martes, 15 de mayo de 2012

Política de trapos sucios

En el post del pasado sábado comentábamos –ahora lo voy a expresar como debí hacerlo desde aquel entonces– la desfachatez, que no error, del concejal popular portuense Luis Miguel Rodríguez por el gasto descomunal ocasionado en el abuso del móvil que el ayuntamiento puso a su disposición para resolver, se supone, asuntos oficiales. Y como el edil ostenta la responsabilidad, entre otras, del Empleo, flaco favor está haciendo con su actitud a los que hoy las están pasando canutas.
Da la impresión, y a los hechos me remito, de que al mentado político le encanta estar en el ojo del huracán. Habrá pensado aquello de que hablen de mí, aunque sea para ponerme a caer de un burro. Pues como los incidentes no le van a suponer merma alguna en sus ingresos –la teta del Penitente aún tiene algo que exprimir–, pensará con reiteración que ande yo caliente, siga en el paro la gente.
Lo peor de los procederes de estos sujetos es que al creerse protegidos por (in)determinados medios de comunicación –que tiempo ha, depende del viento, estimaban todo lo contrario–, parecen hallarse atribuidos de la patente de corso pertinente. Craso error, pues como decía mi padre hoy las piedras ruedan para allá, pero mañana volverán. Y lo triste es que habiendo sufrido en propias carnes tristes experiencias en el pasado inmediato, ahora, merced a las adulaciones interesadas de rigor, creen sentirse legitimados para justificar fechorías de tal porte. A las que ni siquiera los intentos de justificaciones peregrinas (no me di cuenta y me quedé enchufado permanentemente a Internet o te lo traduzco: me despisté; jo, macho, qué jeta, que se busque otro abogado que lo defienda) pueden dar carta de naturaleza.
Marcos Brito permanece callado, no sea que después le toque a Juan Carlos Marrero. Pero como es más importante sostenerse en el machito, que los aires marinos se encarguen de disipar estas corrientes adversas. Qué pena, estima este realejero, para una ciudad que está necesitada de una profunda limpieza, de un cambio radical en los quehaceres públicos, de un ‘destierro’ inmediato de aquellos que solo saben causar daño a una población abierta y cosmopolita que contempla atónita este tipo de espectáculos. Que se vayan para el Caribe a dar con otro elemento del ayuntamiento de Arrecife y al que también le mola el móvil. Paga tú, que a mí me da vergüenza.
El concejal popular, fiel seguidor de la teoría del ‘y tú más’, cree salvar su responsabilidad, que no honorabilidad, tirando barro a la pared. Es la vieja táctica de poner al máximo el ventilador y que tanto se practica desde una de las márgenes del Barranco de San Felipe, casi justo en su desembocadura. Acción que es aplaudida semanalmente por aquellos mentores que creen hallarse a salvo de las quemas incontroladas. Ingenuos, tiempo al tiempo. Oswaldo les puede dar norte.
¿A cuento de qué, señor concejal de Recursos Humanos, Empleo y Seguridad, viene el arremeter contra su colega Jaime Coello, si la ‘denuncia’ por sus excesos telefónicos partió de la otra concejala de Vecinos por el Puerto hace ya varios meses? En aquel entonces lo silenció (¿a ver si caía la breva?) y ahora lanza un furibundo ataque que solo lo sostiene el equipo del actual pacto por razones más que evidentes. ¿Sintió pánico o temor sobredimensionado si se atrevía a cuestionar la labor opositora de Yaiza? ¿Guardaba en su fuero interno algún tipo pretérito de prejuicio? ¿Quiso esperar en la bajadita a Jaime, algo que se estila en sus foros, con leísmo incluido, y sé lo que me digo? ¿Por qué no acude a donde tan bien lo reciben –ahora– y declara que esa formación política, que le reprocha su dependencia y adicción telefónicas, ha renunciado a lo que legalmente le corresponde y ha destinado varios miles de euros (casi tantos como los que usted se despalilla) a políticas de bienestar social? No, como fiel correligionario de Mariano, todavía queda dinero para Rato.
Como presumo de tener amigos en bastantes sitios y lugares, de todas las ideologías y creencias –muy a su pesar, me imagino, también en el PP–, y tengo bastante información al respecto, si le apetece otro día hablamos (o escribimos) de lo que usted alegremente utiliza para defenderse –líbreme el demonio de verme en litigios de picapleitos–, como puede ser los viajes a San Petersburgo (pregúntale a Lola y ella te puede dar todo lujo de detalles) y el tema de una funcionaria interina, casualmente mujer de Jaime, y que lleva en el ayuntamiento no tanto tiempo como el actual alcalde, pero algunos más que los que accedieron al Consistorio (como concejales) en las elecciones de 2007. Qué memoria más olvidadiza portan los cerebros de ciertos especímenes.
Como me inmiscuí subrepticiamente en territorios conectados con ese vasto campo de la información, un buen día de estos tendré que acercarme –con la escritura, por supuesto– hasta Radio Realejos, emisora pública y, por lo tanto, sostenida con mis impuestos, en la que, entiendo, se siguen reproduciendo esquemas y comportamientos  no acordes con los fines y objetivos que se le presuponen a un medio de comunicación de tales características. Que se halla desaprovechada en grado superlativo, pues cuenta con el personal suficiente como para mantener una programación diferente, con una espectro mucho más amplio (también en horarios). No sé a qué espera el Consejo de Administración para proceder a una ordenación más racional. Aun reconociendo que detrás de unos minutos de emisión puede haber otros muchos de planificación previa, no acabamos de entender los oyentes cómo con una hora matinal en antena se puede justificar la labor de sus trabajadores. Máxime cuando las llamadas telefónicas son harto frecuentes. Y ya que estoy subido en el carro, rogarle a quien tenga poder ejecutivo en esa ’empresa pública’ que se exija la debida profesionalidad a quienes siguen sin saber separar las churras de las merinas. Si se tratara de una empresa privada, libre será para definir su línea de actuación, pero no puedo admitir, mero ejemplo, que un supuesto entrevistador (que emite opinión en cada una de sus preguntas y se permite el lujo de acotar respuestas) pretenda llevar la voz cantante en un género periodístico en el que el único protagonista es –debe ser– el entrevistado. Tan elemental como el sentido común. Que cada vez, para más inri, es menos común. Y a todo lo escrito me remito.
Bueno, los dejo; estoy esperando una llamada de cierta operadora de telefonía. Creo que me van a regalar un móvil de última generación. Qué ilusión. Luego pasaré por la Avenida de Canarias para hablar con Manolo. Lo mismo el ayuntamiento –el mío– tiene alguna oferta de mantenimiento.
Volvemos mañana, si la justicia no dicta lo contrario.