domingo, 9 de mayo de 2010

Doscientos


No me puedo quejar. Más bien, todo lo contrario. La presente es la entrada número doscientos. A saber, dos centenares de comentarios. Y si nos fijamos en las etiquetas, podremos concluir que la política ocupa espacio de preferencia. Pero también hablamos –escribimos– de prensa, de mi pueblo (Los Realejos), de la educación… El haber una acepción de política que nos señala que es el “conjunto de orientaciones o directrices que rigen la actuación de una persona o de una entidad en un asunto o en un campo determinados”, no me extraña lo más mínimo. Dicen que la política lo es todo, o que está en todo. Yo también así lo creo. Lo únicos apolíticos que conozco son aquellos pobres cuyas capacidades mentales no les permiten un desarrollo normal en la vida. Al resto de mortales: no me vengan con milongas.
Los fisgoneadores que se han asomado a esta ventana y han echado una visual a su contenido es algo que ustedes mismos pueden comprobar diariamente. Siete meses y cinco mil seiscientas visitas –sin trampa ni cartón– me indican que algún interés puede provocar esta manía. Que me ayuda sobremanera a ir matando el gusanillo y me obliga a teclear, a la antigua usanza, para que las neuronas no se anquilosen. Porque los periódicos de estas ínsulas, en su particular capricho de marginar a los colaboradores de pueblo (y existen mil maneras de hacerlo, que me lo pregunten a mí), te guían hacia otras alternativas. Y reconozco que he hallado una buena salida. Pero ocurre, asimismo, en cualquier otra faceta. Te pongo un ejemplo reciente: tú escribes algo que merece el calificativo de publicable. Tras los dieciocho mil trámites de rigor, llega el momento de la presentación. Si la haces en cualquier recinto metropolitano, reúnes 70 u 80 personas y vendes 20 ó 25 libros, eres un fenómeno. Si te muestras testarudo, te emperras en que debe hacerse cerca de donde vives –y lo haces–, se congregan 300 personas y se venden 85 libros en hora y media, los únicos medios que se hacen eco son aquellos bien próximos en los que trabaja algún amigo. Es como cuando te regalan un Premio Planeta de cualquier eminencia y no pasas de la página 10. En fin, ¡no llores!
Desde el 1 de abril, es decir, un mes y algo, le he indicado a Goggle Analytics que haga el favor de irme chivando, a vista de pájaro, quiénes son los que osan inmiscuirse en estos resbaladizos terrenos de la crítica y de la opinión (mil ciento sesenta y cuatro). Hombre, los detalles no alcanzan el extremo de señalarme cuántas observaciones se han producido de Los Realejos, o de La Orotava, pero de esta provincia (Tenerife) me descubre tres ‘posiciones’: La Laguna, Arona y Santa Cruz. De la provincia de allá, sólo Las Palmas. Pero te detallo estos, aproximadamente, cuarenta días:
Desde catorce países ha habido alguna incursión: España, Méjico, Reino Unido, Perú, Alemania, Argentina, Francia, Suiza, Chile, Colombia, Holanda, Venezuela, Costa Rica y Argelia.
Y las nacionales (mil ciento treinta y siete) se distribuyen entre estas ciudades (veintisiete): La Laguna, Madrid, Las Palmas, Arona, Sevilla, Barcelona, Mérida, Corrales (Zamora), Toledo, Málaga, Santa Cruz de Tenerife, Oviedo, Valencia, Vigo, Santander, La Coruña, Alcalá de Henares, Logroño, El Puerto de Santa María, Murcia, Cádiz, Zaragoza, Alicante, Lugo, Sabadell, Algeciras y Tarragona, amén de las que no están establecidas (not set). Intenté buscar la explicación de esto último, pero tendré que preguntar a los entendidos.
Si no me aburro antes, cuando alcance la número trescientos les informaré de cómo va el paisaje. Utilizo este vocablo porque no deja de tener su atractivo el comprobar cómo el mapa de España, por ejemplo, se va llenando de círculos. Recuerda que los jubilados debemos entretenernos en cualquier bobería. ¿O no?