miércoles, 7 de octubre de 2009

Versos silbados

Que uno se enamoró de La Gomera desde que en el estío de 1962 recaló en aquel viejo campamento de El Cedro, no supone desvelar mayor secreto. Para allá en “La Palma”. Casi echo el estómago en aquellos bajos del correíllo. Tras unos días de naturaleza virgen –con piscina incluida en aquel remanso del riachuelo-, vuelta en el “León y Castillo”. Como fue viaje diurno, la cubierta del navío se convirtió en singular bálsamo para olvidar los mareos de la ida.
Ahora que el silbo –y La Gomera toda- está de enhorabuena, me sumo a la alegría de rigor. Porque un servidor, atrevido, osó cierta vez dar a conocer “Versos silbados”, que son unas cuartetas, hechas a vuelapluma, en una estadía gomera (verano de 1999) y encaminadas a incluirse en el programa de fiestas del entonces mi barrio:Toscal-Longuera. Va una muestra:

En La Gomera me hallaba
y el coco matraquillando;
por cualquier sitio paraba:
en Chipude o en Agando.

Por Tazo y su palmeral
hace un ratito pasé,
pensaba en el tarajal
que en Los Roques contemplé.

Me recuerda La Rajita
conservas del atún blanco,
igual que aquí La Zanjita
los restos del Camposanto.

Del mirador de Igualero
la Fortaleza se asoma;
un poco más, si me esmero,
y va otra cuarteta, ¡toma!

Virgen de Guadalupe,
aquí por Toscal-Longuera;
en tu honor cantar yo supe,
descansando en Alojera.

Y algunas más que publicadas están. La foto, arriba en Igualero, monumento inaugurado en junio de 2005. Mis saludos más cordiales.