, la justicia no es igual para todos,
nos está entrando cierta desazón a la hora de las denuncias. Cuando crees que
la razón te asiste, el temor a que un togado desbarate tus aspiraciones, te
hace recular (el retrodezcan, de Manolo Vieira).
Pero soy –quiero serlo– optimista. Se trata de una moda
pasajera. Volverán las aguas a su cauce. Se impondrá la ecuanimidad.




