jueves, 30 de agosto de 2012

Una vuelta por El Realejo

Como hace años que no compro un cupón de la ONCE, ignoro si la gente lo adquiere para contemplar la fotografía o con el lícito afán de sacar unos euros con los que combatir los tijeretazos que Mariano Rajoy se ve obligado a ejecutar, porque no queda otro remedio y porque Merkel se lo recuerda cada noche en atenta llamada telefónica antes de irse acostar ambos. Por separado, claro. Y como la susodicha, calificada como visitante ilustre, acepte la invitación, lo mismo se nos planta en el Jardín Tecina y le manda un wassup, que le saldrá más barato.
Viene todo lo anterior a cuento del sorteo de hace dos días, sí el de la playa de El Socorro. Pero el dinero se fue, parece, para Málaga. Con lo bien que le venía al ayuntamiento para la compra de los terrenos donde pensamos construir un complejo deportivo multifuncional. Porque según Jonás, de gratis, como quisieron venderlo los populares, nada de nada. Y estima el concejal de Izquierda Unidad que la broma puede salir por más de  dos millones de euros, considerando que es una ‘inversión’ excesiva para que su explotación pase a manos privadas.
Yo no tengo demasiado claro, me quedan ya muy lejos, la mayoría de asuntos de un ayuntamiento. Pero estimo que de seguir privatizando van a sobrar los concejales, y si me apuran hasta el alcalde, salvo que lo reconvirtamos en un gerente. Sin embargo, y ya lo he manifestado en varias ocasiones, la cantidad de ediles liberados (a los que hay que agregarle un surtido grupo de colaboradores) no disminuye ni por equivocación.
Vuelvo al complejo, mejor, a la información que salió publicada, y me entero de que tendrá pistas de pádel (el DRAE pone paddle: Juego de pelota entre cuatro paredes, en el que aquella se golpea con una pala de mango corto) y un espá (el mismo diccionario desconoce este vocablo). Luego me soplan –anticuado que está uno– que lo más parecido es spa, cierto establecimiento (de salud) con tratamientos a base de agua, y otro me recuerda el circuito belga de Fórmula I. Ven, al final y con este rollo, ya no sé si ir o no. Además, cerca de casa, al lado del campo de fútbol, van a instalar más pistas de paddle (o pádel). ¿No serán demasiadas? Como me estoy entrenando –con la brocha–, voy a coger una forma tal que en los próximos juegos olímpicos…
Lo que si me parece bien es la potenciación de los parques infantiles. Aunque Manolo se olvide de su promesa de que para él lo más importante no es la foto de rigor. Y la instantánea supone un fotógrafo. Y el retratista no acude caminando. Y así vayan adicionando. Al final, si lo juntan todo, es probable que el resultado de la operación aritmética –porque hay muchísimos sumandos– ascienda a otro parque más. Pero de este carro ya nadie quiere bajarse. No obstante, aplausos para la iniciativa porque los menudos necesitan espacios donde moverse y no estar todo el día delante, o detrás, de una maquinita. Ya que mencioné lo de la fotografía, en la visita al de Realejo Bajo me dejó intrigado un señor que llevaba un maletín. Y ahora que caigo, ¿ya tienen pensado que nombre ponerle? Si estiman conveniente consultarme les propondré uno. Puede que Coalición Canaria no esté de acuerdo.
Como hoy tengo que ir a sacar un certificado de residencia, preguntaré para cuándo su obtención a través de medios no presenciales. Y es que Los Realejos (El Realejo) siempre ha presumido de avanzadilla en cuestiones informáticas y en edificios inteligentes. Aunque como gobierna el PP, y la medida del retorno a la época del papelito es de ellos, pues a sacarnos las perras. Únele la subida en el precio de los combustibles y para viajar habrá que echarle mucho ingenio (o agüimes). El espectáculo en la diferencia de criterios que están utilizando los ayuntamientos canarios para obtener este certificado es digno de enmarcar. Es semejante al desbarajuste del equipo que rige los destinos patrios.
Me extraña que no se haya creado una plataforma al respecto. Dado que en la actualidad lo que mola son las comisiones de investigación (no sé para qué si los comparecientes se acogen al derecho de no declarar) y plataformas reivindicativas. Donde más privados están con estos hechos es en La Gomera. La isla tiene menos habitantes que mi pueblo pero llevan la política adherida como un sello de correos. Chiquita movida en VGR.
Y ya que acabé en La Gomera, ahora son los técnicos los que pregonan que los hidroaviones no valen. Al tiempo, las redes sociales han vuelto a ‘calentarse’ con la marcha de los mismos hacia sus bases peninsulares. Somos un pueblo chachi.
Bueno, hasta mañana. Intentaré descansar algo porque estoy molido como un zurrón de subir y bajar escaleras. Y cada día que pasa me doy cuenta de que no tengo treinta y pocos, sino taytantos.