Habría que preguntarse, no obstante, qué se evalúa por parte
del Comisionado, a cuyo frente se halla la exalcaldesa de Los Llanos de
Aridane, y militante popular, doña Noelia García Leal. Por lo que, de entrada,
me surge la duda de si no sería conveniente que este cargo lo ostentara alguien
‘independiente’, un profesional de reconocido prestigio y no sujeto a dictados.
Recuerda lo de piensa mal y acertarás.
Si todo se traduce en tener rellenas las casillas
correspondientes en la planilla de rigor, podríamos caer en la paradoja de no
valorar contenidos sino continente. Como el alumno que entrega su examen con
las diez cuestiones planteadas perfectamente completadas, pero que en ninguna
de ellas se sujeta, ni por asomo, a lo que se le preguntaba. Y el profesor, al
comprobar todo lo que escribió, le estampa un sobresaliente sin limitarse a
leer un fisco. Se me podrá tachar de exagerado, pero hasta hace bien poco en la
nuestra, en el portal del ayuntamiento realejero, existía un troquiado en el apartado de miembros de
la corporación. Por ejemplo, entrabas en la declaración de bienes (o en los
currículums) de uno y te salía datos de otro. Algo que ya se ha corregido. Pero
puestos a fiscalizar, aconsejaría a Moisés Darío e Isabel Elena que en la
declaración de inmuebles no confundan valor catastral con referencia catastral.
O cambiar la foto de cabecera donde aún figuran Isabel y Benito. ¿Cómo puede Noelia estamparles un 10 con estos fallos? ¿Tienen manga por afinidades políticas?
Para un servidor, uno más de los que nos gustan las cosas
bien hechas, la transparencia supone algo diferente a tener la fachada en
perfecto estado de revista. Porque detrás de la misma existe vida. Y cuando
contemplo cómo se llenan esas andanadas informativas de iconos (azules con el
pulgar hacia arriba y rojos de un corazón) por parte de los chupatintas,
correveidiles y zotes varios, aun dentro de su ateísmo convicto y confeso,
signa cruces en su calvario particular. Chiquita falta de ignorancia.
Si uno va al diccionario comprueba la riqueza de la
sinonimia en nuestra lengua. Idiota, por ejemplo, es un engreído sin fundamento
o base para ello. Que en sus orígenes en aquella Grecia que sentó muchos
cimientos políticos, no era un adjetivo que denotara desprecio y se utilizó
inicialmente para dibujar a cualquier ciudadano privado, para distinguirlo del
erudito o de aquel que ocupaba un cargo público. Fíjense en qué alta
consideración se entendía la participación cívica. Cuán diferente de la
actualidad. Y es que los griegos pensaban que si eso no fuera así, peligraba la
democracia, por lo que se esperaba que todo ciudadano debería mostrar interés
por loa asuntos públicos; en resumen, que no fuera idiota.
Es por lo que estas alharacas para presumir (aplíquese a
dirigentes políticos y a quienes aplauden sin saber de qué va la película) me
preocupan sobremanera. Porque en un mundo con acceso fácil a la educación, a la
cultura, que se vanagloria de preparación, no puede considerarse normal tanta
incongruencia. Por lo unos y por los seguidores aborregados.
Háblenme de transparencia cuando sean capaces de admitir
ante la opinión pública que la propuesta que nos vendes no es de tu autoría
sino una vulgar copia de la que te sugirió, verbigracia, un grupo de la
oposición en una pasada sesión plenaria y tú la rechazaste para, pasado el
tiempo, adueñarte de la misma sin rubor y sin vergüenza.
Háblenme de transparencia cuando la web institucional deje
de ser vehículo de propaganda del grupo
gobernante y la abran al resto de la corporación, cuyos miembros fueron
elegidos en un proceso en el que los votos tienen la misma validez que los de
los encumbrados.
Háblenme de transparencia cuando dejen de utilizar a
empleados públicos en componendas fotográficas (en la próxima coloquen un
pódium) cuando el galardón exhibido no guarda la más mínima relación con el
trabajo que llevan a cabo.
Háblenme de transparencia cuando sean capaces de estar las duras y a las maduras: ir a sacarte una foto, en muestra de cariño, solidaridad y comprensión, con el que, por cualquier circunstancia, se ve obligado a cerrar las puertas de su comercio, y no a lucir palmito con quien las abre.
Háblenme de transparencia cuando los puestos de confianza se
cubran, mediante concurso público, en función de capacidades y no por espurios intereses partidistas; que no solo es el Senado un comodísimo echadero. ¿El
Comisionado?
Hablemos de transparencia… ¿Sigo?
En fin, qué idiotas somos los que pensamos que no son
idiotas los que nos gobiernan y resulta que lo pueden ser más que nosotros. Me
merezco un 10. Por transparente. Para otros, un 0, por bocazas.

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