jueves, 24 de diciembre de 2009

Feliz Navidad, maestro

No los tengo olvidados. Y cuando digo maestro, incluyo a todos los docentes. Va mi saludo con tres citas. La primera, unas reflexiones de Quintiliano:
Ante todo, el maestro debe asumir ante sus alumnos una actitud paternal y ha de estar persuadido de que ocupa el lugar de quienes le han confiado a sus hijos. No debe tener vicios, ni debe tolerarlos en los demás. Ha de ser austero, pero no rígido; afable, pero sin otorgar confianzas excesivas, para evitar el ser odiado o despreciado. Debe hablar con frecuencia a los alumnos de la honradez y de la bondad, porque cuanto más les amoneste, menos se verá obligado a castigarlos... No deberá emplear la aspereza al corregir los defectos, y mucho menos ofender, porque el hecho de reprender con resentimiento, casi con odio, aleja a muchos del propósito de estudiar.
La segunda, un fragmento de una información de Las Noticias (Santa Cruz de Tenerife, 1-octubre-1884, año XIV, número 974, página 1)
El maestro de instrucción primaria, ese modesto funcionario que desde el recinto de su escuela prepara el porvenir de las generaciones que han de sucedernos, necesita que le rodee el prestigio y las consideraciones de sus conciudadanos; necesita que su voz y sus saludables consejos sean escuchados en el seno de las familias; necesita inspirar, en una palabra, la más absoluta confianza para que las semillas que siembre en el tierno corazón de la niñez germinen y fructifiquen. ¿Y podrá alcanzarse esto sin darle la conveniente independencia, sin prodigarle las muestras de estimación a que su trascendental destino le hace acreedor?
Y, por último, José Galán Hernández (uno de los tantos presos en la cárcel de Fyffes, 1936, que fue actor protagonista de aquellos viajes sin retorno en una ignominiosa ‘guerra (in)civil’), siendo maestro en Realejo-alto, publica un precioso artículo, titulado “Clarinazos” en Voz del Magisterio Canario (La Orotava, 1-abril-1923, número 24, página 5), del que entresacamos:
¡A ti, Maestro! ¡Noble compañero que en pos de un santo ideal, afrontas los combates que te presentan los ingratos ciudadanos! ¡Valeroso paladín del más sublime torneo! ¡Apóstol infatigable que siembras el pan espiritual en los cerebros de los niños! ¡Sigue siempre adelante! Arrolla con dignidad y valentía, los obstáculos que pongan en tu camino. Y enarbola entusiasta la enseña de nuestro ministerio, llega a la cumbre... Allí te espera una apoteosis de gloria. ¡Ama a los niños! ¡Ama a tus compañeros! ¡Y compadece a tus calumniadores!
Tres épocas, tres momentos, tres pinceladas. Porque la esperanza nos mantiene. Tengan unas muy felices navidades y disfruten de un bien merecido descanso. Deseo que se hace extensivo al resto de ojeadores, entre los que habrá alguno no relacionado, al menos directamente, con el gremio docente.