miércoles, 4 de abril de 2012

A menos, tú

A medida que pasan los años, uno va entendiendo menos de todo. Al contrario de la creencia de antaño cuando se esgrimía que con el tiempo se ganaba en conocimiento, discernimiento, juicio, comprensión, intuición, sensatez, luces, prudencia, noción, idea, percepción, sentido, entendimiento, inteligencia, instrucción, enseñanza, preparación, ilustración, erudición, sapiencia, cultura, teoría, ciencia, estudio, pericia, práctica, aptitud, competencia, capacidad, saber, cognición, razón, conciencia, gnosis, sabiduría… (¿habré repetido alguna? Si no, qué rico nuestro idioma).
Así que, cumplidos bastantes, heme aquí filosofando –¿o patinando?– con determinadas cuestiones que el devenir no ha mejorado. Mero ejemplo, un consejero del Cabildo de Tenerife, socialista por más señas (recuerden que hay pacto), dice que está muy contento por las obras que se vienen realizando en la calle Real de La Cruz Santa. No sé si las vislumbró in situ o quiso verlas en alguna fotografía, porque tan pronto se hizo eco algún medio de comunicación, el equipo de gobierno del ayuntamiento realejero vino a desmentir tal aseveración porque el proyecto no se ha comenzado a ejecutar. Y seguro que en este instante te preguntarás cómo pueden ocurrir tales deslices. Pueden ser debido a que las visitas previas se organizaron más con carácter partidista que como acto protocolario de cortesía entre corporaciones. Salvando las distancias, ocurre lo mismo que con los presupuestos generales del estado español, presentados a miembros del partido de la señora Merkel antes que ser trasladados Congreso de los Diputados en flamante lápiz digital. Menos mal que Rajoy no se iba a doblegar a los reiterados requerimientos europeos, que si no estaría ahora mismo pidiendo asilo político en la Despensa Canaria del amigo Eduardo, allá en la germana Stuttgart.
A todas estas, parece que la reforma laboral va tomando carta de naturaleza y, para no variar, este pasado mes de marzo seguimos con el incremento en el número de desempleados, ignorándose a día de hoy dónde estará el tope correspondiente. Si los propios gobernantes estiman que este año va a ser difícil y complicado, si el trabajo de unos 700.000 funcionarios pende de un hilo, si el propio presidente calcula que otros 600.000 españoles pasarán a la lista fatídica, a mí no me salen las cuentas por ningún lado. Y en Canarias, que nos afecta más de cerca, en cuanto CC y PSOE, esgrimiendo el recorte de Madrid, se dignen en darnos otros sablazos para cuadrar las cuentas, que me expliquen qué significa eso de los emprendedores, porque como no ‘emprendas’ a correr por, y para,  esos mundos pa´fuera, aquí no vamos a comer ni semillas de arenques, que decía mi suegra.
Al tiempo (observa que estoy iniciando cada párrafo con la primera letra del alfabeto; es para compensar que en el resto de asuntos vamos a la cola), a medida que vamos teniendo conocimiento de la letra menuda, resulta que el gozo de más de un proveedor, y acreedor de una administración pública, con el decreto gubernamental por el que van a cobrar las deudas pendientes, se les está quedando en agua de borrajas, y es que los prestamistas –bancos– lo dejaron bien atado: yo te dejo las perras, te cobro intereses, pero como me debas tres céntimos me quedo con el dinero. ¡Ah!, y no hay rebaja posible. Primero yo, y mis circunstancias, y para el resto ya veremos.
A buen seguro que nos hundimos, como el Titanic (ahora han descubierto que los remaches de la estructura eran de mala calidad). Puede que Mariano está ya poniendo sus barbas a remojar por si algún Monti anda al acecho. Aunque la ministra de Empleo sigue erre que erre con idéntico discurso. A este paso, y como ha empezado a llover algo, lo mismo encuentra para el próximo mes los brotes verdes que Zapatero (y Paulino en Canarias) oteó en indeterminado horizonte.
Aludíamos ayer al incremento patrimonial de Amancio Ortega (menos mal que mis capitales no me permiten entrar en Zara). Y que la crisis sigue ahondando las diferencias también nos viene ratificado desde Italia donde diez señores, de una banda, se permiten el lujo de poder disponer de un capital semejante al que tienen tres millones de ciudadanos, de la otra.  Iba la palabreja (banda), en principio, sin sentido peyorativo alguno, pero después de escribir la frase anterior, me lo estoy pensando. Y es que algo no funciona bien, o chirría demasiado, si la peliaguda situación económica es la excusa perfecta de mucha tropelía. Altamente premiada, además, con todo tipo de rebajas y amnistías. Pero saldremos, no se preocupen. Unos tiesos, vivos y coleando, y los otros moribundos. Antes fue peor. Cualquier libro de historia te señala que la denominada Reconquista duró casi ocho siglos. Y como no hay mal que cien años dure (ni cuerpo que lo resista), no te sigas comiendo el coco. Lo dicho, saldremos. Por lo menos, con el compromiso de hoy, ya escapé. Hasta mañana, entonces.