jueves, 11 de agosto de 2011

Gracias

Dejé programadas unas entradas. Que son las que ustedes pueden observar durante esta semana. Hasta mañana viernes. Intuía uno que si se alejaba un fisco del entorno, habría de hacer acto de presencia la fatídica señal. Esa que sabes que inexorablemente se tendrá que producir, pero que ni siquiera el paso de las semanas y los meses te acaba de convencer.
Fue una ausencia de apenas unas horas, porque el teléfono sonó. Y a pesar de que la distancia era de escasos kilómetros, las circunstancias –malditas sean– te minan y te machacan. Pero debes –intentarlo al menos– mantenerte firme. Y en ello estamos.
Amanece este jueves y se nos presenta una magnífica jornada veraniega. La que te invita al remojón. La panza de burro que durante julio aguó la fiesta estival de quienes tienen vedadas las puertas del Sur o de otros destinos allende los mares –es, debe ser, la crisis–, se echó a un lado y ha dejado paso el tropel bullanguero que se dirige a El Socorro, por ejemplo. Donde hoy los surferos tendrán un recuerdo para quien ahora coge olas en otro lugar. ¿El destino? Y yo qué sé, maestro. Es y es, y no le des más vueltas.
Gracias infinitas, en nombre de la familia, a los que tuvieron la ocasión de hacer un alto en el camino para hacer un repaso de andanzas relacionadas con el deporte, con la aventura, con la vitalidad.
Gracias infinitas a los presentes y a los ausentes, a los que se acercaron y a los que no pudiendo hacerlo físicamente también enviaron su mensaje por los diversos canales que eso de las nuevas tecnologías nos permiten. Y a los que no se enteraron por olvido u omisión, nuestras más sentidas excusas.
Gracias, y seguiremos cogiendo olas. Aquí, en Maldivas o en Mentawai. Gracias.
Creo que me tomaré unos días de descanso. Eso, creo. Ahora no puedo prometerlo, y no lo prometo. Testarudo que es uno. Lo dicho, gracias.