04/09/2026

Vado

No solo te lo cuento como desahogo. Que también. Sino más bien por si algún día te encuentras en la disyuntiva de emprender la dura travesía o dejarlo para cuando las aguas se tranquilicen y hacer más llevadera la singladura. Aunque se imponga lo de que “mar en calma no hizo experto al marinero”, este novato prefiere que la nave no se menee demasiado.

Tras un largo peregrinaje burocrático –y eso que iban a agilizar la administración– a finales de enero de 2024 me hicieron entrega de la placa que en las fotos se refleja, y pasaba formar parte de los privilegiados que pueden guardar el coche en el garaje sin contratiempos mayores. Ja, ja, ja y ja. Eso creía este iluso. Te sigo relatando:

Bueno, de algo sí que me encuentro muy satisfecho. Y es que el ayuntamiento realejero se bajara del burro y modificara la ordenanza que regula los vados permanentes para simplificar los trámites. Aunque a un servidor no le quedó más remedio que pasar por el aro y aportar hasta documentación que el propio consistorio me había expedido tiempo atrás. Que vivan las nuevas tecnologías. Y que suprimieran el requisito del plano acotado de la acera. Con lo fácil que es sustituir la exigencia por una visita de un técnico municipal y, tras la visual pertinente, sentenciar aquello de sí o no procede.

Tras la señalización oportuna (5 de febrero de 2024), entendía este optimista que los cuatro metros de raya amarilla iba a suponer todo tipo de facilidades para maniobrar en la entrada y salida del fotingo. No contaba con aquellos a los que las prohibiciones no les caen bien. Y podría contarte cómo en romerías y otros eventos de masiva afluencia en el casco de Realejo Alto me han causado tantos quebraderos de cabeza, que acabas por preguntarte para qué demonios pago la licencia amén de sentidos recordatorios a familiares directos de los presuntos implicados si hasta los propios vecinos de la calle se suman en más de una ocasión, y no por el clásico es solo un minuto, a que el ataque de nervios aflore inmisericorde.

Uno, obviamente, acaba por cansarse. En dos ocasiones se me ha presentado la imperiosa necesidad de sacar el coche por motivos familiares. Y en ambas había un elegante vehículo ocupando un metro de los cuatro señalizados. Del resto de ‘ocupaciones’ ya me olvidé para que no arranque un proceso ulceroso de estómago. Tuve que llamar a la policía. Que acudió y puso la sanción correspondiente a los infractores. Y me avisaron para que pudiera salir en dirección prohibida. Porque en la del sentido de circulación en la calle era, y es, completamente inviable.

E inicié otro proceso en mayo de este año que, tras varias idas y venidas (la propia patrulla, que hizo acto de presencia en la primera oportunidad, entendió que al no haber espacio para aparcar dos coches se podrían señalizar dos o tres de motos, pero luego, en su informe, desistieron), supone incrementar un metro –la ordenanza permite un máximo de cinco– por lo que así lo solicité. No creo que sea un trámite tan engorroso, pensé. ¿Y quién demonios te dijo que podías hacerlo? Pensar, me refiero.

Pasó el tiempo. Sigue sin llegar el informe de la policía, me argumentaba el funcionario cada vez que llamaba. A los tres meses, cansado y pensando si el plazo se iba a extender tanto como cuando la primera vez, pedí cita para hablar con la concejala delegada de urbanismo. Porque mi planteamiento era bien simple: si ya tengo concedida la licencia y ahora se trata de aumentar la señalización en un metro (lo que la ordenanza permite), con abonar lo que corresponda y pintar la raya… Pero lo fácil y normal no lo es tanto visto desde el otro lado. Donde habitan los que tienen cogida la sartén por el mago y deben firmar.

El 17 de agosto, bien tempranito (la cita era a las nueve) estaba Jesús en la tercera planta del edificio de la Avenida de Canarias esperando a que Noelia apareciera. Lo hizo unos minutos más tarde, pero ya le perdoné el retraso. Hablamos durante un cuarto de hora, más o menos. Intentó convencerme de que los plazos de la administración son lentos y, casi siempre, largos. Yo le recordé la promesa (recuerden el Eje 9, lo comenté días atrás, del pacto de Manolo con Fernando) de agilizar la burocracia en las instituciones públicas. Ella me contestó que ojalá. Yo le dije que debían ponerse en el pellejo de los ciudadanos que esperan pacientemente (o no). Ella me señaló que sí lo hacían. Yo lo puse en duda. Y así…

Me marché con la sensación de ser un afortunado porque tres meses es una poquedad –para ellos– aunque una eternidad para el que espera. Redacto estas líneas cuando el mes de septiembre avanza por el calendario. Ni jumo ni pelo. Incluso si recurres a solicitar información a través de la web municipal, mutis por el foro. ¿Se hará con toda la ciudadanía, me cuestiono, o solo ocurre conmigo porque, quizás, no gusta lo que escribo? ¿Te acuerdas de la campaña del contenedor marrón? También pregunté y la señorita que me atendió –de la empresa municipal Realserv– alegó no saber nada. ¿Es esta la transparencia que merece una calificación sobresaliente? Me lo expliquen.

Lees estas líneas el 4 de septiembre (viernes). Terminé de redactarlas el día anterior por la tarde. Sigo a la espera de que la policía municipal emita el informe. Eso me dicen. Porque Noelia no sabe nada. Domingo, tampoco. Carolina, me imagino, sostendrá que hay pocos agentes. Todos ellos (concejales)  cobran religiosamente a final de mes. Y los muchos cargos de confianza. Sobra el dinero para fiestas y autobombo. Los superávits publicitados demuestran que los ingresos son generosos. Al tiempo, la ejecución presupuestaria tiene más baches que las carreteras del pueblo. Y los déficits a subsanar, unos cuantos. Figurines, abundantes. Gestores, no los veo.

Si antes de final de año escuchas unos voladores a destiempo, no te preocupes; seré yo que brinco de alegría porque me habrá llegado un mensaje del ayuntamiento indicándome que Adolfo en persona viene a pintarme de amarillo el metro demandado. Asistirán con él todo el grupo de gobierno, el jefe de la policía vestido de gala, el responsable de protocolo con atril y micro, el de prensa con todos los medios de comunicación regionales, el párroco de Santiago Apóstol con el agua bendita, la Sociedad Musical Filarmónica, Acorán y Tigaray, los directores de todos los centros docentes y una amplísima representación del alumnado…

Qué afortunados son todos los que se hinchan en poner iconos del bien quedar en las publicaciones del ayuntamiento –perdón, grupo de gobierno– porque este servidor de ustedes tiene tanta suerte como cuando juega un décimo de lotería navideña. En fin, tendré que seguir llamando a la policía. Aunque no me hagan el informe preceptivo. Y antes de las próximas elecciones (mayo de 2027), iré a hablar de nuevo con Noelia acerca de la agilización de los trámites burocráticos. Qué desgraciadito soy.

No hay comentarios:

Publicar un comentario