El 27 de abril del presente año (lunes), y en horario de tarde,
me acerqué a una carpa que había instalado el ayuntamiento por fuera de la
Biblioteca Municipal. Acudí al reclamo de retirar una llave para el contenedor
marrón (residuos orgánicos, y que ya habían ubicado en diferentes lugares del
municipio), porque, eso me prometieron, el reciclaje me iba a suponer un
notable descuento en la tasa correspondiente. No me dieron una compostera
porque no pude acreditar que fuese propietario de terreno agrícola. Con la
liquidación de cuando me echaron del ayuntamiento (1987), no pude adquirir el
clásico apartamento en la Playa de la Arena ni el cuartito de aperos en la zona
alta de la villa. Y como atisbo quejas por el incremento en los recibos, un
consejo: vayan a buscar la llave. La pena es que no cumple con la noble función
para la que fue ideada (el reciclaje), pero te rellena un hueco en el llavero.
La llave en cuestión está comenzando a oxidarse sin haberla
usado. Porque los contenedores canelos siguen siendo meros adornos. Y mira que
el alcalde se hinchó de lanzar vídeos a las redes sociales contándonos
maravillas y excelencias del proyecto que se iniciaba. Y le creímos. Sin
percatarnos de que ya nos había engañado vilmente con hipódromos, piscinas e
infraestructuras varias, entre ellas la recogida de aguas pluviales en el
Callejón de los Cuartos.
Hace una semana llamé a Realserv para preguntar si había
alguna novedad al respecto. Me contestan –así mismo– que no tenían ni la más
remota idea porque eso estaba en manos del ayuntamiento. La pobre operaria se llevó
el rasque que tenía que haber alcanzado Domingo, Adolfo o el gerente. Como si
la empresa de servicios fuese un ente abstracto con dependencia divina. Manda
ovarios.
Ahora es el Cabildo, cuatro o cinco meses después, el que
nos vende un “Programa Insular de Gestión de Residuos de Tenerife, con el que
la institución prevé movilizar cerca de 75 millones de euros para tratar el
100% de la materia orgánica que se genera en la isla, unas 200.000 toneladas al
año. El objetivo es evitar que estos residuos se descompongan en el vertedero,
donde generan emisiones de metano, uno de los gases de efecto invernadero con
mayor capacidad para contribuir al calentamiento global. El programa también
contempla una inversión de 13 millones de euros para mejorar la gestión de la
materia orgánica, así como una partida de 222.000 euros destinada a los
ayuntamientos para la adquisición de 690 contenedores marrones, con el fin de
reforzar la recogida selectiva desde los hogares y los establecimientos”
[AtlánticoHoy].
El continuar con la manía de los anuncios –algunos se materializan
años después y otros pasan, directamente, a dormir el sueño de los (in)justos–
nos va a suponer lo que con el cuento de que viene el lobo. Luego se quejan de
que se halle bajo mínimos la credibilidad ciudadana y la desconfianza en
aumento. Si se lo tienen más que merecido, se lo ganan a pulso. Y si no
comprenden este sencillo planteamiento, es que son, de verdad, unos rebenques
de tomo y lomo.
No me dio tiempo, ni espacio, para comentar los tejemanejes
de las papas de Israel (para arrugar), ni de Asaga-Asaja, ni de doña Ángela
Delgado, ni de ciertas cooperativas, ni de Narvay Quintero… Pero como Román
Delgado, en Canarias Ahora, lo borda cuando de ello trata, haz como yo: lee.
Hasta más ver.





