A reseñar, igualmente, que hace unos pocos meses, y
presentado como Proyecto de Innovación Educativa (PIE), coordinado por Juana
Eva González Ángel y Juan Samuel García Hernández, ante la Asociación Española
de Geografía (AGE), obtuvo el Primer Premio Nacional. Que no es un hecho menor
o una simple anécdota.
Uno se congratula de estos éxitos –debe ser por
reminiscencias profesionales de un pasado no tan lejano– y aprovecha la ocasión
de que el barranco de Castro pasa por aquellos lares (que no va a ser menos que
el Pisuerga vallisoletano), para recomendar la lectura del capítulo dedicado a
la figura de don Sabas Pérez Correa (desconocido incluso para muchos icolalteros)
e inserto en la publicación Un siglo, que no es poco. Pasen por la Sociedad
Valle de Taoro, en Las Dehesas (Puerto de la Cruz) y lo podrán adquirir por
módico precio. Porque la figura de don Sabas, el maestro, estuvo muy ligada a
ambos lugares.
De la nota informativa del ayuntamiento realejero (seguiré
insistiendo hasta la saciedad de que el grupo de gobierno, Partido Popular,
debería hacer un examen de conciencia urgente e imponerse la penitencia de que
no es el propietario de la web municipal), extraigo:
“A lo largo de los últimos cinco años, 123 mujeres han sido
reconocidas por su trayectoria, su trabajo y su contribución a la comunidad.
Ahora, sus historias quedan recogidas en esta publicación, elaborada por Samuel
García, exprofesor del centro y actual profesor de la Universidad de La Laguna.
Un proyecto construido de manera colectiva por el alumnado y
el profesorado del centro, con la coordinación del equipo directivo y la
colaboración imprescindible de Rosa Ángela Llanos Zamarín, vecina de Icod el Alto.
El acto contó también con la música de Mateo Felipe y Arodi
Llanos, artistas del núcleo de Icod el Alto, y con la presencia del alcalde
Adolfo González Pérez-Siverio, el concejal de Educación José David Cabrera
Martín, la concejala de Igualdad Macarena Hernández González y los concejales
de zona, José Alexis Hernández Dorta y Aránzazu Domínguez López”.
Uno, de verdad de la buena, aun reconociendo que los
artículos de opinión se impregnan, ineluctablemente, de innumerables matices
subjetivos, se atreve a recomendar a los responsables de los gabinetes de
prensa municipales (no hago excepciones) que intenten disimular algo. Su sueldo
sale de los bolsillos de todos y cada uno de los habitantes del pueblo
respectivo y no solo del de aquellos que los enchufaron.
Porque en el acto que nos concita en esta entrada bloguera
de hoy, los auténticos protagonistas son los jóvenes estudiantes que han
currado durante varios cursos para llegar a este momento en que el libro ve la
luz. Y para que este apencar fructificara, alguien ha debido dirigirlos y
encauzarlos. Pero no, lo verdaderamente importante son los políticos, los
cargos públicos que van a lucir palmito y aprovecharse de los éxitos ajenos. Si
el ayuntamiento colabora, también lo habrá hecho otro concejal –en la foto
aparece y puede que quien redactó el texto requiera urgentemente una visita al
oftalmólogo– sin que se le mencione para nada. ¿O no figura en la web ‘municipal’
don Juan Manuel García Domínguez? Ocurren estos desplantes con demasiada
frecuencia. Los peligros de las citas suponen imperdonables olvidos. Y cuando
son intencionados por réditos electorales, ya está bien. Máxime cuando este
nuevo acto feo se le hace a un edil nacido en ese núcleo poblacional.
Adolfo, en unos pocos años, ha superado, y con creces, a su
antecesor. Quien a pesar de sus reiteradas ausencias –debidas a las
aspiraciones políticas mamadas en la Universidad de Wyoming– tuvo tiempo, en
sus cortas presencias, de repartir efluvios amorosos, en forma de baboseos y
arrumacos, a cualquier bicho viviente que pasara por su lado, incluso en los
pasillos de Mercadona. Me quejaba días atrás de las tardanzas en cualquier
trámite administrativo. Normal, cuando se está de trulenque todo el santo día,
¿cómo les va a quedar tiempo para gestionar? Les gusta más un foto, o un vídeo,
que a un bobo una tiza, o a un burro un puñado de millo. En fin, más da un
ladrillo.
Enhorabuena a la comunidad educativa de Icod el Alto. A seguir proyectando saberes a través del reconocimiento de quienes han dedicado su vida a nobles causas sin pedir nada a cambio. Que trascienda la labor más allá de las lindes de las cuatro paredes de las aulas es un hecho a destacar. Y que se impliquen más agentes sociales, encomiable.


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