viernes, 24 de junio de 2011

Fitapa

Hay cosas que parecen no tener solución. Y una de ellas, por sus propios (de)méritos es la Federación Insular Tinerfeña de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (FITAPA). Desde que yo era mucho más joven –mis hijos también–, vengo observando que los estatutos no deben estar bien definidos. Porque lógico será pensar que para pertenecer a cualquier Asociación de estas características, deberá ser condición sine qua non el que tengas hijos en edad escolar. Es que si no los problemas te son ajenos, y, lo vires para donde lo vires, no duelen lo mismo. Si mal no recuerdo debe haber existido en varias décadas sólo dos presidentas: Grete Mollo y Pura Toste. Y a ambas les ha pasado exactamente lo mismo. Se les pasó su tiempo y siguieron, siguieron y siguieron. Tanto que a la primera le crearon un cargo honorífico. Y se apalancaron, acomodaron y creyeron cumplido su deber con reuniones, notas informativas y poco más. La pertenencia al Consejo Escolar de Canarias puso el resto. Pues daba la impresión de que con la convocatoria de sus sesiones en diferentes lugares de Canarias tenían satisfechas sus necesidades básicas. Y olvidaron el papel que a todo colectivo que se precie se le presupone: el carácter reivindicativo. En una legislatura –esta última– de lo más convulso en la Consejería de Educación, apenas se escuchó una voz discordante desde la junta directiva de Fitapa. Es más, la propia presidenta alabó el comienzo de este curso que ahora concluye como el no va más en el haber de Milagros Luis Brito. El caos posterior vino a demostrar todo lo contrario.
El descontento, no obstante, fue calando en algunas asociaciones que estimaban que Fitapa no las representaba y crearon las denominadas Ampas Coordinadas de Tenerife, cuya labor se ha venido significando de manera destacada en aquellos casos en que la Consejería no ha cubierto las bajas de los profesores habidas durante el presente curso. Y no quiero ni deseo entrar en guerras de quién hace más o quién hace menos. Pero sí que no concibo el quedarse de brazos cruzados ante la triste realidad que los informes dictaminan de cómo está la enseñanza pública en las islas. A no ser que pretendamos meras guarderías.
Hace unos días se celebró asamblea extraordinaria para elegir nueva junta de gobierno de Fitapa. Parece que Pura daba, por fin, un paso al lado. Pero por las informaciones que me llegan da la impresión de que se pretende perpetuar ciertos regímenes, ignoro a cambio de qué, porque desde la convocatoria al momento de la celebración hubo un reguero de chapuzas más digno de una telenovela al uso que de una entidad que debe ser fiel garante de la educación de miles y miles de alumnos.
Me indican que en el transcurso de una asamblea ordinaria se hace un alto para colar la votación que debía llevarse a cabo en una sesión extraordinaria, que los censos electorales brillaban por su ausencia, que se da un número determinado de electores y que luego se contabilizan unos veinte votos más… Como desde Fitapa no ha habido desmentido al respecto, no tengo por qué dudar de los datos que me llegan. Y me pregunto, ingenuamente, si con estos mimbres se puede ‘luchar’ y defender una educación de mayor calidad para la infancia y juventud de Canarias.
El titular de este blog, secretario en algún centro docente durante varios cursos, y, por ende, responsable del correcto desenvolvimiento de los procesos electorales en las renovaciones de los consejos escolares, que algo –poco– sabrá de tales asuntos, se tira de los tres pelos escasos y reflexiona en voz alta: ¿se ha acomodado solamente la casta política? Parece ser que no. Y es una pena.