martes, 3 de abril de 2012

Estoy asustado

Sí, lo estoy realmente porque del dicho al hecho va un gran trecho. O porque una cosa es predicar y otra bien diferente dar grano. Y como uno debe remitirse a lo de por sus obras los conoceréis, tiemblo cada vez que un político manifiesta que no va a hacer tal o cual cosa, porque, indefectiblemente, al minuto siguiente está cambiando de parecer. Le ocurrió a José Luis Rodríguez en sus momentos de apogeo y al gobierno actual ni siquiera le hizo falta el periodo de adaptación ni los consabidos días de (des)gracia. Eso sí, presumen de haber acometido en cien de ellos más reformas que las llevadas a efecto por el ejecutivo socialista en dos legislaturas. Lo que no tengo tan claro es si las susodichas van en la dirección adecuada y si al final van a servir para sacar a este país del profundo socavón.
Dijo la ministra de Empleo, la andaluza (onubense) Fátima Báñez (entrevista del periódico La Razón, 1 de abril de 2012), que “hay dos líneas rojas que no vamos a traspasar: las pensiones y las prestaciones por desempleo”. Y ahí me empezó el tembleque. Porque como tampoco iban a subir los impuestos, ni estaban de acuerdo con la supuesta idea de Zapatero acerca de una amnistía fiscal a los defraudadores de guante blanco para hacer aflorar dineros no declarados (se supone, entiendo yo, procedentes del narcotráfico y otros negocios de igual o peor calaña), y vistas las ‘ocurrencias’ del último Consejo de ministros, nada me extrañaría que la próxima semana me volvieran a bajar la cuantía mensual que la Dirección General de Clases Pasivas me remite a la libreta de CajaCanarias, mejor, Banca Cívica, o más chachi aún, Caixa Banca Nivariense.
“El compromiso de este Gobierno es siempre decirle la verdad a los ciudadanos”, sentenció doña Fátima. Y todos esos que observas en la foto, hombres hechos y derechos, con una vitalidad que pueden todavía comerse medio mundo, creyeron que no iba en serio. Y pensaron que se habían ganado a pulso el percibir una cantidad fija, que se incrementaría con el paso del tiempo, por haber, simplemente, estado currando durante algo más de cuatro décadas. Ilusos. Ni que hubieran sido diputados durante ocho años seguidos. Y ese que está de pie, y con la mano en el bolsillo, aparentemente fumando, que se deje de extras porque le vamos a mandar un sablazo al tabaco que… A partir de ahora, un habano para Mariano y va que chuta. De los combustibles hablaremos otro día.
“En menos de dos meses hemos cumplido con la revalorización de las pensiones”, es otra de las guindas de la señora ministra, mientras se mandaba una fresa cultivada en los extensos campos de Almonte, bien cercanos a El Rocío, y acopiada por las enormes y negras manos de un recolector ocasional. Nada expresó de que otro gravamen (IRPF) iba a obrar el milagro del fraccionamiento  (multiplicación en versión original) de los panes y de los peces. No obstante, Montoro asevera que en 2012 va a cumplir todo el mundo, no se va a escapar nadie. Hasta miedo me da poder ver satisfecho mi principal objetivo inmediato: una de seis en la Primitiva. Porque no sé si me será más rentable vender el boleto o ingresarlo con los otros cinco euros ahorrados (del reintegro de la semana pasada). Y consultarlo con un asesor fiscal puede llevarme a un mayor caos mental según el hombre respire por el pulmón derecho o izquierdo. Y no digamos nada si es militante de cualquier partido en sus ratos libres.
Estoy realmente confundido. Lo único que tengo claro es que en 2011 cobraba 1788,32. En enero del presente hubo un asiento de 1806,21. Y en febrero y marzo (y así seguirá en todo 2012), la asignación descendió a 1782,13. No me quejo. Mis dos hijos tienen, por fortuna –toco madera–, trabajo. Con lo que aún me puedo permitir el lujo de ir a La Gomera cuando me entren ganas. Pero que esta dichosa crisis tengamos que arreglarla los de las nóminas (activas o pasivas), mientras Amancio Ortega ganó la pasada semana 448 euros cada segundo, me parece de una incongruencia total.
Y como no atisbo visos de solución alguna con los actuales dirigentes (tampoco los vislumbraba con los anteriores), porque el tejido productivo (incluyan las clases pasivas porque como titulares de una nómina también nos clavan, y bien) no tiene capacidad suficiente para taponar el fonduco. Y los que sí pueden no están por la labor. En unos meses, más IVA; lo que se traducirá, por simpatía, en más IGIC. Consumiremos más gofio, más plátanos (de las pintitas), más pan y poco más, porque como no llueve, ya me dirán. Con tales ingredientes, y algún viaje esporádico a Mercadona, lo mismo explotamos (de gases) cualquier tarde de estas. Y yo pendiente de un ingreso hospitalario el 20 de este mes. Si la situación no mejora, que al menos no me joda.
Hasta dentro de un ratito, pues los temas surgen como hongos.