lunes, 12 de diciembre de 2011

Dos campañas

Para iniciar una nueva semana quisiera hacer hincapié en dos campañas de rabiosa actualidad. La primera, ‘Yo estudié en la pública’, promovida por Ciudadanos por la Educación Pública, pretende la defensa de este bien social, conseguido con la dedicación de muchas personas de las generaciones anteriores. Y como me siento partícipe por haber intentado aportar otro granito durante muchos años, aquí estoy haciéndome eco de la misma, en el convencimiento de que al menos un par, o tres, de fisgoneadores de Pepillo y Juanillo no lo verán con malos ojos.
Del que me remitió la noticia, vía e-mail, copio: “En concreto, mis hijos estudian en la pública y no creo precisamente que estén en desigualdad alguna, más bien al contrario, no los veo inmersos en un sistema que, al contrario de lo que predica, aleja la libertad proponiendo un modelo de educación único, en contraposición a los diferentes modelos que conviven en la enseñanza pública, tecnológica y didácticamente más avanzada para cualquiera que conozca la realidad, más allá de la propaganda”. Añade un servidor que, aparte de los hijos, debo sumar su propia andadura por tales vericuetos, amén de la de sus nietos; la primera ya inmersa en el sistema, y el segundo a la espera del silbato que le dé acceso.
Establece como principios los siguientes:
1. La Educación Pública es un derecho constitucional y Patrimonio Nacional irrenunciable.
2. La Educación Pública es factor de cohesión social, favorece la igualdad de oportunidades e integra la diversidad.
3. La Educación Pública es calidad. No aceptamos que se deteriore, sino que se trabaje para mejorarla desde todos los estamentos.
4. La Educación Pública no es un negocio.
Nada tiene en contra de la Educación Privada (también lo pongo en mayúscula) quien estas líneas suscribe. Al contrario, cada cual es libre de la elección pertinente. Si te puedes permitir el pagarla y estimas que es lo más adecuado y conveniente, adelante. Pero no jueguen –también los políticos– a desvíos, trasvases y otras componendas varias.
La segunda está relacionada con la isla de El Hierro. O mejor, con los supuestos informadores que deben no saberse qué tienen entre manos cuando aluden a la actividad volcánica que se viene produciendo desde hace dos meses. Desde diferentes sectores isleños se elevan amargas quejas que conducen, casi siempre, al exceso manifestado por los medios de comunicación. Buena prueba de ello –lo digo yo y no me lo copié de lugar alguno– es el despliegue de nuestra singular televisión autonómica. Pero no se quedan atrás los que, alegremente, indican que la vida allí es poco menos que imposible con los gases desprendidos. El alcalde de La Frontera ha tenido que salir a la palestra para sentenciar que el volcán no es la amenaza. Y no solo le doy por completo la razón, sino que me ratifico una vez en lo que he dejado escrito desde ha bastante acerca de los advenedizos que se han colado en esta noble profesión periodística. Que, probablemente, ni siquiera son conscientes del daño, quizás irreparable, que le pueden estar causando a la Isla del Meridiano con unos sesgos que bien interesan a sus patronos para la venta de ejemplares o para el incremento de cuotas de pantalla. Amarillos escatológicos, tirando a canelo. Son esos mismos medios que, como contrapartida, se quejan amargamente del linchamiento mediático en otros asuntos, cual podría ser el denominado caso de Las Teresitas. Y no restándoles un ápice de razón en ello, les rogaría que se miraran de vez en cuando en el espejo por si en otros temas no se actúa en consecuencia. Para mí que es la frustración de no haber visto aún el parto de su nueva islita. Pues cómprense un kit de química y experimenten en casa, sabihondos (o sabiondos).
Menos mal que dentro de bien poco cantaremos todos unidos –Canaria, eso sí, sin el Gran, también– lo de Canarias una, Canarias grande, Canarias libre y nos sentiremos sin las ataduras del yugo opresor, por lo que las cosas de casa se quedan en casa y tal y cual. Y El Hierro, avanzadilla canaria en la Mar Océana, llevará la voz cantante. Exacto, lo mío es en plan jocoso, lo de ustedes debe tratarse de un prodigio en el campo informativo. Inviten a la gente a que visiten la isla y no los asusten, cenizos de mal agüero. Hasta luego.