miércoles, mayo 20, 2026

Cantinfladas

Sabíamos que Rosa Dávila era una experta en desatascar el tráfico. Da gusto circular ahora por las autopistas tinerfeñas. Y por la carretera de Icod el Alto. Y por San Benito, a la altura de La Gañanía. Pero desconocíamos su descomunal cualificación en realizar pruebas de PCR (reacción en cadena de la polimerasa). Así pude enterarme de que esta enzima (la polimerasa) cataliza la síntesis de algunos biopolímeros, como los ácidos nucleicos. Siendo, a su vez estos biopolímeros unas macromoléculas de origen biológico, renovables y, en muchos casos, biodegradables, que se obtienen de plantas, animales o microorganismos.  ¡Ah!, y los ácidos nucleicos son macromoléculas esenciales que almacenan y transmiten la información genética en todos los seres vivos, incluyendo ADN y ARN. Formados por nucleótidos, que son sus unidades básicas y que están compuestos de un grupo fosfato, un azúcar de cinco carbonos (desoxirribosa en el ADN y ribosa en el ARN) y una base nitrogenada heterocíclica, que puede ser adenina (A), guanina (G), citosina (C), timina (T) en el ADN o uracilo (U) en el ARN…

Intentando emularla estaba, y sin ayuda de la IA, cuando me vi obligado a dejar de lado la instructiva lección porque me llamó un amigo mexicano para rogarme que hiciera todo lo posible, a través de mis múltiples contactos en los organismos gubernamentales, por si era factible el que Ayuso fichara por Posa Films, esa productora mexicana que nos dio a conocer la inolvidable figura de Cantinflas a través de innumerables películas. Y es que su reciente visita al país azteca ha despertado tal fervor en la población, que la atisbaron, desde su primera intervención, como la heredera femenina de Mario Moreno. Ya le he pasado un aviso a Manuel Domínguez por si me echa una mano en la intercesión. Me temo, no obstante, que Isabel ni le cogerá el teléfono en caso de que la llamara… si por un casual le quedara un fisco de tiempo. Su casi exclusiva dedicación a preparar las respuestas a las interpelaciones de la socialista Nira Fierro, que lo trae en un permanente sinvivir en las sesiones de Teobaldo Power, no le permite mayores alardes.

Qué difícil es reconocer que se ha metido la pata. Y peor aún el intentar sofocar el incendio echando más gasolina. Con lo cara que está. Es lo que le ha pasado a Clavijo con sus ratas nadadoras y sus maquinaciones paranoicas. El hombre, erre que erre, persiste en darle topetazos al muro. Ha debido ver en la pared que tiene enfrente la silueta dibujada de Ángel Víctor y arremete como el carnero mocho que existió en La Gorvorana cuando era yo mucho más joven. Parece ser que de un cabezón no es posible esperar otra cosa. Como las elecciones se encuentran a un año vista, los nervios afloran y sacan a paseo toda la artillería pesada. Lo malo es que no revisaron previamente la munición y solo disparan con balas de fogueo. Algo así como los voladores que se gufian. Y los canarios hemos cogido muchas matrículas de vehículos gripados.

Hasta Florentino Pérez, el todopoderoso mandatario madridista, se ha vuelto neurasténico. Se le vio de un histérico subido en la última comparecencia pública. Debe ser muy jodido terminar dando la razón a Luis Enrique, que se quitó de encima a Mbappé para que su equipo (PSG) funcionara como tal y convertirlo en un importante referente europeo. Porque su política de fichajes no ha logrado que el puzle de figuras juegue mínimamente como un conjunto, sino que sigue siendo un auténtico rompecabezas por mucho que las marionetas perciban suculentos salarios. Escudarse permanentemente en una supuesta persecución arbitral es más propio de chiquillos que juegan en la calle, que de clubs de primerísima línea. ¿No será que sus afanes empresariales han echado por la borda la base fundamental que es el deporte? Vaya cantinflada la suya. ¿Será una nueva moda popular?

Menos mal que solo navego por Facebook, que si lo hiciera por más redes sociales estaría ya como una cabra jarta de papeles. Lo manifiesto porque con esto del hantavirus me estoy llevando más de una sorpresa. No ya por los muchos entendidos y peritos que surgen, sino por comprobar cómo algún destacado prócer de la cultura es capaz de justificar al presidente de la comunidad autónoma canaria ante la sarta de disparates que ha dicho y sostiene, aunque lo intente disimular bajo el barniz de la defensa del pueblo canario. ¿Le habrán prometido desatascar algún proyecto pendiente y se siente en la obligación de una defensa numantina?

¿Y a ti qué películas te gustan? Las de risa.

lunes, mayo 18, 2026

Nos merecemos algo más

En un digital (Diario de Canarias) leí este titular “Los ecologistas cuestionan por su impacto la urbanización Finca Clavijo (577 viviendas y un centro comercial; solo 170 de protección oficial), un proyecto de los hermanos Domínguez”, y me quedé un rato pensando por si en Guía de Gran Canaria también las ratas nadan. Porque esos apellidos me han quedado relacionados, para siempre jamás, con el asunto del hantavirus, y uno, que es malpensado, sospecha de todo y de todos. Y como Román Rodríguez (antaño, alguien; hoy, un don nadie) sostiene que “Canarias tiene competencias para frenar el desarrollismo y limitar el crecimiento poblacional”, entendí que también pensaba como yo y creía que eran los mandamases actuales en la Comunidad los que se lanzaban a la aventura constructora en un solar ubicado en las inmediaciones de una necrópolis de alto valor patrimonial. Y todo ello en un municipio con cerca de 2200 viviendas vacías. Algo así como construir una central eléctrica en Güímar en los hoyos que nos dejaron unos constructores condenados, sin que se sepa aún dónde demonios están los muchísimos millones que debieron abonar tras la sentencia de la última instancia judicial: el Tribunal Supremo.

Tras la confusión –lógica por la tensión habida en estos últimos días con tanto colilargo suelto–, y mientras el Hondius debió ser atracado porque los embates del viento ponían en serio peligro el desembarco de los últimos pasajeros, nuestro Fernando Clavijo se quejaba amargamente por los memes sufridos y ponía el grito en su cielo ante el vacile al que estaba siendo sometido. El mismo, angelito, ni más ni menos, en el que tú solito te metes. Y me vas a permitir que te conceda el beneficio de la duda. Porque cuando he visto tus apariciones ante los medios de comunicación durante este triste episodio, te observé desencajado, como si estuvieses expresando algo con lo que, quizás, ni tú mismo estabas de acuerdo. Y me surgía la inevitable pregunta: ¿te tiene cogido por algún sitio aquel del que sí espero estas salidas estrafalarias y esperpénticas porque… el que nace barrigón ni aunque lo fajen chiquito? ¿Tanto le debes?

¿Y por qué el pasado lunes se levantó viento en el puerto de Granadilla? Porque el malvado de Pedro Sánchez conminó a la Aemet para que actuara en tal sentido. ¿Y por qué llovió en esa misma tarde en mi pueblo? ¿Te lo digo o ya te lo imaginas?  Y ya que estoy en plan preguntón, continúo: ¿Por qué no se dejó que fueran las autoridades canarias las que organizaran todo este operativo? Estoy convencido de que se hubiese culminado en media hora. ¿No acabó Rosa Dávila con las colas en la autopista del norte en apenas 90 días? Bastaba con bajarlos a todos de golpe, meterlos en una guagua de dos pisos y llevarlos al aeropuerto donde con un avión era más que suficiente. ¿Para qué más despliegue? ¿Para qué tanto despilfarro? Ya lo hizo José Manuel Soria con los negros que deambulaban por el Parque de Santa Catalina y no por ello perdieron el moreno que les caracteriza. Que nos quejamos de todo. Y si no, la propuesta de Vox (con quienes han pactado CC y PP): plomo, plomo y plomo.

Llevo desde el pasado día 10 con mis crónicas marítimas. Espero fervientemente que esta sea la última de este lamentable incidente. Que ha venido a demostrar la solidaridad de un pueblo que no se merece, ni por asomo, unos dirigentes de pacotilla. Que ni han sabido estar a la altura de las circunstancias ni han guardado la debida compostura. Mezclando todo lo inimaginable ¿en aras de unos miserables votos? Con unos voceros en el medio de comunicación de cabecera (radiotelevisión canaria) que rayaban la indecencia más procaz. Incluso cuando el barco no había abandonado la dársena y las guaguas apenas se aparcaban justo al lado de las escalerillas de los aviones, ya echaban en cara la ausencia del ministro Óscar Puente. ¿Para qué? ¿Debía comprobar el nivel de combustible de los medios de transporte o revisar el desgaste de sus neumáticos? ¡Ay!, Pepe Moreno, eres solo un ejemplo, y muy representativo a pesar de tu larga trayectoria en el mundo periodístico, de la podredumbre ¿informativa? que rodea a un medio, sostenido con fondos públicos (procedentes de los impuestos de contribuyentes de todas las ideologías de un amplísimo espectro) y que tú, entre otros muchos, pone a la altura del betún por los sesgos mas que evidentes hacia el dornajo gubernamental. Una verdadera lástima.

Hoy es lunes, 18 de mayo. Como Jesús no se debe, puede hacer incursiones a diestra y siniestra. Con los pies en la tierra y con las limitaciones pertinentes. Que sin tener necesidad alguna, como me indican unos cuantos, se siente en la obligación de compartir reflexiones. Porque con granitos de aquí y de allá conformamos opiniones y nos decantamos por aquello que pueda obrar en beneficio de una sociedad con notoria falta de valores. Y siempre agradecido a los incondicionales seguidores que hacen posible estas apariciones cada dos días. Continuamos.

sábado, mayo 16, 2026

La televisión canaria

Cuánto perito, cuánto entendido, cuánto doctor, cuánto especialista. Y con carreras obtenidas en apenas diez minutos con una simple y placentera navegación por redes sociales. Ahora en serio: cuánto animal de dos patas. Llamarlos burros supondría una grave ofensa para el pobre animal porque la comparación sería, en este caso, más odiosa que nunca. Pasó con el coronavirus y persistimos con el hantavirus. Pero como no bastan dos tropiezos en la misma piedra, habrá nuevas oportunidades para demostrar que la racionalidad del humano se cotiza a la baja.

Que en esto del periodismo existe un intrusismo descomunal no constituye una novedad. Y que la televisión canaria se ha erigido en plató de propaganda de las andanzas gubernamentales, tampoco. Hecho este último que se ha visto notablemente incrementado en estos últimos días con el penoso afer del fondeo, que no atraque, en Granadilla. Puerto en el que CC hizo el particular agosto en su momento y que ni siquiera ha sido capaz ahora con un conveniente silencio de intentar justificar la purriada de millones que yacen en aquellos predios. Y alrededores terrenales. ¿O no, propietarios adyacentes?

Allá por la década de los noventa del pasado siglo, siendo unos treinta años más joven, entendí que a pesar de mi trabajo en el colegio de Toscal-Longuera (formaba parte, además, del equipo directivo), secretario del Casino de la Dehesa (Sociedad Valle de Taoro), componente de un grupo folclórico y colaborador del periódico El Día, entre otras nimiedades que no vienen a cuento, me sobraban unos minutos y decidí, motu proprio, matricularme en la universidad lagunera para cursar Ciencias de la Información. Y tan mal no lo debí hacer acudiendo cada tarde, de lunes a viernes, al Seminario (sí, allí estuvimos casi tres cursos, hasta que inauguramos la flamante Pirámide; bueno, cuando no llovía, porque se convertía en un auténtico coladero cuando caían cuatro gotas) puesto que el 30 de agosto de 1996 me expidieron un título “que faculta al interesado para disfrutar los derechos que otorgan las disposiciones vigentes”. Luego, tras ser admitido en los cursos de doctorado y asistir otros dos años más a los estudios pertinentes dentro del Programa de periodismo especializado “La prensa de calidad”, y llevar a cabo un concienzudo análisis de la prensa editada en Canarias entre 1873 y 1931 (proclamaciones de la I y II repúblicas, respectivamente), que me tuvo entretenido largo tiempo en archivos y hemerotecas, el 3 de septiembre de 2004 (el otro día) hice constar mi suficiencia en la precitada universidad con otra buena calificación.

Aunque el presidente del tribunal calificador me brindó la oportunidad de marcharme a una universidad mexicana (no a hablar de Hernán Cortés, como Ayuso), díjeme para mis interiores íntimos de adentro que con mi labor de maestro, amén de cargas familiares, estaba más que servido. Y en ello continué hasta el momento de la jubilación. Pero a bastantes compañeros de esta hornada universitaria (en la orla estamos) los veo repartidos por varios medios de comunicación. Entre ellos, la televisión canaria. La nuestra, dicen. Pero qué sectaria. Y siento enormes deseos de tener una conversa para que me expliquen en qué momento de los estudios nos indicaron que debíamos ser las voz de su amo. Que dejáramos a un lado santos principios de neutralidad, objetividad, imparcialidad, beber en las fuentes, los hechos son sagrados… y nos convirtiéramos en dóciles borregos al servicio del gobernante de turno. Porque de comentaristas (consumados tertuli-anos) “apesebrados” vamos bien servidos, pero de informadores a carta cabal estamos bien escasos. Y se nota cómo ha sido vano el montante económico de fondos públicos ‘invertidos’ en tu formación para que, tristemente, te hayas convertido en un mero sostenedor de alcachofas.

¿Será la total falta de profesionalidad lo que ha convertido al periodismo en ese saco sin fondo en el que cabe cualquier cachanchán que móvil en ristre presume de tener cientos de miles de visitas en cualquier red social al uso? ¿No podrá constituir la escasez de rigor en el trabajo la causa del deterioro evidente? ¿Cómo tomar en serio un informativo que se desarrolla bajo los criterios de una sección de opinión y supeditado al interés de quien goza de la facultad de nombrar al administrador general? Me creería lo del parlamento si se requiriese una mayoría cualificada y no la simple con la que Clavijo, y socios, han montado sus chiringuitos.

Qué sabia decisión aquella por la que decidí seguir siendo maestro hasta que me muera. De haber cambiado, quizás por la petulancia de subir un peldaño en la escalera docente o por pasar a formar parte del gremio de la comunicación, es probable que no hubiese aguantado una semana. De cualquier medio de comunicación, verbigracia, me habrían expulsado por evidente falta de actitud borreguil.

Los dejo, que me voy a ver la tele. Una de esas que se publicita como servicio público. No te rías, coño. Hasta la próxima.

jueves, mayo 14, 2026

"Marditoh roedoreh"

Pixie y Dixie bien podrían ser Fernando y Manolo. ¡Ah!, claro, por supuesto, el que falta al respeto soy yo por la comparación con la serie de dibujos animados. Pues para compensar, tíldame del gato Jinks y quedamos empatados. Y me valgo de otra ilustración publicada en eldiario.es, cuya autoría pertenece a Bernardo Vergara. Porque CC y PP están mostrando su verdadera cara. Y en este lamentable episodio del crucero –que muy pronto pasará a los anales de la historia porque la rabiosa actualidad nos encauzará por otros derroteros– los máximos responsables de las más altas instituciones canarias (gobierno y cabildo) no han sabido estar a la altura de un pueblo que no se siente, mayoritariamente, representado por estos bocachanclas. Me permito generalizar porque si Clavijo fue capaz de manifestar que “tendrán que violentar a los canarios si quieren fondear el barco”, incluyéndome en una lista de indeseables (juraría que es sentimiento compartido por la totalidad de mis lectores; vale son ocho, pero con mucho fundamento), ¿por qué no me puede estar permitido pagarles con idéntica moneda? ¿En qué se diferencian estos subterfugios de las proclamas de Abascal en hundirlos directamente? Prácticamente en nada, porque tantos rodeos y excusas solo difiere en el modus operandi. Porque, en definitiva, la finalidad es coincidente: no los queremos. ¿No recuerdan ustedes lo de yo no soy racista, pero…?

Cuando todo el operativo estaba organizado y el barco en cuestión se encontraba a pocas millas de su destino, se le ocurrió a nuestro presidente autonómico –cuánta vergüenza siento de que me lo recuerden y me lo restrieguen en la cara– encerrarse en su despacho, asesorado en todo momento por el licenciado en Wyoming (quien ha permanecido escondido, en un prudente segundo plano, para que no le recuerden su procedencia), para estudiar cómo nada el oligoryzomys longicaudatus. Recurrieron a la IA, ese recurso todopoderoso en el que se apoyan los cortos de espíritu, y enviaron, vía certificada y urgente, a Madrid el detallado informe. Que, afortunadamente para los que sentimos la canariedad muy por arriba de prontos y desmanes, fue rechazado por Sanidad, lo que dio lugar a que la Dirección General de la Marina Mercante ordenara al Presidente de la Autoridad Portuaria que todo lo previsto seguía adelante sin cortapisa alguna.

¿Debo avergonzarme en estos momentos de ser canario? Nunca. Jamás. De lo que siento pena y lástima profunda es de estar regido por políticos del tres al cuarto. Porque este comportamiento barriobajero (arrabalero, ordinario, soez) de las altas instancias –cuánta incongruencia– no se corresponde con lo que yo entiendo por política. No son estos los mimbres que se necesitan. No hay que buscar tan lejos a los malditos roedores. Los tenemos nadando bien cerca. Y conveniente sería no dejarnos contagiar. Los virus que transmiten son hondamente nocivos.

La deriva (¿o escora?) del PP es peligrosa. Y CC también se contagia. Se hallan a un paso de imitar a la catedrática de Historia de América, con cinco másteres sobre la figura de Hernán Cortés, que no contenta con su periplo mexicano (¿cuánto dinero le ha supuesto a los madrileños las giras internacionales –creo que unas cuatro decenas– de Isabel?) también se opone –¡qué raro!– a que la cuarentena de los 14 españoles del crucero se lleva a cabo en Madrid, aunque se haya elegido el hospital militar Gómez Ulla porque su flamante Zendal, el de los 200 millones de euros, haya resultado un fiasco en toda regla. Menos mal que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha sido capaz de poner los puntos sobre las íes y definido a la inefable Ayuso con una fina ironía que ya quisieran para sí algunos descerebrados de estos lares.

Espero que en la próxima ocasión, que la habrá, la pléyade de asesores del tándem Clavijo-Domínguez sea capaz de cumplir con su misión, con aquella que tienen encomendada y por la que se les paga generosamente. Al menos para que entre todos –que son unos buenos cuantos– compongan una melodía que no desafine tanto. Mi pueblo presume de excelentes músicos. Cualquiera de ellos desempeñaría mejor papel que los que ahora figuran en nómina. Y, si me apuran, hasta sostendría que podrían dirigir el concierto político con batuta mucho mejor conjuntada. Porque los chirridos actuales son de órdago.

No desentonen más, marditoh roedoreh, salvo que deseen seguir siendo el hazmerreír social.

martes, mayo 12, 2026

Ópticas

Sería conveniente iniciar el relato recordando dos refranes: “De aquellos lodos, estos barros” y “quien siembra vientos, recoge tempestades”. Aplicables a las pieles finas que permiten vejaciones, insultos, calumnias, amenazas, provocaciones y demás en espaldas ajenas (bien motu proprio, bien  a través de seudomedios subvencionados) y ponen el grito en su cielo cuando pintan bastos.

El tío Tomás emigró a Venezuela cuando yo tenía muy pocos años. Nunca regresó. Ni siquiera de visita. Allá yacen sus restos. Otras familias tuvieron más suerte. Porque raro es el hogar canario en que alguno de sus antepasados no tuviera la imperiosa necesidad de cruzar el charco en busca de esperanza, futuro, porvenir. Los hados jugaron unas veces a favor, pero también en contra. Las vueltas del destino se han virado en la actualidad. Y a Canarias le ha tocado la contrapartida. Afortunadamente.

Es tan obvio lo manifestado en el párrafo anterior que me lo pude haber ahorrado. Pero lo he hecho a posta (adrede, deliberadamente). Por si algún cargo público con responsabilidad en el Gobierno de Canarias o en el Cabildo de Tenerife pudiese leerme. Sé que es misión imposible lo que pretendo, pero persisto en meter la mano en el agua. Por una razón fundamental (y elemental): tan ilustres seseras –criadas y ensoleradas en las mejores y prestigiosas universidades del mundo– no pueden perder un segundo de su muy preciado tiempo en descender a las cotas inferiores en las que se desenvuelve este jubilado. Trayectorias vitales tan dispares son como las líneas paralelas: no tendrán jamás punto de contacto.

Y suele ser esa disyuntiva la que se presenta en la realidad cotidiana. De una parte, la dirigencia va en tren de alta velocidad y desde esa tarima, placenteramente acomodada, observa que el pueblo –conformado por seres insignificantes que solo saben depositar una papeleta cuada cuatro años– transita por otra vía a ritmo mucho más lento. ¿En carreta? Pues sí. Siendo esta pausada manera de ver la vida la que le permite ir reflexionando a cada paso. Por lo que se percata de que no todo el monte es orégano y existen contratiempos que requieren las paradas de la pertinente meditación. Pongamos el ejemplo de un simple accidente en el que se ha visto involucrado un pobre ciudadano que salió bien temprano de su casa en busca de un trabajo. O de un viejillo que ‘fue a estirar las patas’ y se le dobló un tobillo. O aquel otro que se cayó en una cuneta y grita desesperado para que alguien le tienda una mano. O aquella madre que se ocupa de mil cuestiones al mismo tiempo y se le ha escapado el crío de la cuna sin atinar con qué extremidad puede solventar el difícil trance. O aquella pareja que pasea románticamente por la playa y es sorprendida por la llegada de una enorme lancha cargada de negros…

No es complicado ponerse en el pellejo de los que viajan cómodamente. No es que no puedan echar una mano ante cualquier situación imprevista, es que, simple y llanamente, no la ven. Es –deber ser– la plebe quien se encargue de mostrar solidaridad. Empatía, que se menta ahora. De manera natural, sin pedir nada a cambio. Solo porque la generosidad surge de manera espontánea. Porque aplica lo de hoy por ti y mañana por mí sin necesidad de instancias en papel timbrado. A cara descubierta, sin mascarilla y sin pensar en posibles contagios. Porque sobra humanidad, comprensión, feeling

Lo ocurrido con el barco estos días pasados constituye uno de los episodios más vergonzosos habidos en estas islas. Desde el Gobierno de Canarias (Clavijo y Domínguez, o a la viceversa), con el acompañamiento de voceros y prensa interesada (en crear polémicas), se ha llenado el vaso del despropósito y se ha venido a dar una imagen que no se corresponde, en absoluto, con lo que el noble pueblo canario ha demostrado a través de toda su historia. Y la ceguera partidaria de los correveidiles no puede, en manera alguna, justificar hechos de tanta ignominia. No nos merecemos estos que se autocalifican como nuestros representantes. Cuyas declaraciones (hasta se sumó al manual de instrucciones mi propio alcalde; me imagino quién le pasó la chuleta) echan por tierra visitas papales y asistencias dominicales a misas y ofertorios. ¿A comulgar: participación que los fieles tienen y gozan de los bienes espirituales, mutuamente entre sí, como partes y miembros de un mismo cuerpo? Judas Iscariote se les queda corto porque ustedes manejan mucho más de treinta monedas.

“Cuando baje el último pasajero tiene que salir inmediatamente para Holanda”, dijo Clavijo unas horas antes de fondear (que no atracar) el crucero. Dicho desde esta encrucijada atlántica, plataforma intercontinental y punto de encuentro de múltiples culturas, cuánta vergüenza siento. Y que un realejero, hijo de la emigración, se preste a componendas de tal calibre, si Viera te viera.

Incluso debió llegar una orden categórica de Marina Mercante porque Fernando tuvo la infeliz ocurrencia de señalar al popular Pedro José, presidente de la Autoridad Portuaria (otro acomodado), que prohibiera el fondeo en Granadilla. Y a nacionalistas de pacotilla y peperos desmadrados quisiera recordarles que sí, que las ratas nadan, pero, sobre todo, fuera del agua. Indeseables.

De los másteres acelerados en RRSS, que en quince minutos te convierten en experto perito en todos los saberes mundiales, incluso extraterrestres, escribiremos otro día.