Pero en idéntica tesitura está el proyecto que abanderó Yolanda
Díaz, Sumar, y que no hace sino hacer todo lo contrario, a saber, restar. Hasta
lo que nos queda de una Izquierda (des)Unida, que quiso en la reciente ocasión
conservar sus siglas con el lícito propósito de arrastrar más votos. Y a fe que
(no) lo consiguió. ¿Tendrá razón Rufián cuando señala que algo habrá que mover
para que esa sangría no continúe? Cuánto voto desperdiciado, qué diría uno,
como yo, más profano en esto de los planteamientos y vaticinios.
Lamentos muy livianos que denotan falta de crítica interna.
O hagamos bueno aquello de que a conejo ido, palos a la madriguera. Algo, o
mucho, se estará haciendo mal cuando el mensaje no cala. ¿No será que no se
dice sino una sarta de disparates que choca con una realidad tozuda que les da la
espalda una y otra vez?
Hay que hacer balance, hacer autocrítica, hacer un análisis
riguroso y sólido, se declara pomposamente. Porque ¿es solo falta de unidad el problema
o que no hay propuestas sensatas, creíbles y realizables y no absurdos y
ocurrencias?
Los mítines no arreglan nada ni con arengas se incrementa el
número de papeletas. Ahí solo van los convencidos, los incondicionales. Y esos
no requieren grandilocuencias, aspavientos y el clásico y tú más. Van a votarte
sí o sí. Es menester otros cauces. Hay que mamar pueblo. Vivir con el pueblo.
Sentir con el pueblo. Sufrir con el pueblo. Y el político, con carácter casi
general, está muy alejado de la realidad. Vive en otro mundo que no es el real,
el cotidiano. Sus privilegios los obnubilan. La jodida burbuja de cristal se les
empañó.
Si Podemos recapacitara e hiciera un repaso de sus orígenes,
de cómo puso el listón de las incompatibilidades, de fijación de sueldos y
prebendas varias, comprobará que el castillo de los naipes se les ha
desgorrifado. Llevándose por delante un proyecto que ilusionó a mucha gente. Y
como tampoco han sido capaces de predicar con el ejemplo, ahí están los
resultados. Se han dejado transportar en el piso alto de la guagua de Rosa
Dávila. Esa a la que ha dado tanta propaganda que uno no le queda más remedio
que pensar: menos mal que solo ha sido una, que si no.
En un país escorado a la derecha, donde ni Vox con tanta
purga de la mano de Abascal sufre el más mínimo desgaste, donde el PP con un
presidente saltimbanqui y sin un mínimo proyecto que ofrezca credibilidad sigue
al frente de la mesnada, no muestra la izquierda indicio alguno de que sea
capaz de darle la vuelta a la tortilla. Se pone en solfa al PSOE por ser
demasiado light, porque su socialdemocracia
no es el cauce idóneo, no es el camino que nos conduzca a la ansiada meta. ¿Y
cómo se logra si no somos capaces de articular una mayoría que pueda gobernar?
Nadie quiere bajarse del burro. Todos estamos embebidos de
tan poderosa razón que el ceder supone una ignominiosa bajada de pantalones.
Sigamos tumbados viendo pasar el tiempo. Hagamos como Clavijo: si es de interés
para Canarias, CC siempre estará sentada. En los tiempos difíciles, con casi
todo está en contra, es cuando se debe demostrar altura de miras. Y Podemos
persiste en querer sembrar en un mollero. Erre que erre arremete contra todos.
Por libre. Porque la razón les pertenece. Las proclamas de Belarra y Montero ni
seducen ni convencen. Provocan tanto rechazo que se han quedado en cuadro; sin
marco.
Dejé que transcurrieran unos días para esta (mi) reflexión.
Porque en caliente no vale. En el ínterin, el TSJ de Valencia rechaza
investigar a Mazón porque no hay fundamento sólido y objetivo por la gestión de
la Dana. Le tocará a la jueza que lleva esa causa desmontar el voto unánime de
sus superiores, de los que han seguido a pie juntillas lo del que pueda hacer,
que haga. Pero, serán los de abajo, los que conforman la base, quienes más
tarde o temprano harán caer a los elevados, a los que se balancean en la
cúspide. Algo así es necesario en las formaciones políticas. En las que los
encumbrados, una vez aupados, olvidan a quienes los ascendieron. Lo tienes
difícil, Rufián, para desmontar tantos egos. Pero, aun así, te deseo suerte en
este gallinero tan revuelto. Dejo para otro día lo de los gallos y las quícaras.



