viernes, 4 de junio de 2010

Fuego cruzado


Una primera aclaración: ese que se baja del helicóptero no es el Presidente. Ni el que parece que se asoma a la puerta para comprobar si cae es el Vicepresidente. Dicho lo cual, entremos en materia:
Han comenzado los tiros. Como casi siempre un año antes. Pero son balas de fogueo. Hacen pum, pero ni rasguñan. Bueno, si te dan el tiro algo más cerca de lo habitual, puede que te chamusques el bigote. Pero eso también ocurría antes cuando no existían armas tan sofisticadas, aunque sí chismes (ahora en fino, mechero) con una piedra que soltaba chispas. ¿Te acuerdas? Y aquel cacho de cigarro ‘Flor de Fuentes’, colgado de la bemba inferior, no daba para mucho más. Mas se pretendía aprovechar tanto, que se alcanzan unas quemadas de campeonato.
PP y CC, aparentemente, andan a la greña. Escenifican, como cada cuatro años, un cambio de postura en el echadero político. Marcan territorio, pero apenas chingan. Rivero, en su discurso por el Día de Canarias, lanza unas puyas para señalarle a Soria aquello de “yo no lo hubiera hecho, forastero”. Y el Partido Popular, a través de múltiples mensajeros, le pide al susodicho que tenga “altura de miras”. Algo realmente complicado, pues como no le pongan un atril de preescolar (en la actualidad, educación infantil), no va a levantar mucho nuestro hombre. Eso, cuando ya se ronda la ‘mediana edad’, no se cura ni con estiramientos.
José Manuel aplaudió el precitado discurso porque es un hombre educado, de los que come salmón con los cubiertos de rigor, nunca con la mano, como haríamos tú y yo mandándonos un pollo, mero ejemplo. Melchior se suma al carro de los despropósitos y lo invita a que despida a Rita Martín por gastarse los euros innecesariamente. El consejero de Economía y Hacienda, lejos de poner en práctica lo que pregona diariamente, refuerza su gabinete de prensa porque la imagen es la imagen. Y donde haya una buena planta, quítense denunciadores de poca monta. Oye, entre sus viajes –políticos– a Madrid, las citaciones judiciales, campañas y precampañas, inauguraciones y bailes de magos, ruedas de prensa y entrevistas, paseos por Las Canteras a la búsqueda y captura de funcionarios escaqueados… ¿Cómo que Paulino? Paulino más todavía. ¿El Dúo Sacapuntas? No te entiendo.
En esto de las corbatas, bufandas, mantillas y peinetas estábamos, cuando acertó a pasar por allí el alcalde garachiquense hecho un volcán a punto de explotar, encendido como un puro chamuscado, caliente como la ceniza volcánica islandesa. No hay derecho, ya me destruyeron el pueblo en 1706 y desviaron los barcos para el puerto de La Orotava, y ahora me repiten la jugada con el Instituto Volcanológico Canario. Qué tiene Marcos Brito que no tenga yo. Por qué me engaña el presidente del Cabildo. Fue tal la rabieta, que se puso el traje de Adán y se fue a dar un baño al Caletón. Mientras el agua entraba en franca ebullición, se repetía: “Somos la cenicienta del Norte (frase que había acuñado hace muchos años José Vicente en Los Realejos). Si ya tenía yo preparada la Casa de Piedra (que le va como anillo al dedo)”. No era una batallita entre CC y PP. Qué va, más esperpéntica aún, CC contra CC. Fuego directo. Como el de Spínola contra Alemán por la gandulitis parlamentaria, aunque en el PSOE estas guerras son mucho más normales.
Cuando me preguntan si se requiere mucho entrenamiento para esta manía de la entrada diaria en el blog, contesto que merced a la generosidad infinita de nuestra fauna (política), tu afición a juntar palabras queda debidamente recompensada. Aquí no existen las serpientes de verano ni los rumores de primavera. El material está ahí, a tu disposición, listo para ser enjuiciado. Creo, sinceramente, que no deben bajarse el sueldo. Estos esfuerzos deben ser retribuidos convenientemente. Para tal menester están funcionarios y jubilados, sujetos propensos a recibir cachetones sin mayores complicaciones. Las 24 horas de plena dedicación merecen el mayor de los afectos ciudadanos. La permanente preocupación por el bienestar de nuestros pueblos… Lo dejo, no puedo, es superior a mí. Me entra algo parecido al Síndrome de Estocolmo.
Hasta mañana. Seguro que se me habrá pasado.