domingo, 19 de septiembre de 2010

Exámenes (5)

Emotiva crónica de exámenes reglamentarios del mes de julio (día 15) en el palmero La Defensa (Santa Cruz de la Palma, 27-julio-1901, año II, número 212, página 3). Más amplia en la reseña de la escuela de niños que en la de féminas. Con unas alabanzas tales a la labor del maestro, que rayan en la admiración. Lo que puede dar lugar a diversas interpretaciones en unos tiempos en los que la escasez de material, la falta de pago de los haberes y la reducida asistencia eran moneda de cambio corriente.
Cuando el maestro arrastra vida azarosa debido a la parcimonia [sic] con que se satisfacen sus haberes y cierran las puertas de sus escuelas á fin de procurarse los recursos necesarios para subsistir, alegra el saber que en un rinconcito de las Afortunadas, un maestro, tan mártir como los otros, asiste puntualmente á su escuela, rivaliza en celo por la enseñanza, presenta alumnos aventajados y cierra el curso con unos exámenes brillantísimos.
De una matrícula de 112 alumnos se presentaron 60, cifra elevada, dice el periódico, si se atiende a que en esta época del año las gentes se dedican con mayor interés a las faenas del campo.  Este 50%, aproximadamente, contrasta con la generalización siguiente: Era de ver como aquellos niños resolvían problemas complicados, analizaban oraciones, contestaban á las preguntas que en lo demás les hacían, y todo con la sencillez del que sabe lo que sabe.
Material de la escuela: nuevo, abundante y excelente, como era de esperar, teniendo en cuenta su importancia y el buen nombre de su Profesor. Muchos más parabienes, por supuesto, al Sr. Suárez, que a su distinguida Sra., que regentaba la escuela de niñas.
Sin descender al detalle, Heraldo de la Laguna (La Laguna, 21-julio-1903, año I, número 9, página 3) publica en “Los últimos exámenes” una somera crónica de lo acontecido en aquella localidad, casco y barrios periféricos. Elaborando una escala que se inicia con la escuela de niñas de la Villa de Abajo y concluye en la de niñas de Geneto, sin haberse celebrado en Guamasa. Diferentes grados de instrucción que conduce al periódico a realizarse algunas preguntas: ¿Es que el niño no aprende o el maestro no enseña? ¿Será, acaso, que cuando el maestro asiste a la escuela, el niño falta, o viceversa? En las conclusiones, culpas a todos. Por aquello de que hay padres y padres, maestros y maestros. Y ánimos al Gobernador y Juntas provincial y local para continuar por el camino emprendido sin desmayar en los buenos propósitos.
La lectura del artículo, mejor, crónica (Lanzarote, Arrecife, 28-julio-1903, año II, número 63, página 1), “Exámenes de primera enseñanza” nos hace recordar lo de “en los pueblos nos conocemos todos”. Porque, y sin querer menoscabar la labor profesional, tanto docente como periodística, de unas islas respecto a otras, fundamentalmente, las denominadas menores en relación con las centrales, mayores, hegemónicas o como se las quiera denominar, las alabanzas y felicidades eran mucho más acentuadas. Pero los éxitos del acto examinador, como es el caso que ahora comentamos, no se acompañan con el número de alumnos matriculados, los que componen el censo escolar y, lo que es más grave, los que asistieron a las pruebas.
Y es que la realización de tales censos, al igual que la vigilancia de tanta norma escrita, no ofrecía mayores garantías. Arautápala (Puerto de la Cruz, 20-julio-1909, año I, número 35, página 2) copia el siguiente suelto de Diario de Tenerife: Muy en breve se repartirán á domicilio unas hojas impresas para la formación del nuevo censo escolar, en las cuales se inscribirán los niños de ambos sexos que se hallen recibiendo instrucción en todas las escuelas públicas y privadas, con expresión de sus nombres, edad y colegio donde asisten, cuidando sus padres ó tutores de dar cuenta exacta de las circunstancias que en las mismas se indican, como también manifestar los niños ó niñas que dejan de asistir á la escuela por excesiva pobreza ó por otra causa que redunde en perjuicio de la infancia.
Las colaboraciones periodísticas de los maestros, la sospechosa redacción de determinados periódicos no profesionales por parte de gentes del Magisterio, nos hacen desconfiar sobremanera:
La escuela ostentaba los adornos de los días de gran gala; los niños, el trage [sic] de los días de fiesta, cruzando algunos sus pechos con bandas de distintos colores, lucían medallas ganadas en honrosa lid en anteriores certámenes. En sus semblantes reflejaban esa infantil alegría, regocijada y juguetona, tan propia de su edad, sin rebasar los límites de la corrección y la prudencia.
El cronista se declara gratamente sorprendido, máxime cuando este acto es sólo un número más de los que por esta época suelen tener lugar en las escuelas del reino, sin más finalidad que la de cumplir un precepto legal. Pero no en el presente caso, que desvaneció el error. El prejuicio, aclararíamos. Analicemos estos fragmentos:
Todas las materias científico-literarias, que se estudian en estos centros docentes, fueron explicadas con notoria competencia por aquellos niños, que hablaban cual si fueran hombres, poniendo de relieve sus conocimientos de aritmética y geometría; de gramática y preceptiva literaria; de geografía e historia de España; de agricultura o de ciencias físicas y naturales.
La importancia y necesidad de los conocimientos aritméticos, desde la cuenta sencilla, por los dedos, hasta el problema más complicado y abstruso; la no menor de los históricos y geográficos; el papel tan principal que desempeña la higiene  en los ejercicios corporales, que vivifican el espíritu y dan salud y vigor al cuerpo; el deber de trabajar, que todos tenemos como condición ineludible de la vida; la misión benéfica y educadora del estado, la provincia y el municipio...
Más elogios, charla del ilustrado cura párroco, palabras del alcalde y anuncio de las vacaciones. Reparto de premios...
Felicitamos, sin reserva de ninguna clase, al distinguido profesor, laborioso é infatigable pedagogo señor Batllori, por el brillante éxito obtenido (...), que con decidida vocación, trabajo constante é ilimitado afán, inspirándose en los principios que informan la moderna ciencia pedagógica, se logra conseguir frutos provechosos; se ha demostrado que la labor educadora de formar el corazón de los niños, se ha cimentado en las más puras máximas de moral, preparando á los futuros hombres de mañana para que, siendo útiles á sí mismo, puedan ser dignos ciudadanos y amantes hijos de su patria.
(continuaremos)