miércoles, 21 de septiembre de 2011

Sismos

Estuve descansando unos días en El Hierro (iré ubicando fotos en estas próximas jornadas). De esas desconexiones que te permiten cargar mínimamente las pilas. Que sí, los jubilados también trabajamos y tenemos nuestras preocupaciones. Lo bueno es que puedes planificar estas paradas en momentos diferentes a cuando estás en el curro reglamentado. Allí, en Tigaday me enteré de que Mourinho está empeñado en cargarse aquello que se denominó el madridismo, y, al tiempo, no me enteré de sismo alguno. Pero vayamos por partes y desarrollemos.
Reconozco que de joven fui aficionado al fútbol. Es más, lo practiqué y alcancé más de un canillazo, cuatro puntos en la barbilla y abundantes caídas en aquellos campos de tierra (y piedras) que te quedabas raspado como un conejo durante bastantes días. Y guardaba yo ciertas simpatías por el Real Madrid. El paso del tiempo y la llegada de este flamante entrenador portugués dieron al traste con lo poco que quedaba en la recámara. Ya esto no es deporte y lo que prima no es siquiera espectáculo. Bueno sí, pero otro tipo de pasatiempo. Y a eso yo no juego. Pero me viene bien, porque amplío el abanico y hago –mejor, veo– baloncesto, tenis y ciclismo, fundamentalmente. Aparte de la siesta, principal evento deportivo de todo español que se precie y que no requiere mayor técnica ni calentamiento previo.
Las concepciones, las tácticas, las visiones del juego, diferentes en cada máximo responsable de los equipos, son –deben ser– acicates en esto de la competitividad. Pero el luso –elegido, por cierto, mejor entrenador de no sé dónde– va mucho más allá y se erige en protagonista cada tres por dos. Como no es mi deseo establecer las odiosas comparaciones, establézcalas cada cual y piense en el Barcelona (Guardiola), la selección española (Del Bosque) o en el recién ascendido Betis. Y ya está.
En la más occidental del archipiélago se vienen produciendo demasiados temblores no provocados, precisamente, por la reciente moción de censura. Estuve allá unos días, como antes te señalé, y no sentí movimiento alguno. Tanto que la última noche, eso leí, hubo en apenas unas horas más de cincuenta y por lo visto un servidor necesita unos meneos mayores. Sí observé varios vehículos en diferentes lugares de la isla con aparatos para medir los bailoteos y se están impartiendo charlas por si la cosa se ‘anima’.
La fotografía que ilustra esta entrada corresponde a la zona del Verodal, allá donde inicias la subida a La Dehesa y en las inmediaciones de esa playa (ahora cerrada por desprendimientos) característica de arena rojiza.
Por último indicarte que tuve la oportunidad de saludar a un viejo político de la isla, ahora dedicado a otros menesteres más diplomáticos, a quien no veía desde la pasada década de los ochenta. Intercambiamos pareceres en la breve charla y coincidimos en las miserias de la política actual y en la necesidad de reinventar un montón de cosas. Aquellos que la practicamos hace mucho no entendemos de qué se asombran los ‘izquierdosos’ de ahora mismo. La deriva parece que solo es captada por aquellos ya entrados en años y que en un momento determinado dieron un paso a un lado. Los ‘jóvenes’ (y los no tanto, pero que siguieron apoltronados) sufren de cataratas, pero no quieren someterse a una sencilla operación quirúrgica. Concluimos con lo que compartimos muchísimos. Y es el inminente acceso al gobierno nacional de quien con el mínimo esfuerzo va a obtener un magnífico resultado, sin haber sido capaz de precisar una propuesta para la gestión que deberá corresponderle llevar a cabo. Eso, ya veremos.
Hasta luego.