viernes, 7 de mayo de 2010

Más de no


Un buen amigo me comunicó cierta vez que hay gente que no da más de sí, da más de no. Recuerdo la sentencia cada vez que escucho las lindezas que nos espetan los políticos en cualquier intervención pública. Y no sólo ante los medios de comunicación, que también, sino, y es lo más triste y denigrante, en sus brillantes exposiciones en sede parlamentaria. Manifestaba el gran Álvaro de Laiglesia, con esa fina ironía que siempre le caracterizó: pregunte usted lo que quiera, que yo le responderé lo que me dé la gana. Así nos va por estos peñascos en los que ni siquiera podemos conceder el beneficio de la duda ante las inútiles paridas gubernamentales.
Tenemos un consejero de empleo (con minúscula) que debió perder la vergüenza cuando salió de la escuela. Porque es capaz de intentar justificar el sexo de los ángeles, la preñez de los pajaritos o la honradez del destripador de Boston, y tras la perorata de turno, marcharse como si tal cosa pensando que nos ha convencido con su respuesta. Aparte de sus brillantes disquisiciones acerca del número de parados en la Comunidad y de las causas, externas a su gestión, que lo provocan -Paulino no se le queda a la zaga-, y que roza el treinta por ciento (peccata minuta), vino a señalarnos que en el conflicto de la televisión, el gobierno no debe intervenir, pues no controla el ente (acepción segunda: organismo, institución o empresa). Y ni se despeinó, sólo se le revoltilló el fleco un fisquito. ¿Qué entenderá el susodicho por controlar?
Yo no sé si a ustedes les está pasando lo mismo que a un servidor, pero me hallo ‘destilado’ perdido. De una parte. Entre el helicóptero de Paulino y el que sobrevoló estos peñascos hace la tira de años para ‘fotografiar’ los rincones más bellos de Canarias, estoy ‘por los cielos’. De otra. Cuando bajan a repostar, películas de un paquete que debieron comprar a coste de saldo, cual tele local que se precie, y que guardan celosamente para casos, como éste, de emergencia.
Don Guillermo García (antes, simplemente Willy), especialista en “cuarenta principales” y festivales latinos, catedrático de ciencias físicas y experto en la teoría del ascenso de los fluidos, no puede implicarse por dos motivos: obediencia ciega a quien lo enchufó y manifiesta incapacidad para resolver cualquier problema que exceda el número de tres operaciones elementales (sumar, restar y multiplicar). ¿Dividir? Piensa un pizco (no de ron).
Estaba redactando esta entrada cuando escucho por Radio Arena a los trabajadores del Hotel Maritim que se fueron directamente al paro por un error administrativo del Gobierno. A los que el consejero don Jorge les indicó que no se preocuparan. Igual de despreocupados están los otros trescientos mil parados de las islas, cuya alegría los desborda. El contento les sale por cada poro de su piel y se entretienen con los informativos de la Autonómica. Donde Paulino afirma, en la presentación de su enésimo plan de choque, que estamos en una situación inmejorable para remontar. Como el Tenerife (sólo quedan dos jornadas).
Como siempre he sostenido que nunca es tarde para empeorar las circunstancias, no comprendo el porqué ponemos el grito en las nubes. Estamos en buenas manos. Tenemos quien vele por nosotros. Así que háganme el favor de relajarse, meditar poco (para eso existen otros) y ver mucha tele para estar debidamente informados. Crean ciegamente en ese magnífico equipo que dirige de manera magistral nuestros destinos y, por favor, hagan caso omiso a los que duden de las posibilidades de consejeros y asesores. Juan Carlos Alemán, Gloria Gutiérrez, Lola Padrón y otros no llevan razón alguna. Están completamente equivocados, cegados y ofuscados. Les puede la ideología, mientras nosotros vamos a hechos prácticos. A las listas del paro, a los recortes educativos, a los problemas sanitarios, al enquistamiento televisivo y otros nos remitimos. Obras son amores y no palabrerías del tres al cuarto. Descansen.