El Cabildo de Tenerife
ha aprobado la propuesta de adjudicación del proyecto de la Constelación
Canaria de Satélites (CIC) a la empresa Telespazio Ibérica, por un importe de
21.293.000 euros (IGIC incluido), en una iniciativa estratégica que sitúa a la
isla y al Archipiélago en una posición de referencia en el ámbito de la
observación de la Tierra, la gestión de emergencias y el desarrollo de
tecnología espacial.
El proyecto contempla
el diseño, fabricación, lanzamiento, operación, obtención de imágenes y
comercialización de datos de una constelación de satélites de órbita terrestre
baja, con un calendario que prevé el lanzamiento del satélite piloto en el
primer trimestre de 2027, la finalización del despliegue completo de la
constelación en el primer semestre de 2028 y el inicio de la obtención y
explotación de imágenes y datos en el segundo semestre de ese mismo año.
Interesante este particular. Lo malo son, como siempre, los
plazos. Acuérdense, por si yo me olvido, que llegaremos a 2030 y los satélites
aún no estarán orbitando. Seguirán hibernando. Como los trenes o la ampliación
de carriles en las autopistas. Apostados quedan los cincuenta céntimos.
La CIC tendrá
aplicaciones directas en ámbitos clave para Canarias, entre los que destacan:
Gestión de emergencias
y protección civil, mejorando la respuesta ante incendios forestales,
inundaciones, erupciones volcánicas y otros riesgos naturales.
Agricultura de
precisión y ahorro de agua, optimizando el riego y favoreciendo la
sostenibilidad del sector primario.
Monitorización del
cambio climático, aportando datos esenciales para la planificación de medidas
de adaptación y mitigación.
Gestión inteligente de
los recursos naturales, incluyendo el control de masas forestales, zonas de
riesgo y seguimiento de embalses.
Planificación
territorial y urbanística, con información precisa para la protección del medio
natural.
Vigilancia de costas y
del medio marino, mediante imágenes en infrarrojo térmico y otras bandas para
detectar vertidos y proteger los ecosistemas marinos.
Seguimiento de la
recuperación tras desastres, evaluando daños y evolución de las zonas
afectadas.
Me pregunto si es necesaria esta inversión millonaria. Porque satélites tenemos aquí abajo a la patada. Ocupando cargos de (ir)responsabilidad en las instituciones, ni te cuento. Pero como siempre es conveniente conceder el beneficio de la duda, si esos artefactos son capaces de conseguir todos los objetivos previstos (anteriormente detallados en cursiva), con uno que los dirija desde aquí abajo (me imagino que le bastará con un par de ordenadores y el auxilio de la IA), el ahorro en pagar a tanto culichiche compensaría el desembolso. Porque, ¿ustedes leyeron bien todas las aplicaciones de los objetos voladores? Un filón, vamos. Y no solo supondría una notable economía a las arcas públicas en consejeros y directores insulares, sino que a más de un asesor se le acabaría el chollo. A uno que conozco no le bastaría con poner en su currículum el haber sido ‘concejar’ de mi pueblo. Eso, vaya satélites.

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