De vez en cuando suelo hacer el ejercicio que hoy te vuelvo
a presentar. Entresacar de la prensa algunos titulares llamativos. Actividad
que no llevan a cabo, por supuesto, los cargos públicos eternos, esos que se
perpetúan hasta el infinito, o más allá. Sin ser capaces, siquiera de vez en
cuando, o de cuando en vez, de aprovechar esos minutos extras que nos concede
la directiva europea para recapacitar y sacar la pata del agujero.
Fernando Clavijo,
presidente del Gobierno de Canarias: “Quien vote a Vox votará a favor de que
Canarias sea un centro de retención gigante de migrantes”.
Después de que fichara a Teodoro Sosa, y a una veintena de
conglomerados grancanarios más, está nuestro presidente de un locuaz
superlativo. El galdense debió contagiarle su cháchara y en esa aspiración
–lícita, válgame cualquier santo al uso– de que Valido no esté sola en la
capital del reino, suelta por su boquita unas perlas que se contraponen con su
propia trayectoria. Y si una de ellas la vierte en Lanzarote, recordarle que su
contradicción ‘voxiana’ tuvo un comienzo en la muy noble villa de Teguise, para
luego extenderla por los sures tinerfeños. ¿O no? Hay que mirarse la joroba
aunque sea una vez a la semana.
Teodoro Sosa y
Fernando Clavijo reclaman en Lanzarote una voz propia en el Congreso para
exigir inversiones al Estado. Más de lo mismo. El Congreso de los Diputados
deberá marginar su función legislativa y se convertirá en la hucha del reparto.
Para que los presupuestos de Canarias deriven en superávits escandalosos por la
imposibilidad material de ejecutarlos. Al más puro estilo del venezolano que
practicó unos cuantos años en la Villa de Viera. ¿Lo quieren o no? Aclárense.
Y como todo se pega –valga el símil, salvando las
distancias, de los que se acuestan en el mismo colchón se vuelven de idéntica
condición– la melodramática Valido
(Coalición Canaria), que respaldó la investidura fallida de Feijóo, anuncia que
no apoyará un gobierno del PP con Vox. Que no dista demasiado de lo
manifestado por María Fernández, candidata al Congreso de los Diputados por
Primero Canarias-CC: “CC está en las
antípodas de Vox, que quiere centralizar todo en Madrid”. Ambas dos, que
diría una buena amiga, con una trayectoria política saltimbanqui digna de
enmarcar, harían bien en cerrar la boca
cuando la ocasión lo requiera. Menos mal que cuentan con la complacencia de un
periodismo aborregado, ese que solo sabe mantener la alcachofa y sufre una
amnesia de no te menees.
Valido dice que CC
nunca apoyará “retrocesos” en derechos como la eutanasia o el aborto, como
propone el PP, su socio en Canarias. Me da que Cristina se está metiendo en
demasiados charcos. Y sin botas de agua. Como le ocurriese a su antecesora, Ana
Oramas, cuando aludió a las Tres Mil Viviendas sevillanas. No pactaremos con
VOX, no apoyamos retrocesos (PP), Madrid nos margina y no manda perras (PSOE)…
Entonces, señora diputada, ¿son ustedes los únicos inmaculados, los canarios
verdaderos con genes guanches? Mándense una papa.
El canarión Bermúdez –hombre chiquito, hombre currito, reza
el dicho popular– está que se sale. "Estoy
hipermotivado, en forma; solo yo puedo parar al PSOE". Ahí, puntal,
con dos… Ya sabemos que cuentas con potentes apoyos: “Voy a defender en los tribunales que el monumento a Franco se proteja,
y voy a ganar”. Y te llevarás la espada para tu casa no sea que Patricia
entre al trapo. Que como fiel representante de la ATI profunda, hundes tus
Raíces en La Esperanza. Nacionalismo suigéneris. Sigue descansando, Secundino.
La portavoz del PP en
el Congreso, en Lanzarote: "Quien no venga con un contrato de trabajo se
va a volver a su país". Ahí la ven en la foto. Junto al alcalde de
Arrecife. A otro que se le calienta la boca con demasiada frecuencia y no quiere
que Pedro Sánchez acuda a La Mareta. Él prefiere otro turismo. Y en Arrecife
tiene la prueba. Pero es que también se fue de garbeo a tierras conejeras aquel
que, probablemente, llegó a estas ínsulas sin contrato alguno. Así que haría
bien Esther Muñoz, la que no quería desenterrar unos simples huesos, en poner
más cuidado en lo que dice, el lugar donde lo dice y delante de quien lo dice,
no sea que se incrementen las meteduras de pata, a las que son tan dados en
momentos inadecuados.
Y termino: Los
profesores canarios cuestionan la nueva ley de autoridad docente: "No
necesitamos placas, sino respeto". Estimados compañeros, el respeto no
se exige, se gana. Con buenas dosis de coherencia. Cuando muchos entendieron,
por aquello de la modernidad, que el alumno ya no lo era sino que pasaba a
formar parte de los coleguis y le
ofreciste un dedo, él, que es más listo de lo que pensamos, se cogió toda la
mano. No me extrañó nada en absoluto cuando unos cursos antes de la jubilación
una compañera me preguntó qué hacía, y cómo, para que al entrar en clase los
alumnos se callaran y atendieran. Nada, le contesté, ellos ya saben cuál es la
función de cada cual. Otros, para no bajarse del burro, recurrían al “es que te
tienen miedo”. Vale, si ese es tu sinónimo de respeto, nada me extraña el
guirigay.



