jueves, mayo 14, 2026

"Marditoh roedoreh"

Pixie y Dixie bien podrían ser Fernando y Manolo. ¡Ah!, claro, por supuesto, el que falta al respeto soy yo por la comparación con la serie de dibujos animados. Pues para compensar, tíldame del gato Jinks y quedamos empatados. Y me valgo de otra ilustración publicada en eldiario.es, cuya autoría pertenece a Bernardo Vergara. Porque CC y PP están mostrando su verdadera cara. Y en este lamentable episodio del crucero –que muy pronto pasará a los anales de la historia porque la rabiosa actualidad nos encauzará por otros derroteros– los máximos responsables de las más altas instituciones canarias (gobierno y cabildo) no han sabido estar a la altura de un pueblo que no se siente, mayoritariamente, representado por estos bocachanclas. Me permito generalizar porque si Clavijo fue capaz de manifestar que “tendrán que violentar a los canarios si quieren fondear el barco”, incluyéndome en una lista de indeseables (juraría que es sentimiento compartido por la totalidad de mis lectores; vale son ocho, pero con mucho fundamento), ¿por qué no me puede estar permitido pagarles con idéntica moneda? ¿En qué se diferencian estos subterfugios de las proclamas de Abascal en hundirlos directamente? Prácticamente en nada, porque tantos rodeos y excusas solo difiere en el modus operandi. Porque, en definitiva, la finalidad es coincidente: no los queremos. ¿No recuerdan ustedes lo de yo no soy racista, pero…?

Cuando todo el operativo estaba organizado y el barco en cuestión se encontraba a pocas millas de su destino, se le ocurrió a nuestro presidente autonómico –cuánta vergüenza siento de que me lo recuerden y me lo restrieguen en la cara– encerrarse en su despacho, asesorado en todo momento por el licenciado en Wyoming (quien ha permanecido escondido, en un prudente segundo plano, para que no le recuerden su procedencia), para estudiar cómo nada el oligoryzomys longicaudatus. Recurrieron a la IA, ese recurso todopoderoso en el que se apoyan los cortos de espíritu, y enviaron, vía certificada y urgente, a Madrid el detallado informe. Que, afortunadamente para los que sentimos la canariedad muy por arriba de prontos y desmanes, fue rechazado por Sanidad, lo que dio lugar a que la Dirección General de la Marina Mercante ordenara al Presidente de la Autoridad Portuaria que todo lo previsto seguía adelante sin cortapisa alguna.

¿Debo avergonzarme en estos momentos de ser canario? Nunca. Jamás. De lo que siento pena y lástima profunda es de estar regido por políticos del tres al cuarto. Porque este comportamiento barriobajero (arrabalero, ordinario, soez) de las altas instancias –cuánta incongruencia– no se corresponde con lo que yo entiendo por política. No son estos los mimbres que se necesitan. No hay que buscar tan lejos a los malditos roedores. Los tenemos nadando bien cerca. Y conveniente sería no dejarnos contagiar. Los virus que transmiten son hondamente nocivos.

La deriva (¿o escora?) del PP es peligrosa. Y CC también se contagia. Se hallan a un paso de imitar a la catedrática de Historia de América, con cinco másteres sobre la figura de Hernán Cortés, que no contenta con su periplo mexicano (¿cuánto dinero le ha supuesto a los madrileños las giras internacionales –creo que unas cuatro decenas– de Isabel?) también se opone –¡qué raro!– a que la cuarentena de los 14 españoles del crucero se lleva a cabo en Madrid, aunque se haya elegido el hospital militar Gómez Ulla porque su flamante Zendal, el de los 200 millones de euros, haya resultado un fiasco en toda regla. Menos mal que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha sido capaz de poner los puntos sobre las íes y definido a la inefable Ayuso con una fina ironía que ya quisieran para sí algunos descerebrados de estos lares.

Espero que en la próxima ocasión, que la habrá, la pléyade de asesores del tándem Clavijo-Domínguez sea capaz de cumplir con su misión, con aquella que tienen encomendada y por la que se les paga generosamente. Al menos para que entre todos –que son unos buenos cuantos– compongan una melodía que no desafine tanto. Mi pueblo presume de excelentes músicos. Cualquiera de ellos desempeñaría mejor papel que los que ahora figuran en nómina. Y, si me apuran, hasta sostendría que podrían dirigir el concierto político con batuta mucho mejor conjuntada. Porque los chirridos actuales son de órdago.

No desentonen más, marditoh roedoreh, salvo que deseen seguir siendo el hazmerreír social.

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