lunes, 17 de octubre de 2011

Aventuras editoriales

Pues sí, estimados amigos, es un camino con demasiados obstáculos. No me extraña lo más mínimo que muchos desistan y abandonen tan noble quehacer. Cierto es que existen editoriales que, aparentemente, abren puertas y facilitan los accesos al mundo de las publicaciones. Incluso en Internet hallas portales que te invitan –seducen– con mensajes engañosos –esos que proclaman “edita tu libro por tan solo 395 euros”– que obvian, como un mal contrato al uso, la letra menuda. Efectivamente, te sumerges en los detalles y con ese módico precio te hacen una tirada de 100 ejemplares. Con lo que lo de la distribución en grandes superficies y librerías de reconocido prestigio, amén de, y es aún más sangrante, que te corresponde un centenar de libros (me lo expliquen), no te cuadra ni con panda ni pega con la gotita. Y es que cuando entras en el meollo de la cuestión y lees entre líneas, te dan ganas de coger tu ‘ilusionante proyecto’ y mandarlo para cierto sitio, por no plasmar lo de arrojarlo a la basura.
En Canarias tenemos unas cuantas. Basta un buen buscador o las páginas amarillas. Pero todas, absolutamente todas, te indican, de entrada y sin anestesia, si tienes alguien que te pueda echar una mano. Sí, sí, a ti. Ellos solo pasaban por allí. Te lo traduzco: busca un ayuntamiento (si son dos o tres, mejor) y un par de empresas (no ponemos mala cara si consigues trío o cuarteto) que, a ser posible, apoquinen el capital a que ascenderá la factura de la tipografía (en Península, que abaratamos costes), y te damos un trato preferente, asciendes un montón de puestos en la cola de rigor. Si no, ya veremos. Imagínate el negro porvenir para el que accede por vez primera a enfrentarse con la dura realidad, con el único equipaje que supone una maleta vacía pero repleta de ilusiones.
Y no siendo un servidor demasiado novato en lides tales, ni teniendo grandes motivos para arrojar la toalla, sí quisiera sacar a la luz algunas consideraciones que han aflorado en esta última aventura.
Ya les he adelantado que el próximo 28 tenemos una cita en la Casa de la Cultura realejera para presentar una primera entrega (compilación I) en forma de poemario y que hemos titulado Sodero. Y en estos últimos días he tenido la oportunidad de visitar varias librerías a fin de ponerlo a la venta con el lícito propósito de intentar recuperar los euros invertidos, ya que el patrocinio habido no ha cubierto el total de los gastos ocasionados. En las conversas sostenidas con los responsables de tales establecimientos me ha sorprendido, agradablemente, el nivel de conocimiento, y de ventas, de los editados el año 2010, sobre todo Pepillo y Juanillo. En esos minutos de intercambio de pareceres es cuando acabas de convencerte de hasta qué punto has sido engañado por la editorial pertinente y te alegras de haberte embarcado en solitario en una nueva singladura. Que podrá salirte mal, pero te ahogarás con gusto. El próximo año, cuando la editorial que me publicó los dos libros presentados en La Perdoma (abril y septiembre) me comunique las ventas habidas, me indicará, con toda probabilidad –ya lo hizo en este–, que se han vendido cuatro, con lo que ese espléndido porcentaje estipulado en el contrato –del que renuncié voluntariamente a cierto tanto por ciento porque no querían abonarle un céntimo a la ilustradora– ascenderá a unos diez euros netos. Claro que me quedará la opción de reclamar, porque se habrán olvidado de incluir los ejemplares que yo tuve que ir a comprarles de ambas publicaciones (10 y 10) para el regalo de rigor cuando te presentas a una empresa solicitando su colaboración para la siguiente aventura; para que te conozcan, en suma. Eso sí, debo reconocerles el que me hayan hecho idéntico descuento al que le hacen al librero. Generosidad absoluta, aunque tuviera que ir yo a recogerlos en la capital tinerfeña. Debe ser el sistema de distribución a la carta.
Hace unas semanas se puso en contacto conmigo una exalumna para que la orientara, pues quería ver publicada su primera iniciativa. Casi lloramos los dos. Más un servidor que osó, tiempo ha, recomendarle que siguiera escribiendo pues le auguraba un prometedor futuro. Qué duro es todo esto, María.
Como no me apetece, al menos en la presente oportunidad, dejar aspectos turbios, te explico lo de los cuatro libros, no sea que alguno de ustedes, con toda la razón, pueda pensar que voy de farol. En septiembre de 2010 se presentó Potajito de cuentos en la sala Francisco Álvarez Abrante, el antiguo cine perdomero. Antes de finalizar el acto, los representantes de la editorial encargados de la venta de ejemplares se mandaron a mudar. La explicación, al día siguiente y tras mi llamada telefónica, fue que cuando le quedaban solo 2 libros de los setenta que trajeron hicieron mutis por el foro dejando a bastantes asistentes con tres palmos de narices y sin poder adquirirlo. Incluso un protagonista de uno de los cuentos del Potajito tuvo que echarme la bulla ante el desaire. Solo me quedaba la salida de recomendarles que fueran a cualquier librería. Y acudieron, me consta, pues el “dedícamelo” sigue funcionando. Pero prosigamos. Cuando concluía el mes de marzo de este año, y tras el conveniente recordatorio al administrador de que la cláusula 11 del contrato los obligaba a comunicarme en el primer trimestre del año el montante de las ventas habidas en el ejercicio económico saliente, me pasan el desglose en el que se indicaba que habían vendido 72 libros. Si le restamos los 68 distribuidos en el cine durante la presentación, significa –de Perogrullo– que entre los depositados en todas las librerías, solo 4 despistados lo habían comprado. Uno, con algo más de tiempo libre tras las gozosa jubilación, recorre las librerías realejeras (me bastó con las del pueblo) y pregunta… El resto ya te lo puedes imaginar.
¿Entiendes ahora el porqué este próximo (a presentar) lo he editado yo solito? Que ya uno está viejo para que le tomen el pelo de manera tan descarada y miserable. En este, que venderemos por un precio mucho más módico (hay menos intermediarios y apetencias), observaremos que los logos de ayuntamientos y empresas que han colaborado aparecen más destacados. Porque, y esa es otra, en los anteriores, aparte de todo lo ya comentado, a los patrocinadores no se les trató en el diseño de la contraportada de la manera que debía haberles correspondido, máxime cuando aportaron el importe total de la edición. ¿Y la editorial? Vendió y cobró. Qué bueno, ¿no?
En fin, los espero el 28. Allí, en la Casa de la Cultura, te contaré el resto. Por la ilustración que acompaña este post podrás colegir que, a pesar de los pesares, no soy uno de los que se puede quejar demasiado. Sin embargo me siento en la obligación moral de alzar la voz por aquellos que están aún en el camino de ida, y tienen ante sí mucho que ganar, porque yo, en el de vuelta, bien poco tengo que perder.
Si me ayudas a difundir esta entrada, puede que algún aludido guarde un poco más de consideración con quienes expresan pareceres juntando letras. Porque no a todos nos brindan la oportunidad de las tertulias en los medios ni de poner a nuestra disposición generosos espacios en los mismos para, sobre todo en época electoral, decir boberías  (teles y radios) e imprimir lo que un ‘negro’ le escribió (periódicos). Dicho y escrito queda.