viernes, 20 de enero de 2012

Reflexiones del (para el) periodista

Soy consciente de que con anuncios como el que a continuación inserto, harto difícil se muestra el camino a emprender. Mas aun así, entiendo que el periodismo sigue siendo profesión de futuro. Y a los que temían que las NNTT (Nuevas Tecnologías) acabarían incluso con la prensa escrita, nada más lejos de la realidad. Podrán variar las herramientas, pero hay demasiado futuro por delante, mucho partido por jugar. Este es el anuncio:

Nuevo periódico nacional de tirada semanal a partir del 1 de marzo (papel y digital) invita a incorporarse en régimen de colaborador voluntario (sin retribución). Nuestra línea de máximo compromiso social y excelencia en la comunicación abre un nuevo paradigma en la información por su implicación y objetivos. Debéis destacar por vuestra calidad en redacción y corrección en lengua castellana. Deseamos que tú también participes. Para periodistas interesados de Barcelona, Madrid, Bilbao, Valencia y Sevilla. Podéis enviar vuestro currículo al email... El plazo límite de recepción es hasta el 20 de enero.

Con tales mimbres, me dirán. Luego, como contrapartida, hay personajes (y personajillos, que diría Eligio Hernández) que se montan cualquier chiringuito (audiovisual), agarran una alcachofa y… quita delante que vienen curvas.

Me llegó hace unos días uno de esos correos en los que te paras algo más allá de lo estrictamente normal. Se titulaba, creo, 10 reflexiones para el periodista. Eso, periodista, que no advenedizo. Del mismo, y sin mayor orden ni concierto, rescato unas pinceladas a las que doy mi particular enfoque:

La prensa debe ser libre y veraz (cuán largo me lo fiais). Si estimas que ello no es factible, ruego al posible aspirante que deje en este instante, ipso facto, la lectura del presente post. Eres demasiado débil.

Contrariamente a lo que muchos esgrimen, la información sí importa y el periodista se erige en el embajador de la noticia. ¿Que es menester un cambio? Nadie lo discute. Y como disponemos de muchísimas herramientas y de nuevas y excelentes habilidades (gracias a las NNTT), se me antoja que más de ‘coco’ (reordenar la sustancia gris) que de técnicas manuales.

La profesionalidad, para la que no existen cortapisas sino total autonomía (¿No lo crees? Vale, escapaste el obstáculo anterior, pero bájate en esta parada), corre paralela a tu faceta de ‘guía’. Y lo serás, aunque el futuro se presente incierto, presumiendo de conocer en profundidad el presente. Debemos recuperar el noble concepto de periodista total. Quien se escuda en algo tan inconsistente como que no fue el fotógrafo (sí, los hay, ahora que puedes obtener una instantánea con el objeto más insospechado; o ya no te acuerdas de MacGyver), carece de la suficiente pasión para emprender la tarea diaria.

El pesimismo no es buen aliado para este menester. El anticipo del entrenador de fútbol Louis van Gaal en la pasada década de los noventa acerca de la negatividad pudo ser la primera piedra de toque. El positivismo debe constituir un –el– leitmotiv. El periodista no se concibe como el mero transmisor de aspectos turbios. Para ello contamos con los agoreros de turno y la camada ya está bien surtida. Sobran quienes vean solo la bombilla apagada en una calle que cuenta con otras ciento cincuenta en perfecto estado. Coincido con los planteamientos de Mouriño (que no con sus actitudes) cuando esgrime la trayectoria de su equipo.

Reivindiquemos un periodismo –y un periodista– bien preñado de ilusiones. Lo otro es subirse a un carro demasiado fácil. Y ejemplos, unos cuantos. Como leí cierta vez: el periodismo con profesionalidad, honestidad y compromiso social. Que no es poco, ya. Tampoco mucho. Diríase lo justo y necesario.