domingo, julio 26, 2026

El mar, la mar

Vamos a ver si en agosto nos tomamos –todos– unas buenas vacaciones para estudiar la posibilidad de que se tranquilice la situación y las aguas vuelvan a su cauce. Porque no es que bajen turbias, que también, sino que, además, se hallan descompuestas. Como las de Playa Jardín, según denuncia el PSOE portuense. Parece ser que en la Playa Chica (Punta Brava) se ha detectado contaminación microbiológica en unas muestras recogidas allá por el 24 de junio. Y me pregunto si tendrá este hecho alguna relación con al baño de las cabras en el muelle. Si el tufo en ese día no es muy normal que digamos, más de una cagarruta quedará navegando. Ahí lo dejo. Que hablen los sanitarios. Lo que sí se halla a la vista, y que no requiere espejuelos, es el retraso –más de un año– en las obras que se iban a acometer en el emisario. Que las declararon de urgencia. Menos mal, que si no lo mismo las inician en 2030. Humildemente pienso que los concejales del actual pacto gobernante en Puerto de la Cruz no tienen tiempo para estas menudencias (bacterias y microorganismos varios). Tendré que hablar con Alonso porque mira que criticó a Marco por sus continuas sesiones fotográficas, y ahora le cogió tal gustito a presumir en redes sociales…

Aprovecho esta incursión marina para otras dos pinceladas. Buen viaje le dio Zapatero a González con el asunto de las sociedades offshore. Esas que literalmente significarían empresas en alta mar o fuera de la costa y que yo las denomino de allende los mares. Bueno, las que radican en paraísos fiscales, puesto que Pedro Sánchez es muy malo y su Hacienda se lo lleva todo. Un servidor no sabe si José Luis es culpable o no. Le etiqueto la consabida presunción de inocencia. Pero me da que Felipe, efectivamente, tiene todas las de ganar en eso de los dineros fáciles. Y flaco favor ha venido prestando últimamente con declaraciones que en nada envidian a las del presidente de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), el ínclito José Mari.

Y la otra se trata de otro fiasco en la convocatoria de una nueva Conferencia Sectorial de Inmigración con el enésimo plante de las comunidades autónomas gobernadas por la  extrema derecha y la derecha extrema. Sigue meridianamente claro que de negros (que nos llegan por la mar) no quieren saber nada. Solo hacen la excepción de Lamine y Nico por aquello del qué dirán. Y aquí, en Canarias, principal punto de recepción de cayucos y pateras, un presidente regional popular, y actual vicepresidente del Ejecutivo, es tanto lo que vale, que mejor haría en agachar la cabeza, meterla entre las patas y mandarse a mudar. "Pintas menos que Pichorras en Pastriz".

Un apostilla para concluir: Los miembros del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), más allá de su ideología o de la formación política que los propuso para su nombramiento, deberían tener claro –por su propia credibilidad– que las normas deben cumplirse. Pero si las leyes se aprueban para saltárselas a la torera, rompamos todos la baraja y convirtámonos en trileros del tres al cuarto. Porque el espectáculo que nos brindan –el último, que no la guinda: las deliberaciones para decidir qué hacer con las quejas por las actuaciones del desmelenado Peinado– indica, bien a las claras, una deriva tal que pone a los pies de los caballos toda la estructura de uno de los tres poderes del Estado. Los intocables, la casta que se autojuzga… ¿Escéptico? Ojalá pudiera pensar de otra manera, pero no puedo dar fe a los despropósitos; máxime cuando de justicia (derecho, razón, equidad) se trata. Estos sesgos me hacen recordar una época lejana en la que el destino me brindó la oportunidad de ocupar cierto puesto de relevancia. Vino a visitarme un afiliado del PSOE. Y antes de exponerme la cuestión a tratar, me deleitó con unos cuantos recordatorios acerca de su militancia y orientación del voto, por lo que me vi obligado a cortarle de raíz. Le recordé, con toda la amabilidad de la que fui capaz, que, una vez elegido, el cargo que ostentaba suponía un compromiso para con todos, independientemente de inclinaciones, creencias, gustos y aficiones. Incluso lo amenacé con finiquitar la cita si continuaba por aquellos derroteros. Se avino a razones y… tan amigos.

¿Tan difícil es, señores magistrados, que se den un baño en ese océano del sentido común? Y no solo por ustedes, que también, sino por la inmensa mayoría de compañeros que actúan responsablemente y que se ven señalados por vuestros torticeros procederes. Tengan, no obstante, un feliz domingo. Y aprovechen el próximo mes para unos buenos chapuzones con acopios de iodo y sal.

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