jueves, 22 de septiembre de 2011

Gilipollas

A perdonar la contundencia del titular. Pero no he podido resistir el relatarles a ustedes el contenido de uno de los dos correos que me remitió ayer un buen amigo –mañana insertaré el segundo, pues no tiene desperdicio–, y que uno también había atisbado en su repaso por las hemerotecas en los periódicos de ha mucho, cuando informaban de hechos no muy agradables en los que intervenían las ‘pollitas’ y ‘pollancas’ del entonces.
“En Madrid hay una calle llamada Gil Imón, transversal entre el Paseo Imperial y la Ronda de Segovia, para más señas. Es una calle dedicada al que fue alcalde de la capital, D. Gil Imón, en los tiempos en que el duque de Osuna organizaba sus célebres bailes, a los que acudía la alta sociedad, para poner en el escaparate familiar a jovencitas de la buena cuna, como oferta casadera.
A las damitas de entonces se les aplicaba el apelativo de "pollas", que en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) llevan, como sexta acepción, figurada y familiarmente, el significado de jovencitas, algo que hoy prácticamente se ignora. La polla de entonces no tenía nada que ver con el significado de morbosas connotaciones por el que ha sido sustituido ahora.
El tal Don Gil era un personaje de relieve (la prueba está en que tiene dedicada una calle) y su nombre aparecía frecuentemente en los ecos de sociedad de las revistas del corazón de la época. El hombre se sentía obligado a responsabilizarse de sus deberes familiares, como buen padre. Tenía dos hijas en edad de merecer, feúchas, sin gracia, y bastante poco inteligentes. Y se hacía acompañar por ellas a absolutamente todos aquellos sitios a los que, invitado como primera autoridad municipal, tenía que acudir.
–¿Ha llegado ya D. Gil?
–Sí, ya ha llegado D. Gil y, como siempre, viene acompañado de sus pollas.
Mientras D. Gil se encargaba de atender las numerosas conversaciones que su cargo de alcalde comportaban, sus pollitas iban a ocupar algún asiento que descubrieran desocupado, a esperar a que algún pollo (o jovencito) se les acercase, cosa que nunca sucedía.
La situación, una y otra vez repetida, dio lugar a la asociación mental de tonto o tonta con D. Gil y sus pollas. ¿Cómo describir esa circunstancia tan compleja de estupidez? Los imaginativos y bien humorados madrileños lo tuvieron fácil: para expresar la idea de mentecato integral e inconsciente. ¡Ya está!: Gil (D. Gil) -y- pollas (las dos jovencitas hijas suyas) = gil-i-pollas.
Cundió por todo Madrid, que compuso esta palabra especial, castiza, nacida en la Capital del Reino y, después exportada al resto de España, ganándose a pulso con el tiempo el derecho de entrar en la Real Academia Española”.
Ninguna, o poca, relación guarda el calificativo aludido con la cara que se nos va a poner en pocas horas cuando tropiece con nosotros un satélite, del tamaño de una guagua, que se aproxima a la atmósfera a velocidad de una moto. Habrá que ubicar un punto limpio por ahí arriba, pues un buen día nos van a matar de un tornillazo.
Tampoco hace referencia a la sentencia de Hilario Rodríguez acerca de que Coalición Canaria se ha distanciado de la gente. Como no soy nadie para poner en duda lo que él debe conocer mucho mejor que yo, le insinuaré que puede ser debido al famoso ‘tonicazo’ con que amenazó a un vecino santacrucero. Quizás sea esta la versión autóctona del abrazo moderno. Solo faltó la ilustración del troglodita de turno, macana al hombro y arrastrando por los pelos a la parienta.
Podríamos añadir (por lo de la mentecatez) las propuestas de las asambleas locales gomeras acerca de la candidatura de Curbelo al Senado, mientras el Comité de Listas (las tontas nunca aparecen) se cura en salud; el cansancio de Shakira con su juguete culé (que no significa que se lo pasó por allí cuando le escocía; ¿te ‘piqué’ la curiosidad?); las manifestaciones de Javier Abreu (mientras visitaba unas obras en La Laguna, ataviado con chaqueta y camisa sin coloridos estridentes) criticando las declaraciones del exalcalde icodense Diego Afonso; la indefinición (consustancial a su propia formación política) de Spínola al no aclararse si impugna la censura herreña…
Hasta mañana.