domingo, 17 de abril de 2011

La Gomera en el recuerdo (23)

Continuamos recorriendo territorio colombino de la mano de la prensa editada en la década de los sesenta del siglo XIX y hallamos en el Boletín Oficial Eclesiástico de las diócesis de Canarias y Tenerife (Omnia honesté, et secundum ordinem fiant. Hágase todo con decoro, y con orden. 1. ad Corint. 14), correspondiente al 5 de junio de 1863 (año 5º, número 127), que “sale tres veces al mes. Se suscribe en la Secretaria de Cámara de este Obispado y en la del Gobierno Eclesiástico de Tenerife. PRECIO: Un trimestre 6 rvn”, el anuncio de la Segunda visita pastoral de la Diócesis (sede vacante) de Tenerife.
Tras señalar el orden en la visita de los pueblos de Tenerife, se indica:
“Han sido delegados por S. S. para girar la pastoral visita en la isla de la Palma el Doctor D. José Ana Gimenes cura Párroco Arcipreste de Icod en Tenerife, y en las islas de la Gomera y del Hierro D. Nicolás Montesino y Carrillo, Cura Párroco Arcipreste de Agulo en la isla de la Gomera.
En su consecuencia se recuerda á los Venerables Curas Párrocos la circular de 1º de Mayo último de nuestro Ilmo. Señor Administrador Apostólico, inserta en el Boletín eclesiástico del 5 del mismo mes para que tengan pronto y arreglados los libros de bautismo, de matrimonio, defunciones y cuadrantes de misas para darles la correspondiente aprobación si la merecieren. Las cuentas de Fábrica, de Animas y de Cofradias serán revisadas para su aprobacion; los libros de Capellanías ya de sangre, ya familiares, ya de libre colación y los testamentos se presentarán para su examen á fin de venir en conocimiento de si están cumplidas las misas y demás cargas piadosas con que están grabados. Los eclesiásticos que poseen Capellanías deberán dar cuenta del cumplimiento de sus respectivas cargas.
Serán igualmente objeto de inspección durante la Santa Visita el material de los templos, bautisterios, altares, tabernáculos, vasos y ornamentos sagrados, enseres y demas objetos pertenecientes al Culto. Las Ermitas, oratorios y Cementerios. Los inventarios y los padrones que aun no se hubiesen remitido a este Gobierno.
Lo que se inserta en el Boletín Oficial Eclesiástico para su puntual cumplimiento. Laguna de Tenerife 30 de Mayo de 1863. El Secretario de Visita, Gerónimo Fernaud y Delgado”.
El Guanche, periódico editado en Santa Cruz de Tenerife, y que sale los días 6, 10, 14, 18, 22, 26 y 30 de cada mes, correspondiente al 6 de junio de 1863, página 1, año 5º, número 369, contiene esta crónica que lleva por título Isla de la Gomera, y que es del tenor literal siguiente:
“No es un asunto de pequeña entidad ciertamente el que hoy nos hace tomar la pluma, en favor de nuestros hermanos de la Gomera. Por cartas de alli que tenemos á la vista, y que nos han causado grandísima alarma, vemos que los habitantes de Agulo, pueblo de cosa de mil almas, situado en aquella isla, se hallan en gran peligro de verse de un momento á otro sumerjidos en lo profundo de los abismos, pues tal temor engendran naturalmente las diversas grietas que se han abierto en su territorio. Vean nuestros suscritores, y vean también nuestras autoridades provinciales, la relación del estado de aquel desdichado pueblo; relación que transcribimos de una carta, fechada en él mismo el 28 de Abril último; y que, en la sencillez de sus formas, y hasta en la tranquilidad y confianza un tanto imprudentes de su autor, nos demuestra la triste realidad de las cosas. Oigamos al habitante de Agulo, cuyas espresiones nos permitiremos alguna vez subrayar:
‘V. recordará que este pueblo está circunvalado de risco en forma de herradura, menos por la parte del mar. Una parte del pueblo, y diré mejor, todo, está situado sobre una especie de meseta. La altura sobre el nivel del mar es grande, y hay mucha distancia á aquel. Por un estremo del pueblo corre el barranco por una profundidad regular: por el otro hubo hace muchísimos años un hundimiento que causó por aquella parte una grande escabazon, así es que forma una segunda meseta sobre el nivel del mar: de manera que una parte del pueblo se halla sobre el rumbazo que forma el barranco, y la otra sobre el que forma la antigua quebrada. El suelo no es de materias volcánicas. En los trabajos y fábricas que se han hecho he visto claramente que se compone de tierra muy suelta aunque algo gredosa y grandes piedras. Cuando hay muchas lluvias, y no pudiendo la tierra absorverlas se filtran llevando consigo, como es natural, la tierra, y quedando las piedras en hueco tienen movimiento; y esta es la causa de los hundimientos que se observan en las casas, especialmente en donde á poco de hechas aparecen grietas, deduciendo de aquí el movimiento que sufren los cimientos.
El año de 59 por Diciembre, como fué tan lluvioso, se hicieron dos quebradas, como aquí las llamamos: pero todas fueron en los estremos del pueblo: nada de estraño vimos en ellas, sino lo que antes he dicho, por causa de las filtraciones. La una que fué por la parte del barranco, no nos causo mucho temor por estar algo distante de las casas: la otra si, porque se formó adjunto á la que antiguamente se habia hecho á la otra parte del pueblo, y tan cerca de algunas casas, que solo hay de distancia de ocho á diez varas. En los años sucesivos, cuando llueve mucho algo intranquilos estamos, pero nuestro temor es hasta cierto punto infundado PORQUE PARECE IMPOSIBLE QUE TODO EL PUEBLO SE VAYA DE GOLPE, Y NO NOS DÉ TIEMPO PARA MIRAR POR NUESTRAS VIDAS. Los hundimientos en las casas no son muy grandes, ni tampoco las grietas. Nosotros estamos ya acostumbrados á ver esto y no lo estrañamos. En fin, el tiempo enseñará.
Se me olvidaba decirle que parte del agua que baja al pueblo por una cascada sale por donde se hizo la quebrada antiguamente, que viene á ser por la segunda meseta, y esto demuestra lo hueco que está esa parte’.
Hasta aquí la relación del habitante de Agulo, tomada literalmente. La buena fué que en esa relación resplandece, pues en ella, (que no fué formada para ver le luz pública) lejos de exagerarse con retóricos artificios la peligrosísima situación de aquellos moradores, se deja ver una escesiva confianza respecto del porvenir; nos ha hecho tomar la pluma para recomendar con todas nuestras fuerzas al celo é ilustracion de nuestras autoridades superiores, unos datos tan alarmantes.
Ya desde 1859 se solicitó del Sr. Gobernador civil, enviase Ingenieros que reconociesen el terreno. Nada se consiguió entonces. Reiteráronse las súplicas en el mismo sentido, y siempre sin otro resultado que la formación de un espediente que, según tenemos entendido, duerme hace tiempo en el polvo y en la indiferencia: y hoy es el día en que los habitantes de Agulo no saben si deben abandonar sus casas, precaviendo una catástrofe espantosa, ó pueden permanecer en sus hogares; porque la ciencia no ha acudido ni á darles el grito de alerta, ni á tranquilizarles sobre su suerte futura.
Nosotros, omitiendo por ahora todo comentario, esperamos que el Sr. Gobernador civil sabrá dictar las medidas conducentes, á fin de sacar á unos moradores de Agulo de su imprudente seguridad, ó á otros de la cruel ansiedad que les atormenta. Se trata nada menos que de la existencia de los habitables de un pueblo que, si es pequeño por su estension, no por eso deja de tener un derecho tan incontestable como la mas poblada y floreciente capital al amparo de las leyes, y á fijar la atención de las autoridades”.
Por último, en  Las Canarias (Órgano Hispano-Canario, cuyo director era D. Benigno Carballo Wangüemert, y D. Fernando León y Castillo su secretario, según consta en su cabecera junto a la reseña: Colaboración de escritores de primer Órden, publicistas, literatos y economistas. Precios de suscricion. En la Península y Canarias : 5 rs. vn. En Ultramar 7. Administracion. Plaza de Pontejos, 2, pral, derecha), en su número 9, del martes 4 de agosto de 1863, página 12 Año I, nos trae esta noticia:
“Parece que ha muerto en la ciudad de Las Palmas el doctor en medicina D. Antonio Roig, que había ejercido con general aceptación su facultad durante cuarenta años en la isla de Gran Canaria, prestando á la misma, en diversas épocas, importantes servicios. Esta pérdida ha sido generalmente sentida.
Parece haber acaecido asimismo en la misma ciudad de Las Palmas la repentina muerte de D. León de León, rico propietario de la isla de la Gomera, donde desempeñaba las funciones de subdelegado de Marina. La prensa de Canarias hace encarecidos elogios de las virtudes que le distinguieron; su casa era el refugio de todos los forasteros que llegaban á la villa de San Sebastian donde vivía; los pobres tenían en él un verdadero padre, y los marineros y pasajeros del vapor Cantabria, que embarrancó en la Gomera, conservan un grato recuerdo de la asistencia que les dispensó”.
Lo dejamos hoy aquí en la promesa de volver en una próxima ocasión con más asuntos relacionados con la isla de La Gomera. Hasta entonces.