jueves, 3 de junio de 2010

Moderación


Con la que está cayendo, con lo que nos están exigiendo, con los apretones reiterados a nuestro cinturón, con un número de parados que ronda la desvergüenza, con las despedidas de Pellegrini y las bienvenidas a Mourinho, te levantas un buen día y lees que cada jugador de la selección española recibirá 600.000 euros como premio en caso de ganar el inminente Mundial de Sudáfrica. Y el cuerpo se te queda chungo perdido.
La FIFA, organismo que propongo como canalizador de esta profunda crisis que padecemos, garantiza una serie de ingresos a cada federación por participar en el Mundial. El ganador se llevará 30 millones de dólares, por los 24 millones del finalista. La semifinal vale 20 millones, por los 18 de los cuartos. No superar la primera fase reportará 9 millones de dólares. Es decir, aquí se consuela hasta el más tonto del pueblo.
Alemania, selección que suele compartir el ranking de premios con la española, en esta ocasión se ha quedado en los 350.000 euros por cabeza. Y no cuadrada, precisamente. Me imagino que el gobierno de Merkel habrá insinuado que la crisis es la crisis. Pero España es algo diferente, es más ‘típica’, y puede permitirse tales dispendios. Como Argentina, que repartirá 510.000 euros para cada jugador de Maradona. Del seleccionador español nada se ha comentado, pero deberá llevarse el doble, qué menos. No es lo mismo un simple árbol que un bosque completo.
La RFEF es una entidad privada y justifica estos premios por esa condición y por el dinero que genera su presencia en Sudáfrica tanto por su participación como por el ingreso por patrocinios que tiene. Los premios a repartir suman 13,8 millones de euros, por los 26 millones que percibirá la RFEF en caso de que La Roja gane el Mundial. Para entenderlo mejor, no sólo los jugadores se embolsarán su buena pasta, sino que los directivos, con Villar al frente, se darán unos garbeos de no te menees. Y los imbéciles redomados, tú y yo, a seguir pisando los estadios, jugando a las quinielas y quemando pestañas delante del televisor. La cantidad de chaquetas y corbatas, hoteles, coches, aviones, cuchipandas… Y a ti qué te importa eso. Es, insisto, una entidad privada, y hacemos con el dinero lo que nos venga en gana. ¿Las deudas de los clubes? Que las paguen las Diputaciones, Cabildos y/o Ayuntamientos. Y que no se quejen, porque si toda esa gente que se ‘droga’ con el fútbol, no estuviera en el estadio o ante el plasma de infinidad de pulgadas y altísima definición, sino en cualquier rincón mandándose unos tanganazos de vino pirriaca, ¿qué? Peor el remedio que la enfermedad, pues se necesitaría una flota de policías… Déjalo estar.
Pero aún hay más, porque la tradición indica que al margen del dinero, siempre hay un regalo de la Federación hacia los jugadores por el hecho de participar en una fase final bien sea Mundial o Eurocopa, como fueron el ya famoso Quad o la televisión de 52 pulgadas de la pasada cita de Austria y Suiza. Luego ponemos el grito en el cielo por unos trajes de nada, por los sueldos de unos políticos, por unas dietas de risa y por unas anchoas del Cantábrico. Si esto del fútbol lo inventó Franco cuando era cabo primera en la soledad de los cuarteles, ahora es menester rescatar viejos esquemas que han funcionado perfectamente a través de los tiempos.
Hagan el favor de no mirar para mí. Yo estoy congelado y no estoy contenido en las denominadas rentas altas. Como me vienen a la memoria los derroches de fuegos artificiales en las fiestas –inventos no sujetos crisis– y otras zarandajas de menor porte, hago otro esfuerzo mental y se me ilumina el magín con aquello de “aunque usted pueda pagarlo, España no puede”. Creo que era de una campaña de mentalización para el ahorro del agua. ¿Y no se le puede aplicar a todo aquello que pueda considerarse privado? Pero, pensándolo mejor, déjalo estar –otra vez–, porque lo de predicar con el ejemplo está muy mal visto en este país de excelentes futbolistas, incluida la nacionalidad canaria. Qué pronto nos olvidamos cuando no pasábamos la primera fase y decíamos: “a esos los cogía yo y los ponía a raspar platanera o a coger papas de sol a sol”. Hoy les prometemos cien millones de pesetas por barba. País.