sábado, 10 de septiembre de 2011

80.000 promesas

Añade todos los encargos. ¡Ay, Virgen, Virgen del Pino! Son tantas como los romeros llegados a la Villa Mariana de Teror. Todos ellos, sin excepción alguna, cruzaron el umbral del templo para indicarle a la Patrona que no se olvidara de sacarlos de la crisis. ¿Y por qué puse antes lo de los encargos? Porque a muchos de ustedes les habrá ocurrido lo que a un  servidor: no hemos podido ir. En mi caso particular no sé dónde demonios (con perdón, dada la excepcionalidad del comentario religioso) metí las botas, y los tenis estaban ya para el arrastre. Fui previsor, no obstante, y llamé a Paulino. ¿Qué Paulino va a ser? Por supuesto, nuestro presidente, que para eso es amigo mío y lo saludo de vez en cuando. La última en el aeropuerto de El Hierro hace de esto unos unos cuatro años y pico. Claro, va a un ritmo que no puedo seguirlo. Pues, como te señalaba, no pude localizarle por los medios consabidos y le dejé el recado. Aún no sé si le hicieron llegar el ruego que le trasladé para que, a su vez, se lo hiciese llegar a la que fueron a rendirle pleitesía.
Me puse a ver la tele un fisco (bueno, un pizco) y me enteré de que se habían vendido chorizos a porrillo. Y pensé: ya quedan menos. Allí estaban los 21 alcaldes de Gran Canaria (que no, esto no tiene nada que ver con los chorizos, son aspectos independientes, aunque colaterales). Y en ese mismo instante me llamé, y me sentí, ‘morrúo’. Porque a buen seguro que mi amigo Juanjo subió con Bravo de Laguna y aprovecharon, amén del coche oficial, para hablar de asuntos relacionados con la literatura (ya se sabe que al junior le interesa bien poco el deporte). Y no se me pasó por la cabeza que podía valerme de la oportunidad. Como asimismo desperdicié el que mi amiga Ana se habría desplazado con el suyo (el alcalde), un tal Teodoro, a quien no tengo el gusto.
Ocurren estos destellos y atisbos de mínima inteligencia (la mía) a posteriori. Así me va, siempre llego tarde. Porque dándole al magín, siguieron apareciendo nombres: Jerónimo (puede que estuviera todavía en La Gomera), Misael, Víctor, Santiago, Candelario, Francisco… Pero el que nace lechón, muere cochino. Y no se le pone remedio ni con el ron de Arucas. Por lo pronto, hace un rato que miré la primitiva y… como siempre, ni el reintegro.
No se destacaron estas masivas afluencias por el ‘sin novedad’, porque en la de Güímar (El Socorro), una de las mal denominadas carretas (a saber, una furgoneta engalanada con unas cuantas hojas de palma) causó un estropicio a forma de accidente (parece que etílico, qué sutiliza, iba cargado como un chucho). Algo parecido, pero de mayor gravedad, aconteció también en el pueblo majorero de La Oliva, allá por Majanicho. Y aquí en la que comentamos de Teror, un joven, puede que bajo la influencia de no ver bien (pon tú las posibles causas), se cayó al Barranco Zapatero. Y esto, lo vires para donde lo vires, aparte de una desgracia es una premonición.
Creo que también van a ir en romería hasta el Penitente los vecinos de Punta Brava. Y se añadirán los clientes que en ese momento pasen sus vacaciones en el realejero Hotel Maritim. Compruebo que Marcos Brito (en otras ocasiones alardea de haber sido maestro de María Jiménez) sostiene que a él no le han llegado personalmente quejas, lo cual me demuestra que no es uno de mis lectores, porque ya lo advertí hace bastante en este blog. Tiene la tremenda suerte de poseer un apéndice nasal más pequeño del que ostenta quien suscribe. Ni le han llegado lamentos, ni los olores. Pues deberá reconocer que hace muchísimo tiempo que no acude al barrio de sus otrora amores, porque la peste se percibía a considerables distancias. Y leí que falla la adición de oxígeno que en el proceso de la depuración de las aguas residuales debe suministrársele a las tantas evacuaciones reunidas en los depósitos. Ya lo aventuré, asimismo, tiempo ha: cuando falla el mantenimiento, por muy buenas instalaciones que se posean, leche cacharro; mejor, tápate la nariz.
Como alegaremos por enésima que la crisis causa tales putrefactos desaguisados, cosa que no vislumbré en Teror por lado alguno (¿viste a Rivero pasando revista a la tropa; chacho, qué dirá de eso don José; sí, ese mismo que ayer lo calificó como hijo de una gangochera en su comentario, pasándose –él, y los dos guardaespaldas– los 88 pueblos canarios y la raya de toda decencia profesional periodística), oso aconsejar el siguiente remedio: ubíquense alcalde y concejales liberados del consistorio portuense frente a la tanquilla pestilente y soplen abundantemente, cual si de un control de alcoholemia se tratase, y puede que con la cantidad de O2 expelida, los miasmas deletéreos se esparzan, y dispersen convenientemente, por la atmósfera circundante, permitiendo de tal guisa que las pituitarias dispongan de una composición aérea mucho más acorde con estándares equilibrados.
De nada. Hasta otra.