sábado, marzo 21, 2026

Un breve paseo

Un paseo, siquiera de vez en cuando, nunca viene mal. Y si creían que me había olvidado de enjaretar una décima, cuán errados (sin hache; bueno, si alguno que se sienta aludido lo prefiere, por mí que no quede) estaban. Hay gentes que te facilitan el trabajo. A ellos, mi agradecimiento infinito.

Hay en el pueblo vecino / una enorme pelotera, / porque han venido de fuera / a señalarle el camino. / Y ya rige su destino / uno que anda tocado, / es quien tiene obnubilado / al equipo gobernante, / lo malo es que el muy tunante / solo busca el entorchado.

Como el pacto de gobierno / es auténtico potaje, / muy difícil el encaje / en este aparente infierno. / Asesora el posmoderno / con aire filosofal, / pues su labor tutorial, / que no admite parangón, / dice mucho del montón / que conforma el triunviral.

Los que se dicen de izquierdas / —el papel lo aguanta todo— / encontraron acomodo / con las que ayer eran lerdas. / Cuando la gestión enmierdas / por suculento caudal, / grave pecado mortal, / amén de tremendo error, / cometes por impostor / enlodándote en porcal.

Se visten de progresista / y de chicos hacendosos, / cuando solo son tramposos / con disfraces de farsista. / Ese proceder pactista / aviva vergüenza ajena, / causando profunda pena / en un pueblo que demanda / mucha menos propaganda / y más mano a la faena.

Y si la gente comprueba, / en cultura, verbigracia, / que prima la ineficacia, / con gran razón lo reprueba. / Si se reduce a una ameba / que seudópodos emite / parasitando en envite / para propio lucimiento, / cuánta pena es la que siento / porque todo se marchite.

Pero también en el mío / la ilustración se encarece, / pues un teatro la ofrece / a cambio de un sangrerío. / Con el bolsillo vacío / dejan a los colectivos, / ya que aquí los objetivos / comienzan por recaudar / y los que puedan pagar / serán socios exclusivos.

La reforma corrió a cargo / del Cabildo tinerfeño, / a él se debe el empeño / por sacarnos del letargo. / Pero Adolfo, sin embargo, / se ha sacado una ordenanza / con la que a fondo se lanza / en su carrera elitista, / es la manera sablista / que el superávit afianza.

El arar con estos bueyes / se ha convertido en rutina, / hay que aguantar la traquina / de quienes se creen reyes. / Ellos imponen sus leyes / y nosotros, los paganos, / hacemos esfuerzos vanos / por si entran en razón, / sin que se brinde ocasión / de ganarle a los fulanos.

Dejaré para el final / a los dos entretenidos / y que ponen sus sentidos / en marchamo electoral. / Con esa visión triunfal / de una Canarias quimérica, / alejada y periférica, / que sus sueños bien dibujan, / mas con mentes que no estrujan: / otra pose cantinflérica.

Puede que busquen ansiosos / una nueva inteligencia / que les de mayor sapiencia / y poder salir airosos. / Se les nota deseosos / de un decreto en un suspiro, / que les suponga un respiro / en el futuro inmediato, / no sea que dentro un rato / se les vire Casimiro.

Y a ustedes, estimados, y mejor escogidos, lectores, por hacerlo posible, a no perder las mañas. Mañana será otro día. Y pasado, de vuelta. Sean felices. 

jueves, marzo 19, 2026

Sucinta reflexión

Reconozco ser un asiduo de los informativos en televisión. Y rara es la ocasión en que no acabe comentando al familiar que me acompañe las concomitancias existentes –salvando, por supuesto, las distancias entre los medios– con El Caso, un semanario español especializado en noticias de sucesos, que se editó en Madrid entre 1952 y 1997. Porque, por lo visto, robos, accidentes de todo tipo, asesinatos, violaciones, sesiones de juicios morbosos y un largo etcétera de fatalidades parecen ser los casi exclusivos contenidos.

Y surge este comentario a raíz de una de las tantas lecturas diarias relacionadas con los medios de comunicación. Un defecto, casi congénito, que me acompañará in sæcula sæculorum. Así, el director de El Periódico, y director general de Contenidos de Prensa Ibérica, Albert Sáez, ha reivindicado el periodismo como el mejor revulsivo para combatir la desinformación y ganarse la confianza y la fidelidad de los lectores para así evitar que caigan en las redes del populismo y los pseudomedios.

Y abunda: "El periodismo es más necesario que nunca porque forma parte de un conjunto de instituciones que surgieron con la Ilustración que hay que defender frente al totalitarismo y las formas de destrucción de la democracia".

Bien, completamente de acuerdo. Es de manual. La teoría, en el papel, funciona. El camino, meridianamente claro. Pero en la práctica, ¿tenemos mecanismos para corregir desviaciones? ¿Son conscientes los que se dedican a tan noble oficio del papel encomendado? ¿Procuran las empresas editoriales apostar por la seriedad y contrapeso entre ambos platillos de la balanza o se deben a intereses más espurios? Y el periodista, ¿cuándo va a ser capaz de asumir su verdadero rol?

Prosigue el señor Sáez: "Si solo explicamos las cosas que funcionan mal, la gente piensa que el mundo es un desastre y que vivimos mucho peor que hace 30 años. En ese caldo de cultivo, llegan los populistas y construyen el discurso de que con Franco vivíamos mejor”. Efectivamente, y entre todos estamos aportando granos de arena para que la montaña crezca. Tanto que, concretemos, en nuestro particular caso del solar patrio. Ahí tenemos a Santiago Abascal, con purgas permanentes hacia todo lo que pueda hacerle sombra, y cuyas acciones no merman un ápice de su expansión, sino que, al contrario, sigue incrementando el número de adeptos con ese discurso etéreo de decir lo que a la gente le encanta escuchar. Pero sin concreción alguna, porque sus amagos de pactos deben ser rotos al percatarse de la completa inutilidad de sus fantasiosos postulados. Aunque cuenta con la indudable ventaja de la desmemoria colectiva.

Y "no sirve expulsarlos del debate alegando que son fascistas porque muchos de los problemas que señalan son aquellos de los que nos da pereza hablar", asegura el director de El Periódico. Un desafío muy complicado en estos tiempos de "gran convulsión", que Sáez ha atribuido sobre todo al presidente de EEUU, Donald Trump. "La persona que dirige el gobierno más importante del mundo no respeta las reglas. No es un empresario, es un subastero". Vuelvo a concederle el crédito pertinente. ¿Pero se combate dicha sinrazón? ¿Qué mecanismos ponemos en marcha para desencantar los ilusionismos? Porque si la supuesta preparada y estudiada juventud cae en las redes del populismo, no atisbo que se inyecten vacunas contra tales virus. Y como no demos con el antígeno, cuán largo me lo fiais, amigo Sancho. ¡Ah!, lo del gobierno más importante del mundo… pongámoslo en cuarentena.

Concluye: “La prensa local resiste mejor que la prensa generalista porque tiene más vínculo con los lectores, que sienten más suyos a los diarios porque les hablan de lo que pasa a su alrededor sin aires de grandeza. Los diarios defienden los intereses de sus territorios más allá de partidos e intereses porque hablan directamente con los ciudadanos". Sí, y no. Matices haylos. Los tentáculos partidarios y, sobre todo, económicos causan verdaderos estragos. Por lo que las derivas a deslizarse por peligrosas pendientes se acrecientan. Ya nadie quiere hablar de objetividad, neutralidad, imparcialidad, rectitud… O como abogaba don Domingo, el de La Hoya, la ecuanimidad. ¿Por qué?

martes, marzo 17, 2026

No hay de qué

Que tú, estimado lector, y yo metamos la pata no deja de ser mera anécdota. Como somos nadie, nadie (y no es redundancia) va a prestar la más mínima atención. Mis escritos y tus posibles valoraciones no van a pasar a la historia. Eso se deja para mentes mucho más privilegiadas. Y me apetece poner dos ejemplos a tenor de lo que uno viene observando desde hace muchísimo tiempo. De un lado, los periodistas, del otro, los cargos públicos.

Fácil es deducir que se trata de dos ‘profesiones’ de alta exposición a los embates sociales. Vamos, que tienen, aparentemente, mucha más relevancia que lo que este humilde plumífero pueda plasmar en cualquiera de  sus apariciones en Pepillo y Juanillo. Y, por añadidura, a lo que alguno de mis escasos seguidores pueda expresar, ejerciendo su derecho constitucional, en la única red social por la que navego muy de vez en cuando y que, por ahora, solo es usada para publicar el enlace al blog que antes se dejó mencionado.

Por lo tanto, bien harían los ensalzados al final del primer párrafo en cuidar formas y maneras cuando se dirigen a las audiencias o a potenciales electores, respectivamente. Porque no se trata aquí de emular al yanqui de la gorra roja cuando pretende imponer la paz en el mundo usando toda la fuerza posible con una exhibición de armamento bélico que mete miedo. Y vamos con unos ejemplos*:

Busco en el diccionario el hipotético verbo preveer y no hay manera. No aparece por mucho que lo he intentado. Claro, si no existe, ¿cómo demonios lo puede recoger? El más parecido es proveer (reunir lo necesario para un fin), porque ese otro en el que puedes estar pensando es prever, y se conjuga como ver. Por lo tanto, veo, ves y ve, por ejemplo, se convierten en preveo, prevés y prevé.

Lo de este agua ya es de juzgado de guardia. Los sustantivos femeninos que comienzan por a tónica exigen demostrativos femeninos. El uso de el y un, por razones de sonoridad (cacofonía lo llamábamos cuando yo era escolar), no afecta a la debida concordancia con otras palabras de la oración. E, inexorablemente, me acude al magín el Steaua de Bucarest. Equipo de fútbol que oía nombrar a Matías Prats en aquellas retransmisiones radiofónicas cuando el Real Madrid ganaba copas de Europa (en La Gorvorana, por tener, no teníamos ni luz eléctrica; así que deja lo de la tale para mejor ocasión).

Capítulo aparte son los latinajos motu proprio y grosso modo, que, de manera machacona, lo hacemos acompañar de las elegantes preposiciones de y a (amén de que el ‘proprio’, de difícil pronunciación, lo permutamos por propio y nos quedamos más frescos que una lechuga). Ay, cuánto locutor, creyéndose investido de prodigiosas sapiencias, nos sorprende con… patadas en la boca del ”estógamo”.

Hombre (o mujer), ya que estoy en plan didáctico (donde hubo…), aconsejarte que cuando te pongas delante de una alcachofa (cabeza del micrófono) no alargues la vocal última de una palabra porque escuchar laaa, estaaa, muchaaa, algunaaa… no es nada agradable. O rellenar las pausas conversacionales con otro nada elegante estampido sónico (eeee). No te preocupes, desde que estaba estudiando me dijeron que mi voz no servía para tales florituras y me dediqué a cultivar aquello que se me da medianamente regular: escribir. Porque me brinda la opción de borrar, corregir, suplir… sin sujetarme al contratiempo de la espontaneidad. Y aun así yerro con gran frecuencia. Pero, como al principio señalé, no corro peligro alguno de que la popularidad disminuya. Sabes que yo doy más de no (soy de los que no dan más de sí).

Por último, cuídense de las muletillas. Jesús Cintora, en Malas lenguas, repite la forma verbal ‘vean’ algo así como quinientas veces por programa. Más ejemplos, a porrillo. Y hasta la próxima, porque fue, lo que es en sí, todo por hoy. A su entera disposición y no hay de qué.

*Ya repetidos muchos en anteriores comentarios, pero como no atisbo visos de solución, por mí que no quede. 

domingo, marzo 15, 2026

Postureos

Nos señala el DLE que postureo significa actitud artificiosa e impostada que se adopta por conveniencia o presunción. Y un servidor entiende que en el supuesto del grupo de gobierno (es un decir porque gobernar es otra cosa bien distinta a lo que –no– hacen) en mi ayuntamiento habría que cambiar la conjunción disyuntiva o por la copulativa y. Porque lo ejecutan por conveniencia y con toda la presunción posible. O séase, adrede, con premeditación y alevosía. Y en plural, como el titular. Pues se repiten hasta decir basta. Igualito que la tele autonómica, cuyo autobombo por las audiencias alcanzadas (cuota de pantalla o share) raya el despropósito.

Son tantos los ejemplos fotográficos que podemos encontrar en la web municipal (que es tan mía como de ellos) que componer un mosaico es tarea ardua (espinosa, apurada, peliaguda, dificultosa, trabajosa, embarazosa…). Lo que me demuestra que en la actualidad ser concejal es un chollo. No tienes que hacer nada. No debes preocuparte lo más mínimo. No te es necesario portar agenda alguna. Como no tienes que fichar, tampoco debes apurarte para acudir al puesto de ¿trabajo? Además, tus asesores ya te habrán establecido el plan. Que consistirá en hacer acto de presencia (en coche oficial, por supuesto) para las sesiones fotográficas correspondientes. ¿Por qué y con qué motivo? Lo de menos. El hecho más nimio se puede convertir en acontecimiento mundial. No son más guapos porque no quieren. Como Feijóo.

Utilizamos a los viejos como moneda de cambio. Menos mal que aún soy joven y cuando me apunte en el club, los cargos públicos (locales) de ahora ya se hallarán en otras más altas esferas. Se acude a los colegios para ir creando cantera. Nos retratamos con una bolsa de veneno y… tiemblen ratas. Abre un comercio y la concejala de turno no pierde la oportunidad. Se cae un drago centenario y convertimos el desgraciado suceso en un festín con atracón incluido. Se hace entrega de una mezquindad de dinero en plan subvención a cualquier entidad y se le da más bombo que cuando España ganó el mundial de fútbol (gol de Iniesta). Oh, fíjate tú que cuando yo cumpla cien años piensan nombrarme hijo predilecto. Y cuando muera seré elevado a los altares y me otorgarán el título de alcalde honorario y perpetuo para general regocijo de la Virgen del Carmen, a la que deberé acompañar en las solemnidades de rigor. Mi cuñado Paco me hará un busto y me ubicarán en el patio central de la remozada Casa de La Gorvorana: enfrente de la cafetería, por más señas.

Echan el candado muchos negocios… Deben renunciar a dos millones de euros… No se ejecutan los presupuestos y presumen de superávit… Un solar para el consultorio médico de Toscal-Longuera muerto de risa desde cuando José Vicente era alcalde…  Clausuran el provisional y mandan a los enfermos al Realejo Alto… Se eternizan las obras públicas… Los atascos y retenciones nos abruman… El piche espera al próximo año (elecciones en mayo)… Se asfalta y no dura el pavimento sino un suspiro… Sigue Los Cuartos funcionando como un barranco cuando llueve… Carreteras y calles que son auténticos toboganes… Se presentan proyectos que saldrán vete tú a saber… La primera fase de La Gorvorana durará 12 meses…

Y no sigo porque fui al baño urgentemente (con la risa me meé todo). Porque la casuística es tan grande que, ahora mismo y en este punto de la lectura, tú estarás añadiendo esa particular lista que incremente el debe de estos postureandos (hay que emular a los doctorandos). De verdad de la buena te digo (lo reitero hasta la saciedad) que las comparaciones son odiosas. Pero como cuento con la ventaja de haber pasado por la tesitura concejil (fui cocinero antes que fraile), siento enorme vergüenza de cómo se despilfarra el dinero público. Una partida desorbitada de gastos para abonar nóminas que no se merecen ni de lejos. Porque han convertido el ayuntamiento en una empresa de publicidad y mercadotecnia. Donde la planificación brilla por su ausencia y la improvisación se ha convertido en leitmotiv. Y que estas machangadas sean bien remuneradas, manda aquello(s).

Lo peor es comprobar cómo se abduce (suscitar en alguien una poderosa atracción) a todo un pueblo, que es engañado vilmente y aplaude a rabiar las excentricidades de un elenco de actores de pacotilla. En fin, lo dejo recordándoles que no soy político porque no quiero. Que si me lo propusiera…

viernes, marzo 13, 2026

España me merece

Cambiar de opinión no tiene que ser necesariamente malo. Al contrario. Todo lo que suponga mejora en este valle de lágrimas, bienvenido sea. Pero cuando la excepción se convierte en norma, algo, o mucho, sería conveniente corregir. Y compruebo –me imagino que ustedes también se habrán percatado– que algunos ¿líderes? políticos se han sumergido en un mar de contradicciones tan profundo que les va a ser harto difícil salir a flote. Aunque debemos reconocerles que son buenos en eso de la apnea.

Se lleva la palma el gallego que llegó a Madrid para moderar el discurso de un Casado que sufrió tal encontronazo con Ayuso que debió salir por patas (por la infeliz ocurrencia de denunciar supuestas corruptelas en el entorno de la intocable). Y lleva nuestro antagonista una trayectoria tan zigzagueante como la de la procesionaria (de los pinos, que no Dolores Ibárruri). Porque comenzó a soñar cada noche que veíase en La Moncloa y al despertar –vaya desgracia– la realidad le daba cada estampido que incluso debió ser operado porque los ojos comenzaron a fallar.

Tan tozudo es el contexto que recurro a una foto de hace unos años en la ceremonia de entrega de los Goya. Muy premonitoria, por cierto. Si se fijan bien diera la impresión de que todos quieren darle la espalda. Y me recordó a Rajoy cuando en las cumbres habidas por esos mundos de dios, dado que su inglés era “very difficult”, debía aislarse en un rincón más solo que la una. Qué patética imagen para España.

Saben mis inestimables seguidores –pocos, pero bien avenidos– que Alberto no es presidente porque no quiere. Y conveniente sería que sin ambages proclame que España sí lo merece. Pues la cantinela de que el país no es digno de tener –no merita la pena, que diríamos por estos lares– un gobierno dirigido por el malvado de Pedro Sánchez, corrupto, golfo, descompuesto y cientos de calificativos más. O como se canta en los mítines de Vox (con coreografía y baile incluidos): hijo de puta. Así, sin anestesia, con dos… higos de pico, que es la fruta preferida de Isabelita.

Me da que este ciclo político está tardando demasiado en cambiar de rumbo. Dónde demonios habrá quedado aquello de que hablando se entiende la gente. Claro, cuando Aznar parió lo de “el que pueda hacer, que haga”, pusiéronse todos a la labor. Y ha tenido éxito el eslogan. Tanto que hasta en Washington y Tel Aviv aceptaron el envite y ahí están aportando su granito de arena para mantener el orden (pacífico) mundial. Y por aquí no solo lo dirigentes de la derecha extrema (y de la extrema derecha) se han lanzado en tromba a la yugular de un gobierno, legítimamente elegido (cambien las normas constitucionales si no les gusta el procedimiento), sino que –esa impresión tengo y sus ilógicas actuaciones me lo ratifican– ciertos encumbrados del poder judicial se han sumado a la campaña. Si no, ¿me quieren ustedes explicar por qué el procedimiento contra Álvaro García Ortiz, exfiscal general del estado, circuló con velocidad endiablada, cual fórmula 1, mientras que el de Montoro transita como panda con el motor gripado?

No, no estamos pasando por los mejores momentos. Cada vez que algunos abren la boca se encarece el pan. Y por si había poco jaleo con lo doméstico (sesiones del Congreso y Senado, verbigracia) llega nuestro invitado de hoy y demanda el regreso del emérito defraudador porque fue el artífice de que el golpe de Tejero no pasara de simple intento. Admitiendo el beneficio de la duda, ¿qué diantres tendrá que ver la velocidad con el tocino? Y armamos un jaleo de padre y muy señor mío acerca de dónde se va a alojar el pobrecito. Como no tiene donde caerse muerto, estimado Núñez Feijóo, qué mejor sitio que un chalet de Moaña, con acceso directo al mar (ilegal, pero no importa, él se mueve bien en esos ambientes) donde tendrá a su disposición el yate (ya sabes a cuál me refiero). O, si no, en la cárcel, donde dispondrá de comida y cama gratis.

Repite, Alberto, conmigo: España me merece. Dilo mil veces y a lo mejor…