Llevo muchos años siendo crítico con determinados quehaceres
públicos. Como lo será, una vez más, este comentario. Pero la persona causante
de los desaguisados, así como sus familiares más directos (e indirectos), me
merece el mayor de los respetos. Y mucho más las madres, dianas directas de
lenguas viperinas. Esas que escupen improperios y emponzoñan la vida cotidiana.
Lo de Santiago Abascal, y, por ende, la ideología de ese
engendro denominado VOX, ya traspasa todas las líneas. Y no solo las rojas, que
también. Cuando aún se sacaban cuerpos del amasijo de hierros, los espumarajos
del indecente y miserable se esparcían por las conciencias de los españoles de
bien. Cómo nada en el fango este vil sujeto. Y cómo le aplauden sus
correligionarios.
“Defenderé esta tierra me cueste lo que me cueste”,
manifestó pomposamente meses atrás cuando sus compañeros de partido
peninsulares se negaron rotundamente al traslado de menores inmigrantes. Como
así ocurrió sin que desde aquí el señor vicepresidente hiciera movimiento
alguno. Qué ancho le queda el cargo. Incluso he leído en cierto periódico que
ya se duda de su capacidad. Nihil novum
sub sole. Vengo sosteniendo, y a mi trayectoria escribidora me remito, que
la definición más exacta que podemos hacer de él se corresponde con el titular
del presente artículo. Porque dentro de ese conjunto no hay nada, el vacío más
absoluto. No sé si añadirle lo de un cero a la izquierda (sin peso en
decisiones o sin relevancia en un contexto), pero debo concederle el beneficio
de la duda porque el manual de instrucciones es capaz de seguirlo a la
perfección.
Aunque hay más, no solo han sido impuestos por los que han
hecho del insulto, la descalificación y el odio más visceral su leitmotiv, su
bandera, sino que desde ya se están riendo a mandíbula batiente de la sumisión
del PP. Me imagino que lo harás con nariz y boca tapadas, porque el tufo que
desprende la componenda tira p´atrás al más pintado. Y lo que es peor, quienes
habían sido anunciados hace unas semanas para ocupar esos puestos –residentes
de estas islas, claro– se han quedado con una cara de bobos que para qué
contarte. El que iba a ocupar ese lugar en Tenerife, José Carlos Acha, ya había
comenzado su campaña con el lema: firmeza sí, insultos no.
Quisiera pensar que el mentado aspirante habrá tenido amena
charla con su presidente orgánico, Manuel Domínguez –quien lo había propuesto
originalmente y los medios de comunicación así lo habían publicado– y, tras
darle un abrazo por la jugada, se habrá puesto a su entera disposición para
seguir, a partir de ahora, compartiendo las animaladas de su otro ídolo:
Santiago Abascal. Nuevo lema de campaña: insultos a porrillo y una mierda de
firmeza.
Y al ídolo con pies de barro, el admirado Manolo, el consejo
–de viejo, que no de sabio– de que no haga más el ridículo. Ya que la
universidad (de Wyoming) no pasó por ti, da un paso al lado y dedícate a tus
empresas, que nadie va a discutir tu ¿valía? en lo privado, porque lo público
te causa escozores. Qué suerte tienes Clavijo. Y tú, Casimiro, no te aproveches
más: ¿no has ordeñado ya bastante?
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