sábado, 3 de septiembre de 2011

Guarros

Los somos. Sin más. Dicen que es nuestra forma de ser, de pensar. Se comenta que es nuestro carácter. Se discute acerca de si se trata de una actitud vital. Nada de nada, pura teoría. Merdellones, y no le demos más vueltas.
Los ayuntamientos disponen de auténticas cuadrillas de obreros (y obreras) que, merced a determinados convenios con otros organismo públicos, limpian calles, caminos, plazas y rincones de cuantas hierbitas afloran por cualquier resquicio. Las pobres han nacido con todas las buenas intenciones de poner algo verde en el cada vez más desolado paisaje y zas, a la porra.
Mientras, date una vuelta –iba poner un lunes, pero me vale cualquier día de la semana– por las zonas turísticas –esas que deberían ser espejos por razones más que obvias– y observarás de todo. Y cuando escribo todo es todo, ¿me entendiste?
Hace unos días volví a dar un pateo por la autovía, desde El Castillo hasta San Nicolás. A la altura del IES María Pérez Trujillo, en la zona portuense de La Vera, y en el tramo de la antigua C-820 hoy inutilizada, las cunetas y arcenes parecían el culito de un niño (sin aquello, por supuesto). Una de las cuadrillas antes mencionada había marcado impronta. Puede que hayan tardado una semana es lo normal, pues el bocadillo, el cigarrito y esto y lo otro–, pero el objetivo estaba cumplido. Y yo lo siento mucho, pero lo cuestiono. A los hechos me remito:
Cerca de San Nicolás, en la zona industrial de Puerto de la Cruz, instalaron hace un tiempillo una de esas denominadas grandes superficies; alemana, por más señas. En todo su contorno, así como en toda la travesía de aquella vía de servicio hasta Las Arenas, ya no cabe más mierda. El día en que la recojan pueden montar luego varios negocios: papelería, cristalería, ferretería, estanco… Es increíble. Parece un rastro, pero con una ristra de mugre que te cambas.
Por eso pienso que para qué demonios estamos quitando hierbitas, que no hierbajos, si luego hallamos espectáculos gratuitos como el que te describo muy a la ligera. Porque tienes que ir a verlo. E invito de paso a las autoridades y policías municipales. Es penoso.
La primera ilustración es para que te hagas una idea de cómo deberían estar las instalaciones y alrededores. Con la segunda, aunque no pertenece al lugar en cuestión, te puedes hacer otra idea muy realista. Pues no difiere gran cosa de lo que allí existe. Y repito, se va extendiendo hacia Las Arenas a un ritmo de varios metros por día. Que no te miento, ve tú y desengáñate.
En otro establecimiento de esta multinacional ubicado en la zona industrial realejera, y no es porque quiera o pretenda arrimar el ascua a mi sardina, no vislumbro, ni por asomo, esa inmundicia. Lo que no entiendo –corto que es uno– es que los propios gerentes del negocio permitan estos desaguisados, porque, a este paso, puede que llegue el día en que parezca que estamos yendo a revolver en los contenedores. ¿Exagero? Sí, pero no demasiado.
Hay que levantar Puerto de la Cruz. Y pensamos en grandes proyectos. Esos que se harán cuando haya dinero. No te rías. Hemos olvidado lo más importante: el día a día, el mantenimiento, el procurar tener una ciudad guapa, limpia y ordenada.
En una conversación de hace unos días con un pequeño empresario local, concluimos que existen demasiados políticos pero escasísimos gestores. Los primeros medran para cobrar, y bien, a fin de mes, sin retrasos. Para pertenecer al segundo grupo se exige bastante sustancia gris en un objeto bastante arrugado que en los primeros escasea. Por eso pasa lo que pasa. Quien no da más de sí, da mucho más de no.
Como los salarios de los alcaldes, según la guanchera Elena Luis, son irrisorios, lo mismo creen que no entra dentro de sus competencias el que los pueblos luzcan palmito cual moza veraniega. Hasta luego, voy a limpiar la rampa del garaje. Y la cuadrilla, según mi mujer, soy yo. Hasta la próxima.