martes, 4 de septiembre de 2012

Fuera caretas (y 2)

Tras el advenimiento del estado autonómico, la descentralización y la solicitud machacona de más competencias para los organismos más cercanos al ciudadano, nos hemos vuelto roncos al grito de que fueran los ayuntamientos los que gestionaran la mayoría de asuntos. Y en el artículo que se viene mentando, tras los regodeos de rigor (el calvo no, el otro; doctorados en ciencias del medio ambiente por la Universidad de Harvard; si no me tendría que ir a saunas con masajistas tremendamente cualificadas; iluminados que dirigían el cotarro…), se reconoce que el barranco de Valle Gran Rey era una zona de extremada peligrosidad al estar compuesto por un inmenso cañaveral y palmeral. Vamos, que todo el mundo en el valle ha sabido siempre que un fuego en el barranco sería como tirar una colilla encendida a un polvorín. Me alegra de que se haya hecho esta oportuna puntualización, puesto que, tras culpar de negligentes a Cabildo, Parque Nacional, Gobierno de Canarias, Diputada Ana Oramas, Gobierno central (presidente y varios ministerios) y Casa Real, bien se pudo acercar un poco al lugar de la tragedia para intentar preguntar en el consistorio si ningún miembro de la corporación municipal se había percatado de lo que tan atinadamente se expresa en lo arriba señalado en cursiva. Lo sabía todo el mundo, ¿no? Táctica, por cierto, que asimismo utiliza, y con bastante frecuencia, Miguel Ángel, el alcalde desde hace un poco más de un año. Creía uno, a tenor de lo que lee y escucha, que esa nueva izquierda (que intuyo dirige demasiados hilos desde Tenerife), iba a tomar otros derroteros. Pero no, basta con echar balones fuera y los malos son los otros. Llegándose, incluso, al insulto barriobajero, lo que un servidor cree aberrante en quienes fomentan, al menos en la teoría, otros modales, otros comportamientos, otros fundamentos.
¿Y que alega la comunidad científica, mientras tanto? Destaco estas líneas:
Este incendio se ha caracterizado por una gran virulencia, causada por un cóctel explosivo de circunstancias como:
1) la extrema sequía arrastrada a lo largo del año, con apenas un 20% de precipitaciones caídas respecto a un año normal
2) el inicio del  fuego en medio de una ola de calor muy severa con elevadísimas temperaturas, aire muy seco y vientos racheados muy intensos (a veces superiores a 60 km/h), de cambiante dirección
3) la abundancia de terrenos agrícolas abandonados
4) la expansión de matorrales altamente inflamables
 5) la compleja orografía de La Gomera
y 6) la acción del incendiario o incendiarios prendiendo fuego en distintos puntos, con la dificultad de extinción que ello supone.
Esto hace que un incendio se pueda volver incontrolable, incluso si se dispone de todos los medios anti-incendios deseables para combatir un fuego. Con las condiciones extremas ya mencionadas, solamente hay que tomar precauciones para que no haya pérdidas humanas y poco más, esperando a que la situación climática amaine y se pueda luchar con ciertas garantías contra el fuego.
Como han seguido desgraciados ejemplos (ahí está muy reciente el de la Costa del Sol malagueña), ¿para qué añadir nada más? Mientras, más hidroaviones, más hidroaviones y más hidroaviones; más medios, más medios y más medios; dejen actuar a los nativos del lugar (los mismos que dejaron crecer los matorrales)…
A pesar de que se han puesto todos los obstáculos posibles, LaGomeraSeMueve es una plataforma que cuenta con en torno a diez mil personas sólo en las redes sociales y no piensa parar hasta que se esclarezcan los hechos. Dicho de otra manera: hasta que le quememos públicamente las vergüenzas a Casimiro en lo alto de Garajonay. El añadido de Rivero y Soria es mero complemento de distracción (¿apoyaron los populares chalangueros, y miembros del equipo de gobierno, la manifestación?). Pues lo tienen fácil, ya que el voto de todos esos seguidores dejará a los socialistas reducidos a la mínima expresión. Los habitantes de la isla son los que son, no hay más. No obstante, ¿qué ocurre? Que se juega a la política de boquilla, la cómoda, la del decir, pero no la del hacer. Y no se presentarán en las próximas elecciones porque un altísimo porcentaje no vive en La Gomera, y dentro de este grupo otro colectivo bastante significativo ni siquiera es gomero. Como yo, sin ir más lejos.
A pesar (otra vez) de que la componente política (volver a la consideración del inicio) quedó al margen de la organización, ahí tenemos al CCN haciendo cuentas (ya disponemos del 10%), ejercicio predilecto del singular Nacho González, presente, cómo no, en las calles de La Villa, junto a otros muchos tinerfeños ilustres (¿me columbraron?; es verdad, me queda ancho lo de ilustre).
La presentación de fotografías, ‘robada’ del álbum público del digital GomeraVerde.com e inserta en el post de ayer, es totalmente aleatoria. Si reconocen a alguien, debe tratarse de un error del que se puso a disparar (metafóricamente escribiendo). Que no sé si es alguno de los que apostó Curbelo a lo largo del recorrido para ir ‘calando’ al que pasaba.
Y unas últimas consideraciones:
Los incendios se apagan en invierno. El calvario de Casimiro comenzó mucho antes de prender estas últimas llamas. El PSOE (también el gomero) tiene un porvenir tan oscuro como el Telémaco. Quiero volver a una Gomera de cordura y sensatez. Los sectarismos son todos malos. Las tiros al aire también pueden causar muertos. Esa nueva izquierda (no es invento mío) adolece de los mismos tics que posee la que pretenden sustituir, aunque para ello hagan pruebas de matrimonios de conveniencia con la derecha, que antes fue nacionalista por coalición (que no por convicción). Y que tuvieron décadas para cortar cañaverales.
Vayan recopilando en una carpeta al efecto, porque en el próximo incendio forestal nos hará falta recuperar la memoria histórica.
Y concluyo: Lo siento mucho, Wladimiro, jamás pensé que en San Juan de la Rambla te fueran a jugar esa mala pasada. Los cachorros de Manolo Reyes no te tienen en buena estima. Yo que tú, volvería a los orígenes y me apuntaría a esa nueva izquierda que antes mencioné. Lo mismo te admiten. Yo todavía no lo he intentado. Por ahora lo descarto, pero quién sabe. Aunque con esta costumbre contestataria, acrecentada con la jubilación, chiquito porvenir.