sábado, 19 de junio de 2010

A la cola


Por una vez, y sin que sirva de precedente estoy completamente de acuerdo con Milagros Luis Brito, consejera de Educación. “La enseñanza necesita un cambio radical”, dijo la que según tengo entendido jamás ha dado una clase. En eso le gana Paulino. Por la mínima, pero le gana. Sí, Milagros, por supuesto, un cambio radical. Pero radical de verdad. Cuya primera medida debe ser, inexorablemente, el cambio de titular en la consejería. Hay que predicar con el ejemplo (se lo dije a Paulino y ni caso) y un cambio es un cambio. ¿O no?
Dices, y ni te cansaste ni nada, que los alumnos canarios deberán empezar a aprender a desarrollar capacidades y no a interiorizar sólo contenidos, como hasta ahora. Al tiempo, llamas a los sindicatos para que actúen responsablemente. ¿Y tú? ¿Cómo te atreves a exigir un cambio de metodología? ¿Cómo osas manifestar que no te sorprenden los resultados que nos colocan en el último puesto de la geografía española? ¿Y con estos mimbres nos vamos a independizar? Seremos tercermundistas.
Vamos a ver, Milagros: la escuela está equivocada porque solo transmite contenidos. Si eso fuera verdad, los alumnos de cuarto no ocuparían ese penoso lugar, no estaríamos a la cola, porque algo sabrían. Y pasarían la prueba, el examen. Deben, según tú (vaya descubrimiento, según yo), desarrollar capacidades. ¿Para qué? ¿Tú te crees que los chicos son bobos? Han visto que cualquiera puede llegar a ser alto cargo en la política de pandereta que sufrimos en Canarias y mandaron el esfuerzo para cierto sitio. Maman en cualquier territorio en el que se desenvuelvan (casa, escuela, o eso pomposamente denominado sociedad), que alguien que no sabe hablar, verbigracia, carnivalescos o carnibalescos (según provenga de carnaval o caníbal), puede ser consejera de periplos y giras variadas. Y el alumno razona y, consecuentemente, se pregunta: ¿para qué estudiar lenguaje? El escolar escuchó en cierta conversación que el padre, tío, primo, abuelo… sabía de un director general que escribía con faltas de ortografía, pero que lo suplía con un gabinete de secretarias, y se volvió a preguntar: ¿para qué estudiar lenguaje? Si quieres te pongo también ejemplos más matemáticos y menos lingüísticos.
Hay una capacidad –la del trepa– que está sepultando a las que tú aludes. A esas que la ley de educación pretende desarrollar. Y los chicos serán de todo, menos bobos. Saben de lo que les interesa. De lo que la clase política, y los medios de comunicación que la sostienen, le pone a su alcance cada minuto del día. Los alumnos son cada vez más inteligentes. Pero la orientan al servicio de sus intereses. Que no pasan por el estudio en estos momentos porque todo lo demás es mucho más atractivo. ¿Sabes quién puede acabar con esto? No, ustedes son incapaces. La crisis, Milagros. Pero no es suficiente la actual. Esta es aún leve. Será grave cuando el coche oficial que va a buscarte a tu casa no tenga gasolina. Y esa breva no me va a caer. Ya lo sé, lo mío es demagogia. Lo tuyo es ex cáthedra (La RAE lo prefiere escrito así).
Invité, días atrás, a Paulino a que hiciera un servicio de responsabilidad por esta sociedad a la que ustedes tanto aman. Y hoy reitero, Milagros, el convite, para que te sumes a la iniciativa. Entra en una clase, pero no de visita a decir qué guapos están los niños (lo volvieron a hacer ayer en Gran Canaria), y pon en práctica tus propuestas. Y llévate contigo a todos los liberados sindicales, porque con tus conocimientos y los de ellos daremos un considerable empujón a este carro que se halla atascado por la ineptitud de estos maestros vigentes que solo quieren más dinero, más medios y una ratio ridícula. Cómodos, que son unos cómodos. No toman ejemplo de nuestros excelentes gobernantes. Que lo mismo saben de Medio Ambiente que de evaluación de la calidad educativa. Que lo mismo conocen de Obras Públicas, de Agricultura o de la expropiación de edificios para ampliar el Parlamento. Que lo mismo regentan un chiringuito en Teguise que asumen la (ir)responsabilidad de que estas islas sigan siendo un atrayente destino turístico (osos blancos incluidos)…
Y no sigo porque me conozco y acabo por inmiscuirme en el honor del vicepresidente, que lo mismo me pide un euro como a Benítez Cambreleng. Y como estoy congelado, seguro que tendré dificultades. Yo. Ustedes no.
Si yo que estoy jubilado y caduco, todavía me percato de ciertas jugadas, ¿tú ignoras lo que son capaces de hacer los infantes? Tendremos que seguir arando con estos bueyes. Algunos graduados en la universidad de la calle (¿o de la vida, Guillermo?) y los otros a punto de alcanzar el tan codiciado título de graduado escolar. ¿Aprender de los errores? ¿Rectificar es de sabios? Los otros. Dentro del círculo ¿vicioso?: infalibilidad.
Estaba ahora mismo pensando en pasarme por el colegio en el que estudiaron mis hijos (Toscal-Longuera, en el que el menda trabajó 22 cursos), por si necesitan un presidente para la Ampa. ¿Cómo? Y eso qué importa. ¿Tiene hijos acaso algún miembro –o miembra– del gobierno canario? Y habla de ellos como si los hubiese parido. Cojan vergüenza. Y váyase, Sr. Zapatero (culpable último y único de todos los males nacionales y ultraperiféricos).
Hoy estuve medio revoltillado, largo y espeso, pero ustedes me entendieron. Adiós.