viernes, 8 de enero de 2010

Más de lo de ayer

Ayer, 7 de enero de 2010, había que ir a ‘cambiar’. Porque se te fue el ojo y te equivocaste de talla, porque los números de los zapatos ya no son como los de antes, porque la marca tal es diferente a la otra cual, y el etcétera de rigor. Bajas Doctor González, cruzas Avenida de Los Remedios e intentas acceder a la Avenida de Canarias. Por la derecha (calle La Gomera), frente al establecimiento de Antonio Estévez (Artesanía Islas Canarias), calle cortada porque se dieron cuenta, tras el asfaltado, pintado y decorado pertinentes, de que la alcantarilla era demasiado pequeña. No te rías, coño. Por la izquierda (calle El Hierro), taponado a cal y canto frente a Viajes Tabona. Conclusión: no se podía entrar al aparcamiento de la calle Tenerife.
Sigues hacia abajo, cruzas toda la fachada del ayuntamiento y giras hacia la derecha (lo siento, pero no sé cómo se llama la calle; ¿será calle Taoro?) hasta intentar subir por la citada calle Tenerife: acceso prohibido (el elegante edificio de aparcamientos sigue cerrado). No obstante, subes porque no hay otra alternativa, pero con el temor de que cualquier guindilla pueda ponerse en sus trece. Y claro que puede. Estaría, simplemente, exigiendo el que se cumpliesen las normas de tráfico.
Aparcas y como tu mujer se encargó de la devolución, tú te das un paseo. Sitúate, calle Tenerife (en la foto, un poco antigua, la puedes ver perfectamente trazada en la trasera del Consistorio), dirección norte, es decir, hacia abajo, hacia el mar. Elegantes aceras por ambos lados. La de la izquierda (recuerda, bajando) se corresponde con lo alto del edificio de aparcamientos: inoperativa, por lo tanto. La de la derecha, abajo en la confluencia con la ya mentada calle Taoro (?), convenientemente utilizada por automóviles (apenas puedes pasar) que deberán ser de quienes trabajan en la Empresas Municipales o en las pocos comercios que existen en aquel nuevo edificio, sin que policía alguno se percate. Pero también observas cómo los coches de las propias empresas municipales aparcan en la acera para que los operarios puedan ir a resolver sus asuntos. Si al menos este tiempo que se ahorran, lo dedicaran luego a trabajar con más diligencia, podrías olvidarte de la infracción. ¿Otra vez te estás riendo?
Uno siente pena, asco y vergüenza. Vivimos en una tierra gobernada por gente inútil, por unos políticos que sólo piensan en cobrar, y bien, a fin de mes, importándoseles un pimiento estas nimiedades que comento y esperando que en las próximas elecciones los imbéciles de turno, a saber, tú y yo, volvamos a votarles para que nos representen. ¡Y una mierda! Se representan a sí mismos, defienden sus intereses y a ti y a mí nos mandan cada vez que les dé la gana (siempre) a tomar aire fresco a La Corona, porque a El Socorro ya no podemos bajar. Eso sí, la culpa es de Costas. ¿Quién es ese Costas? ¿Y a ti qué carajo te importa?
Pensar que una vez yo también formé parte de esos denominado ‘cosa pública’ me da unos escalofríos más grandes que los que sentí en Alemania hace unos días. Pero como cuento con la ventaja de haber estado, afirmo categóricamente que la ineptitud se ha adueñado de las instituciones, con el agravante añadido de que arriba piensan los ínclitos que los mortales restantes somos tan supinos ignorantes como ellos mismos mismamente. Ojalá mañana se me haya pasado. Creo que no me resta nada por cambiar. El pijama ya me queda bien, bastante holgado en las partes íntimas. No, qué va, yo no estoy enfadado.