viernes, 9 de octubre de 2009

Retrovisor

Hubo alguien cierta vez que decía ‘retrovisidor’ en lugar del normal espejo retrovisor. Pero si en la vida no hubiese fallos todo sería muy plano, demasiado monótono. Es necesario que haya altibajos, subidas y descensos, bajonas y eufóricos coloques, porque, si no, el aburrimiento sería tónica dominante.
Cuando era menudo y estaba en la escuela de La Longuera (un salón dotado de los últimos adelantos informáticos), tenía serias dificultades para pronunciar la erre. El maestro me curó con un trabalenguas. Y no echando mano del ordenador más próximo ni dejándome una grabación en soporte informático (década de los cincuenta, siglo pasado, no había luz eléctrica en la hoy pomposa zona turística realejera). Nos obligó (en ese entonces no había sugerencias) a memorizar lo de “Guerra tenía una parra, y parra tenía perra; y la perra de parra mordió a la parra de Guerra, y Guerra le pegó con la porra a la perra de parra…” (pongo Guerra con mayúscula porque me suena a apellido). Y un cacho de retahíla más. Tantas veces le di al virelangue p´alante y p´atrás, que se me fue quitando aquella trabadera y aquí estoy. Ahora nos quejamos de todo y apenas podemos aplicar el remedio de si no te gusta toma un par de platos más.
En este echar la vista atrás fue cuando me acordé del dichoso ‘retrovisidor’. Porque ahora tenemos la manía de considerar malo todo lo que tenga más de cinco minutos de existencia. Dirijan la mirada al ayuntamiento más cercano, al colectivo x del barrio y… A lo que ustedes quieran. Tú hiciste esto, yo hago lo otro. Tú te pones tal, yo me quito cual. Tú, tres asesores; yo te doblo (al contribuyente también). Debe ser la edad: Ya me estoy poniendo viejo, / esto mío no es vivir, / ya se me arrugó el pellejo / y me meo sin sentir.
Decía Karina que echar la vista atrás es bueno a veces. Aunque otros alegan que p´atrás, ni p´a coger impulso. En el dilema estamos. Pero sería menester reflexionar un fisco. Si te pones al frente de cualquier cometido, mira primero con detenimiento porque, quizás, el que te precedió hizo algo de fundamento que puede aliviarte los primeros pasos. Que suelen ser siempre los más difíciles (pregúntaselo a mi nieta). El progreso del ser humano es más que evidente, sobre todo en testarudez.
Ahí les dejo una instantánea a través del retrovisor del fotingo. Una de las pocas que me quedan, porque el disco duro de 500 GB que me regalaron, se llevó a la tumba un considerable número de las susodichas. Pero no me puse muy triste. La infeliz noticia me provocó una repentina fiebre: tengo que seguir viajando, única fórmula que me rondó el magín como solución a la pérdida. Eso sí, cámara en ristre. Reposición inmediata.
Agur (me dijo el diccionario, del vasco agur, y éste del latín augurium [agüero]. Se admite también abur). Lo dicho, hasta luego.