martes, 27 de noviembre de 2012

Enredados

Ya más tranquilito, sentado ante el ordenador, echando una visual al exterior para contemplar la lluvia, sintiéndolo mucho por los seguidores madridistas (yo también lo fui en su día) y recuperado de la avalancha twittera que se originó desde el preciso instante en que cerraron los colegios electorales en Cataluña (no entiendo qué hace el Barça compitiendo en una liga extranjera), me dispongo a confeccionar mi análisis (clínico, cualitativo, cuantitativo, dimensional, espectral, factorial, amén de morfosintáctico) de lo que mi escaso y limitado modo de ver y entender me permite. Y a perdonar lagunas, carencias, limitaciones y demás. Eso sí, le pongo el entusiasmo de un canterano culé.
He esperado pacientemente a que Rubalcaba, tras la reunión del Comité Federal socialista, se definiera al respecto de la dulce derrota que le concedía un nuevo suspiro. Y fiel al guion, dijo que el resultado era malo pero digno. “Los socialistas catalanes, y Pere Navarro, tienen todo nuestro apoyo y solidaridad. Vamos a pensar juntos y a trabajar juntos”. Pero ante las preguntas de posibles pactos, se escudó en ¡ah!, eso ellos. Debe ser la unidad que reclama Griñán. El líder del PSOE (lo dicen los medios de comunicación, que no yo) también reconoce que los electores han castigado a Mas con un grave retroceso. El superlativo gravísimo se lo reservó. Él sabrá. En fin, echen balones fuera que ya queda menos partido. Sí, va con dobles, claro. Ya sería buena hora de que pensaran así: ¿Contamos (la federal, conmigo al frente) con el apoyo y la solidaridad de los de abajo para estar donde estamos? El día en que ello acontezca dejaré de utilizar la expresión y una mierda espichada en un palo. El problema eres tú, Alfredo. Mira, voy a intentar explicártelo. No es difícil, aunque ya sé que te cuesta, pero yo siempre estaré dispuesto a echar una mano (¿me leerás esta vez?).
Este pobre diablo –yo mismo–, nacido en La Gorvorana (¿sabes dónde queda, José Miguel?), y criado y ensolerado en medio de fincas de plataneras, entiende que su alumbrado de cruce no le permite alcanzar velocidades demasiado elevadas so pena de pegarse el estampido en la primera curva del recorrido (por cierto, lo siento Alonso, parece que Lobato no empujó lo suficiente. Y Vettel, aparte de buen conductor y mejor coche, tiene mucha suerte). Incluyan lo que puse entre paréntesis y llegaremos a la conclusión de que en este país (ubiquen Cataluña dentro o fuera, a conveniencia de cada cual), el que menos corre (no va por el asturiano) es capaz de… escribir y decir boberías. Como un servidor en este blog, sin que lo tengas que buscar muy lejos.
Cuando se alcanzaba –no se rían– la significativa cifra del 3% del voto escrutado, se inició en Twitter (red social más ágil que Facebook) el alud pertinente. Y desde ese momento se cargaron las tintas contra el independentista Mas. Se dispararon las cábalas y los pactos afloraron. Que cambiaban, claro, a medida de que el porcentaje se incrementaba y los números fluctuaban en uno u otro sentido. Muchos políticos –entre los que se encontraba, y de manera destacada, Elena Valenciano– arrimaban el ascua a su sardina, pero no diferían gran cosa de los sesgos de la mayoría de twitteros. No valían consignas del tipo ‘espérense un fisco’ y don Arturo se erigió en diana perfecta en la que disimular penurias propias.
Y luego, la apoteosis. Cuando los cabezas de serie hacen acto de presencia ante cámaras y micros solo faltó el aderezo de los fuegos de artificio de los Toste. Al carro de los despropósitos se suman casi de manera inmediata los diferentes medios de comunicación, incluyendo la sectaria cadena pública de la televisión española (con generoso minutaje para la señora Camacho). Vamos con unos someros ejemplos:
‘Los catalanes premian a Mas pero no al soberanismo’. Me lo expliquen con esta, entre tantas, posible suma: CIU, 50; ERC, 21; total, 71. Un añadido: ‘El desafío independentista ha fracasado’. Mí no comprender.
‘Mas llega a rozar casi el ridículo’, proclama una eufórica Alicia Sánchez-Camacho. Sí, ella con 19, uno más que los obtenidos en 2010. A 31 de los que alcanzaron los convergentes. Brindaron con cava (catalán y español) y Cospedal  casi agarra una cogorza de la alegría.
Pero vamos con los socialistas porque uno no puede olvidar su pasado. Y como este blog es mío, en él emito opiniones, y ya se sabe que por muy sagrados que sean los hechos, los juicios de valor no están sujetos a condicionantes de mayor porte. De no ser así, explíquenme cómo es posible que anteayer hayan ganado todos, sin excepciones.
Hace unos días felicitaba a Miguel Agustín García Rodríguez (en la foto), elegido, el pasado viernes, secretario general de la agrupación socialista realejera, y le animaba a que la ‘reconquista’ debe dar comienzo desde abajo, desde eso que pomposamente se denominan las bases. Para que de una vez por todas se conformen como los verdaderos cimientos de la edificación que ahora mismo se halla desmoronada. Y los que están en escalones superiores ni siquiera parecen darse cuenta de que a sus pies algo falla, algo tiembla.
Pero pasan elecciones y continúan con los ojos cerrados. Y habrá que arbitrar fórmulas para sacarlos de ese craso error en el que se hallan metidos y no se vislumbran visos de que se operen de las galopantes cataratas. Vamos con unos números, y si meto la pata, corríjanme los matemáticos porque uno es más de letras:
CIU bajó de 62 a 50, es decir un descenso de 12. Y ello representa una disminución del 19,35%. El PSC tenía 28 y se ha quedado con 20. Esos 8 menos supone un decremento del 28,57%. Pero retrocedamos y hagamos historia con los procesos electorales habidos: 1980, 33 diputados; 1984, 41; 1988, 42; 1992, 40; 1995, 34; 1999, 52; 2003, 42; 2006, 37; 2010, 28; 2012, 20. Con estas perspectivas, ¿cómo puede ‘disculparse’ –y autocomplacerse– Pere Navarro sosteniendo que “en estas elecciones hay un gran fracaso y es el de Mas”. O el discurso desde Madrid que se muestra satisfecho porque el PSC ha superado lo que vaticinaban los sondeos. Ya suena a cachondeo, ¿no?
Podría seguir otro fisco más, pero puede que lo plasmado sea, por ahora, más que suficiente. Y humildemente recomendaría a doña Elena Valenciano fuera mucho más comedida, y ecuánime, en sus twitteos. Porque, y así se lo indiqué a Miguel Agustín –al que animo y apoyo–, soy de los que sostengo que las redes sociales no ganan elecciones, pero sí ayudan, y mucho, a perderlas. Y de igual manera que hay candidatos en los pueblos (de todos los partidos, es decir, también del PSOE) que no ganan unas elecciones ni de coña –con perdón–, entren en razones y hagan ver a don Alfredo que su ciclo acabó desde antes de la última ingeniosidad de Zapatero. Y si se me ocurriera arrancar una campaña de adhesiones a este mi planteamiento, en escaso tiempo alcanzaría, como mínimo, un par de millones de firmas. Y ustedes empeñados en no acudir al oculista. No mento lo de mirarse al espejo porque están tan ciegos que ya no se verían. Lo de ‘Hacer PSOE’ o ‘Cambiar el PSOE para que siga siendo el PSOE’ pierde toda credibilidad porque a los actuales dirigentes les ha sobrado tiempo para llevarlo a la práctica. Dejen paso a quienes puedan ser capaces de un verdadero cambio y no de simples barnices. ¿Debo seguir para que comprendan el porqué de la huida de tanta gente o ya es bastante? Chacho, las comparecencias rubalcabianas rayan el patetismo. Lo mismo les sale más rentable la táctica de Rajoy: no sabe, no contesta.
A los que aún militan y tengan la posibilidad de dar a conocer mis reflexiones, ya saben, a proscribir estas líneas y al osado que las escribió. Escondiendo la cabeza, como el avestruz, se corre tupido velo, aunque validemos lo de no hay peor ciego…