miércoles, 31 de diciembre de 2014

La Gran Cruz

Fuerte cruz nos ha tocado. Con qué marrones hemos de lidiar. Y Rajoy, embajador del Camino de Santiago. Acabo el año de un contento subido. Aunque la esperanza de que el próximo sea mejor es el motivo que nos guía en estos postreros días del 2014.
En la última reunión del Consejo de Ministros se aprobó un Real Decreto por el que se concede la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio a unos personajes especiales (de ahí lo de personajes, si no serían, única y exclusivamente, personas) en los que concurren méritos extraordinarios (nivel excepcional, se explicita) en los campos de la ciencia, educación, cultura, docencia e investigación. Fueron ellos (y ellas):
Esther Koplowitz (empresaria y filántropa; eso expresa la nota gubernamental, y manda testículos, según luego intentaré explicar), los exministros de Educación Esperanza Aguirre, Pilar del Castillo y Ángel Gabilondo, el exsecretario de Estado de Educación y Universidades, Julio Iglesias de Ussel, los catedráticos Juan Díez Nicolás y  Rafael Puyol, el hispanista Hugh Swynnerton, el jurista argentino Luis Moisset, la historiadora mexicana María Cándida, y el economista Frances Granell.
Vamos por partes:
Si el hecho de haber sido ministro o secretario de Estado, puestos que se desempeñan más por valores partidarios que de otra índole, lleva adherida la etiqueta de concesión del reconocimiento que venimos comentando, apaga la luz y vámonos. Y en el particular caso de doña Esperanza Aguirre, de juzgado de guardia. En su mandato, se argumenta, se construyeron muchos colegios (públicos y privados). Pues a don Luis Balbuena Castellano, excelente consejero de Educación en Canarias (pero mejor persona y matemático ejemplar) habría que levantarle un monumento más grande que El Teide.
Lo de la Koplowitz, a la que asimismo hace poco le concedieron la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo (cómo suda esa mujer en la cadena de producción junto al también multimillonario Carlos Slim), se le califica su labor filantrópica. Puede que si los comunes mortales españoles dispusiésemos de su inmensa fortuna, lo mismo seríamos mucho más desprendidos. Y a lo peor por motivaciones tan egoístas como las de la galardonada: desgravaciones fiscales y exenciones tributarias. Que están buenos para generosidad tan desprendida.
Repasemos:
¿Cuántos profesores (maestros) tuviste de los que guardas un recuerdo imborrable y a los que profesas un cariño imperecedero? ¿Cuántos docentes han quemado pestañas durante muchas décadas para poner en el mercado a estos politiquillos que ahora se dedican a las recompensas del interés? ¿Cuántos investigadores cargan con años y años de paciente labor en la oscuridad de un laboratorio? ¿Cuántos jóvenes hacen su maleta cada año para ganarse el sustento allende los mares? ¿Cuántos currículum se arrojan a las papeleras de universidades, fundaciones, patronatos y demás por falta de presupuesto? ¿Cuántos ignorantes conoces…
Lo debo dejar aquí. Me imposibilita continuar la consecuencia de la tremenda arcada que me ha dejado pringado el teclado. Espero que no implique mayores inconvenientes para este inminente 2015. Y es que pensar que José Ignacio Wert será otro de los ‘galardonados’, me dirás.
Bueno, se acaba el año. Sean comedidos. No cometan excesos. Y no cojan el volante. No reproduzcan acciones de alcaldes que… Ya está. Los invito a ser felices. Y hasta el año que viene.