jueves, 23 de febrero de 2012

Mogollones (de basura)

Tremenda pena causa comprobar cómo se mide últimamente el éxito de los mogollones (acepciones coloquiales: gran cantidad de algo, lío, jaleo) carnavaleros. Los propios medios de comunicación se han encargado de propagar la superación que año tras año alcanzamos en… mierda producida. Y como en esas primicias nadan a la perfección los informativos de la tele de Willy, con tales postres escatológicos desayunamos, almorzamos y cenamos cada día.
Sí, tras la concentración de unas 230.000 personas en la pasada noche del lunes próximo pasado en la capital tinerfeña, se han recogido más de veintitrés toneladas de basura. Vamos por partes:
Preguntaré a mi amigo Evaristo si esa cantidad de personas cabe en las calles habilitadas al efecto. Porque en unas imágenes de la tele canaria, la autóctona, la nuestra, se podía contemplar a ciertos enjambres disfrazados que bailaban con cierta holgura. Traduzco: no se apretujaban demasiado, algo bastante característico en este tipo de festejos (eventos, que diría el concejal). Y es que esta alegría a la hora de contar, te choca sobremanera con las restricciones de idénticos medidores (policía) cuando de una manifestación se trata. Para mí que el quedar bien con el señor alcalde y lo estupendo que lo lleva a cabo el ayuntamiento pesa demasiado en el momento de realizar los cálculos. Mucho lápiz y poca goma.
Seamos optimistas (no les voy a quitar la ilusión de seguir batiendo récords) y convengamos en que allí había tal cantidad de sujetos y sujetas (y bien agarradas). Y que también sea cierto el que se ha recogido esa ingente montaña de desechos. Como la inmensa mayoría de ellos es mero plástico, mucha bolsa, botella y chubasqueiro do pito se ha tenido que reunir per cápita. No añado, obviamente, los detritus orgánicos porque después de tanta pisada y pasada pasan a ser parte consustancial del pavimento. ¿O ya no te acuerdas de las romerías?
No se quedó atrás, ni mucho menos, la capital palmera: más de treinta toneladas. Si descontamos las cinco de los polvos que ayer comentamos, más porquería que la habida en las dos sedes de las capitales de esta nacionalidad atlántica, periférica y alejada. Vaya con los indianos, qué merdellones. Aunque lo disimulan bien vistiéndose de un blanco (in)maculado.
Como la crisis va a continuar (palabra de Mariano), las fiestas también. Diría que estas últimas se van a incrementar porque para olvidar penas hay que recurrir a ciertas alternativas. Con lo que me temo que los servicios municipales van a tener entretenimiento para rato. Las cuadrillas de limpieza no van a dar abasto ante el ingente quehacer de fregados y puestas a punto (para el siguiente chiringuito).
Sigan atando cabos (electricistas, fontaneros, albañiles, carpinteros, policías…) y acabaremos enredando una madeja tan grande que no habrá posibilidad alguna de atender otros servicios más perentorios. Y no aleguemos que pagamos nuestros impuestos y otras boberías que suelen esgrimirse. Las calles alejadas de los núcleos centrales mogolloneros fenecerán sumidas en las tinieblas, proliferarán los robos y la falta de barrenderos las convertirá en un nuevo lazareto y…
Esta sociedad está condenada a fagocitarse. Para más inri, en la mierda, elemento en el que mejor nadamos.
Disfruten, que nos queda la piñata. Sanseacabó