miércoles, 10 de agosto de 2011

Gordejuela (1)

Antes de iniciar esta nueva aventura, quisiera hacer la salvedad de que me ciño, única y exclusivamente, a lo recogido en los periódicos de la época. Dejo a la consideración de investigadores de mayor fuste el husmear en otras fuentes, pero las de hemeroteca ya se las he adelantado un fisquito.
Con la pretensión de centrarme en las obras acometidas a principios del siglo XX en la zona costera de Gordejuela (Los Realejos), que condujeron a la impresionante obra de arquitectura e ingeniería (cuyos restos aún muestran altivos la grandiosidad de la empresa), he hallado un primer apunte en Unión Conservadora (12 de julio de 1899, página 3), que bajo el título de ‘En defensa de la verdad’ nos señala:
“En su número correspondiente al 10 del actual, inserta nuestro colega Cronista de Tenerife un Remitido del Realejo-alto, firmado por Un suscriptor, que á la legua delata sus intenciones y da á conocer la pluma que lo ha escrito.
Blanco de la mala voluntad del remitente el ex-alcalde de aquel pueblo, nuestro amigo D. Miguel Chávez, á quien se niega injustamente iniciativas en favor de los intereses locales, acúsasele de que ha favorecido los intereses nominales de sus amigos con menoscabo de otros, ordenando se suspendan los trabajos de explotación en las aguas de Palo Blanco y la Hondura y esto no es cierto.
Mal pudo el Sr. Chávez favorecer la empresa de Gordejuela, á la que Un suscriptor alude, cuando, á instancia de parte, suspendió los trabajos que aquella realizaba.
Al suspender la autoridad de que se trata unos y otras obras, no ha hecho otra cosa que cumplir, como era su deber, con lo dispuesto en el apartado del artículo 23 de la vigente Ley de aguas y esto ha irritado al comunicante; pues por lo visto pretendía se aplicase el precepto ilegal á una de las empresas y que fuese letra muerta para la que patrocina el autor del Remitido en cuestión.
Sólo aquellos que se inspiran en egoístas intereses y se mueven á impulsos de atolondrados apasionamientos, pueden entender la justicia de ese modo y el proceder de que hablamos indica que Un suscriptor es un cacique interesado en el asunto ó un caballero que escribe de lo que no entiende, sin ver que ofende á quien se limitó á cumplir con imparcialidad lo preceptuado por las leyes.
Esto es todo y, por lo demás, el aludido sabrá defenderse”.
Dejo constancia que no he podido encontrar ese remitido que se indica. Entiendo que para estudios de mayor enjundia, no sería este un obstáculo de mayor porte.
Como mera curiosidad, les invito a echar una ojeada a la ilustración que refleja la página 4 del Boletín Oficial de la provincia de Canarias (3 de julio de 1903), en la que pueden observar la relación de individuos sujetos al pago de la contribución industrial por ser titulares de comercios en ambos Realejos. Llama la atención el hecho de que figuran más en Realejo Bajo. Esto reforzará la tesis de quienes aún en la actualidad cuestionan la unión habida y que se materializó en enero de 1955.
Es en Cronista de Tenerife (5 de agosto de 1903, página 2) donde hallamos el primer anuncio del interés por emprender la ingente obra de aprovechar y elevar las aguas:
Con objeto de elevar las aguas que nacen en la hermosa propiedad que en la Gordejuela, jurisdicción del Realejo, poseen los Sres. Hamilton y Compañía, estos Sres. han pedido autorización al Gobierno civil”.
Lo que volvemos a hallar en Diario de Tenerife unos meses después (14 de noviembre de 1903, página 2) es, aparentemente, el cambio de opinión:
“Los Sres. Hamilton y Cía. han presentado instancia en el Gobierno Civil, desistiendo de su petición sobre aprovechamiento de las aguas de «Gordejuela».”
Debió ser, nos imaginamos, el enfado consecuencia de la ‘rapidez’ con la que los organismos públicos responden a las solicitudes de los ciudadanos, porque en el mismo periódico (Diario de Tenerife, 25 de junio de 1904, página 2) podemos leer:
“Ayer fueron embarcadas en Amberes las máquinas para la elevación de las aguas que nacen en la propiedad denominada de Gordejuela, situada en el Realejo bajo, según nos lo participa nuestro amigo D. José Galván Ingeniero director de las mismas”.
Y en El Tiempo (24 de octubre de 1904, página 2) nos encontramos la noticia de una trágica consecuencia de las obras que se venían realizando en lugar tan peligroso y con una medidas de seguridad que hoy nos pondrían los pelos de punta. Este era su contenido literal:
Las víctimas del trabajo. Obrero muerto.
De un suceso desgraciado ocurrido el dia 17 en el sitio denominado «Gordejuela», jurisdicción del Realejo alto, tenemos que dar noticia á los lectores de EL TIEMPO.
En ocasión de hallarse trabajando en las obras que para la elevación de aguas se llevan á cabo en aquel lugar, por cuenta de los Sres. Hamilton y Comp., los jóvenes José González Gutiérrez, de 17 años, y Andrés Hernández Toledo, de 15, el primero tuyo la desgracia, al remover una piedra para llevársela al mampostero á quien servia, de que se le despeñara otra de gran tamaño, la cual, al descender desde la altura con gran violencia, fué á dar en la cabeza del infortunado Andrés.
Al ver á su compañero en el suelo, sin movimiento y con la cara ensangrentada y deshecha, los demás obreros se apresuraron á prestarle auxilio, conduciéndole al domicilio del Médico titular D. José García Estrada, pero éste, á pesar de los cuidados que prodigó al herido, no pudo impedir el fatal desenlace que tuvo lugar á las 2 del dia 18.
Los Juzgados de ambos Realejos instruyen diligencias encaminadas á esclarecer los hechos, ocurridos, según testigos presenciales, del modo que dejamos relatado.
El desgraciado Andrés Hernández era natural de San Juan de la Rambla y vivia en el Realejo bajo desde hace cinco meses, en compañía de su padre y de varios hermanos. ¡Descanse en paz la víctima del trabajo!
Por un instante cerremos los ojos y situémonos en aquel entonces de hace 107 años. El traslado del accidentado hasta San Agustín debió ser mucho más que un poema, toda una proeza.
(continuará)