viernes, marzo 13, 2026

España me merece

Cambiar de opinión no tiene que ser necesariamente malo. Al contrario. Todo lo que suponga mejora en este valle de lágrimas, bienvenido sea. Pero cuando la excepción se convierte en norma, algo, o mucho, sería conveniente corregir. Y compruebo –me imagino que ustedes también se habrán percatado– que algunos ¿líderes? políticos se han sumergido en un mar de contradicciones tan profundo que les va a ser harto difícil salir a flote. Aunque debemos reconocerles que son buenos en eso de la apnea.

Se lleva la palma el gallego que llegó a Madrid para moderar el discurso de un Casado que sufrió tal encontronazo con Ayuso que debió salir por patas (por la infeliz ocurrencia de denunciar supuestas corruptelas en el entorno de la intocable). Y lleva nuestro antagonista una trayectoria tan zigzagueante como la de la procesionaria (de los pinos, que no Dolores Ibárruri). Porque comenzó a soñar cada noche que veíase en La Moncloa y al despertar –vaya desgracia– la realidad le daba cada estampido que incluso debió ser operado porque los ojos comenzaron a fallar.

Tan tozudo es el contexto que recurro a una foto de hace unos años en la ceremonia de entrega de los Goya. Muy premonitoria, por cierto. Si se fijan bien diera la impresión de que todos quieren darle la espalda. Y me recordó a Rajoy cuando en las cumbres habidas por esos mundos de dios, dado que su inglés era “very difficult”, debía aislarse en un rincón más solo que la una. Qué patética imagen para España.

Saben mis inestimables seguidores –pocos, pero bien avenidos– que Alberto no es presidente porque no quiere. Y conveniente sería que sin ambages proclame que España sí lo merece. Pues la cantinela de que el país no es digno de tener –no merita la pena, que diríamos por estos lares– un gobierno dirigido por el malvado de Pedro Sánchez, corrupto, golfo, descompuesto y cientos de calificativos más. O como se canta en los mítines de Vox (con coreografía y baile incluidos): hijo de puta. Así, sin anestesia, con dos… higos de pico, que es la fruta preferida de Isabelita.

Me da que este ciclo político está tardando demasiado en cambiar de rumbo. Dónde demonios habrá quedado aquello de que hablando se entiende la gente. Claro, cuando Aznar parió lo de “el que pueda hacer, que haga”, pusiéronse todos a la labor. Y ha tenido éxito el eslogan. Tanto que hasta en Washington y Tel Aviv aceptaron el envite y ahí están aportando su granito de arena para mantener el orden (pacífico) mundial. Y por aquí no solo lo dirigentes de la derecha extrema (y de la extrema derecha) se han lanzado en tromba a la yugular de un gobierno, legítimamente elegido (cambien las normas constitucionales si no les gusta el procedimiento), sino que –esa impresión tengo y sus ilógicas actuaciones me lo ratifican– ciertos encumbrados del poder judicial se han sumado a la campaña. Si no, ¿me quieren ustedes explicar por qué el procedimiento contra Álvaro García Ortiz, exfiscal general del estado, circuló con velocidad endiablada, cual fórmula 1, mientras que el de Montoro transita como panda con el motor gripado?

No, no estamos pasando por los mejores momentos. Cada vez que algunos abren la boca se encarece el pan. Y por si había poco jaleo con lo doméstico (sesiones del Congreso y Senado, verbigracia) llega nuestro invitado de hoy y demanda el regreso del emérito defraudador porque fue el artífice de que el golpe de Tejero no pasara de simple intento. Admitiendo el beneficio de la duda, ¿qué diantres tendrá que ver la velocidad con el tocino? Y armamos un jaleo de padre y muy señor mío acerca de dónde se va a alojar el pobrecito. Como no tiene donde caerse muerto, estimado Núñez Feijóo, qué mejor sitio que un chalet de Moaña, con acceso directo al mar (ilegal, pero no importa, él se mueve bien en esos ambientes) donde tendrá a su disposición el yate (ya sabes a cuál me refiero). O, si no, en la cárcel, donde dispondrá de comida y cama gratis.

Repite, Alberto, conmigo: España me merece. Dilo mil veces y a lo mejor…

No hay comentarios:

Publicar un comentario