sábado, 16 de abril de 2011

Hacen falta más

Creo, con toda la firmeza de la que soy capaz, que debería haber elecciones todos los años. O al menos que existiese la posibilidad de que cada formación política hiciese una campaña de quince días antes del verano. Para poder marcharnos relajados a la playa y convencidos de que cuando alcancemos el otoño, a cada uno de los pueblos del territorio patrio les llegará un periodo de transformación tal que una vez iniciado el invierno no lo conocerá ni el propio alcalde. Y en la siguiente primavera, nuevas promesas, nuevas ilusiones, nuevas apariencias.
Se me antoja que lo tendrá algo más difícil la formación política que guíe ahora los destinos municipales, pues tendrá el problema añadido de explicar lo que no ha hecho. Que será muy poco o, en su defecto, estarán ya redactados los proyectos (ya se sabe), pero inconveniente en suma.
He leído en estos últimos días (recuerden que el lunes se cierra el plazo de presentación de candidaturas) que se imponen los denominados códigos éticos. Todos ellos en forma de decálogos. Como los que inserté en este blog hace unas semanas y que se estilaban tiempo ha. Muy complicado me lo ponen. Porque cuando al aspirante hay que señalarle lo que se debe o no hacer, malo, malo. Hay algo que se denomina conciencia, honradez, compromiso (probidad, si te place), que o lo tienes o no. Fabricarlo a la prisa y corriendo, va a ser que no. La política es, debe serlo, una extensión de la vida cotidiana. Ahí vas a desarrollar una labor guiado por idénticos principios con los que te riges en el resto de facetas de la vida. Y el decálogo te conmina a conducirte bajo unos cánones predeterminados que, a lo peor, jamás has puesto en práctica en tus quehaceres anteriores. Coño, te lo digo más claro: si has sido durante toda tu existencia un cantamañanas, cuando accedas a un puesto bien remunerado, y en plan jefe, serás, además, cantatardes y cantanoches. No tiene vuelta de hoja, o eres recto o eres cambado, no hay más. Y para los de término medio, los veletas, sí que existe el peligro añadido de las desviaciones de conducta ante la tentación que parece dar la lata del gofio, siempre abierta y en la que introducir la mano parece no ser tan complicado. A los ejemplos (múltiples, variados y nada presuntos) me remito.
En Los Realejos, aparte del hipódromo que construyó el PP hace relativamente poco (apenas se han celebrado unas carreras de poca monta), tendremos a la vuelta de la esquina un complejo deportivo acuático de alto ‘starling’ (que diría un estimado concejal). A pesar de ser una mera propuesta de un empresario local, el alcalde (CC), ni corto ni perezoso, como destinatario de la misiva registrada, ya está vendiendo el nuevo vaso para el chapoteo. Tiene preparado el casco y en cuanto el proyecto cruce la Avenida de Canarias rumbo al consistorio, cogerá de la mano a la concejala de deportes, le encasquetará otro casco (no podía ser de otra manera, digo yo) y a visitar líneas, alzados y perspectivas. El concejal de obras traerá la cuchara y el cemento, mientras el cura preparará la mezcla con agua bendita.
Pero, quizás, lo que más me llama la atención de este estado febril es el repentino descubrimiento de la excesiva burocracia con la que nos encontramos ciudadanos cada vez que acudimos a solicitar cualquier bobería. Es una muestra más del alejamiento existente entre el cargo público y las personas a las que dicen representar. Debe ser que ellos lo tienen todo a mano, algún funcionario les resuelve la papeleta o tengan la inmensa fortuna de no hacerles falta nada. Quienes se están llevando el pato al agua (no la de la piscina nueva de Oswaldo; por cierto, hazla de 50 metros, que bien y mucho fue criticado Vicente cuando la anterior) son los candidatos populares con José Manuel Soria a la cabeza. Y me hace una gracia escucharlo con lo de ‘cuando nosotros gobernemos’. Muchacho, eso lo podrán alegar los socialistas, que desde los tiempos de Jerónimo Saavedra han sido opositores natos, ¿pero ustedes? Cojan un fisco (pizco para los de allá) de vergüenza.
¡Ah!, yo también pienso que estas no son las generales y puede haber sorpresas. Y ya puestos, a nivel nacional tampoco vayan de sobrados porque puede aparecer un conejo detrás de cualquier mata por esos campos de Dios. Sin dobles.
Finalizo con una felicitación al portuense Juan Cruz por su comentario de ayer en su blog. Efectivamente, el insulto no es jamás un recurso. Y es algo que, bajo el paraguas protector de las redes sociales, prolifera. Pero califica a quien lo practica. Algo sabemos de medios (o cuartos) audiovisuales bien cercanos.
Hasta mañana, que nos iremos para Agulo en La Gomera, una curiosa crónica de un pueblo amenazado por razones meteorológicas.