06/11/2026

Invasión

Cansadito me tiene. Hartito. Y los amigos que me leen –pocos pero bien avenidos– me machacan con aquello de que la tengo cogida con el pobre chico. De chico, nada; y de pobre, más que razonables dudas. De verdad, es que no hay por donde cogerlo. Da más de no. No abre la boca sino para decir sandeces. Olvida que él nos llegó de Venezuela –como tantos y tantos, amén de muchas más procedencias del otro lado de Atlántico– y arremete, al más puro estilo voxiano, contra los que arriban en cayucos y pateras. Hay clases. Y los de África, además, son negros. Ya se cargaron a uno en la anterior campaña navideña realejera y diera la impresión de que le cogieron gustito. Abierta la veda, por cartuchos que no sea. Y no solo los de perdigones. Ni aquellos de las ventas de antes (que los de ahora son imitaciones medio plastificadas). Hay otra acepción, al menos aquí en Canarias, que le pega más al susodicho.

Nos invaden. Y no tenemos recursos para atenderlos. Hay, por lo tanto, que cortar por lo sano. Que se despliegue el Frontex (Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas), la Guardia Civil y la Policía Nacional. Que nosotros reservaremos la Guanchancha (Policía Autonómica) para fiestas y cuchipandas varias. Y cámbienle, por cierto, el rojo de la uniformidad (y el de los coches) por un cian acharranado.

El malvado de Pedro Sánchez, y su pandilla de ministros ineptos, nos ha dejado solos en la inmensidad del océano. Ese mismo que propuso cambiar la ley de extranjería (artículo 35) y que nosotros (es Manolo quien te habla) nos negamos rotundamente. Porque eso supone repartir menores y mis compañeros de hornada no están dispuestos a soportar tales cargas. Si al menos fueran ucranianos, pero negros… quita, cruz, perro maldito. Yo no soy racista…

Y lo peor, sentencia el de la foto, es que utilizan esta invasión como arma arrojadiza y electoral. Lo desembucha y no se sonroja, no se le cae la cara de vergüenza. No pidas imposibles, Jesús. Él no está en campaña. ¿Y Fernando? Tampoco. Mayday, mayday, mayday. Después de que Abascal les enchufara –por detrás y sin anestesia (iba a escribir lubricante y me arrepentí)– los números dos al Senado, cuestión es de imitar eslóganes y propuestas guerreras. Cuando no existen razones, con dos… Si quieres acabarlo en ones, también vale.

El mar se ha convertido en un gran cementerio. ¿De ahora? ¿En precampaña? ¿Los mismos razonamientos humanitarios de Onalia Bueno? Sí, esa alcaldesa tan codiciada –políticamente– por los unos y los otros que se negó a enterrar a los negros en su cementerio moganés. ¿Se lo tiznaban? Con un comportamiento similar al de tus correligionarios peninsulares y fruteros. Qué diferencia tan grande con el ejemplo de El Pinar. En suma, con el pueblo herreño.

Canarias está sola. Mayday, mayday, mayday (venez m´aider, que fueron los franceses los padres de la criatura y no los universitarios de Wyoming). Cuánta desfachatez. Desplegaremos la Armada por toda la costa occidental africana desde Marruecos hasta Sudáfrica. No va a poder pasar ni un alfiler. Y a todo aquel que intente embarcarse en esos yates de lujo, cañonazo y a tomar viento fresco. Ahí, Manolo, como el guanche icolaltero, con otros dos…

Menudo mes de noviembre nos espera. Vamos a estar de un entretenido subido. Será una durísima competición para comprobar quien la tiene más grande; perdón, perdón, en qué estaría yo pensando, para comprobar quien la suelta más grande. Mas no me preocupan los mensajes, porque los emisores son harto conocidos. Pienso en los receptores. Los pensionistas, sobre todo. Yo lo tengo claro: no me la toquen. Y por lo que dicen un tal Figaredo y una tal Muñoz –ambos en el círculo de amistades de populares locales, insulares y regionales, que se refuerzan mediante pactos y acuerdos– jamás votaré a los que me van a dar el sablazo. ¿Vas a dejar, amigo pensionista, que a ti sí te la toquen? Si hasta los estadounidenses despertaron –algo que yo creía improbable–, ¿a qué esperas? Si antes de que deposites el voto ya te piden sacrificio, después ni te cuento. Como diría Calero: que yo tengo mi tino.

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