miércoles, 17 de agosto de 2011

Gordejuela (3)

¡Y pensar que todo eso se debe exclusivamente á la voluntad inquebrantable y á la poderosa inteligencia de un hombre: á la locura del Sr. Galván! ¡Sublime locura que tales milagros hace! ¡Y qué escasos de locos estamos en Tenerife! Los que todo lo fían á la influencia progresista y á la eficacia de una palabra, de un nombre, de un titulo, como si éstos fuesen bastantes elementos en la lucha por la vida de las colectividades y de los individuos, debieran darse una vueltecita por Gordejuela, persuadirse allí de que, sin necesidad de títulos, ni de palabras, ni de nombres, el Sr. Galván y Balaguer, en unión, de los Sres. Hamilton, que facilitaron el capital, y de D. Juan Torres y León Huerta, dueño de las aguas, ha sabido y podido transformar y enriquecer aquellas hasta hace poco inaccesibles y estériles escabrosidades y dar nombre á Tenerife, que debe hoy enorgullecerse con poseer la obra más colosal dentro del archipiélago canario, y convencerse también allí de cómo toda la extensa zona del Taoro, agena en absoluto á las miserables y pequeñas luchas de pueblos y de partidos y á las discusiones odiosas por un cintajo ó por la interpretación de un término gramatical, se halla ya en camino de una creciente prosperidad material, merced exclusivamente al trabajo, al trabajo que ennoblece y dignifica. Tenerife no necesita librar batallas por estas ó por aquellas concesiones que, aún considerándolas apetecibles y hasta convenientes, no son, sin embargo indispensables á la realización de su labor de progreso y de adelanto. Lo que hace falta, de lo que carecemos y debemos á todo trance buscar son capitales dispuestos á la implantación de nuevas industrias, a favorecer el desenvolvimiento del comercio, á dar á la agricultura medios y armas para vencer en la cada día más seria competencia á que se halla hoy sujeta, á explotar, en fin, todas nuestras fuentes de prosperidad y de riqueza; y hombres de iniciativa y de actividad, de voluntad y de talento que pongan todo lo que puedan y lo que valgan al servicio de esos empresas”.
Y La Opinión, el mismo día, es decir el 8 de junio de 1905, página 2, se hace eco de la prolija información anterior en su sección ‘Tomemos nota’.
[Cuando finalicen su lectura, no es necesario que me indiquen el que recordaron ciertos lances actuales, incluido lo de la isla de Canaria].
“En el periódico leonino El Tiempo, y en un artículo que titula «Gordejuela», leemos estas frases del más puro y acendrado amor á la isla de Canaria y de desafecto y encono á esta isla.
«Tenerife no necesita librar batallas por estas ó por aquellas concesiones que, aun considerándolas apreciables y hasta convenientes, no son, sin embargo indispensables á la realización de su labor de progreso y de adelanto.»
¿Van comprendiendo los buenos hijos de Tenerife el rumbo que sigue el patriotismo del periódico que aquí, en Santa Cruz de Tenerife, hace la política del Embajador de España en París?...
No hay periódico en Las Palmas que ose emitir un juicio como el que de El Tiempo copiamos.
¡Lo arrastrarían!...
Aquí no; aquí estamos imposibilitados para ser hombres porque nos falta lo principal... la vergüenza.
El articulista de El Tiempo es el mismo que en ocasión difícil para este pueblo, aseguró que la Capital de Canarias nada perdería con la desaparición de su capitalidad militar.
Bien es cierto que ese gran periodista ha sido un apóstata, en todos los órdenes de su vida”.
Al día siguiente (9 de junio de 1905, el mismo periódico (El Tiempo), en su página 2, nos trae la segunda entrega:
“Gordejuela (II)
Las obras de Gordejuela, de las que hemos hablado en líneas generales en nuestro anterior artículo, visitadas por nosotros el domingo último merced á la amable invitación de su director nuestro particular amigo el Capitán de Ingenieros D. José Galván y Balaguer, se hallan emplazadas en la desembocadura de un barranco inaccesible, á la mitad de una montaña cortada á pico, en donde verdaderamente parece increíble que hayan podido trabajar centenares de obreros y colocarse grandes y pesadísimos artefactos y máquinas.
Atrevidamente suspendido sobre el mar, á una altura de más de cuarenta metros, se eleva el soberbio edificio de cinco pisos destinado á la maquinaria y á vivienda, cimentado sobre una pequeña meseta artificial que rodean peligrosos precipicios. Se halla de tal forma construido este edificio, de tal manera incrustado en la montaña, que en él no se entra por el primer piso, sino por el quinto, donde se encuentra la instalación de máquinas. La de vapor, muestra admirable de la industria moderna, es de trescientos caballos efectivos, tipo compound, cuyos cilindros accionan cada uno dos bombas aspirantes é impelentes, elevadoras de nada menos que de ocho millones de litros de agua á una altura de 240 metros y con un desarrollo de 2.100 metros de tubería de 30 centímetros de diámetro interior.
Con la exquisita amabilidad que le distingue, el Sr. Galván, alma de aquella colosal obra que su inteligencia ha creado y por la que él siente entrañable cariño, nos explicó minuciosa y detalladamente aquel complicado mecanismo, maravilloso generador de progresos incalculables, y el papel que cada rodaje, cada émbolo, cada aparato y cada pieza, por insignificantes que parezcan, desempeñan en el prodigioso y regular funcionamiento de bombas y volantes, puestos en movimiento expresamente para que nosotros pudiésemos formarnos idea de cómo, con un máximun de orden, de regularidad y de sencillez, ha podido obtener el máximun de aplicación, conquistando así el más feliz de los éxitos…
(continuará)