lunes, 24 de noviembre de 2014

La ermita de La Gorvorana

En la noche de este pasado jueves estuve en La Gorvorana. A pesar de la lluvia. Se presentaba públicamente la restauración del retablo de la ermita que se hallaba en lamentable estado de conservación. Me extrañó que al llegar al lugar no hubiese nadie. Bueno, alguien tiene que ser el primero, pensé. Pero dieron las ocho, hora prevista, y no apareció un alma (qué mejor expresión para tan sagrado lugar). Ni siquiera columbré al Gabriel, el cura.
Regresé a casa y por el camino pensaba que muchos fueron los años vividos en aquellos alrededores. Mi familia fue una de las tantas que habitó la Casona, ahora abandonada y en ruina galopante. Su actual propietario, ayuntamiento de Los Realejos, lleva más de una década estudiando qué hacer con el inmueble. Cuando se adquirió, la crisis no había asomado el hocico y el alcalde de aquel entonces creyó que los dineros acudirían prestos al rescate. A la vista está de que los deseos no tomaron el mismo camino que la cruda realidad.
En Facebook me enteré de que el acto (¿o debí escribir evento?) había sido suspendido porque las restauradoras debían venir de la capital y la borrasca estaba aún jugando malas pasadas. Estaremos atentos para esa nueva fecha del 11 de diciembre y darnos el salto de rigor.
No obstante, no dejemos pasar la ocasión y rescatemos unas notas que Internet nos brinda:
“La ermita de La Gorvorana posee en su interior un pequeño retablo, dorado y policromado perteneciente al siglo XVIII; contiene la imagen titular, Nuestra Señora de Guadalupe, cuya presentación se acerca a la Virgen extremeña más que a la versión mexicana, que se venera en el actual templo parroquial del Toscal-Longuera. Otra pieza no carente de mérito estético es la del Niño Jesús, expuesto en el pequeño nicho abierto en el remate del mencionado retablo.
Es digno de mencionar los lienzos de San Pedro Apóstol, Santa Águeda, San Antonio de Padua, Ntra. Sra. de Belén, situados junto al retablo principal y a los pies de la ermita. 
El 7 de septiembre de 2013 se cerró al culto para proceder a la restauración de su retablo principal, de los cuadros anteriormente mencionados y mejorar el entorno de la ermita. Esta se abrió al culto el 3 agosto de 2014.
La ermita es de propiedad privada, pero goza de la celebración de la eucaristía dominical a las 09 horas de la mañana, por el cura-párroco de Ntra. Sra. de Guadalupe, barrio Toscal-Longuera.
Para ver el álbum fotográfico de la Ermita pulsa el siguiente enlace:
De la charla de Ana María Díaz Pérez en el Casino Realejos (2 de julio de 1997) extraemos:
“En la época de la Conquista, Francisco Gorvalán fundó en el actual barrio del Toscal-Longuera la hacienda de la Gorvorana, dotándola de una ermita que dedicó a Ntra. Sra. de Guadalupe, cuya fachada se observa distinta a las habituales edificaciones de este tipo en las Islas, debido a que su frontispicio, aunque es el resultado de un añadido posterior, termina en forma circular. A pesar de que  las transformaciones se sucedieron a lo largo de la historia, aun así conservan parte de las construcciones de los siglos XVII y XVIII.
Ya dentro del recinto se contempla en la hornacina central del lígneo retablo barroco la imagen de la Virgen titular, cuyas particularidades iconográficas recuerdan más a las representaciones extremeñas de esta advocación, que a las realizadas en México. La Madre de Dios y su hijo, con rubios cabellos y rosadas mejillas en los abultados pómulos de sus rostros, cuyas miradas se dirigen al espectador, muestran oscuros ropajes en los que destaca el dorado, portando el Niño Jesús, en su mano izquierda, el globo terráqueo con la cruz, y la derecha queda libre en actitud de bendecir, en tanto que Ntra. Sra. sujeta al Pequeño con el brazo izquierdo y ase el cetro con la mano diestra”.
Bueno, prometido queda para la próxima. Allí estaremos. Seguro que aprenderemos mucho. Y si acude, igualmente, el amigo Germán, las enseñanzas se multiplicarán.
Como colofón, una presentación fotográfica de Fuerteventura, isla agraciada en este último episodio lluvioso, y de la que habrá más entregas. Hasta la próxima.