jueves, 2 de febrero de 2012

Estaba en nuestro programa

Tengo un revoltillo de asuntos en mente que me asume en un mar de confusiones. En lógica consecuencia, no sé por dónde comenzar. Estuve, ayer por la mañana, escuchando al primer teniente de alcalde del ayuntamiento realejero suministrar explicaciones acerca del controvertido tema de la rotulación de algunas calles en el municipio. Luego, leí una carta de un vecino en la que intentaba dar su parecer de cómo se fraguó este particular. Pero creo que este asunto en concreto lo voy a dejar para mañana, porque hay aspectos que no me cuadran y cuando te hallas en esa tesitura, mejor dejar madurar ciertas cuestiones. Lo mismo mañana viernes vuelvo a retomarlo.

Atracó el Partido Popular en el muelle de la recesión e ipso facto ha comenzado a desvelar su programa. Que, si te trasladas unos meses atrás, tuvo tan oculto y guardado bajo una docena de candados que ni siquiera en la campaña electoral supimos de su contenido. Pero aquí está, y bienvenido sea. Ahora ya estamos sobre aviso y sabemos, o intuimos, que los disparos nos llegarán, inexorablemente, desde la derecha. Protégete ese flanco.

Nos cargaremos desde ya la odiosa Educación para la Ciudadanía. Por sectaria. El ministro rescató un par de frases que circularon por todos los ámbitos y extraídas de un atisbo de  manual –que jamás llegó a ser libro de texto por no habérsele concedido la aprobación oportuna–, y de manera automática, a la papelera, al baúl de los recuerdos. Y van unas trece reformas en el periodo democrático. Pasaremos a la Educación Cívica y Constitucional (espabílense, porque son tantas las modificaciones que le vamos a hacer a la de 1978 –no quisiera pensar que se refieren a otra más antigua aún–, que los libros pueden quedar desfasados en un par de meses, y no olviden que estamos en crisis), a una etapa de Educación Secundaria de solo tres cursos y un Bachillerato de un año académico más que al actual, pero en el que se da la paradoja de que será obligatorio el primero de ellos. Me lo expliquen, por favor. Expediremos un título de Graduado en Secundaria y un cachito de Bachiller, válido para apuntarte en la oficina del paro.

Mientras pierden  tiempo en banalidades del tres al cuarto, a la par que Soria, flamante ministro de varias cosas, nos deleita con que las aguas canarias tienen mucho y buen petróleo –que ya él mismo se echó un buchito–, uno observa atónito cómo se desenvuelve Rajoy en los foros europeos. Debe llevar a su lado a cierto piojo pegado (lee tú, please, traductor), o debe recurrir al más universal de los lenguajes: el de signos (con la ayuda del aparatito en la oreja). De vergüenza. ¿Será posible que no llegue el día en que un presidente español, que representa a más de cuarenta y tantos millones de personas, se desenvuelva sin mayor problema en una conversa con sus homólogos de la Unión? ¿No se podría poner como condición sine qua non el que todo aspirante a ese cargo hable correctamente al menos tres idiomas, como mínimo? Bueno, dos, si te parecieron muchos. El sonrojo es aún mayor cuando te percatas de cómo intercambian pareceres Merkel con Sarkozy, Cameron con Barroso, y así todas las combinaciones posibles, menos un elemento arrinconado. Claro que también ocurrió con los anteriores (Aznar aprendió más tarde para cobrar sus conferencias); por eso me cabrea siquiera más. Hay que aprender idiomas, pero perdemos el tiempo en otras ‘mariconadas’ de menor porte. Lo vengo escuchando en Canarias, por aquello del turismo, desde que usaba pantalón corto.

Otra prueba de la perfección con la que trabajamos en España la hallamos en el nombramiento de Federico Trillo (¡Viva Honduras!) como embajador en Estados Unidos y mandando a engrosar la lista del paro al diplomático que allí ejercía tal cargo (manda huevos).

¡A trabajar!, ordenó la vice. Y todo el mundo puso manos a la obra. A la par, yo pretendo que estudien inglés, por ejemplo. No tenemos tiempo, maestro, no nos marque tanta tarea. Hagan lo que Gallardón, ese siempre posible sucesor y mirlo blanco, centrista a más no poder, moderado y carita de buena persona. Ja, ja, ya se le está viendo el rejo. La ley del aborto se deriva, por economía de mercado, a las clínicas privadas. Ya lo sé, no lo dijo, pero uno no es bobo. Separaciones y divorcios, a las notarías, que se hallan en horas bajas pues no hay escrituras que hacer. ¿Que no tienes medios? Y a mí qué me cuentas, estaba en el programa.

Lo dejo, me acabo de dar cuenta de que hoy es festivo. Chacho, y yo perdiendo el tiempo. Voy a descansar un rato. Hasta mañana.