lunes, 20 de diciembre de 2010

Plaga de langosta (2)

“Con periodicidad de unos veinte años suelen sentirse las Islas Canarias gravemente amenazadas por temibles plagas de langosta, procedentes del cercano continente africano. En estos momentos sufre precisamente aquella región una de las más graves invasiones que ha conocido el archipiélago. Las islas más afectadas, hasta ahora, son las de Gran Canaria y Tenerife. Miles de personas están tratando de combatir a esta funesta plaga berberisca, cuya voracidad insaciable puede destruir por completo la riqueza agrícola del país, creada a fuerza de asombrosos sacrificios en lucha contra un suelo estéril, formado por capas de origen volcánico y donde el agua solamente salta a la superficie si se araña la tierra hasta profundidades inverosímiles.
Suele coincidir la aparición de estas plagas con una espesa ola de calor que hace fatigosa la respiración y desmiente por unos días la justa fama de suavidad que distingue al clima del archipiélago. Es el temido ‘tiempo sur’, que endurece las tierras de labor, agosta los cultivos y penetra en el interior de las viviendas con su vaho denso y enervante.
Nunca es posible prever la inminencia de estas invasiones, pues la langosta berberisca llega unas veces a las islas en vuelo directo y otras flotando sobre el mar, en grandes masas compactas que al acercarse a la costa se deshacen rápidamente e inician el vuelo en distintas direcciones hasta elegir la zona que ha de ser arrasada. La plaga que ahora invade Canarias apareció de improviso en el archipiélago, dirigiéndose una parte al interior de las islas y otra hacia los barcos que se hallaban en ruta por aquellas aguas.
Cuando recogemos estas impresiones un nuevo banco de langosta de medio kilómetro de extensión flota amenazador sobre el mar de las Islas Canarias temiéndose su penetración en nuevas oleadas, pues ello podría significar la destrucción fulminante de las más ricas manifestaciones vegetales de la región. Hasta ahora la platanera había permanecido siempre indemne a la dentellada voraz de estos indeseables visitantes, quizás porque la hoja de aquella planta arbórea –suave y resbaladiza– no facilita las evoluciones del temible insecto. Sin embargo, en esta ocasión las plataneras jóvenes y aquellas cuyas hojas presentan rugosidades y rebordes secos, como consecuencia de recientes temporales, han sido afectadas de manera alarmante por la acción destructora de la plaga africana.
El paso de la langosta sobre las ciudades y pueblos de Canarias forma nubes oscuras y siniestras que a veces consiguen atenuar la clara luminosidad del cielo de las islas. Todo el recinto urbano aparece sembrado de zancudos insectos, pues la plaga no respeta el interior de los hogares ni el fresco césped que adorna los jardines y los parques. La invasión se convierte en tragedia cuando los medios empleados para combatirla resultan ineficaces y no es posible evitar que la plaga se estabilice en las zonas de cultivo. La próspera economía de Canarias se basa casi exclusivamente en su agricultura, y una calamidad como la que actualmente pesa sobre aquellas islas puede malograr, sólo en el espacio de unas horas, toda la riqueza que se consiguió a costa de muchas jornadas de trabajo.
Un fenómeno extraño y a la vez curioso acompaña en esta ocasión a la plaga de langosta que amenaza los campos de Canarias: la aparición en el cielo de aquellas islas de grandes bandadas de golondrinas que entremezclan  su alocado vuelo con el desagradable zumbido que produce el voraz insecto africano al lanzarse sobre la fresca presa vegetal.
El tiempo reinante favorece a la plaga, y por esta razón se temen nuevas invasiones. Todos los recursos defensivos tradicionalmente empleados para la extinción de la langosta han sido de nuevo movilizados, pues la importancia de los cultivos en pie y la cuantía de los capitales invertidos crean un clima de espontánea colaboración en torno de las autoridades y de las Jefaturas Agronómicas, bajo cuya dirección técnica se desarrollan los trabajos. Los campos y las montañas se iluminan fantásticamente en la noche con el resplandor de las hogueras que arden en la linde de los amenazados predios. Fuerzas del Ejército, de la Marina y de la Zona Aérea de Canarias cooperan en la campaña que se ha iniciado en las islas con el fin de ahuyentar esta terrible plaga. Hasta el gorrión, enemigo tradicional del campesino en la época de siembra, hace ahora causa común con el agricultor canario y le presta su colaboración valiosa en la febril tarea de exterminar la invasión berberisca que amenaza al archipiélago con la desolación y la ruina.
Los patatares y hortalizas, el maíz y los frutales –sin excluir confiadamente a la platanera– están siendo atacados por esta plaga diabólica que, periódicamente, visita las Islas Canarias. Sólo un rápido cambio de tiempo y la eficaz labor de exterminio que se mantiene sin descanso en todas las zonas afectadas, puede librar a la agricultura canaria de una de sus más sensibles crisis”.
Ignoramos si el autor de esta extensa crónica informativa (ya hoy no se estilan de esta guisa en el periodismo escrito) –Francisco Rodríguez Batllori– guarda algún tipo de parentesco con Francisco José Rodríguez-Batllori Sánchez, quien fuera diputado en el Parlamento canario, consejero regional de Empleo y Viceconsejero de Justicia y Seguridad, y que saltó de nuevo a la palestra en uno de los tantos acontecimientos (raros) habidos en Lanzarote: la operación Jable.
Pasan los días, persisten los esfuerzos, pero la plaga permanece en su afán destructivo. Y los cultivos son arrasados de manera inmisericorde.
ABC, 23 de octubre de 1954 (sábado), página 29:
Prosiguen las tareas para extinción de la langosta. Santa Cruz de Tenerife, 22. La situación general en esta isla y en las demás de este archipiélago, en cuanto a la plaga de langosta que se extiende desde el pasado viernes, sigue acentuándose a pesar de los medios que vienen empleándose para su extinción. Ello se debe principalmente a las nuevas nubes de langostas que penetran por las costas, no tan densas como las de estos días, pero de manera más constante. En la zona de Santiago del Teide se presentaron hoy grandes masas de langostas que se asentaron sobre las huertas y sembrados del valle y caseríos de aquella comarca
(continuaremos)