viernes, 16 de septiembre de 2011

Ruegos

Es la enésima e ignoro si será la última. Me temo que no. Ahora dirijo el ruego a cualquiera de los socios gubernamentales de Rivero en el ejecutivo canario. ¿Será posible que ni uno de los consejeros socialistas, y resto del organigrama de su consejería respectiva, eche una visual a cualquier informativo de la televisión canaria? ¿No hay más material periodístico que sucesos macabros y juicios cuanto más morbosos mejor? ¿No hay un profesional más decente que sea capaz de hacer una selección que no solo abarque perros y ovejas muertas, robos, violaciones, raptos y un largo etcétera de los mayores desaguisados ocurridos en estos peñascos? ¿Cómo es posible que tras una hermosa ristra de calamidades y perversidades, colemos que pretendemos potenciar el turismo con la campañita de rigor?
Y eso que no quiero inmiscuirme en otras lindezas, aunque también relacionadas con las noticias o telediarios, como puede ser el capítulo de entrevistas a personajes de más que dudosa catadura moral, cuya principal aportación es el ataque furibundo a otro medio de comunicación (Radio Club) –cuna, quién lo diría, de muchos de los cargos directivos de la tele pública, fichados a golpe del talonario que se nutre de fondos que no les duele– y a los baboserías, que rayan el vómito y sobrepasan el esperpento, de los que pretenden subirse al carro del poderoso caballero don dinero (el de nuestros impuestos). Incluyendo los piropos de mal gusto hacia la presentadora. Menos mal que no lo dejaron impartir clases. Orondo ejemplo. Por cierto, que explique de una vez Carmelo Rivero la razón por la que jamás quiso (él) que existiera acuerdo contractual escrito con el grupo Prisa. ¿O es que pretendía una coartada, a la prisa y corriendo, para caer en manos de Willy, Paulino y resto de la compaña?
Me gustaría, para acabar con esta primera entrega, que los cargos socialistas del Gobierno de Canarias reflexionaran un poco –no se me estresen–, pues bueno sería recordar lo que se ha manifestado con anterioridad acerca de este engendro audiovisual (y también de la guanchancha, ya que estamos) y al menos consultaran con los profesionales que tienen adscritos en sus gabinetes, de prensa y/o semejantes. También somos capaces de pensar aquellos que estamos al otro lado de la barrera. Y no me gustaría añadir otra muesca al revólver con el que disparo en cada cita electoral. Porque a la que me indica la negativa a votar por esa inutilidad llamada Senado, puede que le sume cualquier otra. Van a terminar logrando que olvide aquellos pasajes de la década de los ochenta del pasado siglo cuando nos montamos en un carro llamado ilusión y al que jamás podremos volver a subirnos por dos razones de peso: una, ustedes no han sido capaces de reponer los neumáticos pinchados, y dos, cambiaron los burros que tiraban del mismo por elegantes carruajes con dóciles, amanerados (falta de variedad en el estilo) y refinados conductores.
El segundo de los ruegos va dirigido al concejal que actuó de portavoz de Coalición Canaria en el espacio semanal que Radio Realejos concede a cada uno de los grupos políticos que conforman la corporación de este pueblo norteño, que es el mío (como muy bien saben todos ustedes, estimados lectores). Fue el miércoles cuando el susodicho acudió a la emisora y durante su intervención arremetió contra un ciudadano (un señor que escribe en el periódico), porque este plasma por escrito determinadas cuestiones que parecen no gustar demasiado a esta formación. No muy lejanos quedan los tiempos, le recuerdo, en que ‘ese señor’ formó parte de una de sus candidaturas en elecciones municipales. Y como parece haberse ‘virado’, eso dice él que no yo, hacia los postulados del actual equipo gobernante, arremeten contra el díscolo. Pues mal asunto, ya que, afortunadamente, en este país llamado España aún se puede expresar libremente cualquier tipo de opinión. Y eso, que en periodismo se llama ‘matar al mensajero’, no es buena táctica política.
Aprovechar, asimismo, la coyuntura radiofónica para querer atribuirse la autoría de todo lo que se acomete ahora en el ayuntamiento realejero, parece que está fuera de todo lugar. Máxime cuando se alude a la colocación de placas en obras iniciadas en anteriores mandatos. Pues eso se ‘cura’ con el encargo de una bien grande –estilo lápida de tumba– en la que quepan todos y cada uno de los ediles cuyas posaderas tomaron asiento en los sillones ‘plenarios’ desde la colocación de la primera piedra hasta que se procedió al corte de la cinta (procedan con varias tijeras).
El último, a ti que ojeas estas líneas en este mismo instante: tenga usted un muy feliz fin de semana. Y ya va septiembre con la proa pa´l marisco. Y a la vuelta de la esquina, Navidades.